Capítulo 42.

Maxine.

Es la mañana siguiente a la pedida de mano de mi madre y voy a desayunar a solas con ella, tenemos mucho de lo que ponernos al corriente, y lo agradezco porque eso significa que no tengo que ver ni a Trevor ni a Nick en el desayuno. Pero, aunque intento pasar un buen tiempo con mi madre, estoy triste y ella se da cuenta rápidamente, sin embargo, no hace preguntas y se lo agradezco desde el fondo de mi alma, sobre todo, porque sé que las preguntas que ella me va a hacer no se las voy a poder responder.

Paso por alto la actividad que Adriana tenía preparada para todos nosotros y después de desayunar con mi madre me voy sola a la playa.

Me siento en la orilla del mar y siento las olas que golpean contra mis pies, también veo el horizonte del mar de Hawái, todo es precioso y está en calma.

Siento que alguien se sienta a mi lado y desde el fondo de mi corazón espero que se trate de Trevor, y que esté dispuesto a escucharme de una vez por todas, pero no es él, es Harvey, y aunque el hombre me agrada, no era a él a quien queria ver justo en este momento.

–¿Puedo hacerte compañía?

Yo asiento con la cabeza y él estira sus piernas en dirección al mar.

–¿No deberías estar en el recorrido por la isla que tenía programado Adriana? – pregunto.

– Tenía que hacer algunas cosas de trabajo, asi que me quede en el hotel, creo que dañamos los planes de Adriana de hoy.

– Si, supongo que si – suspiro.

Él y yo nos quedamos un rato en silencio, hasta que Harvey comienza a hablar nuevamente.

–¿Sabes Max? Recuerdo cuando tenía tu edad.

– No debió haber sido hace mucho – levanto las cejas.

– Bueno, unos veinte años más o menos – él sonríe – recuerdo que para ese entonces sentia que todo lo que hacía era importante, que todas mis decisiones tenían que ser o blancas o negras.

–¿Y no era asi?

– No, era joven y tenía el derecho y la posibilidad de equivocarme, de caerme, de levantarme – él me mira de reojo – de enamorarme y también de desenamorarme.

– Uh-Hum.

– Y tenía el derecho de hacerlo sin sentirme culpable por eso, porque se supone que para eso es la vida cuando estás joven, para equivocarte.

–Pero ¿qué pasa cuando tus errores lastiman a otras personas? – cuestiono mientras observo la ola que me moja los pies.

– Creo que tus errores solo dañan a las personas que verdaderamente te aman, si no te amaran entonces no los dañaría.

–¿Y qué significa eso?

– Que, si pueden amarte lo suficiente como para permitir que los lastimes, entonces también deben amarte lo suficiente para perdonarte.

Pienso en sus palabras y niego con la cabeza, sé que Trevor se siente lastimado por mí, sé que de alguna manera le dolió verme bailando con Nick anoche, pero Trevor no me ama, Trevor no ama a nadie de una manera romántica, ¿O sí?

–¿Y qué pasa si soy yo la que no quiere perdonar?

– Tambien estas en tu derecho.

–¿Y qué hay de lo que dijiste del amor? Es decir, si amo a alguien y ese alguien me lastima, ¿Por qué no puedo perdonarlo? – pregunto, refiriéndome a Nick.

– Porque quiza no lo amas lo suficiente, y eso también está bien – él me mira y en su rostro pega el sol de media tarde.

Puedo entender porque mi madre se enamoró de él, Harvey es como el hombre perfecto.

–¿Sabes que es lo único que no tienes permitido? – su sonrisa se ensancha y me contagia de su energía.

–¿Que?

– Estar triste en un lugar como este, ¡Maxine, estamos en Hawái! Pon en orden tus papeles y disfruta.

– Prometo que voy a hacerlo – yo le sonrió y Harvey se pone en pie.

Él me extiende la mano y yo la estrecho, él me hala y yo me pongo en pie. Harvey me abraza con fuerza y yo siento que tengo un padre, este hombre que hasta hace un par de semanas era un completo desconocido, se ha convertido en mi padre, y me alegra.

– Debo volver a la habitación, tu madre volverá pronto, y si regresa y no estoy arreglado para almorzar entonces va a matarme.

– Voy contigo – Harvey y yo caminamos en dirección al hotel, pero en cuanto pasamos por el quiosco en el que está el bar, veo a Nick sentado en la barra.

Es hora de poner mis papeles en orden, Harvey lo dijo.

–¿Sabes qué? Creo que mejor los alcanzo en el almuerzo – Harvey asiente con la cabeza y camino al bar.

Voy hasta el asiento vacío a un lado de Nick y él me sonríe en cuanto me ve.

– Amor, ¿Dónde estabas metida? – me siento mal por el apodo romántico.

– Creo que no deberías decirme amor.

–¿Por qué no? – frunce el ceño.

– Porque yo no soy tu amor, Nick – intento tener tacto con el hombre, asi que le hablo bajito.

–¿Qué intentas decirme con esto?

– Que lo que pasó anoche no va a volver a repetirse y que no voy a volver contigo.

–¿Que? Pero Maxine, anoche tu…

– Anoche nada, anoche solo escuché tus excusas y deje que bailaras conmigo, pero eso no significa que vamos a volver a estar juntos, Nick, yo ya no te amo.

–¿Me estás hablando enserio?

– Si y lo siento – Nick no se ve cabreado, él parece más confundido que otra cosa – lo lamento, creí que podia hacerlo, que podia olvidarme de todo lo que pasó, pero no puedo, y no quiero estar contigo nada más por los recuerdos que tenemos en común, eso solo nos hará más daño, no quiero eso para ninguno de nosotros dos.

Él niega con la cabeza.

–¿Es por lo que dijo Trevor anoche?

– No, es por mí, y porque no puedo mentirme, se acabó, lo que había entre nosotros dos se acabó – sentencio.

Nick se levanta del taburete en la barra, mira para todos lados y niega con la cabeza.

–¿Sabes qué? ¡vete a la mierda, Maxine! No puedes sonreírle a una persona como si la hubieras perdonado para después decirle al día siguiente que no la amas.

Él me deja sola y yo suelto un bufido, no me siento herida por sus palabras, creo que Harvey si tenía razón.

No amo lo suficiente a Nick como para perdonarlo, pero tampoco para dejar que me haga daño.

Contrario a lo que siento por Trevor.