Chapter 61: Cap. 45.1
Ana y Carla se arreglaban las uñas mientras que Jessica corría por toda la casa preparándole el morral a Adara para sus clases y el adiestramiento como Eterna con Melisandre. ─ Ustedes, ¿Qué hacen?, ya deberían estar listas, debemos reportarnos con Flora ─. Reprende Jessica aun alistando las cosas de Adara. ─ No pensarás que saldremos hechas un desastre ─. Protesta Carla sin despegar la mirada de sus pies, Jessica colocando una mano en su cadera, apoya su peso en una pierna, suspira profundamente y se frota la frente con sus dedos, exasperada. ─ Creo que me va doler la cabeza ─. Murmura Jessica. ─ Somos Eternas ─. Dice Jessica. ─ Aprendices ─. corrige Ana. ─ Como sea, tenemos el conocimiento suficiente para arreglarnos en un parpadeo ─ No hay nada mejor que lo tradicional ─. Refuta Ana con aires de intelectual. ─ (suspiro por la nariz) Solo muevan el culo, ¿Quieren? ─.
Flora realizaba las direcciones del personal de guardia, seleccionaba los turnos y la revisión de los nuevos refugiados, la selección de los humanos de los seres sobrenaturales. Flora frunce el ceño al ver a sus chicas hacer acto de presencia corriendo. ─ Llegan tarde ─. Jessica se excusa echándole la culpa a Ana y a Carla, éstas la fulminan con la mirada, Ana tira del cabello de Jessica una vez que Flora les encarga sus tareas. ─ ¡Ay!, ¡estúpida! ─ (Ana) Soplona ─ (Carla) Guarra ─ Déjense de chorradas y pónganse a trabajar ─. Reprende Flora.
Los preparativos de la ceremonia para la recuperación del cuerpo de Lenaya había dado inicio, gente corría de un lado a otro, las asignaciones y direcciones bajo la supervisión de Sofía y Melisandre, solo era cuestión de días, ninguna señal de enemigos durante tanto tiempo le parecía extraño a Lenaya. ─ Algo anda mal ─. Pensó Lenaya en su habitación, Mónica tomaba una ducha. Sacudiendo su cabeza trató de no pensar en ello. José, Rosa, Renata y Youlin hicieron acto de presencia solicitando una audiencia con la reina, Lenaya frunce el ceño intrigada por el escándalo, abre la puerta de su habitación. ─ ¿Qué ocurre? ─ Su majestad ─. Anuncia un guardia estresado por la insistencia de los visitantes que, a decir verdad, sus caras no mostraban jovialidad, Lenaya recorre cada rostro en el pasillo. ─ Tenemos que hablar ─. Anuncia Rosa cruzándose de brazos, con mirada expectante ladea la cabeza en expresión de confusión. ─ Pasen ─. Invita Lenaya.
Una vez dentro, sus amigos comienzan a expresar al mismo tiempo su inquietud sobre la locura de compartir vivienda con Darién, desde luego Renata trató de no estar de lado de nadie, cosa que le pareció una situación muy difícil, a Lenaya le pareció extraño que Renata no dijera nada, así que solo se sentó, se cruzó de piernas y esbozó una sonrisa. ─ ¿Qué piensas tú, Renata? ─ He… ¿Yo?... bueno… he… no creo… ─ ¡Tú te callas, traidora! ─. Reprende Rosa con dedo acusador, Renata cierra la boca con los ojos bien abiertos como si le hubieran puesto unas pinzas en los labios. ─ ¿Qué pasa? ─. Pregunta una mujer con ojos amarillos saliendo del baño envuelta en toallas, todos quedan boquiabiertos. ─ Chicos, ella es mi hermana Mónica, Mónica ellos son mis amigos, José, Rosa, Renata y… Youlin ─. Youlin sintió su pecho hincharse al escuchar que la reina la consideraba una amiga.
Mónica saluda con un suave apretón de manos a cada uno, todos apenados se quedaron en silencio ─ ¿Cuál es el problema? ─. Pregunta Mónica, Lenaya le explica el caso. ─ No sabía que Harley tuviera una hermana ─. Susurra Renata al oído de José disimuladamente, de pronto Mónica posa los ojos en Renata como un halcón sobre su presa. ─ Mierda me escuchó ─. Pensó Renata abriendo los ojos como platos tragando saliva con dificultad, Mónica le sonríe. ─ ¿Cuándo conoceré al tal Darién?, según tengo entendido que es el gemelo de una de tus consejeras, ¿No es así? ─. Pregunta Mónica algo interesada en italiano, Lenaya afirma, al ver que ninguno de los presentes le entendía, se disculpa y volvió a preguntar en español. ─ He llegado a escuchar de que es muy hermoso, (segundos pensativa) tal vez necesite mi propio custodio (sonrisa traviesa) ─ Renata sintió como su sangre bullía poco a poco hasta calentar sus orejas, ella no puede interesarse en Darién, ¡jamás!, ella no lo permitiría, de pronto pensó y su corazón se tambaleó, aquella era como su amiga Harley, y viéndola bien, también era hermosa, en cambio ella era una simple humana, ¿Qué podría ella ofrecerle a Darién que una simple humanidad?, aquella mujer y Darién harían una pareja estupenda, ambos inmortales y hermosos, inclusive hasta se lo imaginó, causándole tal vuelco en su pecho que sintió su corazón arrugarse como una pasa.
Al no soportar más, Renata sale corriendo de la habitación, todos la miran confundidos preguntándose lo que le había pasado, Rosa le explicó lo que había pasado en el apartamento. ─ Ya veo ─. Asintió Lenaya comprensivamente. ─ Creo que… creo que… ─ La cagaste, Mónica ─. Completa Lenaya agitando una mano con aire perezoso. ─ No sabía que a ella gustaba del Nefilim ─ Deberías hablar con ella ─ ¿Para qué? ─ Solo ve y habla con ella ─. Insta Lenaya mostrando una mueca, Mónica se retira con un ligero encogimiento de hombros.
Lenaya se disculpa con sus amigos por Mónica, momento oportuno que le sirvió a Rosa expresar su inconformidad. ─ De todos los seres… creados en el mundo, mi hermana tenía que fijarse en Darién ─ No es su culpa ─ Tu lo sabías, Harley ─. Señala José entornando la mirada. ─ Mónica también ─. Agrega Lenaya. ─ Yo solo sé que Darién me cae mal ─. Aclara Youlin. ─ Pueden tener fe que solo fue una broma de Mónica, ella no se interesaría en un hombre ajeno ─ Eso es lo que tú no sabes ─. Agrega Rosa con sarcasmo. ─ Y tampoco quiero ver a mi hermana sufrir por amor, ella es aún muy… ingenua en esto ─. Agregó con preocupación, por parte de Lenaya solo asintió en consideración ya que ella conocía muy bien la vida de Renata y sus desventuras amorosas.
Renata no vio por donde corría, ni mucho menos a quienes atropellaba en su escapar, en lo único en que su mente se enfocaba era en ella y Darién separados por la hermana de Harley, una vez que se vio sola en uno de los callejones, dejó que su dolor brotara de su pecho, el vuelco en su corazón y en sus pensamientos no la dejaban en paz, inclusive, le costaba respirar, era imposible que se hubiera enamorado tan rápido, y solo apenas lo conocía, pero así fue, admitiéndolo con dolor, deslizó su espalda por la pared hasta caer sentada en el suelo.
Unos pasos se acercan con mucho cuidado para no sorprender o asustar a Renata. ─ ¿Por qué lloras? ─. La pregunta corta el sollozo de Renata, levantando la mirada con lágrimas negras a causa del rímel estropeado corriendo por sus mejillas, se percata que era Darién quien la había encontrado.
Con el corazón corriendo a millón por segundo, Renata se levanta en un salto y trata de escapar nuevamente, Darién la sujeta por el brazo antes de que diera un paso, Renata lucha para liberarse, pero Darién exige el motivo, el por qué estaba llorando, solo Renata repetía una y otra vez que era su culpa, Darién ladea la cabeza, confundido. ─ ¿Mi culpa? ─. Renata por fin se libera del agarre de Darién de un tirón, o él fue quien dejó que se liberara, no importaba, Renata se limpia las lágrimas bruscamente, con los labios tensos miraba a Darién con rabia. ─ ¿Qué hice que estás molesta conmigo? ─ ¡Nada! ─ ¿Nada? ─ ¿Qué vas a saber?, ¡si a la primera te iras con ella! ─ ¿De qué coño estás hablando? ─ De que los dos son inmortales y son perfectos y yo… y yo… (sollozo) ─. Renata vuelve a romper en llanto, Darién trata de abrazarla, pero ésta lucha a duras penas, ya no tenía fuerzas, no quería tener fuerzas, así que se resignó en dejarse abrazar por Darién, permitiendo que su dolor saliera de ella, Darién solo se limitó en quedarse en silencio hasta que su llanto se apagara. ─ Dime que no me dejarás ─. Suplicó Renata entre gimoteos ─ ¿Por qué te dejaría? ─ Por ella ─ ¿Por quién? ─ (sorbe por la nariz) La hermana de Harley ─ ¿Hermana?, ¿Ella tiene una hermana? ─. Pensando y atando cabos, Darién llegó a la conclusión de que era la hija de los benditos.
─ Se te olvida una cosa ─ ¿Qué? ─. Renata levanta la mirada en espera de su respuesta, sus ojos rojos he hinchados por tanto llanto, sorbe por la nariz, Darién le limpia las mejillas con sus pulgares con ternura. ─ Quien tiene mi abrigo eres tú, y no hay nadie, ni veo a nadie mejor que seas tu quien lo tenga ─ Pero... ─. Darién coloca un dedo sobre los labios de Renata, muy suavemente Darién le da un beso en la frente. ─ Con que aquí estaban ─. Dijo una voz con tono divertido, Darién escuda con su cuerpo a Renata. ─ Tu debes ser la hermana de Lenaya ─ Mucho gusto, soy Mónica ─ ¿Y qué? ─ Tu eres el hermano de Darlen ─ (silencio) ─ Quiero disculparme contigo, de verdad perdona, no sabía que tú y… él… tenían algo ─ Y si así fuera ¿Qué? ─. Pregunta Darién en tono desafiante con la barbilla en alto, Renata no supo que pensar cuando le oyó escupir aquellas palabras. ─ Y si así fuera, ¿Qué? ─. Mónica se encoge de hombros. ─ Pueden estar tranquilos, no pienso meterme, no me gusta ser plato de segunda mesa… pero pensándolo mejor… la otra serías tú, ya que soy una princesa y tu… ─. Mónica la escruta de arriba abajo. ─ Una simple humana ─ Pero humana o no, él me eligió, así que ahueca el ala ─. Refuta Renata con el ceño fruncido detrás de Darién chasqueando los dedos, éste toma de su mano y la presiona suavemente, Mónica los escrutaba como un águila. ─ Lo que haga con mi vida o a quien elija no es de tu incumbencia, “princesita”, podrás ser la hermana de la reina, pero ten en cuenta algo, ella no es mi reina y no le pertenezco ─. Mónica sonríe con picardía mordiéndose el labio, devoraba a Darién con la mirada. ─ Eso oí, eres un mercenario, un tipo rudo… y muy fuerte ─. Ronroneó, sin mediar más palabras, Darién toma de la mano a Renata y se enfilan a salir de aquel callejón.
Solo fueron cuestión de unos pasos y el cruzar de una esquina que se volvieron a topar con Mónica, ésta los miraba con expresión neutral, sus labios comienzan a temblar hasta que no pudo aguantar más para soltar una carcajada, Darién y Renata la miran confundidos, ¿se había vuelto loca?, cuando por fin Mónica controla su risa y ayudándose a mantenerse en pie con la pared, se enjuga los ojos con un dedo. ─ Pueden estar tranquilos, (risas), no (jadeos), no (jadeo), no puedo (risas), ¿De verdad se lo creyeron? ─ ¿Creer qué? ─. Pregunta Renata molesta. ─ Que estaba interesada en tu novio (risas) ─. Ambos se miran a las caras, ¿novios?, cuando se dan cuenta, ambos aún estaban tomados de la mano con sus dedos entrelazados. ─ No lo disimules, Darién, se nota que estás muy interesado en ella, y ella te quiere mucho, y eso lo admiro, ¿Saben?, cuenten con mi bendición, adiós ─. Mónica se retira saliendo del callejón agitando su mano delicadamente al aire.
José, escoltado por Darlen y Caroline, visita la prisión donde se encontraba recluido Sebas, éste yacía acostado en un camastro con su brazo sobre sus ojos. ─ ¿Qué hacen aquí?, ¿Vinieron a ejecutarme o a negociar? ─ Vine a verte ─ ¿Qué haces aquí, traidor? ─ No soy un traidor, Sebas ─ Sebas se levanta de golpe sentándose en el camastro, apoyando sus codo en sus rodillas. ─ Claro que sí, porque tu deber como bendecido era respaldarme para expulsar a estos herejes ─. José agacha la mirada, se humedece los labios, y levantando nuevamente la mirada con pena sobre su amigo. ─ No me mires con esa cara que no necesito tu lástima ─ No la tienes, he hablado con la reina ─ ¿Y? ─ Ella no quiere éste mundo ─ (bufido) Y tú te comes el cuento ─ Solo creo que lo que es posible y en la paz ─ Con los herejes no hay paz ─ Eso no es lo que enseña la Biblia, ni enseñó Jesús en la tierra ─ Tienes que ser frío o caliente, no puedes ser ambos, porque el señor, nuestro Señor Dios te aborrecerá ─ ¿Acaso Jesús juzgó a barrabas por sus atrocidades?, Él los amó a todos por igual, inclusive perdonó a un ladrón cuando fue crucificado, perdonó a quienes lo mandaron a la cruz, cargó con sus pecados y de igual forma ellos lo condenaron, ni tu ni yo somos quienes para meternos. Ni juzgar ─. Sebas se levanta de golpe y se aferra a los barrotes. ─ Somos bendecidos, es nuestra tarea… ─ Ayudar a los que nos necesitan ─ (resoplido) ─ La reina… ─ (bufido) ¿Reina?, ¿No estás exagerando?, o ya te compró ─ No me compró, ni estoy exagerando, toda éstas personas… ─ No son personas ─ Éstas personas la aman, ellos tienen la esperanza de que ella les dará su reino, así como nosotros esperamos en el Señor ─ No te incluyas, traidor ─. José respira profundamente y con pesar va, dejando a Sebas prendido de los barrotes gritando, no se podía razonar con él. ─ ¡Tienes que ser frío o caliente!, ¡¿Me oyes?!, ¡frío o caliente!, ¡no puedes ser ambos! ─. Los gritos de Sebas se fueron perdiendo en la distancia en ecos.
Los preparativos finalizados, sacerdotisas y aprendices en el centro de la plaza principal de la ciudad bajo tierra, los humanos que habían pasado la inspección, fueron admitidos en la ciudad subterránea siendo asignados a compartir casas como huéspedes temporales con las personas naturales del reino, murmullos de gente acercándose, curiosos preguntando sobre lo que acontecerá. Youlin, junto a las aprendices, vestida con sus túnicas, aguardaban. Youlin, muy curiosa, miraba a todos lados, no había señales de Lenaya por ningún lado, todo su ser no podía disimular su fascinación ante lo que presenciaba, lo único que la entristecía era el no poder compartir toda esta información ante la sociedad científica.
Darién estaba al lado de Renata, la plaza era alumbrada por piras y antorchas, Renata miraba de reojo a su hermana, ésta se encontraba al lado de José con expresión neutral, sin embargo, éste no dejaba de lanzar miradas disimuladas hacia Caroline que se encontraba cerca de una ruta despejada junto a Sofía, Wyatt y Darlen, ruta que por lógica entraría Lenaya, Rosa se percata de las miradas disimuladas y le propina un codazo, José se sobresalta. ─ ¿Qué? ─ (susurro) Te vi ─ ¿Qué viste? ─ (sorna) No te hagas ─. Ambos se fulminan con la mirada, luego sueltan una risa. ─ ¿Desde hace cuánto que se ven? ─ Poco ─ Mm, no te creo, pero no deberían ocultarme las cosas ─ Perdón, es que al ver cómo te pusiste con Renata… ─ Oye… Renata ya está grandecita, ella sabrá que hace con su vida, es verdad, no paso a Darién, pero ella lo eligió, ¿Qué puedo hacer?, solo desear y pedirle a… ─. Rosa levanta las manos en busca de alguien o algo, pero al final no lo encontró. ─ No sé quién que la ayude y le vaya bonito. Es mi hermana y no puedo evitar preocuparme por ella ─ Me dejas en blanco ─ ¿En blanco? ─ Deberías buscarte un novio y todos estaremos a la par ─ (bufido) Ni de broma, no aquí ─ Si ya nuestras vidas no son normales, ¿Qué puedes esperar? ─ Algo normal ─ Si tú lo dices ─. José se encoge de hombros.
El murmullo de las personas se hizo más fuerte, miradas curiosas se desvían a un solo lugar, una mujer vestida de túnica color tierra, con una capucha tapando su rostro, otras tres más escoltándola sin sus capuchas puestas, Flora, Melisandre y Mónica, caminaban a pasos lentos, como una marcha nupcial, en cambio la marcha era dirigida a una urna enorme de piedra negra pulida, las cuatro mujeres recitan unas palabras en voz baja, tan baja que resonó en todo el lugar, un cántico. La piedra brilló, sus sellos, letras rúnicas brillaron en oro, se alinearon una en cada extremo de la piedra. Con sus manos, aun con sus cánticos entonados, tocan la piedra, una fina línea resplandeciente brilló por el borde, José supo en ese momento que era la tapa y neblina blanca brotó de ella.
Con movimientos sutiles de las manos, la tapa fue retirada flotando en el aire, los presentes se levantan de puntillas para ver si lograban dar o distinguir lo que había dentro de aquel sarcófago.
Lenaya, que se encontraba en la cabecera de la urna, se acerca por un costado, se inclina por el borde dejando que la neblina blanca le cubra parcialmente. Un cuerpo disecado, tendido con los brazos formando una “X” sobre su pecho, la expresión de una mujer de millones de años, conservado como si tuviera cientos, para cuando se disipa la niebla, la gente jadea y murmura en asombro, ahora o nunca, si perdía más tiempo… no se sabía cuándo volverían atacar sus enemigos, sin embargo… ese momento Lenaya saboreaba el triunfo, la nostalgia de haber estado sin su cuerpo tantos milenios.
El cuerpo abre los ojos repentinamente, sonando con el crujir del cuero seco, ojos lechosos la miraban, Mónica se acerca para contemplar y admirar. ─ Se me hace extraño mirarme a mí misma ─ Es hora, hermana, no esperes más ─. Lenaya asiente, con mucho cuidado acerca su cara hasta la cara del cuerpo. José, Renata, Youlin, y Rosa entendieron lo que Lenaya estaba haciendo. Sus bocas se juntaron, un eco de vacío se sintió por toda la plaza, seguido de un temblor, las runas de las columnas se iluminaron, las sacerdotisas elevaron sus manos y sus cánticos, la neblina se intensifica acompañado con una luz entre blanco y azul, el temblor aumenta al igual que los cánticos de las sacerdotisas, algo andaba mal.
La Lenaya de la tumba se regeneraba, volviendo el color, la salud, la vida, mientras que la Lenaya mortal, su cuerpo se iba deteriorando hasta solo quedar un decadente cuerpo hecho nada, solo piel y huesos muertos, algunos miraban con horror. Rosa, Renata y José se despidieron de su amiga con pesar y dolor brotando de sus ojos lágrimas, lágrimas llenas de recuerdos, lágrimas llenas de vivencias compartidas, Harley había muerto. El cuerpo de Harley, o lo que una vez fue, cae al suelo con un golpe sordo, hueco, solo piel y huesos, solo piel y huesos con las cuencas de los ojos vacuos y secos, una momia.
Pasó un minuto, dos, tres minutos, cinco minutos, nada, algo andaba mal. Unas manos salen deslizándose por la urna lentamente aferrándose del borde. Con mucho cuidado y con ojos cerrados se va levantando, todos los presentes se habían quedado sin habla, sin aliento, sin respiración, en un silencio total. Una vez sentada, abre los ojos lentamente, un brillo amarillo despuntó al momento de abrirlos. Un trueno sonó, ¿un trueno?, ¿bajo tierra?, el cuerpo de Lenaya vuelve a caer lánguida por un costado de la urna, todos miran a su alrededor, asustados, alertas, furiosos. Las sacerdotisas rodean el cuerpo en modo protector, José se percata sobre un edificio en la distancia un brillo. ─ ¡Allá! ─. Apunta José. Todos se giran en la dirección señalada. Darlen, sin pensarlo dos veces se movilizó junto a su hermano Darién que ya le llevaba la delantera discutiendo entre saltos y carreras. ─ ¡¿Qué haces aquí?! ─ ¡Si se muere no me paga! ─ ¡Serás capullo! ─ ¡Si, pero un capullo de negocios! ─.