Chapter 41: Capítulo Cuarenta y Uno

—Mi niña, no digas que eres una empleada, el Sr. Evans ya no te considera así.

—Él… no sabe eso y ni yo lo sé. Somos dos personas perdidas jugando a ser una pareja normal —. Lo comentaba bastante dolida a pesar de pasar hermosos e inolvidables momentos con Thomas, siempre había una línea, una brecha que nos separaba. Una relación, ya sea de amistad o amor, se basa en la confianza y de eso a él le hacía falta en abundancia. No entendía y a lo mejor jamás entendería por qué optar por callar.

—Beth, ustedes se han salteado muchos pasos de una relación, se conocieron del modo más raro e infortunado para ambos, por lo que yo lo veo de un modo distinto. A lo mejor, lo último que viene para ustedes sea la confianza y cuando eso llegue será el momento que estén bien. ¿No estás de acuerdo? —. Las palabras de ella se clavaban en mi corazón, hasta llegaba ver una luz al final del túnel, ¿Podría llegar a tener un futuro con Thomas? ¿Un final feliz? De repente recordaba los sueños que tenía siempre con él, debería contarle a Amelia.

—Solo debemos creer Amelia, y yo no logro ni eso con nosotros —. Suspiraba tratando de olvidar lo que habíamos hablado, no quería crearme falsas ilusiones, salir herida de nuevo no estaba en mis planes. Llegamos a la habitación y nos pusimos a buscar ropa, al terminar con ello, ayude a Amelia con las sábanas de eso debía encargarme, con nada más pensarlo me hacía ruborizar en la cocina, encontraba al Señor James.

— ¡Liz!

— ¡Jaime! —. Corrimos para darnos un abrazo.

—Hace tanto tiempo que no te veía desde que te fuiste a la fiesta con el Señor Evans, ¿Qué tal te fue? —. Recordaba esa fiesta y apartaba casi todo de mis pensamientos, no debía mostrar vergüenza porque él se daría cuenta.

—Me fue bien, disfrute de estar con gente de alta clase, pero es algo que no va conmigo —. Soltaba una risa y entraba Amelia.

—Vamos a preparar el desayuno —. Asentí y corrí para ayudar con todo.

—Bueno, voy al jardín, si me necesitan, ya saben —. Lo saludamos y se iba de la cocina.

—Mi niña… Algún día vas a tener que contarle a él.

—No, Amelia, porque nada ha sucedido entre nosotros que sea merecedor para contar y gritar a los cuatro vientos —. Me desanimaba el pensarlo —. Tú sabes todo… No puedo con Thomas, él vence y destruye en una milésima de segundos el muro que construyó, que tardo, horas e incluso días… Así de mal estoy…—. Volvía a suspirar, preparando la mesa y llenado las tazas de té.

—El amor es difícil…—. Suspiraba y se acercaba para abrazarme, agradecía al cielo por tenerla conmigo.

Habiendo desayunado y lavado lo que ensuciamos pase un lindo rato con Amelia y Jaime, me hacía recordar los primeros días que estuvimos juntos. Ingresaba Thomas a la cocina saludando a Jaime.

—Señor Evans.

—Jaime —. Respondía cortante —. Lizbeth, vamos —. Lo miraba y se quedaba parado esperando puse los ojos en blanco para ir con él.

—Pase primero, Señor —. Respondía lo bastante cortante para que el Señor James, no se confundiera. Saliendo de la habitación fuimos directo a la salida de la casa, en eso aparecía Amelia con un bolso.

—Tienes tu celular adentro, llévalo Mi niña —. Asentí y agradecí agarrándolo, La Señora Collins tenía un gusto exquisito, también combinaba con mi vestimenta de Jeans azules y una blusa de mangas largas con estampados de flores. Thomas espero en el umbral de la puerta al salir, fue directo a abrir la puerta del auto, subí y agradecí por ello, poniéndome el cinturón de seguridad y él subía haciendo lo mismo, era raro verlo conducir, se ve que iríamos solo nosotros tan serio podía ser con esta situación

Llevaba bastante tiempo nerviosa, pero deseaba estar cómoda, no me gustaban los hospitales, sin embargo, anhelaba demostrarle a Thomas y al Doctor Thompson que el resultado era negativo, pasaba mis manos por los muslos, no entendía por qué me sudaban las manos, me venía a la mente lo que dijo el doctor sobre la protección y fue entonces que sentía que el auto se iba achicando, el espacio se estaba haciendo reducido llevaba una mano en mi pecho. Thomas se daba cuenta.

— ¿Qué sucede Lizbeth?

—Thomas… —. Tragaba saliva para pensar muy bien lo que decía decirle —. Tengo miedo… —. Por fin caía en lo que sucedía, nos pasamos una noche y una mañana con Thomas haciendo el amor, bueno, más bien era solo yo, pero ahora no estaba tan seguro que fuera negativo ¿Qué iba a hacer entonces? ¿Cómo se seguía después de esto? Negaba ante mis pensamientos, él sujetaba mi mano y fijé mi vista en él, notaba que se encontraba igual que yo, pero en mi caso yo saldría perdiendo, en cambio, él seguiría con su vida, como a él le gustaba.

—Tengo miedo Thomas de los resultados… Tú y yo no somos algo estable…—. Comentaba y alejaba su mano para arrancar el motor y ponerlo en marcha, comenzando a andar, lo miraba y no respondía nada, se limitó al silencio, volví a fijar mi mirada en mis manos. Esta situación me hacía entender que así sería mi vida y yo tenía que hacer algo para cambiarla.

—Es una mierda… Pero no te soltaré, Lizbeth —. Comentó y lo miré notando que se sentía lo bastante nervioso hasta para él la situación era difícil.

—Yo solo quiero que sea algo que nos convenga a ambos… No algo que nos haga daño.

—Ya lo sabremos.

Así fue, en todo el viaje no hablamos más de ello, la situación nos incomodaba, él había dicho que no me soltaría, sonó más a ser posesivo y yo no quería eso, Dios esto me estaba volviendo loca. Estacionaba y eso me hacía volver a sentir los nervios que me hacían ahogar o más bien me ahorcaba.

—Ahora tendremos nuestra respuesta —. Bajaba rápido del auto cerrando la puerta, mientras yo recién me desabrochaba el cinturón de seguridad, suspirando profundo para dejar esa sensación, él abría la puerta y decidida con terminar con todo esto, baje llevando el bolso sujetándolo de la correa, quede parada al lado del auto Thomas pasaba su mano por mi espalda para hacerme caminar junto con él ahora mis dos manos estaban sujetadas de la correa del bolso apretándolas, al ingresar por las puertas corredizas, una enfermera nos estaba esperando, Dios mío que eficiencia había en este hospital.

—Señor y Señora Evans, por favor síganme —. Caminamos detrás de ella, no podía creer que siguieran diciendo que era su esposa, ni siquiera le había devuelto sus anillos, negaba, debía estar concentrada en el ahora, entrábamos a un consultorio sentándonos, bueno solo yo dure sentada Thomas comenzó a caminar de un lado a otro, llevaba ambas manos en sus bolsillos del pantalón, pobre él también quería salir, no deseaba esto conmigo a lo mejor, lo quería con otra mujer. Pensando en eso me agarro un dolor en el pecho, no quise demostrar el dolor ni la tristeza.

Ingresaba el Doctor Thompson saludando a ambos.

—Bueno, Señora Evans, le invito que me acompañe para extraer un poco de sangre —. Extendía su mano y yo aceptaba con gusto, era lo que deseaba demostrarle a él, a medida que paso el día mi seguridad se fue esfumando por culpa de mi deseoso e insatisfecho apetito carnal, apretaba la correa del bolso. De ahora en más haría todo lo posible por evitar a Thomas, caminando ya fuera del consultorio, él nos seguía por detrás, entrando a una sala, me hicieron sentar acercándose una enfermera, la que nos recibió en la puerta, paso una tira para atarla alrededor de mi brazo, seguido de verla como acercaba una aguja y pinchaba mi brazo, contenía el grito, era una chica mayor para temerle a las agujas, al finalizar pusieron una bandita saliendo de ese sitio Thomas se acercaba mirando mi brazo, se le notaba lo nervioso.

— ¿Te encuentras bien? —. Preguntaba y tomaba mi mano para llevarme.

—Thomas, detente… ¿Qué te pasa? —. Trataba de detenerlo, pero era imposible.

—No lo sé, por primera vez no sé qué pasa —. Contestaba para soltarme, el verlo, así en ese estado me conmovía hasta el alma, me acerqué a él para volver a tomar su mano.

—Thomas, sea lo que sea el resultado, yo me encargaré…—. Comentaba y él solo miraba negando.

—No es así, Diablos no es así…—. Posaba su mano en mi mejilla, en eso aparecía el doctor.

—En unos minutos estarán, ¿quieren esperar? O prefieren que los llame para avisarles…

—Esperamos, Doctor Thompson.

Mire a Thomas sin soltar su mano para que él no se sintiera solo, era increíble, buscaba ayudarlo para que se sintiera bien, odiaba verlo en ese estado y si yo podía hacer algo lo haría por él. Nos encaminamos a esperar en el consultorio del doctor Thompson.

—Lizbeth, ya vuelvo…—. Salía del consultorio, no hacía nada que habíamos entrado y ya se iba de nuevo dejándome sola, apretaba el bolso, no podía creer que no se quedaba conmigo, negaba, debía mantenerme fuerte, pero de donde seguiría sacando fuerzas cuando ya no estaba quedando nada de mí. Sonaba mi celular buscando en el bolso, lo sacaba para ver que era un mensaje.

Mensaje de número desconocido:

Mi niña, ten fuerza aquí estoy esperándote con Jaime y Zachary. Soy Amelia.