Chapter 5: ROBERT Y SU REFLEJO DEL ESPEJO - CONTINUACIÓN
A las nueve de la mañana se dio inicio al juicio, dirigido por el juez penal de adolescentes, el señor Aquiles Smith. Entre los que apoyaban a Robert se encontraba Selena, Ana, Pedro, Julián y unos cuantos conocidos.
Eran superados en número, quienes apoyaban a Pacho.
El ambiente estuvo pesado, las ofensas iban y venían. El juez no se dejó amedrentar ante la situación. Después de escuchar a ambas defensas de las partes involucradas y analizadas todas las evidencias; el hombre de cabello rubio, con cola de caballo y de ojos verdes, dijo lo siguiente:
- El joven Robert Lewis, quien agredió a su compañero de colegio Pancracio Martínez, será trasladado inmediatamente al reformatorio de varones: “Ovejas sin rebaño”. Ubicado en el suroccidente de nuestra ciudad. Allá permanecerá hasta que cumpla la mayoría de edad y pueda ser sometido a un nuevo juicio, donde se le aplicará una condena ejemplar. Ha sido todo, señores.
Hubo inconformidad con la decisión que tomó el juez pero ya no había nada qué hacer. Acabado el juicio, se lo llevaron a su nuevo hogar.
Cuando llegó al reformatorio, lo recibió gentilmente el director, el señor Massimo Conti. Éste hombre le mostró dónde dormiría de ahora en adelante y también a sus compañeros de habitación: Duván, Johnny, Larry, Ricky, Deivy, Samuel, Cristian, Valentino y Javier.
Los únicos con los que pudo llevarse bien en el primer día fueron con Duván y Cristian, quienes eran más amables. En cambio Larry lo miró de reojo, expresando su odio hacia el nuevo chico.
Apenas se marcharon los dos policías que lo custodiaban, el director se le acercó lentamente; al mismo tiempo que cambiaba la expresión alegre de su cara, a un modo sádico.
Le habló susurrado y muy cerca del oído derecho, así:
- Mira Bambino, aquí la vida te la das tú mismo. Quien la hace la paga. Acá no consentimos a nadie y no voy a tolerar bromitas de mal gusto – esto le decía el señor Conti con su acento italiano, mientras lo sujetaba fuertemente del brazo derecho.
- ¡Suélteme! Por favor – le suplicaba el adolescente, al no poder resistir el dolor.
- Todos los que vienen aquí son unos criminales y tú no eres la excepción – le expresaba el hombre con un tono desafiante.
Robert no le contestó por el temor que le infundió. Además, no quería meterse en más problemas. Antes de acostarse a dormir, le informaron que debía compartir la litera con Larry durante la estadía en el reformatorio.
Transcurrió la noche y amaneció el día siguiente para que llegara el 15 de Diciembre, el cumpleaños de Robert.
El joven estaba triste porque no se le permitió tener visitas sino hasta el 25 de Diciembre, el último día de visitas en el año. Sin embargo, nunca estuvo solo, pues Duván y Cristian fueron los encargados de enseñarle todo el lugar.
Ellos le explicaron el comportamiento que tendría que adquirir, estando dentro del reformatorio.
Duván, quien era uno de los más antiguos, comenzó por explicarle que él estaba aquí desde los 11 años y que ahora tenía dieciséis. El papá le dejó una herencia y su madrastra se adueñó de ella, pagando mucho dinero en la simulación de su muerte. Luego lo metió en el reformatorio con la complicidad del señor Conti y ha ocultado la verdad a su familia desde entonces.
Cristian de 14 años, asesinó a su medio hermano en un accidente hace dos años cuando jugaban a los soldados. Cada vez que él hablaba del tema, se le mojaban los ojos:
- El 3 de Marzo de 1997 yo me encontraba jugando con mi hermanito Sergio alrededor de la casa. Me acuerdo tanto que mi pistola de juguete dejó de sonar y me dirigí al cuarto de papá, buscando herramientas para repararla. Requisando en unas gavetas encontré una pistola igual a la mía, la diferencia era que la de mi padre estaba más pesada. Yo la agarré sin permiso y busqué a mi hermano. Cuando lo ví, presioné el gatillo y por eso estoy aquí. Espero con ansias cumplir la mayoría de edad y pagar la condena en la cárcel.
Mientras dialogaban, paseaban libremente en el reformatorio. En aquel sitio había un total de cincuenta adolescentes en proceso de adaptación para la vida en la sociedad. Las instalaciones contaban con:
- 5 habitaciones. Cada una de ellas albergaba 5 literas y también 10 casilleros por habitación.
- 2 plataformas de baños: el de las duchas y de uso sanitario.
- 6 salones: tres aulas de clases, un comedor, un salón donde se guardaban los materiales educativos y otro para castigos.
- Oficina del director y secretaria.
- 1 salón disponible del personal que trabaja de interno (10 hombres).
- 2 campos deportivos: futbol sala y básquetbol cuyas dimensiones son 20 metros de largo, por 15 metros de ancho.
- 2 salones de vigilancia (6 vigilantes).
Las dimensiones de las habitaciones y de los salones eran de cincuenta metros cuadrados. Había cámaras de seguridad en cada rincón del reformatorio, menos en las dos plataformas de los baños y un espacio libre que servía de parqueadero.
También había unas cuantas bancas y todas se hallaban a un costado de los campos deportivos.
Después de la caminata, se sentaron en una de las bancas y continuaron la conversación. Los demás adolescentes realizaban actividades lúdicas.
Duván siguió comentando acerca de sus compañeros de habitación:
- Johnny al igual que mi persona, está aquí desde hace 5 años. La única diferencia, es que él sale ahora en Enero. Su delito fue meterse con quien no debía, agredió a un niño de una familia muy distinguida en la ciudad. Va a cumplir dieciocho.
- Ricky está acusado de violación, pero al igual que Cristian es inocente. Ricky es homosexual y la chica que lo demandó no quiso decir la verdad. Apenas tiene un año aquí y le faltan tres para salir. Tiene quince.
- Deivy y Samuel son hermanos, prácticamente huérfanos. Cometieron muchos hurtos y sus padres fueron acribillados por la policía, al realizar lo mismo. Llegaron hace 2 años y todavía les falta dos. Diego tiene quince y Samuel dieciséis.
- Valentino llegó en el mes Noviembre. Es muy tímido y también está aquí por homicidio. Va a cumplir catorce y le falta 4 años más de estadía.
- Javier tiene 3 años de estar aquí, al igual que Deivy y Samuel. El juez lo condenó por hurto y la víctima fue su propio padre, además es drogadicto desde los doce. Cumplió diecisiete y sale dentro de un año.
- Por último está Larry, el psicópata. Vive en el reformatorio desde los 11 años. Asesinó a sus padres porque oía voces en su cabeza que lo incitaba. Tiene diecisiete y sale en unos cuantos meses, directo a un juzgado penal. También cuenta con un historial criminal en éste reformatorio, violó a Ricky e intentó matar a Cristian y Valentino; por suerte, he estado cerca para impedirlo.
Y tú, ¿Por qué estás acá con nosotros? – le preguntó Duván.
- Quizás porque soy otro loco. Creo que Larry y yo, vamos a llevarnos muy bien – le respondió Robert con un gesto hipócrita de felicidad.
Los días transcurrieron lentamente, mientras Robert se adaptaba a su nueva vida.
En el barrio también ocurrieron algunos cambios: Ana tuvo que irse de la ciudad porque en los días posteriores al arresto de Robert, asesinaron a su padre Josué Rondón en un intento de hurto. La joven y su madre alistaron maletas con rumbo a la ciudad de Lumpur.
Todo fue tan repentino, que no pudo despedirse de él. Acerca de su mascota Toky, murió al no resistir la cirugía que se le estaba realizando.
Dichos sucesos afectaron bastante a Selena, en especial el de Ana. Las dos habían iniciado una bonita amistad y se comunicaban por teléfono en las noches.
Sería el primer año en pasar la navidad sin la compañía de su madre y más duro le dio al enterarse de la partida de Ana a otra ciudad.
El odio comenzó a carcomerle el corazón. Ahora actuaba más frio que de costumbre.
Entró el año 2000. La mayoría de las personas estuvieron contagiadas por la esperanza del nuevo milenio, en cambio a Robert le daba igual. Selena lo visitó el 3 de Enero y observó el cambio inesperado que adquirió su hijo. El encuentro resultó tan incómodo para él, que el poco tiempo que le dieron, permaneció callado.
Su mamá se esforzaba al ocultar la tristeza de su corazón e intentaba sacarle al menos una sonrisa, pero el joven se mostraba indiferente. Su actitud le afectó bastante a ella, a tal punto que la hizo huir de la visita con lágrimas en los ojos. Robert no le dio importancia y se levantó tranquilamente de la banca, buscó otro lugar solitario y se sentó a esperar el llamado del almuerzo.
Así se comportaba él todos los días. Se apartaba de los demás y hablaba solo mientras jugaba ajedrez.
La actitud del chico nuevo, no le agradaba a Larry. Aquel adolescente de crespos rubios y ojos color miel se sentía ofendido. Según su criterio, es una imitación barata la que ejercía el recién llegado.
Con el pasar de los días, hubo roces entre ambos compañeros que compartían la misma litera.
El 8 de Febrero Larry se acercó a donde estaba jugando Robert y sin decir alguna palabra, se subió encima del ajedrez. Este acto le provocó una ira interna y una reacción inmediata por parte del ajedrecista, quien desequilibró a Larry de un fuerte empujón.
El muchacho cayó al suelo de espaldas y se fracturó la cintura.
Debajo de la mesa guardaba un tronco de cedro que hubo ocultado días atrás y procedió a golpearlo hasta provocarle la muerte. A pesar de ver correr la sangre, el joven no quiso parar. Fue neutralizado por seis hombres e inmediatamente lo trasladaron al comando de policía.
Allá estuvo detenido durante una semana. Se le informó a la madre y ella le notificó a su abogado.
La audiencia se programó para el día 14 de Febrero y la dirigió el mismo juez de la vez pasada, el señor Aquiles Smith. El hombre estaba furioso, al tener de vuelta a Robert en tan poco tiempo.
La sesión se desarrolló sin inconvenientes. Cuando llegó el turno de interrogar al joven acerca del incidente, él respondió así:
- Yo jugaba con Roque y vino aquel muchacho a provocarme. En ese momento escuché la misma voz de siempre, que me incitaba a cobrar venganza y por eso lo maté.
La situación se inclinó a favor de la víctima, debido a la declaración de Robert; pero el abogado Casanova traía un as bajo la manga. Presentó a la audiencia a su amigo y también doctor, el señor Jaime Martelo, un psiquiatra con 16 años de experiencia.
El doctor Martelo explicó a todas las personas presentes, un caso en el cual había trabajado recientemente. Similar al de Robert.
Le recomendó al juez dejarlo en sus manos porque según él, el acusado estaba enfermo:
- Es una de esas enfermedades que te atacan en silencio, sin discriminar tu raza, credo, sexo y estatus social, además de que sus síntomas no son físicos. Se necesita comprarse las medicinas para su tratamiento. Es una enfermedad compleja, difícil de diferenciarla de otros problemas del desarrollo como es el trastorno del espectro autista. El término “Esquizofrenia” que etimológicamente significa “mente perdida” describe una serie de desórdenes en los que se presenta un proceso de pensamiento anormal, donde el paciente pierde el contacto con la realidad, ve y oye cosas que no son reales, (alucinaciones). Crea percepciones y creencias falsas. Esta enfermedad mental afecta a 1 de cada 100 personas alrededor del mundo y de cada cinco pacientes, tres son hombres mientras dos son mujeres – concluyó el doctor.
Después de escuchar a ambas partes, el juez procedió a dar su veredicto final:
- El joven Robert Lewis, acusado de agresión en tentativa de homicidio hacia su compañero Pancracio Martínez y responsable de la muerte de Larry Contreras, representa un peligro para la sociedad y también para los jóvenes que conviven en el reformatorio. Por tal motivo será trasladado inmediatamente al hospital psiquiátrico del doctor Jaime Martelo, donde recibirá el tratamiento médico adecuado para controlar la esquizofrenia. Esto ha sido todo, señores.
Como la víctima mortal no tenía familiares, ni conocidos, no se oyeron comentarios en contra.
La policía trasladó a Robert al Hospital Psiquiátrico J.M.
Mientras tanto, el doctor Martelo se reunió con Selena en privado. Necesitaba recopilar toda la información personal de su paciente. Puso a dos trabajadores a investigar en el colegio. Los profesionales dialogaron con algunos profesores y compañeros cercanos.
Los resultados de las investigaciones, las tendría lista en la siguiente semana.
El 22 de Febrero, el doctor citó nuevamente a Selena. Quería revelarle la información:
- Robert presenta síntomas psicóticos tales como alucinaciones y delirios. No se conoce la causa de la esquizofrenia. Sus genes, el medio ambiente y la química del cerebro pueden tener un rol. No hay cura. Los medicamentos pueden ayudar a controlar muchos de los síntomas. Existen varios subtipos, sin embargo, en un mismo paciente el subtipo puede variar a lo largo del tiempo a tratar – el doctor hizo una pequeña pausa en su discurso para tomar un poco de agua y después procedió a explicarle los subtipos de la esquizofrenia.
- Primero está la Esquizofrenia Paranoide que es la más frecuente y es la que arrojó los resultados en los exámenes del joven. Segundo la Esquizofrenia Hebefrénica, en ella predomina las alteraciones en las emociones. En tercer lugar se encuentra la Esquizofrenia Catatónica, se caracteriza por las alteraciones motoras y de último está la Esquizofrenia Indiferenciada, es cuando la esquizofrenia no reúne los criterios de los subtipos anteriores o presenta varios de ellos.
- Hay dos tipos de fármacos para tratar la enfermedad: los Neurolépticos Atípicos y los Antipsicóticos Clásicos. Al paciente se le aplicaran los Clásicos como son la Clorpromazina, el Haloperidol o la Tioridazina.
- Analizaremos los resultados con cada medicamento y sabremos cuál de éstos funciona mejor en el paciente. En seis meses tendremos un diagnóstico exacto, ya que hay que descartar que los síntomas psicóticos no sean causados por un síntoma afectivo.
- Con análisis de laboratorio también descartaremos el abuso de sustancias tóxicas o un trastorno subyacente (tumores cerebrales, epilepsia del lóbulo temporal, entre otros) de tipo endocrino o neurológico que puedan tener algunas características de psicosis – concluyó el doctor.
Selena se sentía más tranquila al saber que su hijo estaría bajo la observación del personal adecuado y le confió la recuperación al doctor Martelo.
El hombre de 42 años, de piel morena y con 160 centímetros de altura, la despachó de su consultorio diciéndole: Señora Selena, su hijo está en las mejores manos que cualquier otro psiquiatra de Mosul.
En ese mismo día, el doctor inició las pruebas con el primer medicamento, la Clorpromazina y en los siguientes dos meses los resultados fueron satisfactorios.
El 22 de Abril inició el proceso con un nuevo fármaco, el Haloperidol. Pudo notar que los síntomas no eran calmados por completo. Así que lo descartó.
El 22 de Junio aplicó a su paciente la Tioridazina. En el primer mes todo iba bien, pero su organismo comenzó a rechazarlo conforme transcurría los días. Los resultados del segundo mes fueron desastrosos.
Después de los dos fracasos, el doctor no quiso arriesgarse más, por temor a fallar en el caso.
Él sabía que algo no estaba encajando, al aplicar los fármacos adecuados para el tipo de esquizofrenia y no mostrar mejoría en el tiempo estipulado.
El 22 de Agosto volvió a aplicar el primer medicamento con el cual había iniciado el tratamiento, además añadió un fuerte sedante. En algunas ocasiones, el joven se opuso con una fuerza descomunal.
El doctor se comunicó con Selena, para notificarle que todo iba bien y que necesitaría dos meses más porque quería realizar otras pruebas. El hombre le dijo que tuvo un corto retraso con los tratamientos y la mujer accedió a su petición.
A medida que pasaba el tiempo, Robert trataba de ingeniársela para escaparse del hospital. Las pastillas que le daban los enfermeros, las guardaba debajo de la lengua y por eso no le hacía efecto. Luego las escupía y las botaba con sigilo. No desaprovechó cada oportunidad que se le presentó y logró acumular poquitos objetos robados.
Ocultó muy bien un bisturí y una inyección.
Tardó dos meses reuniendo lo anterior mencionado y también planeó la fuga, mientras lidiaba con la misma voz de siempre.
Llegó el día de la huida (23 de Octubre), y la situación se desarrollaba conforme a lo planeado. Eran las once de la noche y el psiquiatra Jaime Martelo descansaba en su hogar.
Había poco personal trabajando dentro de las instalaciones y sólo tenía que esperar a que llegara el enfermero que realizaba la última ronda.
Cuando aquel hombre entró al cuarto, vio la inyección tirada en el suelo y muy cerca del paciente que al parecer se hallaba dormido. El enfermero se acercó lentamente y recogió el objeto.
En cuestión de segundos Robert abrió los ojos, se levantó de la silla y rompió la camisa de fuerza que anteriormente hubo debilitado con el bisturí.
Le cortó la vena yugular del cuello.
El enfermero cayó al suelo, a la vez que aguantaba el chorrito de sangre con la mano izquierda y se quejaba del dolor.
El hombre murió al instante.
El joven le quitó las llaves y abrió la puerta. Guardó el bisturí ensangrentado en un bolsillo de la sudadera y emprendió la fuga.
Abandonó el cuarto, transitó el pasillo y bajó por las escaleras. Encontró un vestidor del personal de aseo en el segundo piso, allá se cambió de ropa y se puso un traje limpio.
Dejó el vestidor y llegó al primer piso, usando las escaleras. Él no se percató de las cámaras de seguridad, ocultas en los pasillos.
Estando a escasos metros de la entrada principal, lo esperaban varios agentes de policía que fueron alarmados por el vigilante de turno.
El joven se asustó tanto que se regresó de nuevo, ésta vez utilizó el ascensor para llegar al cuarto piso. Subió por una escalera metálica desplegable y llegó hasta la azotea, donde ya no tenía escapatoria.
Cinco policías y dos enfermeros le siguieron el paso, respetando la distancia. Ellos sabían que él guardaba un objeto corto punzante. Dos policías subieron por las escaleras y el resto esperó abajo, cerca de la cabina del ascensor.
El objetivo era no asustarlo, ni provocar que el paciente hiciera una locura.
Desesperado y al no saber qué hacer, aquella voz se manifestó. Los susurros se multiplicaron dentro de su cabeza, de la forma más aterradora posible: “Mátate y no sufrirás”.
También podía oír unos gritos muy débiles e irritantes que lo desesperaban.
Robert derramaba lágrimas y buscaba la forma de descender del edificio, pero resultaba imposible. No quería volver atrás.
Aún con miedo, se paró en el borde de la orilla mientras rezaba el padre nuestro.
Los dos policías llegaron a la azotea y se le acercaron lentamente. Él escuchó una risa distorsionada y sintió un empujón que lo lanzó al vacío.
Al girar el cuerpo, vio a su reflejo del espejo parado en el borde de la orilla. Éste le sonreía y se despedía con un suave movimiento pendular de la mano derecha.
Cuando los policías se asomaron al borde de la orilla, confirmaron por radio la muerte de Robert como un suicidio y procedieron a llamar al CTI (Cuerpo Técnico de Investigación y Criminalística).
Un médico forense en su primer día de trabajo, fue quien tomó las respectivas fotografías en el lugar de los hechos. Su compañero, el más experimentado, narró la descripción física del cuerpo antes de recogerlo.
Para ello contaba con una pequeña grabadora de audio, en el bolsillo delantero de su traje.
El médico forense se acercó al cuerpo e hizo el intento de describirlo bien, ya que el impacto de la caída lo desfiguró un poco:
- Sexo masculino, entre 15 a 18 años, delgado, color de piel trigueña, color de los ojos avellana, cabello liso castaño, con una altura de 175 centímetros aproximadamente.
Mientras recogían el cuerpo del occiso, el forense novato escuchó una voz agonizante que pedía auxilio. El hombre miró hacia todos los lados y al fijar la vista al frente, pudo ver el alma de aquel muchacho, condenado por el mismísimo demonio.