Chapter 60: Cap. 44

Lenaya vuelve a visitar la celda de Mónica, pero esta vez fue por el llamado de uno de los guardias, Lenaya llega a zancadas al centro de retención. ─ ¿Qué está pasando? ─ Su majestad, no ha parado de gritar ─. Le informa uno de los guardias, Lenaya entra para encontrarse a una Mónica revolcándose en el suelo, luchando contra unas manos invisibles que la sujetaban, llorando, gritando desesperadamente para que la soltaran, llamaba a sus padres, a Paola, a alguien para que la salvara. Lenaya entra y se arrodilla a su lado y la sujeta con fuerza y comienza a llamarla para que reaccionara. Mónica forcejea gruñendo, pataleando. ─ ¡Mónica soy yo!, estoy aquí, estás a salvo, nadie te hará daño, estás a salvo ─.

Mónica comienza a calmarse al ser siseada y acunada entre los brazos de Lenaya. Lenaya no pudo sentir ni divisar alguna fuerza externa, así que solo pensó que era debido a su mente, coloca una mano en su nuca, y con brillo dorado, buscaba mientras que susurraba pacientemente. ─ Todo está bien, todo está bien, nadie te hará daño, no lo permitiré ─ No me dejes sola, no otra vez, está muy oscuro allá ─. Repetía Mónica entre sollozos con los ojos cerrados, aferrándose a Lenaya como si dependiera su vida en ello. ─ ¿Dónde están papá y mamá?, (sollozo), ¿Por qué no vienen? ─ Todo está bien, Mónica, todo está bien─ (sorbe por la nariz) ¿Cómo me llamaste? ─. Mónica abre los ojos, algo sorprendida al escuchar su nombre en boca de Lenaya. ─ Mónica ─ ¿No Farizzi? ─ No Farizzi ─. Mónica abraza con ternura a Lenaya, aliviada y agradecida al oír su nombre de la persona que tanto quería, tratando de sonreír ya más calmada. Lenaya sigue acunándola entre siseos para tratar de sosegarla. ─ Todo está bien, estás a salvo ─ No me dejes sola ─ Tengo que hablar contigo ─ ¿Conmigo?, ¿De qué? ─ Es importante y muy delicado… ¿Recuerdas que te dije que tengo marido? ─ Si, (jadeo), no me digas que se lo contaste a papá ─ No precisamente, y mi marido es un rey, se llama Einar ─ Eso quiere decir que eres una… una… ¿Una reina? ─. Mónica deja los ojos como platos, esta noticia le había espantado todo miedo. ─ Así es ─ No me estarás mintiendo por lo de Humberto ─ No ─ ¿En serio eres una reina? ─ ¿No suena increíble? ─ (sonrisa de asombro) Muy increíble ─.

Lenaya se levanta y ayuda a Mónica ponerse de pie. ─ ¿Damos un paseo? ─ ¡Por supuesto! ─. Dando solo un paso, Mónica, al ver lo desastroso que tenía su vestido, se detuvo en el acto. ─ No te preocupes, ven conmigo, te buscaré algo más apropiado ─. Un guardia se acerca hasta la entrada de la celda. ─ ¿Su majestad? ─ Está bien, ella viene conmigo, me hago responsable ─. El guardia hace una reverencia y se retira. ─ Así que, de verdad, eres una reina ─ murmura Mónica fascinada. ─ Te dije que soy una reina ─. Caminando entre largos pasillos, Lenaya le comentaba sobre una guerra, la cual, su país estaba siendo asediado por dos reinos, Mónica horrorizada prestaba atención a cada palabra de su relato. Unas puertas dobles metalizadas se abren, Mónica mira con aprensión dicho lugar, era un cuarto muy pequeño, Lenaya le insta a entrar. ─ ¿Qué es este cuarto? ─. Pregunta Mónica girando sobre sus talones, era muy pequeño para ser la habitación de una reina, sin cama, sin cómoda, sin baño; Mónica da un respingo al ver que aquellas puertas se cierran solas y comienza a moverse. ─ Tranquila es solo un elevador ─ ¿Elevador?, ¿Qué son esos barrotes luminosos?, son fascinantes ─ Son bombillas ─ ¿Bombillas? ─ Si, funcionan con electricidad, es un maravilloso invento que el hombre alcanzó a dominar ─.

Mónica maravillada por la explicación de Lenaya, trató de alcanzar uno para tocarlo, pero estaba muy alto, de pronto algo curioso llamó su atención, uno: Lenaya sacó un pequeño artefacto cuadrado de su bolsillo, con su dedo pasaron mil imágenes hasta que comenzó hablar con el artefacto como si fuera una persona, dos: su extraña forma de vestir, pantalones de caqui casuales, una blusa y zapatos de tacón alto, todo bien combinado, que debido a ello, se veía como toda una gran dama, aunque por los pantalones, obviamente sus padres no lo hubieran aprobado. ─ Todo está listo, para cuando lleguemos tendrás ropas nuevas y un buen baño ─. Mónica no prestó atención a sus palabras, solo tenía ojos para el artefacto, Lenaya se percata y se lo muestra. ─ ¿Te gusta? ─. Mónica miraba con asombro y temor mezclados al extraño aparato de vidrio. ─ Tómalo ─ ¿Qué es? ─. Pregunta Mónica tomando el artefacto entre sus manos con mucho cuidado. ─ Es un celular ─ ¿Celu qué? ─ (risilla) Celular, es para comunicarnos con otras personas que estén lejos de nosotros ─ (bufido) Eso es imposible, ¿De dónde salen las cartas? ─. Mónica escruta el aparato muy de cerca, Lenaya toma el celular, Mónica no podía quitar el asombro de su cara. ─ Te amo, Mónica, eres muy especial ─. Le entrega el celular y Lenaya le indica donde presionar algo en la pantalla, ésta lo hace y vuelve a sonar lo que Lenaya había dicho, Mónica respinga impresionada y algo temerosa, pensó que su voz se había quedado atrapada en ella. ─ ¡Asombroso!, tu voz, tu voz quedó atrapada, pero ¿Cómo…?, esto tiene que ser alguna clase de brujería, dime que no… ─.

Lenaya suelta una carcajada, Mónica ladea la cabeza con el ceño fruncido, ¿Qué era lo divertido? ─ No es brujería, Mónica, es tecnología, éste aparato se llama celular, las cartas ya no se usan, usamos estos aparatos para enviar las cartas, llegan más rápido, ya las personas no tienen que esperar días para saber de la otra, todo llega en cuestión de segundos ─ Mónica vuelve a escrutar el celular. ─ Puedes quedártelo ─ ¿De verdad? ─ Claro, así nos mantendremos comunicadas ─ ¿De verdad? ─ Si ─ Pero no sé cómo se usa esta cosa, este… ce-lu-lar ─ Yo te enseñaré ─. El ascensor se detiene haciendo que Mónica se tambaleara, pensó que temblaba y se aferró a las barras que se usaban como pasamanos, Lenaya le explica que el ascensor se había detenido mientras que la instaba a soltarse, las puertas se abren mostrando un largo corredor. ─ ¿Te dije que soy una reina verdad? ─ Si, y quisiera saber de qué reino, y no entiendo por qué no se lo has dicho a papá, al saber que eres una monarca seguramente pegará un grito al cielo, pero de la alegría, siempre fuiste su mayor orgullo ─. Lenaya respirar profundo por la nariz. ─ Sobre eso, Mónica, quería hablarte ─. Lenaya se aparta un flequillo de la cara, mira a los ojos de Mónica con expresión impasible. ─ Si, soy reina, pero no de un reino que tu conozcas, o que ninguna persona conozca, de hecho, éste reino es muy diferente a todos los que se han conocido y muchos nos odian ─ Me estás asustando ─ Tranquila, nada de lo que veas puede tocarte o hacerte daño, soy su reina y nadie puede cuestionar mi palabra ─ Y… ¿Por qué no traes tu corona?, ¿Por qué estás vestida así?, papá se horrorizaría si te ve ─ (media sonrisa) No me gustan las coronas, estorban mucho y me despeinan ─ Pero deberías, es tu distintivo ─. Mónica enumera con sus dedos las razones del por qué debería usar una corona. ─ Los Medici, el gonfalonier, el dogo, portan sus estandartes demostrando que son de alta clase, que son de la nobleza ─ Con respecto a… papá, no me preocuparía por él. Y mi reino es diferente ─.

Lenaya y Mónica caminaron por los corredores. En su caminar, Lenaya le explicaba más sobre su reino deteniéndose varias veces para aclarar ciertas cosas de suma importancia. Llegan a una gran habitación sin ventanas. ─ ¿Dónde estamos? ─ En una de las habitaciones para invitados ─. Nada de lo que había allí Mónica lo reconocía, solo la cama, los gabinetes y armarios, en cambio televisores de pantalla plana, teléfonos, candelabros eléctricos, ducha de agua caliente, aire acondicionado, eran como parte de un nuevo mundo para ella, Lenaya le hace entrega de un vestido a la moda, pero bastante conservador, Mónica desliza sus dedos admirando el extraño pero bonito vestido, Lenaya insta en que debía tomar una ducha antes de probárselo.

Mónica toma una ducha, cosa que le pareció muy divertido a Lenaya, ya que, al abrir el grifo, Mónica comienza a dar gritos asustada colocando las manos para protegerse del agua que caía a raudales, Lenaya le explica sobre la ducha, para Mónica, todo a su alrededor le era fascinante, único, nuevo. Abre y cierra la llave mirando con asombro la regadera. ─ ¿Ves?, así funciona, ésta es la fría y ésta es la caliente, gradúala hasta que quede a tu gusto ─. Lenaya se retira del baño para darle privacidad a Mónica y bañarse a sus anchas.

¿Cuánto tiempo había pasado?, no lo supo, Lenaya tuvo que entrar preocupada ya que se estaba tardando demasiado para encontrar a una Mónica aun mojándose con la cara expuesta hacia la regadera con los ojos cerrados, extasiada. Lenaya se apoya de la jamba de la puerta con sonrisa tierna hacia su hermana.

Ayudando a su hermana vestirse minutos después de darse la larga ducha, la ropa conseguida era a la talla de Mónica, perfecta, ajustándose donde debía, un vestido largo aguamarina sin estampados, sin mangas, con un escote por la espalda en “V” hasta la mitad de su espalda, para asombro de Mónica, no tenía que llevar corsé para ajustar su figura, el vestido lo hacía por sí mismo, y la maravilla de éstas cosas que levantaban sus pechos y eran más cómodas, su amiga, la Reina, le llamaba sujetadores, lo que no le gustó mucho fueron esas pequeñas prendas muy atrevidas que vio entre los armarios, prefería lo tradicional, su hermana le llamaba tangas o hilos, le lanzaba miradas sosteniéndolo entre sus dedos índice y pulgar con pudor mientras que con una mano se tapaba la cara y veía entre los dedos con sus mejillas enrojecidas, ¿esto lo usaba su hermana?, por nada del mundo se pondría una cosa de esas, y el vestido era holgado de la cadera para abajo, llevaba unas sandalias y un cinturón grueso a juego. ─ Está bonito, gracias ─ dijo Mónica admirándose en el espejo, ya peinada y ligeramente maquillada, lista para el paseo. ─ Ven, te presentaré mi corte ─ ¿Corte? ─ Si, mis consejeros y embajadores ─ ¡Wow! ─.

Ambas caminaron hasta el salón del trono, amplias y pesadas puertas se abren señorialmente, Mónica vio con asombro los dos tronos, no podía saber cuál era el de su amiga ya que ambos tronos eran idénticos, Mónica da vueltas sobre sus talones, admirando cada detalle, el salón parecía estar vacío. ─ ¿Dónde están? ─. Pregunta Mónica admirando el estilo medieval del salón, pero tenía algo diferente, Mónica no supo identificarlo. ─ Solo espera un momento ─. Unas puertas laterales se abren, haciendo acto de presencia Sofía y a Wyatt. ─ Ellos son Sofía Gilbert y Wyatt Dietrich ─. Presenta Lenaya, ambos hacen una leve reverencia, Mónica le corresponde al saludo con una leve inclinación sujetando su falda. ─ Ellos se encargan de llevar la contabilidad y negociaciones. Ahora presta atención Mónica, ésta es la parte más delicada, no te asustes, veas lo que veas no te asustes, ellos no pueden tocarte ─ ¿No pueden tocarme?, ¿Por qué?, no entiendo ─ Eres mi invitada, intentar hacer algo contra ti, será severamente castigado ─. Mónica asiente comprensivamente. ─ Darlen. Caroline ─ Caroline aparece en volutas de humo negro y Darlen con su armadura y su mano posada en el pomo de su espada, Mónica estuvo a punto de echar a correr, pero Lenaya la detiene, Mónica imploraba que la dejara ir, para cuando se percata, nada la sostenía, mira a su alrededor encontrando a Lenaya con unos ojos brillando en plata y un puño levantado, observando sus brazos, mira con horror sus brazaletes brillando. ─ ¡Te aliaste con el demonio! ─ Te dije que no te asustaras, ellas no pueden hacerte nada ─ ¡Son demonios!, ¡ya veo por qué no le dijiste nada a papá! ─. Lenaya deja la mirada en blanco, la mente de Mónica estaba más alterada de lo que pensaba, intentar entrar en su mente y mostrarle las cosas sería peligroso para ambas.

─ Mónica, si me escuchas, podré explicarte ─ ¡¿Qué tienes que explicar?!, ¡libérame!, ¡te has aliado con el demonio! ─ Para empezar: deberías tranquilizarte y escuchar ─ No te prometo nada ─. Contestas Mónica con los dientes apretados fulminando con la mirada a Lenaya. ─ Es algo… ¿recuerdas el nombre de Dragnan? ─ No, ¿Por qué tendría que acordarme? ─ ¿Familia Doménico? ─ Si, eran nuestros vecinos, tenían una hija… ¿Ya me puedes soltar? ─ Se llamaba Paola ─ Mm, si, ella era como tu… espera, esa niña era idéntica a ti, ya que recuerdo… ─. Mónica estrecha la mirada. ─ No, no era como tu, se parecían bastante ─. Lenaya libera a Mónica de su agarre al ver que había atrapado su atención. ─ Nos criamos juntas ─ Imposible… tu… tu eres mi hermana ─ ¿Cómo explicas nuestras diferencias de edades?, me llevabas unos meses de diferencia, ¿No lo ves, Mónica?, nos criamos juntas, como hermanas, nuestros padres eran vecinos, ¿Recuerdas a Lucio? ─ Él era el hijo de los Doménico, si, lo recuerdo ─ Era mi hermano, ellos fueron asesinados ─. Un amasijo de recuerdos revueltos golpeó la mente de Mónica cayendo de rodillas, ésta se sujeta la cabeza gritando de dolor. ─!¿QUE ME HACES?!, ¡BASTA!; ¡DUELE! ─.

Imágenes de una masacre, unas personas sentadas en la mesa sin cabeza, cuyas cabezas estaban servidas en platos y un niño con el estómago abierto sobre la mesa, gente con armas buscándola para matarlas, una mujer de ojos plateados y rostro contorsionado demoníacamente con una sonrisa maliciosa. Lenaya vio eso al momento que toca su cabeza. Habló dentro de su mente, en los recuerdos, ellas mirándose a sí mismas, con el tiempo detenido. ─ ¿Dónde estamos?, ¿Qué hacemos aquí? ─. Pregunta Mónica mirando a su alrededor. ─ Estamos en Venecia ─ ¿Venecia?, ya veo y… ¿Qué hacemos aquí? ─ Escapábamos ─ ¿De qué?, ¿De quién? ─. Lenaya señala con la barbilla a la cosa horrible al lado de su congelada hermana, Mónica miró con horror aquella cosa. ─ ¡Hey tú! ─. Grita Lenaya. La cosa demoníaca comienza a moverse, y cada movimiento espasmódico era un crujir de huesos, Mónica horrorizada se coloca detrás de Lenaya, escudándose. En un parpadear, la cosa aparece detrás de Lenaya con los ojos fijos en Mónica, ésta grita de terror, Lenaya aparta a Mónica a un lado cuando la cosa intentó agarrarla, coloca rápidamente una mano sobre la frente y recita una palabra que para Mónica le sonó familiar y a la vez no, la cosa se vuelve cenizas y humo negro.

Lenaya se percata que Mónica se encontraba acurrucada detrás de ella en el suelo tapándose los oídos, y los ojos cerrados con fuerza, se agacha para consolarla acariciando su cabello. ─ Está bien, todo pasó, el malo se fue ─ (voz temblorosa) ¿Se fue? ─ Si, se fue ─ ¿Me salvaste? ─ Si… y no va a volver nunca más ─ ¿De verdad? ─ De verdad ─. Lenaya ayuda a su mejor amiga a ponerse de pie, a pesar de estar en su mente, Lenaya sentía el estremecer de Mónica, su miedo, para sorpresa de Mónica, portaban los vestidos de aquella época. ─ Creo que será mejor que empiece desde el principio, pero, sobre todo, tengamos mucho cuidado ─. Propone Lenaya, ambas volvieron y revivieron cada momento con el tiempo congelado, Lenaya fue mostrando uno a uno los momentos que vivieron juntas, momentos felices, tristes, momentos de una vida de familia normal, los alterados, los cambiaba para mostrarle los verdaderos, eliminando las sombras y demonios que se habían instalado y alojado en su mente, demonios disfrazados de recuerdos, algunos fueron complicados en eliminar ya que estaban bastante arraigados en la memoria de Mónica, como por ejemplo el del presunto prometido, Humberto y sus falsos padres, fue un proceso largo y doloroso, esas ocasiones, ver morir nuevamente a sus padres, era como clavar dagas en su corazón, estando a punto de tirar la toalla, un gran esfuerzo por parte de Lenaya que consumió cada gota de ser hasta agotarla, pero en fin, sus esfuerzos tuvieron sus frutos, Mónica había recordado.

Saliendo de la mente de Mónica, Lenaya se tambalea, Caroline se acerca para ayudarle antes de que cayera jadeando. Mónica cae al suelo, lánguida y algo pálida, se mostraba aturdida, al borde de la inconciencia. Con la respiración pesada, Lenaya se acerca y se sienta en el suelo al lado de Mónica, la toma entre sus brazos y ésta abre los ojos con dificultad. ─ ¿Lenaya? ─. Nombró Mónica en un susurro forzado, Lenaya asiente con los ojos húmedos, haciendo de sus labios una fina línea temblorosa, aguantando las ganas de llorar, Mónica acaricia la mejilla de su hermana lentamente, Lenaya le corresponde con una tierna y cálida sonrisa. ─ Me gusta llamarte más Paola ─ Por ahora, (sorbe por la nariz) llámame como quieras ─ ¿Por qué tardaste tanto? ─ (sollozo), Perdóname… perdóname, (sorbe por la nariz) perdóname, perdóname ─. Lenaya abraza con fuerza a Mónica dejando escapar su llanto, ahora fue el turno de Mónica en sisear para calmar el llanto de su amiga. ─ (susurro) ¿Cuánto tiempo ha pasado? ─. Lenaya levanta la mirada para escrutar el rostro de Mónica con sus ojos rojos e hinchados, ésta la contemplaba con ternura, Lenaya no podía articular palabra alguna, sentía que, si apenas abría la boca, su voz se quebraría en llanto nuevamente. ─ No importa, al menos estamos juntas otra vez ─. Lenaya asiente con los labios apretados, forzando una sonrisa, al menos había recuperado a su mejor amiga, a su hermana, el esfuerzo y la espera valió la pena. ─ ¿Te puedes levantar? ─. Mónica sonríe. ─ Lo intentaré ─. Ambas, con mucha dificultad, se ponen de pie con la ayuda de Darlen y Wyatt. ─ Mónica, te presento otra vez a Sofía y a Wyatt, son tus… descendientes ─ ¿Descendientes? ─ Si, sé que tuviste nueve hijos, ellos son tus tataranietos ─. Mónica estrecha la mirada ladeando la cabeza. ─ Lo recuerdo, y a cada uno les di unas herramientas por si se llegaban a topar contigo ─ (sonrisa traviesa) Déjame decirte que estabas loca ─ Comprende, estaba desesperada, quería encontrarte de nuevo ─ Lo lamento, lamento haber tardado tanto ─ Descuida… pero… funcionaron… ¿Verdad? ─ ¿Qué? ─ Las herramientas ─ Si, me encontraron en Rusia ─ ¡¿Rusia?! ─ Aja ─. Lenaya les hace un ademán para que se acercaran, Sofía y Wyatt obedecen y hacen una gran reverencia a Mónica. ─ Es todo un honor conocerle ancestro ─. Mónica sonríe frunciendo ligeramente el ceño. ─ No me digas así, me hace sentir anciana ─ Y ellas son Caroline Lidell y Darlen Jerome, ella es hija de Dragnan ─ ¿Dragnan?, ¿Tu custodio? ─ Si ─. Mónica escruta con mucho cuidado y consigue algunos rasgos familiares con el demonio custodio, su altura, sus ojos azul plata, su cabello, pero todo lo demás, supuso Mónica que lo heredó de su madre. ─ Un honor por fin conocerle, princesa Mónica ─. Saludó Darlen en una reverencia. ─ ¿Princesa? ─ Somos hermanas, ¿Recuerdas el vínculo de sangre?, yo soy reina, por lógica eres princesa ─. Mónica asiente en comprensión humedeciéndose los labios, sentía su garganta reseca, le dolía un poco por tanto gritar, Caroline saluda con una reverencia sin decir una palabra. ─ Ven, te mostraré las cosas que tanto han cambiado ─.

Caminando escoltadas un poco más estables y pasando por un pulido muro, Mónica se percata de que sus ojos ya no eran como antes, habían cambiado a un amarillo intenso, Mónica se detiene para contemplar su imagen, Lenaya se detiene a su lado, colocando una mano sobre su hombro en gesto solemne. ─ Ahora eres una Eterna, como yo, felicidades, Mónica ─ Soy una Eterna ─. Contemplando su reflejo en asombro, tuvo que repetirlo en voz alta para terminar de creerlo, ella, una Eterna. ─ Ven, vamos, tengo que ponerte al día antes de hacer los preparativos ─ ¿Cuáles preparativos? ─ Camina conmigo y te lo contaré ─.

Caminando por la superficie, Lenaya la puso al día con todo lo que había pasado desde su muerte en la Italia renacentista, su reencarnar en Rusia, y el cómo había conocido a su descendencia, toda una odisea, los relatos de Lenaya fueron algo digno de escuchar, todas esas experiencias siendo alguien de otra nacionalidad. La restauración de la mansión de Lenaya avanzaba a pasos agigantados, en su caminar, a cada paso, le rendían reverencia y un salve a la reina, Mónica fascinada por tanto que había pasado en el mundo, los cambios y los planes para cuando ella recuperase su cuerpo, desde luego, lo primordial era proteger la cripta donde yacían los cuerpos de Katherine y Kiev, sus dos descendientes principales y con gracia se levantarían siendo una Eterna y un Maestro Acólito.