Chapter 58: Cap. 43.1
Apretando el cinto en un puño, lo disuelve en un fuego azul intenso, le ordena a Darlen en cargar su cuerpo de regreso a la mansión o lo que quedaba de ella, con el sol despuntando hacia un nuevo día a sus espaldas, era el indicio de un nuevo rumbo a recorrer, un nuevo destino a la cual afrontar prácticamente juntos.
Mantuvieron a Mónica en tratamiento y encierro total, aislada de todos y de todo, la única en tener acceso era Lenaya, que la visitaba de vez en cuando mientras se realizaban las reparaciones de la mansión. Despojada de todo poder gracias a unos brazaletes en sus muñecas y en sus tobillos dentro en un círculo mágico creado por las Eternas con escritos y símbolos prácticamente ilegibles para el ojo común. ─ Abran la celda ─. Solicitó Lenaya haciendo acto de presencia. ─ Su majestad ─. Contestó el soldado con una reverencia.
Los pasos hacen eco en el gran salón amplio, en el salón, una celda en el medio, dentro de la celda, el gran circulo mágico plasmado en el suelo y Mónica con su cabello enmarañado, el vestido rasgado ya no era blanco, su rostro demacrado por tanto llorar y su voz ronca por tanto gritar en las noches por las continuas pesadillas marcaban su rostro. Su mirada se ilumina de entusiasmo al igual que su sonrisa. ─ ¡Paola! ─ Farizzi ─. Al ver sus ojos y sentir la frialdad en la voz de Lenaya, la sonrisa de Mónica desaparece. ─ ¿Cómo estás? ─ ¿Estás molesta? ─. Pregunta Mónica jugando con un mechón de su cabello enmarañado algo nerviosa, en cambio solo obtuvo silencio por parte de Lenaya. ─ ¿Cómo están papá y mamá?, ¿Cuándo vendrán a verme?, no me gusta estar sola, ¿Sabes?, ¿Por qué me tienen aquí encerrada? ─. Lenaya observa a la que una vez fue su mejor amiga con pesar. ─ ¿Te han alimentado bien? ─ Si, la comida es sabrosa, pero nada como los pasteles de la abuela Lucia. Quedamos en que iríamos a visitarla a finales de año, papá me dijo que me tenía una sorpresa ─ Ya veo, me alegro, Farizzi ─ ¿Por qué me llamas Farizzi? ─ Es tu apellido, ¿No? ─ Ya sé por qué estás molesta y… no te culpo ─ ¿Por qué estoy molesta? ─ Es por Humberto, estás molesta porque me propuso matrimonio, yo sé que te gustaba mucho y… ─ (suspiro profundo) Farizzi… ─ (voz suplicante) No me llames así, por favor, (sollozo), me duele que me llames así, suenas como una extraña ─ Ya tengo marido ─. En un jadeo, Mónica se tapa la boca abriendo los ojos como platos, horrorizada por la noticia. ─ Papá se pondrá furioso ─ No lo creo ─ ¿Él lo sabe? ─ (silencio) ─.
Mónica se acerca hasta Lenaya colocando sus manos sobre sus hombros y le susurra. ─ ¿Por qué no me lo habías dicho?, si papá se entera… ─. Mónica se aleja de nuevo comiéndose las uñas, mirando hacia ningún lugar, pensando con temor en el castigo de un padre que no existe. Lenaya abre la boca para decir algo, pero la cierra mirando a Mónica reflexivamente. ─ Seguramente mamá se pondrá de tu parte, ella siempre lo hace, sí, siempre nos cuida y nos defiende, ¿Cuándo saldremos a la piazza?, quiero ver a Humberto, sabes que papá no me deja verlo sola, él es muy correcto con ese tipo de cosas. Quiero que seas mi madrina de bodas ─ ¿Qué te hicieron? ─. Mónica ladea la cabeza. ─ ¿Qué me hicieron que?, no te entiendo, (risilla) hablas muy extraño, Paola ─ Hablaremos más tarde, ¿Te parece?, tengo algunas cosas que hacer ─. Mónica se prende desesperada del brazo de Lenaya, suplicando casi de rodillas para que no la abandone, Lenaya se suelta cortésmente. Llegando al umbral comienza a gritar suplicando que no la dejaran sola, Lenaya se detiene, aprieta un puño suspirando profundamente, y sin mirar atrás, sale de aquella prisión.
Ya habían pasado tres meses desde aquella batalla, Adara, aun internada con los sanadores, que en conjunto con las chicas de Flora asistiendo a los heridos, visitaban a la niña constantemente con la supervisión personal de Caroline, cuyas visitas eran a diario, ella miraba por el cristal a la dulce niña dormir. ─ ¿Qué haces aquí, Staghorn? ─. Pregunta Flora apareciendo detrás de Caroline, ésta mira de soslayo por encima de su hombro, luego vuelve a fijar su atención en la niña. ─ Vine a ver como seguía ─ Muy considerada de tu parte ─ (silencio) ─ Que buen truco hicieron tu y La Reina, nos engañaron a todos ─ (leve bufido) Era la única carta que teníamos a jugar ─ Si que la jugaron bien ─ (silencio) ─ Gracias ─ ¿Por qué? ─ Por salvar a Adara ─ Agradécele a Darién y a su hermana, ellos fueron quienes la salvaron ─ Flora se para al lado de Caroline para mirar a la niña dormir. ─ Buena jugada con los refugiados y el avión ─ (media sonrisa) Solo improvisé al paso ─ Entrenas bien a tus chicas, las felicito ─ Son buenas chicas ─ Ya lo noté, y ayudaron a recoger los desastres, (bufido), Ana no dejaba de vomitar ─. Flora amplía su sonrisa. ─ ¿Ya llevaron la urna de Lenaya a su lugar? ─ pregunta Caroline suspirando. ─ Si ─ ¿Cuánto para la ceremonia? ─ Solo su majestad sabe ─. Después de esa conversación no se intercambiaron más palabras, no se supo cuánto tiempo se mantuvieron en silencio.
Un mensajero lleva la noticia de que Flora había sido convocada por Lenaya y que la presencia de Caroline era requerida. Ambas se dirigen al salón del trono y los grandes portones se abren dándoles la bienvenida, ambas hacen una reverencia al entrar. ─ ¿En qué le puedo servir? ─. Pregunta Flora, en el gran salón se encontraba la corte de Lenaya. Entre galardones de los que dieron su gran esfuerzo en la batalla, a Flora le asignaron la tarea de ser comandante de los ejércitos de Lenaya, desde luego ella no quería el puesto, sin embargo fue persuadida por Lenaya, ─ Entiendo tu fe y tus ganas de ser sacerdotisa, pero demostraste ser mucho más que eso Flora, resultaste ser toda una soldado, toda una guerrera Eterna, una de las mejores de las que he visto y me llena de orgullo darte tal puesto, de ahora en adelante tu trabajarás en conjunto con Darlen y tus chicas serán adiestradas como deben ser, de ahora en adelante estarán bajo tu mando ─. Flora, al saber que no la separarían de sus chicas se sintió aliviada y orgullosa, cuadrando sus hombros mira a sus chicas que se encontraban a su lado, éstas erguidas y solemnes al lado de su maestra, le fueron entregados sus galardones, unas bandas doradas con sus nuevas asignaciones.
Ante todos los presentes, Lenaya le informa a Flora sobre la condición de Adara, el conjuro que le había hecho el Attor para dejarla inconsciente se había desvanecido, así que solo debía guardar reposo, y cuando se recuperara por completo, comenzaría su adiestramiento como Eterna con Melisandre y otras novicias, Flora asiente satisfecha, también da los reportes de la reconstrucción de la mansión y la llegada del resto de los refugiados, su plan del Nuevo Éxodo no pararía, otros fueron recibidos por soldados en algunos puertos y aeropuertos, los refugiados estaban siendo recibidos y seleccionados para una exhaustiva revisión en la entrada de la mansión, entre esas revisiones se le llegó el informe de que humanos también ingresarían con los refugiados, Lenaya ordena en apartar a los humanos del resto de su pueblo, dada las noticias, la reina Lenaya recibe ovaciones al saber que su pueblo estaba creciendo, sin embargo advierte en no bajar nunca la guardia, ya que los aeropuertos y puertos donde habían sido recibidos, estaban cerradas y tomadas por poseídos, benditos con algunas aberraciones, ángeles y demonios merodeando por las calles aledañas, cazando a todo aquel que fuera diferente, las ciudades del mundo eran un caos de desorden y destrucción, gente oculta entre alcantarillas y casas abandonadas, las iglesias y hospitales ya no eran seguras ya que estaban invadidas por todo aquel que no compartieran sus creencias.
─ Vienen tiempos difíciles, hijos míos, pero también hay regocijo, ya que gracias a cuatro maravillosos humanos me han traído mi cuerpo. Den un paso al frente, Rosa Riquelme, Renata Riquelme, José María Guzmán y Youlin Michelena. Gracias a ellos pudieron descifrar el enigma. Felicidades ─. Todos hacen una reverencia, en cambio Youlin, con orgullo y frente en alto, hace una reverencia. ─ Me he enterado lo de Sebastián Reyes, es una pena, le tenía buena estima ─ Todos le teníamos, su majestad ─. Agrega Rosa con aspecto impasible. ─ ¿Qué harás con él, Harley? ─ pregunta Renata, Lenaya esboza una sonrisa amistosa ladeando ligeramente la cabeza. ─ Por ahora lo mantendremos confinado en las celdas inferiores de la mansión, no es una amenaza mientras esté allí ─ ¿Qué pasará con Darién? ─. Pregunta Renata. ─ Con él tengo una deuda pendiente. Háganlo pasar ─.
Una de las puertas laterales se abre, éste entra escoltado por algunos hombres de Darlen, los presentes contemplaban al Nefilim con desprecio al saber que él era un simple y vulgar mercenario, un matón que se vendía por dinero, cosa que demostró Darién no importarle, al contrario, se pavoneaba con más arrogancia que nunca. ─ ¿Esto es necesario? ─. Pregunta Darién con sorna señalando la escolta. Con una sonrisa Lenaya agita su mano, los guardias se retiran. ─ Creo que tú y yo tenemos una deuda que saldar ─ (resoplido) Ya era hora ─ Pero… ─ ¿Pero? ─. Darién rueda la mirada dejándola en blanco. ─ Esto no me gusta, (dedo acusador) hicimos un trato ─ Lo sé ─ ¿Qué esperas? ─ Antes que nada, ¿Puedes concederme una petición? ─ ¿Cuál? ─ Espera a que recupere mi cuerpo ─ (sonrisa socarrona) ¿Temes que le pase algo? ─ ¿Puedes o no? ─ Habrá recargo por ello ─ Hecho ─ Con su permiso ─. Sin hacer reverencia, se retira del salón, Sofía le susurra algo en el oído, pero Lenaya levanta la mano con una leve afirmación. ─ Chicos, pueden sentirse libres de entrar y salir de mis tierras cuando quieran, en cuanto a ti Youlin ─ ¿Si? ─. La arqueóloga traga saliva tensándose con nerviosismo al escuchar su nombre. ─ Tego entendido de que no creías en mi o en mi reino ─ Con el debido respeto y sin ofender, no, no creía, ante todo soy científica, arqueóloga, la ciencia es en todo lo que me basaba. Me baso quise decir ─ ¿Y ahora? ─ Quiero saber más, hay tantas cosas que… no tengo palabras ─ Puedes reunirte con mis sacerdotisas y acólitos si ese es tu caso, pero no podrás difundir nuestras enseñanzas a nadie o lo que descubras ─ ¿Por qué?, claro si se me permite saber ─ El ser humano no está listo para tal cosa ─ Es que… ─ Es mi última palabra, tómala o déjala, no quiero correr riesgos de que el hombre, por egoísmo, corrompa tal conocimiento, “la verdad” no es para fines mundanos, no en mi reino ─ Entiendo ─ Bien. Ahora chicos, ya les he proporcionado un lugar donde vivir, se quedarán allí hasta que ustedes decidan, ¿De acuerdo? ─. Todos asienten. ─ José… me informaron de que eres un bendecido ─ Si ya te enteraste, ¿Qué harás conmigo? ─ Nada ─ ¿Nada? ─ Me causa curiosidad, que tú, siendo un bendecido no hiciste nada por ayudar a Sebas ─ (media sonrisa) Usted no envió a cuatro humanos no solo para buscar su tumba y evitar sospechas ─ ¿En serio?, cuéntame porqué entonces ─.
Lenaya, cruzándose de piernas y apoyando un codo en uno de los brazos del trono, se acomoda mostrando interés en las conclusiones de José. ─ A decir verdad, si los humanos no están poseídos, ni mucho menos corruptos, no se pueden tocar, disuadirlos tal vez, pero se está prohibido lastimarlos y no sentí corrupción en mis amigos ─ ¿Por qué no se pueden lastimar? ─ Son la creación de Dios, y hasta donde sé, Dios amó a su creación, a los seres humanos, más que a sus ángeles mismos que son perfectos ─ Interesante, ¿Qué más? ─ Lo que no comprendo es el por qué envió a un Nefilim con nosotros ─ Es obvio, ya estarían muertos, es cierto en parte tu teoría, y con lo de Darién fue para asegurarme de que no les pasara nada, ya que son humanos, son vulnerables a los intentos, y si quería mi cuerpo de regreso, Darién era la mejor de mis opciones ─ Aun siento que hay algo más, pero no logro dar con ello, lo presiento ─ Quizás sí, quizás no, cuando lo tengas más claro puedes venir y hablarlo conmigo, eres bienvenido, es muy interesante tu lógica, ahora mi pregunta, ¿Qué harás ahora?, ¿Te irás en paz?, ¿Te quedarás con nosotros como observador o embajador de los benditos?, tú decides ─ ¡Salve a La Reina Lenaya! ─. Se escuchó una voz gritar entre el silencio de multitudes. ─ Mi pueblo se da cuenta, que a pesar de que tu Dios y el Diablo, como los llaman los humanos, me quieran muerta, yo aun quiero estar en paz, que me dejen ir con mi gente, mi pueblo. No estoy interesada en estar en un mundo donde dos “Dioses” se estén matando por los seres humanos y hacer que estos se maten entre sí, no es muy… Justo estar en una situación así, yo aun doy a elegir, ¿No es eso lo que tu Dios promueve?, ¿La libre elección y la vida eterna? ─ (suspiro profundo), Harley, yo solo… solo… no quiero ser parte de ésta guerra, mucha gente resulta herida sin necesidad ─ Muy sabio de tu parte, José, fuiste y eres un gran amigo, aun te considero como tal, y a Sebas, a pesar de lo que hizo… ─. Lenaya junta sus manos para puntualizar. ─ Te propongo algo, como embajador y observador tendrás la opción de ayudar a los sanadores con nuestros heridos, pero estarás bajo presentación ante nuestro tribunal para una evaluación y discusión sobre tu decisión, si te quedarás o te irás. Si estás de acuerdo, Melisandre estará a cargo, en caso contrario, te irás libremente, y si causas problemas estarás haciéndole compañía a Sebas ─ Ayudaré, Jesús enseñó a amar a nuestros enemigos, que mejor ejemplo cuando Jesús confrontó a Barrabas y no lo juzgó ─ ¿Nos consideras tus enemigos? ─ Solo considero que debo hacer lo correcto, y ayudar es, por los momentos, lo que considero correcto ─ Solo una cosa me intriga, si eres un bendecido, ¿Por qué tu sangre no le hizo daño a Caroline cuando se la ofreciste? ─ Te diré que… con sangre nuestros pecados fueron lavados, y con la sangre de Cristo nuestros enemigos caerán, es lo que dicen, y si un bendecido ofrece su sangre, puede sanar, y a su vez, si él quiere, lastimar ─ (media sonrisa) Bien, te estoy agradecida por tu generosidad. Melisandre te indicará las cosas que tienes que hacer ─. Lenaya le hace un gesto con la mano a José en ademán de ir junto a Melisandre, éste con leve asentimiento acepta y se para al lado de su custodia.
El resto de la ceremonia y las celebraciones prosiguieron con la orden de Lenaya, la comida fue servida en grandes bandejas en un amplio salón, a pesar de que el lugar se veía ambientado de la edad medieval, la música le daba el toque de la actualidad, todos vestidos de sus mejores galas, invitados y refugiados unidos a la gran celebración, Caroline conversaba con Lenaya sobre haber visto al padre de Darién en el campo de batalla por un segundo y todo fue gracias a todas esas historias que tanto le contaba, Lenaya sonrió a cambio ante la explicación. ─ Es verdad, ambos son muy parecidos ─. Fueron sus palabras con sonrisa cómplice llena de calidez.
Renata buscaba a alguien entre la multitud, ¿a quién buscaba?, sin pensarlo y sin rumbo, sale del gran salón de fiestas, camina entre pasillos serpenteantes hasta que la música se convirtió en un rítmico susurro, el pulido piso de los sobrios pasillos hacía resonar entre ecos sus entaconados pasos, y que bueno que Harley les había facilitado un espacio para darse un baño y vestirse para la ocasión, y gracias también por encontrarles un lugar donde quedarse.
¿Dónde estaba?, mira a un lado, luego al otro, mierda, Renata no quería admitir que estaba perdida, y todo por culpa por estar distraída y de sus pensamientos. Tratando de calmarse, intentó de hacer memoria, recordó cuando entró en la cripta, vagó por varios pasillos alternos, esa parte la recordó, hasta llegar al salón del trono, pero el lugar donde estaba no le era nada familiar, ¿Dónde estaba?, afinando sus oídos, caminó más despacio. ─ ¿Estás perdida? ─. La pregunta le hizo dar un sobresalto de padre y señor nuestro, era Darién entre las sombras apoyado en una pared con las manos en los bolsillos de sus vaqueros y una expresión despreocupada. ─ ¿Te asusté? ─. Pregunta con sonrisa juguetona. Con la respiración acelerada, Renata niega con la cabeza. ─ ¿No?, y… ¿Por qué tu corazón está acelerado? ─ Yo… yo quería verte ─ ¿Querías verme? ─. Renata asiente algo nerviosa haciendo un mohín. ─ Estoy aquí ─. Darién se despega de la pared y se acerca a pasos perezosos hasta Renata. ─ Que… quería, (suspiro profundo), quería darte las gracias ─ ¿Darme las gracias?, ¿Por qué? ─ Por salvarme. Salvarnos y… en este momento no lo cargo, pero quería entregarte tu abrigo… ya que no puedo convencerte para que te quedes… y… sé que cuando Harley salde su deuda contigo… te irás, de verdad me gustaría. Nos gustaría… ─. A cada palabra que balbuceaba Renata, Darién se iba acercando más y más, haciéndole cada vez más difícil pensar con claridad, hasta el punto de que toda palabra se convirtió en balbuceante susurro, las manos de Renata sudaban y jugaban entre sí, no quería verle a los ojos, ver a los ojos de Darién era como contemplar un infinito cielo plateado escrutando en lo más profundo de su ser. Darién, con mucho cuidado y delicadeza, levanta la barbilla de Renata instando cruzar miradas con ella, ésta deja de balbucear para mover la boca como un pez. ─ Quiero llevarte a un lugar ─. Renata asiente, Darién ofrece su mano, y sin despegar los ojos de los de él, acepta gustosamente.
Salen por uno de los corredores hacia una luz opaca, ¿era de noche?, no, no era de noche, eran las luces de la ciudad, ¿ciudad?, Renata queda fascinada al ver una ciudad bajo tierra, y lo mejor del caso, aún más grande que la de Troya, miró hacia atrás, una gran puerta de un gran palacio bajo tierra, entonces ¿el salón del trono era parte de su enorme palacio?, pensó Renata con asombro y fascinación, ¿a cuantos metros estarán bajo tierra?, pudo divisar una enorme cascada en uno de los extremos de la ciudad, con riachuelos cruzando como venas por la pintoresca ciudad, gente caminando entre las calles, parecían también celebrar el reencuentro con su gente, amigos, parientes y vecinos de hace años, grandes y gruesas columnas ornamentadas con símbolos rúnicos sostenían el gran techo que les daba cobertura y protección, las casas bien hechas de piedra y madera con estilo griego y a la vez con algo de romano, quizás algo más; Renata no supo identificarlo, les daba un estilo único, lo curioso era que su iluminación no era basada en candelabros ni nada de esas cosas antiguas, ¡tenían electricidad!, también se podía oír la música desde el lugar donde estaba, y donde estaba, se podía apreciar toda la ciudad en toda su magnificencia, una vista maravillosa, y a pesar de estar bajo tierra, se sentía el aire rozar su cara, jugar con su cabello, ¿Cómo era eso posible?
─ Lo descubrí hace poco ─ Es hermoso… ¿Cómo…? ─ Caminaba, pensaba y terminé aquí ─ ¿En qué pensabas? ─. Darién le ofrece una mirada juguetona. ─ En que… si me devolverás o no mi abrigo ─ ¿Solo en eso? ─ No, en lo que pensaba realmente era en que… si yo aceptaba o no que me lo devolvieras ─ ¿Qué quieres decir?, ¿Te quedarás? ─ Tal vez ─. Darién entorna un poco la mirada. ─ Tal vez necesite vacaciones ─ Dime la verdad, ¿Es por lo que le dijiste a Harley? ─ ¿Harley?... ¡ah!, Lenaya ─ Te quedas porque… ─ Tal vez porque quiero, tal vez porque tengo otra razón para quedarme que cobrar más, tal vez… ─. Darién se fue acercando a Renata, y a cada razón que daba, sus labios se fueron juntando hasta encontrarse.
Suave, tierna, lentamente, un suspiro que fue más bien un gemido de Renata, se escapa al sentir el roce de los labios de Darién contra los suyos, cerrando los ojos se deja llevar, demandando lentamente más por sus besos, dándole acceso a que su lengua jugara con la suya. El frío del viento hizo que se aferrara más al cuerpo de Darién, para sentir su calor, sus brazos rodear por su cintura y las manos de ella jugar con su plateado cabello, apreciando su suavidad.