Chapter 24: CAPÍTULO 23

Una semana después.

Decir que me sentía sola era poco, el que Zeynep se fuera a otro país me ponía de muy mal humor y aún peor, que yo estuviera cumpliendo años precisamente hoy.

No había nadie en casa excepto por los guardias y señoras del servicio; Mi madre en Rusia con Noah y mi mejor amiga, mi padre tuvo que irse el día anterior por un incendio en una de sus sedes en América y Luciano, había decido pasar su cumpleaños con esa idiota que tenía por novia… ¡Siempre pasábamos nuestro cumpleaños juntos!

Todos me habían llamado, también hicimos una pequeña videollamada familiar ¡a las cinco de la mañana! Abrimos los obsequios y reímos un buen rato. Me despedí en cuanto supe que la tristeza empezaba a llenarme.

Al menos mis tíos y primos vendrían, pasaremos un buen rato y ya después vería que haría.

¿Roman me felicitará?

Estaría muy decepcionada si no lo hiciera, pero no tenía que hacerlo, lo había herido y no era buena para él, pero aun así quería tenerlo...era una persona espectacular, era el prototipo de hombre que siempre había soñado para mi vida.

Unos golpes en la puerta se escucharon.

Fruncí mi ceño, pues les había dicho a los trabajadores que no quería que nadie me interrumpiera, estaba harta de no poder pensar y analizar las cosas que sucedían sin distracciones.

¿No podían dejarme sufrir por un momento?

— Pasé — ordené, viendo como llegaban nuevas notificaciones de mensajes a mi celular—. Dije que no quería verla …

Al alzar mi rostro, las palabras desaparecieron de inmediato.

¿Qué mierda?

— ¿Por qué estás en mi cuarto Vlademir? — quise saber mientras me levantaba.

— Todos están abajo esperándote, hemos llegado hace dos horas — comentó, lo que me sorprendió un poco—. Te hemos organizado algo, así que baja.

— ¿Dónde está mi regalo? — extendí mi mano, mientras lo miraba fijamente

Alzó una ceja y me observó confundido. Sabía que estaba debatiéndose si hablaba enserio o no, pero enserio lo hacía.

No podía aparecer así no más.

— Estuve pensando… ¿qué podría regalarle a alguien como tú? tienes todo Luciana, así que era difícil.

Esperé a que continuara, pero me miraba confundido...de nuevo.

— Pero… — lo alenté.

Pareció entender y habló.

— No, no hay, pero. No te compré nada. Feliz cumpleaños Luci, te amo — me abrazó un par de segundos y al ver que no correspondía su abrazo se separó—. ¿Sabes cuantas chicas sueñan con que las felicite el día de sus cumpleaños y asista a su fiesta?

— En no sé, déjame pensarlo — Me hice la pensativa por unos segundos y preparé el veneno—. Ah ya sé, menos cero... y Vladimir, menos cero no existe.

Asintió, haciéndose el dolido.

— Esta bien, entiendo. Y yo que había traído a Michele Morrone para que cantara un par de canciones, me tocara cancelar y tanto que me costó tenerlo aquí hoy.

Esas lentejas se me bajaron, sentí como todo se me bajaba mientras con una expresión demasiada sorprendida, observaba a Vlademir.

No podía jugar con algo como eso.

— Sabes que él es el dueño de mis fantasías, no podrías jugar con algo como eso — lo señalé, estando a punto de sucumbir a la locura.

— Está abajo Luciana, Feliz cumpleaños.

— Es el mejor regalo, ven — lo atraje hacia mí para darle un gran y fuerte abrazo, estaba tan feliz—. Una pregunta… ¿tal vez podría traerlo a mi cuarto y mostrarl…

— No Luciana, no le mostraras tus juguetes — me riñó severamente.

— Tenía que intentarlo — salí corriendo de mi cuarto, dándome cuenta en el corredor que tenía a dos seres delicados vivientes dentro de mí y tuve que detenerme—. A veces no es cool tenerlos — murmuré para mí.

Bajé las escaleras delicadamente y volteé a ver a Vladimir, quien me señaló el salón de eventos que teníamos para cenas especiales o celebridades en familia.

Caminé rápidamente hasta allá y en cuanto abrí la puerta, un feliz cumpleaños se escuchó por todo el salón. Sonreí enormemente, todos mis tíos pasaron a felicitarme y después mis primos, les agradecí con una grata sonrisa, pero quería ver a Michele.

¿Dónde carajos estaba mi bombón?

De repente, de una de las puertas salió, una sonrisa bastante idiota se hizo presente mientras lo admiraba. Estaba vestido de muerte muerte muerte, pero de esas muertes que en vez de venirte te vas...así de intensa.

Cantaba Hard for me mientras se acercaba lentamente hacia mí, su mirada no abandonó la mía en ningún momento. No pude evitar no imaginarme que era escrita para mí, no pude evitar no imaginarme una vida con él...una noche.

Mi rostro se incendió por completo y quise dejar de sonreír como estúpida, pero simplemente no podía.

Cantó un par de canciones más hasta llegar a la típica de cumpleaños feliz. Con que él me lo deseara y supiera que existo, me bastaba para morir. Zeynep y Lena se morirían por saber que estuvo en mis cumpleaños y ellas no, aunque claro...lo sabían disimular muy bien o los celosos se enojarían.

Pensé que se iría en cuanto había terminado de cantar, pero el muy ricosexycaliente se quedó en la pequeña fiesta. Amaría por siempre a Vlademir por semejante regalo. La verdad la pasamos muy bien, obtuve tantos regalos que ni sabría si algún día los utilizaría...excepto por mis nuevos vehículos.

La tarde llegó y poco a poco tuvieron que irse, pues la vida laboral y universitaria los esperaba.

Estaba nerviosa, jamás lo había estado, pero era justificable, Michele era el único que quedaba y juraba que, si no se iba en menos de un minuto, saltaría sobre él sin importarme nada.

—Muchas gracias por aceptar venir, la verdad no sabía que hacías esto o hace rato te hubiera tenido en mi cam...casa campestre.

Soltó una carcajada que hizo su pecho vibrar. Dios, este hombre acabaría conmigo.

— La verdad es que no hago este tipo de cosas, pero al saber que eras tú acepté — fruncí mi ceño completamente confundida. No lo violes.

—No entiendo.

—Hace poco me tope con algunas fotos tuyas para la colección de ChipDa y me pareció que hiciste un buen trabajo. Me gustó.

Era muy educado para alguien tan vulgar como yo.

Que me piñizcaran, porque no creía que estuviera sucediendo esto.

— ¿Mi trabajo o yo? — alcé una ceja inquisitivamente y me acerqué un poco más.

Al ver que no se retiraba, entendí que era un pase.

— Ambas cosas — sonrió.

Ya había soportado lo suficiente, me monté encima suyo y ataqué esos deliciosos y carnosos labios, me respondió casi de inmediato. Sus brazos me rodearon y me apretaron más hacia él.

Me sentía en el espacio en estos momentos, no me había sentido tan feliz desde hace mucho tiempo. Estaba intercambiando saliva con el hombre de mis fantasías, mi cantante favorito, mi actor favorito… Amaba mi vida.

— Sabes que haces de mi cumpleaños el mejor de todos — susurré sobre sus labios.

Besaba incluso mejor que Roman y Alessandro juntos.

— Es bueno saberlo — sus manos descendieron a mi cola donde la apretó fuertemente, por instinto me restregué aún más, sintiendo su virilidad, lo que me hizo cuestionarme…¿Podría hacerlo sin llegar afectar a las lentejas? ¿El ajetreo o intensidad los afectaría?

Con un gruñido me separé, me levanté ante su mirada confundida y le pedí unos minutos.

Agarré mi celular de la mesa y le marqué a Sokolov, no contestó de inmediato, así que continué insistiendo varios minutos.

— ¡Malditasea Luciana! ¿Qué quieres? — fruncí mi ceño, su voz estaba agitada y un terrible silencio se escuchaba de fondo.

Me reí de repente sin poder creerlo, sin duda estábamos conectados.

— A veces pienso que somos el uno para el otro, estas teniendo sexo...yo apunto de hacerlo… ¿crees que estemos conectados? — quise saber, ganándome un gruñido se su parte y más maldiciones.

—Colgaré — amenazó. Estaba de mal humor, siempre lo estaba, lo cual su humor no me afectaba para nada.

— Esta bien, debido a que eres el único médico que tengo por ahora, quería preguntarte si tener sexo afectaría a las lentejas — se hizo un silencio en la línea—. ¿Estás ahí?

— No, no puedes — empecé a escuchar a alguien, parecía que estaba discutiendo—. Piensa en tus hijos.

Volteé a ver a Michele y suspiré.

— ¿Se pueden tener antojos sexuales? — inquirí algo curiosa, mientras me deleitaba con la vista—. Justamente ahora tengo uno...gracias por el dato, trataré de tenerlo en cuenta.

Colgué y fui hasta él.

— ¿Qué pasa? — preguntó, agarrando mi mano y jalándome. De nuevo estaba encima, empecé a moverme lentamente.

Sonreí mientras lo detallaba y por una extraña razón, tuve ganas de llorar.

— Vi tu película, en realidad no me gustó, pero disfruté verte a ti — acaricié su rostro y le di un beso rápido—. Quiero que seas mi amo, pero no hoy...en una semana te buscaré.

— ¿Qué? no entiendo nada Luciana.

— No tienes porqué entenderlo —agarré sus labios entre mis labios y empezamos un beso intenso, demasiado. Cuando me vi, ya estaba acostada y él encima mío—. Te buscaré, te juro que te buscaré y terminaremos lo que hoy empezamos.

[...]

— Valentina, te estoy diciendo que yo te pago las horas, solo es que vengas y pasemos el resto de la tarde y noche juntas — rodé mis ojos, era una perra muy fiel a su trabajo—. ¿Por qué aun no aceptas mi oferta y dejas esa vida?

— ¿Qué oferta? ¡no me has dicho nada!

¿No lo había hecho ya?

— Ups, pensé que sí...te enviaré una dirección, mañana muy temprano te presentas y dices que vas de parte de la mejor sobrina glamurosa que tiene Anto...osea yo — una risa se escuchó de fondo—. Te pagarán lo suficiente como para que vivas bien.

— Eres la mejor, haré lo que sea que me pidas, menos que vaya hoy...tengo que cubrir la cuota.

— Aja, cuota — llevé el micrófono bien a mi boca y grité para después colgar— . ¡Ninfómana!

Fui hasta mi cuarto, pensando en lo que había pasado tan solo dos horas atrás, haber rechazado ese bombón, era lo más duro que jamás había hecho. Aun me dolía.

Abrí la puerta y fui hasta mi gran mueble que tenía. Pasaría el resto del día viendo películas.

— Bueno, solo somos ustedes dos y yo — acaricie mi inexistente barriga—. Es la primera vez que los acaricio, se siente raro...aun no me acostumbro a ustedes. Lo siento, de verdad lo siento mucho, procuraré que su hospedaje en mi territorio, invasores alienígenas, sea grato y seguro. Comeré muy bien, pero eso sí, no sean tan glotones...tengo una figura que mantener, se moverán en una hora prudente y se racionan la comida, es injusto que uno coma más que el otro, la inteligencia que sea compartida...no pueden pasar por lo que yo pasé con Luciano, pero tendrán una relación como la de nosotros dos; tiene que dejar netamente claro que los cumpleaños los pasen juntos, o terminaran como yo, jamás lo deje por una relación, maldito.

Una risa que no era la mía se escuchó por todo el cuarto, me sobresalte y rápidamente agarré el jarrón que tenía al frente. Al voltearme solo era Alessandro.

— ¿Qué te pasa? ¿estás loco? — regañé, tirándole el jarrón en su cara.

Rodeé mis ojos cuando lo esquivó.

— ¿Quién les dice alienígenas a sus hijos? — preguntó algo burlón.

— ¿Por qué espiabas una conversación tan importante como la que estaba teniendo? — Me miró como si estuviera loca y negó levemente—. Ni creas que te sentaras en mi cama, cuando te hayas desinfectado por dos días de tu encuentro, podrás hacerlo sin problema.

Murmuró un par de cosas y se sentó al lado mio.

— ¿Pusiste el micrófono? — Con que eso era.

— Sí, pero mi padre no está...tuvo que irse de emergencia.

Asintió levemente y sonrió.

— Eso es todo. Ya no hay nada que nos una, tu seguirás por el camino desastroso que es tu vida, y yo seguiré por el mío.

— Antes te quiero preguntar algo — tal vez no tenía que tocar el tema, pero tenía curiosidad—. Supe por mis tías como era tu padre. Tenía un amor por mi mamá y la única manera de demostrarlo era...demostrando odio. ¿Él era así? ¿no podía mostrar sus sentimientos?

Alessandro se quedó un buen rato en silencio, solo mirándome fijamente hasta que agarró mis manos y dibujó en mi muñeca un infinito. Iba a preguntar la razón cuando empezó a hablar.

— Fueron contadas las veces que lo escuché decir un te amo, en realidad solo fue una vez, decía que las palabras eran llevadas por el viento y que más adelante no serían recordadas; Constantemente agarraba mi mano y dibujaba en mi palma un infinito...era su manera de decirme “te amo y lo haré por siempre”.

No entendía la razón, pero estaba llorando.

¡Qué hermoso!

— Que romántico, es muy ingenioso ee — limpie mis lagrimas—. Ahora vete, tendré una gran maratón de CSI.

— No tengo nada que hacer — se encogió de hombros. Lo miré atónita cuando se empezó a acomodar en el mueble.

— No te he invitado, ¿sabes? — intento callarme con uno de sus dedos, pero lo aparté—. ¿Tú no trabajas? ¿cómo es posible que no te echen?

— No querrás pasar el resto de tus cumpleaños sola, aprovecha que estoy aquí — me agarró bruscamente de mis hombros y me atrajo hasta su pecho—. Feliz cumpleaños...ahora pon la puta serie.

La sonrisa que tenia mi rostro era imposible ocultarla, el que estuviera aquí significaba que había dejado a un lado ese encuentro que estaba teniendo o por tener con esa mujer y aunque jamás lo admitiera, quería cerciorarse de que no estuviera teniendo sexo con Michelle.

Estaba celoso hasta la mierda y no podía estar mas contenta por eso.