Chapter 50: DESTERRADOS

Caminábamos a una distancia prudente el uno del otro, ambos todavía un poco enfadados.

—Cam, antes, en la cabaña —comencé algunos minutos después, era otra duda que necesitaba su respuesta—, mencionaste a Desterrados y Traidores como si fueran dos grupos diferentes. Acaso, ¿no son la misma gente?

—No, no lo son —respondió con tono neutro, dejando claro lo poco que le gustaba hablar del tema—. Los Desterrados son secretos vivientes, personas demasiado valiosas para ser exterminadas, gente que fue importante en su momento para…

—¿La Hermandad? —Mejor conocida como Fratribus.

—Sí, los Desterrados fueron miembros importantes para la Hermandad a la que sirve el Cazador. En cambio, los Traidores fueron en su mayoría Cazadores por excelencia, simples sirvientes.

—¿Y por qué los llaman Traidores?

—Es obvio, traicionaron a la Hermandad, la mayoría falló en pensamiento, sus mentes se quebraron ante la infinita guerra por el poder —Ya iban muchas veces que Cam mencionaba una guerra, seguramente entre el Fratribus y los Custodes por culpa del Cristal—, y otros cometieron el delito de desear, e intentar, poseer aquello que les está prohibido a todos, incluido a los Cazadores: el secreto mejor guardado del Fratribus, la joya de su pueblo.

—¿Qué es ese secreto que no tienen permitido desear?

Sacudió la cabeza una vez, lanzándome una mirada algo inquietante.

—No lo sé, es un secreto que pocos conocen, y que desde luego yo no.

Miré al frente llevándome una mano al pecho, tal vez tenía que ver con la reliquia, tal vez ella era ese «secreto» que tanto tentaba a los Cazadores, y por el cual se convertían en Traidores, tenía sentido, ya había visto esa codicia en la mirada del Cazador la primera vez que miró la reliquia. Aunque no podía culpar sus deseos por poseer tal joya, era un objeto de inconmensurable poder, tal vez sin límites.

—¿Cómo se llama? —La pregunta salió de mi boca sin pensarlo.

Él no preguntó sobre a quién me refería, lo sabía, dejó salir un profundo suspiro quitándose su capucha, revelando unos rebeldes cabellos blancos algo rizados por la humedad. Por un instante me pareció un modelo de ropa de invierno, con su piel pálida y su ropa oscura; un adonis en medio de toda esa nieve, la cual no hacía más que resaltar su atractivo.

Y volví a sentir repulsión por él, o mejor dicho, por su envidiable físico, aunque claro, no tanta como la primera vez.

—Se llama Scarlett Fleury—dijo con renuencia—, la conozco desde que llegué aquí. Ella nació en Sacra, su familia era parisina, son unas de las pocas que lograron crecer en este lugar.

—Es un lindo nombre —comenté.

—Supongo, es una chica única, muy positiva, nunca ha dejado que Sacra aplaste su espíritu, es bastante osada —meneó la cabeza al tiempo que medio sonreía—. Cuando yo me rendía, ella era mi fuerte. Scarlett tiene un instinto protector muy suspicaz, es honesta y leal.

Se animó ante lo que sea que estuviera pensando, y una gran sonrisa se extendió por su boca, hice un mohín.

—Tiene un año más que tú, ¿sabes? Siempre me dice lo mucho que le gustaría volver a París, aunque claro, no lo conoce. Sus papás a veces le cuentan lo que sus abuelos platicaban sobre su país natal, y a ella le emocionan esas historias.

Pateé una pequeña roca fuera de mi camino con más fuerza de la necesaria.

—Es muy inteligente y astuta—continuó—. Tiene dos hermanos y una hermana, Fer es dos años menor, pero físicamente son muy parecidas. Cuando era niño jugaba con ellos, fingíamos ser héroes que salían de Sacra al mundo… tonterías de niños, ¿no crees? Ella siempre es la que me guarda las espaldas en las cacerías, todavía pasamos mucho tiempo juntos, a pesar de haber crecido.

«Vaya, y eso que solo pregunté el nombre» me dije con amargura. «No me apetece saber cómo se enamoraron».

Miré al suelo y caminé a su lado sin hablar.

—Y tú, ¿me hablarás de él? —me pinchó, animado después de su relato.

Me mordí el labio, no sabía si me gustaría hablar de Alan, era un tema muy delicado y especial para mí. Al final reprimí un gemido, sí Cam acababa de hablarme sobre su novia, ¿por qué no contarle de Al?

—Alan es jardinero, uno muy bueno. Lo conozco desde que llegó a mi casa pidiendo trabajo cuando apenas éramos niños. Es modesto, muy trabajador —sonreí contra mi voluntad—, y tiene un montón de hermanos pequeños. Pasaba casi todo mi tiempo libre con él, es mi mejor amigo, no es que tenga muchos, desde siempre solo hemos sido él y yo, aunque nunca me molestó eso. Él me enseñó mucho del oficio y por mi parte yo apoyaba a su familia económicamente.

En ese preciso momento lo recordé todo sobre él; cada expresión, su aroma, sus gestos, su ropa gastada y manchada de barro, el brillante cabello castaño y esos cálidos ojos oscuros.

—Lo quieres —No era una pregunta.

De pronto Cam estaba sombrío.

—Sí, y tú a ella lo suficiente, por la manera en la que hablas —Mi voz sonó igual de vacía que la suya.

No respondió inmediatamente, esperó hasta que pasamos bajo unos árboles, sacudí la nieve de mi ropa.

—Eso parece, aunque a mí parecer no lo suficiente.

Lo miré con curiosidad, no me devolvió la mirada, su expresión era indescifrable, lo dejé estar y la conversación terminó en el silencio habitual. Por la tarde comimos una ardilla que Cam cazó mientras yo buscaba un buen lugar para pasar la noche. El animal no era muy grande ni muy gordo, pero comí hasta llenarme por primera vez en días. Adormilada me acomodé junto a él y concilié el sueño oyendo su regular respiración.

>>El frío era tan intenso que tiritaba y me estremecía, miré a los lados, pero lo único que veía era que estaba sola. La nieve caía en pequeños copos blancos, los árboles desnudos y ennegrecidos regalaban un paisaje en blanco y negro. Percatándome por primera vez de mi posición, supe que estaba tirada en la nieve, y después de sentarme con cierta dificultad, vi que ese lugar era un gran bosque. A mí alrededor las sombras se arrastraban y alargaban por la puesta de un pálido y helado sol.

El miedo por algo que no podía explicar se apoderó de mí, miré alrededor y a través de los árboles, distinguí una silueta indefinida. Paralizada por lo que parecía un miedo ya antes sentido, retrocedí a gatas...<<