Chapter 1: Prologue
Santa Ana,2036
Con la vista perdida en los recuerdos de mi memoria, Gael detiene el auto. Levanto el rostro y observo a unos metros la cabaña que una vez le perteneció a mis padres antes de que se perdieran en esa redundante guerra. Gael baja del auto y abre primero la puerta de Próspero y luego la mía. Atraigo el bastón y salgo a duras penas con la poca fuerza que me queda. Afuera el viento recio azota en mi cara y es demasiado tarde, mi sombrero de Fedora sale volando a causa del mismo, cosa que ignoro porque era de suponerlo. Es noviembre y la vida en las lomas de los cerros es diferente al de la ciudad.
Próspero, mi mejor amigo y compañero de aventuras que fallece al mismo tiempo que este pobre anciano camina a pasos lentos al lado de su servidor.
-¡Tío, por favor! Permíteme ayudarte –dice Gael agarrando uno de mis brazos.
-Escucha hijo, podré estar viejo, pero no inútil. Porque no mejor llevas las maletas a la cabaña. –señalo soltando sus manos de mi brazo.
Antes de que pueda escuchar otra letanía más camino a paso lento con Prospero a mi lado. Sé que Gael nos observa con las manos en la cintura, suspirando, asegurándose de que el viejo necio que tanto ama pueda llegar con seguridad hasta la cabaña.
Empujo la puerta y dejo que Próspero sea el primero en entrar a aquel lugar. Y tal como recordaba había algunas cosas que aún se conservaban cuando mis padres, Julia y Beto compraron aquellos muebles de mármol para aquel lugar y llenaron de amor hasta donde pudieron. Sin lugar a dudas agradecía a Gael por haber hecho un buen trabajo en remodelar la cabaña manteniendo lo deslucido y auténtico de aquel viejo lugar.
-Por tu seguridad y la de Próspero instalé un calefactor para la casa, además agregué uno a tu cuarto. -decía Gael mientras colocaba las maletas a un lado de la puerta. - Es para que te mantengas y no logres una pulmonía o hipotermia. Ni siquiera puede imaginarlo-niega.
-Eres muy considerado Gael, y muy listo. Gracias por pensar en nosotros-respondo sonriendo- Gracias por no olvidarte nunca de Próspero.
Gael solamente asiente con una sonrisa de satisfacción en su rostro. Jamás encuentra que decir cuando hace las cosas, sin embargo, sé que su dicha es más grande cuando complace de corazón sin esperar algo a cambio.
- ¿Qué te parece si hago chocolate caliente después de acomodar las maletas? Puedes sentarte o recorrer la casa mientras lo hago o puedes salir afuera a disfrutar de la vista. Son las cinco de la tarde por lo que aún tenemos sol.
-Prefiero salir a mirar un poco, la casa puede esperar.
-De acuerdo tío. Encenderé la calefacción para que cuando regreses esté calientito.
Sin más que decir salgo de la cabaña con Próspero a mi lado. Afuera hay muchas ixoras creciendo, granadas, mangos, hortensias, flores moradas y otras cuyos nombres no sé. Nunca fui un apasionado a la flora sin embargo allí estaba, preguntándome como se llamaban algunas plantas y flores.
A simple vista discernía de la gloriosa vista del Volcán de Izalco, el volcán más joven de mi pulgarcito de Centroamérica. Después unas líneas extendiéndose hasta el Puerto de Acajutla, tierras del departamento de Sonsonate.
De aquella amplia vista iban brotando una a una las luces de las ciudades perteneciente a todo lo que veían mis ojos. Próspero observa echado a mi lado con la lengua colgando, lo que me recuerda a cómo nació su nombre y…
“Abril”
Me había propuesto evitar a toda costa a que la incesante tristeza siguiera creciendo en mi pecho, pero era inevitable. Ella, ella, ella.
“¿Quién soy yo después de ella?”
El sol se oculta y estoy seguro de que un millón de lágrimas están cayendo en el rostro de este desgastado anciano.
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San Salvador, 2017
Al despertar no dejo de sentir esas sensaciones que siento al anochecer. Ha pasado un mes desde que desperté del coma y mi vida no ha sido la misma desde entonces. Mi mente presenta demasiado vacíos que ni si quiera puedo excusar. Incluso, tampoco sé las razones que me llevaron al accidente y menos mi familia o amigos. Sin embargo, estar viva me hace dudar de mi existencia. Raras veces me siento a gusto con el presente. Pareciera que vivo en una dimensión que no es la mía y que en alguna parte se encuentra perdida esa pequeña llamada Abril Montesco que espera pacientemente ser salvada.
Cada mañana me asomo por la ventana en busca de algo ya que dentro de mí se arraiga una tristeza que aun no entiendo y ni siquiera puedo explicar. En las mañanas al observar como el cielo se aclara en el lento amanecer busco en los pequeños rayos del sol la respuesta a todo lo que se esconde sin explicación. Sé que he perdido algo y que está esperando a que en alguna parte del camino pueda encontrarlo. O quizá lo he olvidado y espera que pronto pueda recordarle.
Mientras observo el claro amanecer veo detenidamente todo lo que hay alrededor, quizá no sea mucho lo que existe frente a mí, pero tampoco puedo negar el placer de sentir un poco de aire y paz. Vivir un poco alejada del bullicio tiene sus ventajas y desventajas, sin embargo, no puedo quejarme de mi hogar y tampoco de lo que hay a mi alrededor.
Cerca de casa un señor de edad con ropa deportiva cruza frente a mis ojos inhalando y exhalando aire que entra por su nariz y sale por su boca. Quizá mi presencia sea muy notable porque alza su mirada y levanta su mano en señal de “Buenos días”.
Aunque no estoy en mi mejor momento, es de mañana, así que le correspondo de la misma manera sonriendo un poco soñolienta. Mientras se aleja de mi vista a trotes decido esperar un poco más a que pueda sentir la calidez del sol. Es noviembre y no hay nada más delicioso que la acaricia de un rayito de sol en pleno invierno.
-Bien pequeña, es hora de arreglarte. La universidad te espera y no puedes ir despatarrada. -me digo.
Antes de que pueda retirar la mirada y disponerme a empezar el día noto a lo lejos que alguien me observa, a tal distancia que pareciera leer lo que pienso. Entrecierro los ojos con el fin de descifrar quien sea que tiene la mirada puesta en mí. La piel se me eriza y el corazón comienza a latir con fuerza, a tal punto que puedo oír como golpea las paredes de mi pecho.
Deslizo la ventana buscando la respuesta a esa sensación, a ese alguien que no deja de conmoverme, sin embargo, al buscarlo nuevamente entre la distancia, detrás del árbol de la ceiba, la presencia se ha ido.
Aún no logro entender por qué mi cuerpo reaccionó a tal acontecimiento, pero tampoco entiendo que hacía ese alguien observando desde la distancia hacia la ventana. Hacia mí. Corro hasta la puerta de mi cuarto y bajo las escaleras, cruzo la sala y cocina hasta llegar a la puerta que da a la colonia. En pijama y con un frío del demonio salgo a la calle en busca de ese alguien. Ignorando el peligro que pueda correr logro llegar a penas al árbol de la ceiba, que a su vez funciona como punto de encuentro o punto central de la colonia.
El corazón me palpita con tal fuerza que al llegar al árbol no encuentro nada, nuevamente la tristeza me recorre. Respiro tranquilamente antes de colapsar, justo en ese momento mis ojos se topan con algo que yace en el suelo, mi mano tiembla de nervios y de frío al coger lo que parece un libro. Al recorrer los alredores del árbol, algo dentro de mí se estremece, el tiempo se detiene y todas las respuestas a mis preguntas parecen estar en el título de la obra.
-La Tempestad. William Shakespeare.
En medio del libro se desliza lo que parece ser una nota.
“No tengas miedo. La isla está llena de ruidos, sonidos y aires dulces, que alegran y no lastiman. Shakespeare”
Un viento sopla y lo que parecía ser un hermoso día se torna en un día oscuro que hace que me sienta vacía.
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Santa Ana, 2036
Al entrar a la cabaña, Gael está colocando el chocolate caliente y una canastita con pan dulce en la mesa de centro. Luego alcanza la comidera de Próspero con agua y sopa de pollo desmenuzado para que no le cueste tanto trabajo masticar. Definitivamente Gael era un joven muy considerado y apasionado, pero sobre todo mi sobrino amado. No por gusto se llega a ser un hombre completo, Gael, a diferencia de sus hermanos y sobrinos míos, siempre sobresalió en todo.
-Oye tío, tengo una pregunta. - dice Gael colocándose en uno de los sofás con su taza de chocolate y pan dulce. – Siempre he admirado la forma en la que escribes, sobre todo cuando profundizas en el tema del amor. Eres mi escritor favorito y lo sabes, pero; hay algo en ti que se pierde cuando hablas de tu más grande éxito en la literatura.
-No entiendo Gael- niego. - ¿A qué te refieres con “perderme”? -pregunto llevándome la taza de chocolate a la boca.
-Hablo de tu mejor libro “Vuelvo a soñar contigo”. Cuando hablas de él tu expresión cambia y parecieras que lloras internamente. ¿Por qué? Las conferencias que has dado de los demás libros te hacen explotar y vibrar de emoción cuando hablas y expones los hechos que te han llevado a escribir, pero con Vuelvo es como si cambiaras. Es como si te cerraras en una burbuja hasta que te pierdes pensando en quien sabe qué.
Mi cuerpo se detiene paralizándose por completo, dejando caer mi alma y pensamientos en una espiral de emociones que me tele transportan a otras dimensiones. En mi interior el aire deja de circular y el corazón comienza a subir de ritmo cardíaco cada vez que intento oxigenar los pulmones y refrescar la mente. Me preguntaba si era el momento ideal para dejar salir toda la verdad sobre ese libro; si Gael creería todo lo que le dijera o si yo sería capaz.
“No puedo contarle todo, pensará que estoy loco. Posiblemente crea conveniente llevarme a un asilo de ancianos a pasar mis últimos días después de contarle.”
Observo a Gael quien espera pacientemente por una respuesta.
-Escucha hijo- respiro profundo y siento como el corazón se sale de mi- si te cuento la verdad sobre ese libro tienes que prometer que todo lo que te diga vas a creerlo. De lo contario me niego a contestar tu pregunta.
- Tío, por favor. De todas las personas que existen en mi mundo en ti es en quien más creo. –sonríe como si la verdad que fuera a salir no es brutal.
Inhalo suavemente porque todo lo que viene a mi mente es ella, ella, ella.
“Oh dulce Abril, ¿Quién sería sin ti?”
-Si quieres saber la verdad, ve a mi cuarto y saca de la maleta una libreta de cuero. Antes quiero mostrarte a alguien.
Próspero yace a mi lado observando mientras Gael corre al cuarto en busca de mi reliquia más hermosa y perdurable, atento a cualquier señal de alerta que pueda presentar ante la única verdad que he llevado por años, Próspero espera. Mi amigo y compañero de aventuras, el único ser con quien compartí la verdad. La única verdad que me envuelve y deja caer mi alma por el suelo, derrotado porque al final de cuentas nunca pude hacer nada más que cuidar ese amor que por tanto tiempo guardé y que quizá se había llegado el momento de dejarlo ir.
Gael regresa de mi cuarto con mi libreta de cuero. Me la entrega y luego toma lugar en el sofá. Adentro de la cabaña todo está cálido pero la noche es fría y el viento fuerte y son esas noches en que las verdades ocultas pueden ser libres de toda atadura.
Abro mi libreta de cuero y de ella saco una foto. Una foto que nunca cambió a pesar del tiempo y que pareciera que fue tomada ayer. En esa foto yace un joven y una chica de melena castaña, quienes se abrazan dulcemente como si no tuvieran fin. De fondo se extiende un océano en el que apenas se puede ver reflejado el sol del atardecer ya que quienes le dan el toque final al panorama son ellos. Le extiendo a Gael la foto y este queda perplejo. Su expresión me asusta ya que queda en silencio, dejando de lado su taza de chocolate. Próspero se endereza y a mí no me deja de subir y bajar el pecho. Dejar salir la verdad asusta.
-Pero si eres tú- susurra sosteniendo la foto- esta foto es de cuando estabas joven-prosigue y sigue observando. - Pero no parece que haya sido tomada en los años 70-90. ¿De cuándo es esta foto? ¿Quién es esta joven, tío? Nunca hablaste de novias y menos de una. Ella-se detiene y la observa detenidamente- ella es indescriptible. Es muy, muy hermosa. Wow-suspira perdidamente.
Ante sus preguntas y la tranquilidad con que ha tomado el primer paso de mi confesión decido pasar en confianza al segundo nivel. Le sonrío y sé que por fin podré respirar tranquilo, aunque sea mis últimos días.
-Me sorprendes Gael, sin lugar a dudas ahora entiendo porque eres mi sobrino predilecto y mi segunda persona favorita después de Próspero. Viendo la reacción con la que tomaste esta foto ahora puedo contarte con tranquilidad una verdad que guardo desde hace mucho. Necesito que escuches con atención porque al final pueda que no creas. –el viento azota una de las ventanas lo cual nos sobresalta-la noche será larga hijo. La historia comienza cuando yo solo tenía 24 años, pero también el inicio de la guerra civil.