Chapter 9: Capítulo 6

Maksim se acercó al lugar del que provenía el alboroto. Con un banquete aún reciente, la gente aún estaba algo alterada, pero cuando se dio cuenta que Borya molestaba a un alfa que habia venido a hacer negocios directamente con él, tuvo que intervenir de inmediato. No iba a permitir que Borya arruinara un negocio por nada. Ya que la bruja estaba en medio, estaba seguro que ella lo provoco todo. Una razón más para deshacerse de ella, alborotadora.

― Hice una pregunta, espero que alguien me responda pronto o comenzaré a sacar mis propias conclusiones.

― Padre, este hombre ha venido a causar caos en tus tierras.

― Este hombre vino a hacer negocios, Borya ¿Cómo te atreves a molestarlo?

― Ah venido a tomar esclavos en tus tierras padre, no se comercia con nuestra gente. ― Maksim pasó su mirada de Borya al otro hombre. ― ¿Esclavos? Explícate inmediatamente, Gniewko. No permitiré que conviertas mis tierras en un corredor de carne y muerte. No comercio con mi gente a menos que sus familias lo permitan.

― Acabo de pagarle mucho oro al viejo por la mujer. ― Maksim devolvió su mirada a Borya. ― ¿Acabas de interrumpir una compra? ― El anciano ofreció las monedas de vuelta a Gniewko. ― Nunca las acepté, nunca vendería a uno de mi familia. Llévese su oro, llévese sus sucias monedas. ― Gniewko no tomó la bolsa con las monedas de vuelta, entonces Borya la tomó y la lanzó cayó en la tierra cerca de Gniewko, abierta y con las monedas saltando por todos lados. ― ¿Lo ves, padre? Este hombre ha venido a tomar esclavos por la fuera, no va con un esclavista en la plaza, se acerca a cualquiera para llevárselo y ofrece monedas sin que sean bien recibidas.

Maksim volvió a concentrarse en Gniewko. ― Hay esclavistas en la plaza, exhiben a sus esclavos y tienen muy buenos precios. ¿Por qué has venido a molestar a un hombre y a su hija? ― Gniewko no retrocedió, a pesar de ser un alfa menos poderoso y de no llegar a la altura en ningún sentido, no desvió su mirada, lo que Maksim sabía que era un reto directo. ― Todo puede comprarse por el precio correcto, le pague al anciano, ahora ella me pertenece.

― ¿El hombre tomó tus monedas o dijo alguna palabra de aceptación? ― Gniewko no respondió. ― No, no lo hizo. Te entregaría a la bruja ahora mismo, pero no puedo entregar algo que trae comercio a mi aldea, parece que familias enteras vienen a verla. ¿Por qué crees poder tomar algo que es mío, Gniewko? Nadie te autorizó para tomarla.

― ¡Entregué el oro!

― ¡Nunca preguntaste! No estaba a la venta y ahora tengo a mi hijo dispuesto a cortar cabezas porque un ignorante no preguntó si una mujer estaba a la venta. ¿Quieres una esclava? Ve con los esclavistas que las ofrecen. Será fácil reconocerlos, tienen esclavos encadenados y en jaulas en su puesto de venta. Creo que no vas a perderte en el camino, Gniewko.

El alfa menor se calmó, pero aún no se iba. ― Recoge tus monedas, no te pasara nada mientras estés en el suelo, de rodillas. ― Tanto Maksim como Borya sabían que era más probable que dejara las monedas tiradas, un alfa no se arrodillaba y menos si sabía que estaba en clara desventaja, prefería morir antes que parecer débil frente a un rival más fuerte, pero Gniewko parecía no tener opción. Se arrodilló en la tierra y recogió sus monedas a la vista de todos. Nadie se atrevió a decir nada humillante y menos frente a Maksim.

Cuando por fin se fue, Maksim miró a la bruja, con todo el odio que podía reunir en su mirada, deseando que ella desapareciera. ― Tengo cosas que hacer, no quiero más problemas. ― Dijo enojado. ― Yo me encargo desde ahora, padre. ― Miro a Borya y luego se fue. Maksim se cobraría este incidente con creces y Borya lo sabía, pero resistiría lo que fuera por ella.

― ¿Qué haces? ― Se quejó ella cuando Borya tomó su brazo con delicadeza. Las marcas ya estaba apareciendo en un tono purpura desagradable, con hinchazón de por medio. ― ¿Tienes algo para esta clase de heridas? ― Ella se acercó a la carreta y buscó una de los últimos ungüentos que le quedaban. Borya se quitó la camisa y un jadeo se escuchó entre las mujeres que estaban alrededor de ellos.

― ¿Por qué te desnudas? Ya escuchaste a tu padre, no quiere más problemas. ― Borya la ignoró y comenzó a romper la camisa, para luego doblar los retazos y hacer un nudo. Ella se sorprendio al ver que se acercaba. ― ¡Aléjate! No me toques.

― Necesitas mantener tu brazo inmóvil hasta que se recupere.

― Son moretones, no un hueso roto.

― No lo sabemos. Mandaré a que alguien te revise, tú no dirás nada para no preocupar a nadie ¿Verdad?

Ella no respondió y eso le dio la respuesta que buscaba. Puso la tela alrededor de su cuello y luego acomodó el brazo en ella, para que se mantuviera en el aire e inmovilizado. Un cabestrillo podría ayudar a evitar que se lastimara más, pero lo menos sería ponerle algo en los moretones, así que tomó de ella el enguanto y lo abrió. Olía bien, a flores, tomó un poco en sus dedos y lo expandió sobre el brazo lastimado.

― ¿Alguien revisó esas heridas? ― Borya la miro sin comprenderá que se refería. ― Tus hombros. ― Cayó en cuenta de a qué se refería. Aunque parecía que ya tenían por lo menos una semana, las heridas tardarían más en curarse, dos días no serían suficientes y eso era justamente el tiempo transcurrido desde que lo atacaron los upiros. ― Parecen mordidas. Mordidas de… personas.

― Terminaras el día con tu padre y luego iremos a casa para que tu hermano lo revise. ¿Sabe él algo de lo que tú sabes? ― Dijo para distraerla del rumbo que tomaban sus pensamientos y palabras.

― Mi hijo fue quien le enseñó todo a su hermana, aunque mucho de lo que ella hace lo aprendió de ensayo y error y la magia brota de ella naturalmente.

― Muy bien, estaré vigilando, no permita que se mueva mucho, podría lastimar más ese brazo.

― Si, mi señor. Gracias por la ayuda y proteger a mi niña.

― No agradezca. Venda sus cosas rápido, cada vez cae más nieve, podría convertirse en una tormenta en cualquier momento.

Borya volvió a alejarse, pero se quedó vigilando desde la distancia. Se quedó todo el tiempo en la plaza, arreglando desacuerdos o haciendo cualquier cosa que necesitara resolverse, siempre cerca de ella. Incluso la escuchó pedirle a su padre repetidamente que la dejara ir a dar un paseo por la plaza, pero los buscó con la mirada, para asegurarse de no verlo. Borya sonrió ante eso, sabía que ella quería evitar lo que sucedió la primera vez que se vieron, esta vez no sería tan salvaje, estaba decidido a conquistarla por las buenas.

Esta vez dejó que ella explorara tranquilamente, de nuevo vio que prestaba mucha atención a ciertos juguetes y cachivaches, tendría que asegurarse de conseguir algo de eso. Ninguna mujer se resiste a regalos, especialmente cuando se trata de algo que desean mucho.

Se fueron cerca del mediodía, se aseguró de que salieran a salvo de la aldea y volvió a sus tareas sin distracciones cuando los perdió de vista muy lejos en el horizonte. Sabía que Maksim enviaría por él en algún momento, su padre nunca le perdonaba nada y que se hubiera enfrentado a un alfa para defender a la mujer que Borya eligió para pasar el resto de su vida y de la cual él desconfiaba, era algo que Maksim castigaría con la mayor dureza.

Cuando uno de los soldados se acercó a él en la taberna de la posada, supo que habia llegado el momento de enfrentarlo, así que levantó la mano para evitar que el soldado dijera una palabra y se levantó de la mesa tomándose el resto de su cerveza de un trago. ― Ya me dirigía a verlo. ― El soldado asintió en reconocimiento y se fue. ― ¿Qué hiciste ahora, muchacho?

― ¿No deberías estar en tu turno de guardia en una de las torres? ― Le preguntó al hombre que fingía estar ebrio, pero que estaba tan sobrio como él. ― ¿Debería? ― Borya suspiro. ― Tal vez no sea el único que reciba una reprimenda esta noche. Tu esposa se alegrará de saber que tiene a un hombre poco honorable. ― El hombre se burló. ― Por lo menos no tengo que engendrar al alfa, chico.

Se burló de Borya con una estridente carcajada. Lo dejó pasar, después de todo es cierto, pero no le encontraba la gracia.

Su padre se encontraba en su sala del trono, normalmente terminaba el día ahí y cuando vio llegar a Borya dejo caer su cabeza hacía atrás y suspiró, para luego acomodarse y beber de su copa de oro bellamente adornada.

― ¿Qué has hecho?

― Nada en particular, vengo de beber una cerveza. ― Su padre le dio una mirada de muerte.

― Tu actitud sarcástica y pendenciera no es graciosa. Podemos perder a una posible fuente de recursos y un aliado. Su manada está al borde de nuestros límites, somos vecinos. ¿Esperas que tengamos un enemigo tan cerca?

― No padre, espero que hagas valer tu nombre y tu mandato.

― ¡No! Tú quieres tomar mi lugar, pero no te corresponde. ― Maksim se levantó de su trono y se acercó a su hijo, tan enojado. Últimamente le sucedía muy seguido. ― Por supuesto que quiero tomar tu lugar, pero no te has dignado a hacerte a un lado y tampoco quiero hacerlo por la fuerza.

― ¡Dignarme yo a apartarme! Aun gobierno, no lo olvides. Quiero que dejes de intervenir cuando de la bruja se trata, si alguien quiere comprar esclavos, que lo haga. La bruja no es nadie y no nos sirve para nada más que adorno. Una cara bonita, hay muchas en la manada Borya.

― Tú tienes muchos hijos, padre, la mayoría de ellos se fueron en cuanto tuvieron la oportunidad, los que se quedaron apenas y pueden seguir tus ordenes porque son muy estúpidos o muy arrogantes. ¿De qué sirven todos ellos? Podrías vender a cada uno de ellos por un buen precio, después de todo ni para adorno sirven.

Maksim levantó la mano para darle una bofetada, pero Borya tomó su muñeca y la apretó con fuerza, se miraron uno al otro por unos segundos, Borya apretando cada vez más fuerte y Maksim resistiendo, hasta que se escuchó un crujido y Maksim gruño de dolor, doblándose sobre sí mismo, pero resistiendo a arrodillarse.

― Hazte a un lado padre, estas tan viejo y eres tan inútil que tus huesos se rompen con facilidad.

Borya soltó a su padre y se dirigió a la salida, nadie hizo nada para detenerlo, ni los guardias, ni Goran, ni el mismo Maksim. Decidido a alejarse de la aldea por unas horas, tomó rumbo a la granja, sería el único lugar en donde encontraría algo de calma.

Cuando llego a los alrededores, vio a la bruja moverse por la parte trasera de la granja, su brazo estaba libre y lo usaba para hacer las tareas como si nada. Entro al establo y decidió seguirla, sabía que el hermano no se encontraba en la zona, debió ir a cazar, sería difícil encontrar presas ahora que el invierno había comenzado, pero lo mejor era siempre cazar hasta el último momento y tener lo suficiente para resistir al invierno o por lo menos un buen tiempo antes de tener que salir a cazar de nuevo.

Fijándose en que nadie más de la familia lo viera, se dio prisa para llegar al establo tratando de ocultar sus huellas. Cuando entro, ella estaba discutiendo con alguno de los animales, no le sorprendería que pudiera hablar con ellos, pero lo dudaba, mucha gente habla con sus animales.

Ella estaba de espaldas a la puerta, poniendo el heno en los corrales de los animales. Decidió que la tomaría por sorpresa y avanzó hacía ella en silencio, los animales se mantuvieron calmados gracias a su control sobre las bestias, los hombres lobo siempre pudieron comunicarse y controlar a los animales con facilidad, así que ellos no lo delataron.

― Coman, coman bien. Es probable que no pueda venir a atenderlos mañana o en algunos días. Habrá tormenta y debemos prepararnos. Pero antes… habrá una lluvia de sangre. ― Se quedó perplejo y frio, pero ella no continuo con su diatriba. Esperaba que dijera algo más, que le diera más información, pero ella siguió haciendo su trabajo en silencio.

Decidió continuar con su plan, pero justo antes de tomarla entre sus brazos, ella se giró rápidamente sacando la daga que emitió el sonido extraño. Se alejó unos pasos rápidamente mientras tapaba sus oídos, pero el sonido seguía dañando su cabeza.

― Guarda eso.

― ¡Ladrón, invasor!

― No he robado nada… todavía. ― Dijo sonriendo mientras la miraba.

― Admites tus crímenes futuros. La muerte sería un buen castigo.

― Una sanadora no mata, trae vida y la protege.

― Soy una bruja más que una sanadora y respiro muerte todos los días.

Ella apretó la daga en su mano y la hizo girar, lo que ocasiono que el sonido se hiciera más fuerte, lo atormentó aún más. Cayó de rodillas a medida que el sonido empeoraba, hasta que al final recostó su cabeza sobre la tierra, escondiéndola entre sus manos, pero el sonido no cesaba.

― Largo, vete ahora o cumpliré mi amenaza.

― ¡Oblígame!

El sonido solo empeoraba, tal vez su personalidad arrolladora no funcionaba con ella, pero se negaba a irse, se negaba a perder la oportunidad de estar cerca por un tiempo. ― No me iré, puedes matarme, torturarme para siempre con esa cosa, pero no voy a irme. ― El sonido no empeoró y dio gracias a los dioses por eso. Podía ser una buena señal. ― ¿Qué has venido a buscar?

― ¡A ti!

― ¿Para qué?

― Para cortejarte.

― No quiero un cortejo.

― Note eso esta mañana.

― ¿Por qué insistes?

― Todo lo bueno cuesta.

El sonido desapareció. Todo quedo en silencio de repente. Borya respiró por la boca, sentía que su cabeza estallaría, un líquido salía de su nariz y no quería arriesgarse a ver si era sangre, por un momento sus sentidos no funcionaron y todo parecía girar a su alrededor. Unos segundos después todo pareció calmarse.

Levanto la cabeza un poco para mirar si ella seguía ahí. Vio su vestido y levanto la cabeza un poco más. Lo miraba enojada, pero la daga se encontraba otra vez en su funda, en su costado izquierdo a la altura de su cadera.

Borya le sonrió. ― ¿Qué es lo que realmente quieres? ― Dijo enojada. ― Ya te lo dije, mujer. Vine a cortejarte y vendré todos los días si es posible, para cortejarte, hasta que consiga lo que deseo. ― Ella no pareció ceder ante esas palabras. ― ¿Qué sería eso? ― Levantó su cabeza de la tierra fría, pero se quedó de rodillas. ― Casarme y tener muchos hijos.

― ¿Con quién esperas casarte?

― Pensé que eso habia quedado claro.

― Los hombres mienten todo el tiempo, son seres viles, sedientos de sangre y dominados por deseos carnales.

― ¿Eso es lo que te ha dicho tu hermano, un hombre?

― Mi hermano no mentiría, además lo vi hoy y también en mi viaje anterior a la aldea.

Borya recordó ese viaje, la imagen de ella entre sus brazos le hizo cosas extrañas a su cuerpo, comenzaba a reconocerlas, gran parte era lujuria, pero habia otra parte que no comprendía del todo todavía. Quería poseerla, pero no solo en un sentido carnal como ella pensaba, con ese deseo de tenerla también venia uno de protección. Se pasaba cada minuto de su vida atormentado porque no la tenía a la vista, donde pudiera evitar cualquier mal que intentara llegar a ella. Definitivamente se casaría y la amarraría a él. Mejor, la encadenaría.

― Hora de que se vaya… mi señor.

― No uses ese tono condescendiente conmigo. Tratándome de esa manera no vas a conseguir manipularme.

― Nunca he tratado de manipularlo, jamás osaría hacer algo así, usted es grande y poderoso, yo jamás podría convencerlo de algo que usted no desee.

Se levantó enojado, ella estaba actuando amable y servicial, pero era todo una mentira, podía ver la burla en sus ojos, creía que de esa forma conseguiría convencerlo de que él tenía el control, para luego irse porque ya habia alcanzado su cometido.

― No soy tonto, mujer. Soy el hombre más inteligente con el que podrías toparte, reconozco una táctica sucia cuando intentan usarla en mí.

― No sé de qué habla, mi señor. Soy solo una simple granjera que no puede enfrentar su mente ágil y adiestrada para la guerra. ¿Por qué intentaría usar una artimaña de cualquier tipo en su contra? Usted es muy sabio y conocedor, sabe tanto del mundo y sus secretos que…

― ¡Suficiente! Mujer insolente. No voy a quedarme a que me falten al respeto. ― Se dio la vuelta para irse y se detuvo antes de llegar a la puerta. ― Pero no has ganado, no me voy porque tu juego sucio funcionara, me voy porque estoy indignado con tu falta de respeto hacía tu señor.

― Le suplico clemencia, mi señor. ― Ella se inclinó levantando sus faldas y agachando la cabeza. ― ¡Atrevida! Sabrás de mí, volveré para arreglar cuentas.

Retomó su camino hacía la puerta, salió del establo, pero un montón de nieve cayó sobre su cabeza. Escucho risas agudas, aleteos diminutos y supo que los elementales del bosque habían venido a burlarse de él. No les agradaba.

Se alejó rápidamente a paso firme hasta llegar al bosque, se giró para mirar el establo, donde ella estaba parada junto a la puerta y lo veía irse. Indignado miro al frente justo cuando una rama y nieve salían de la nada volando hacía su rostro. Cayó al suelo luego del golpe y de nuevo escucho las risas y los aleteos.

Gruño enojado e dio manotazos hacía los elementales. ― ¡Estúpidos bichos! Ya verán de lo que soy capaz. ― Se levantó pero tropeó en varias ocasiones, mientras que bolas de nieve caían de los arboles directo sobre su cabeza. Siguieron molestándolo un buen rato por el camino, hasta que se cansaron y regresaron a donde sea que preferían estar.

Borya se sintió humillado, una mujer lo venció sin siquiera tocarlo. Lo enredó en sus encantos y sus tácticas bruje riles de maldad. Se sintió estúpido y dio gracias que nadie pudo ver su momento de debilidad. Pero regresaría y la próxima vez no tendría clemencia, le quitaría esa cosa que la protegía y la lanzaría lejos, muy lejos, aunque perdiera la mano por quemaduras mágicas en el intento.

Al regresar a la aldea ya no habia luz, las antorchas de la entrada y las torres de vigilancia fueron encendidas y él se acercó derrotado a la puerta. ― Alfa Borya. ¿Qué lo trae por aquí? Pensé que pararía la noche afuera. ― Miró hacía arriba al hombre en la torre de la entrada, uno de los guardias que se encontraba en la mañana, cuando ella y su padre llegaron. ― Abran la puerta.

― Su padre ha dado la orden de no dejar salir ni entrar a nadie luego del anochecer. Desde el ataque de los…

― ¡Abre la maldita puerta!

El hombre desapareció por un momento, luego volvió a asomarse. ― Tengo ordenes, alfa. Sabe que no puedo desobedecerlas. ― Gruño fuerte dejando salir una bocanada de vaho debido al frio. Regresó por el camino hasta una distancia considerable, luego corrió hacía el muro y saltó en el momento exacto. No solo llego a la torre, sino que cayó sobre el hombre y el impulso los tiro al vacío, cayendo ambos dentro de los muros de la aldea, el hombre que se atrevió a desobedecerlo debajo de él, ambos sanos y salvos, aunque el hombre estaría adolorido.

― ¿Te atreves a desobedecerme? ― Dijo con una voz gutural y poco humana, mientras el hombre respiraba agitadamente y el olor empalagoso del miedo casi le causa arcadas. ― Alfa… ― Gruño sobre su cara para aterrarlo aún más y que aprendiera la lección. Sabía que los ojos color ámbar y su transformación a medias ayudarían a la causa.

― No volverá a suceder, alfa. ― No se alejó de inmediato, cultivo el miedo un poco más, respirando con fuerza sobre el rostro del soldado. Se levantó de repente, viendo como el hombre recuperaba un poco la compostura.

Revisó su ropa, no se transformó por completo, pero a veces las transformaciones a medias también arruinaban su ropa, por lo que era un problema no prestar atención a sus reacciones y perder el control con facilidad. Tendría que comprar ropa pronto, rompió prendas en el último ataque y de nuevo se quedó casi sin nada. Perdió un buen par de pantalones de cuero y eso le enojaba, encontrar ropa con buenas costuras y resistente para que soportara el trato que hombres como él le daban a las prendas era difícil.

Camino por la aldea, pensó en ir por una cerveza o un poco de hidromiel para que lo ayudara a dormir, pero el aroma le dijo que sus hermanos mayores se encontraban en la taberna de la posada, además no quería dormir. Recordó las palabras de la bruja antes de que se girara con la daga entre sus manos, la lluvia de sangre ¿Por qué diría algo como eso?

Tal vez sería mejor prepararse para cualquier cosa, tenía un mal presentimiento y escucharla solo lo puso más nervioso. Sus sueños se cumplían casi siempre, lo que significaba que la bruja también vio algo y ahora habia más posibilidades de que algo como lo que vio en su sueño se cumpliera.

Se sentó en el patio de su casa. Solo su hermana Brana se encontraba ahí, tal vez Maksim la envió a dormir temprano, no quería molestarla y quería estar solo un rato, así que se sentó en un tronco cortado para servir de silla y miro al cielo, habia nubes, pero la luna menguante se veía claramente, faltaba poco para que se oscureciera por completo, pero aun habría luz en la noche por una o dos noches más.

Comenzó a preguntarse qué haría con su futuro, la aparición de la bruja fue algo que lo hizo replantearse muchas cosas, aun no sabía qué hacer con exactitud, pero sería difícil seguir adelante con su antiguo plan, ahora más que nunca. Antes tenía muchos problemas, la gente le temía y Goran quería desacreditarlo junto con los betas que apoyaban la decisión de que Borya no se convirtiera en alfa y Maksim pensara en alguien más o no entregara su puesto a nadie en absoluto.

Vio una luz acercarse a él, su padre traía una vela. ― ¿Qué haces aquí? Pensé que te quedarías acosando a la bruja. ― Hizo una mueca. ― Es una buena mujer, tenía que dormir temprano luego de acabar con sus tareas del día.

― No debe ser tan buena mujer si todavía tenía tareas que hacer justo antes del anochecer.

― Preparaba a sus animales para la nevada. Cree que viene una tormenta.

― Yo veo el cielo despejado, no huelo tormenta en el aire.

― Piensa lo que quieras.

― Solo digo que…

― No intentes ser el padre comprensivo y bueno, nunca has brindado más que dureza y reproches.

― Pero has crecido grande y fuerte para convertirte en el hombre que eres hoy ¿No? ¿Qué otra cosa esperabas que hiciera? ¿Qué te lamiera las heridas? Habrías sido un debilucho quejumbroso.

Saco algo de debajo de la piel de oso que usaba, con una mano entablillada. Borya se rio al notar el artilugio que usaron para mantener su muñeca en el lugar correcto luego de que Borya la rompiera.

― No es gracioso, todavía debo pasar unas horas con esto, tal vez un día más. El dolor tampoco es algo que aprecie. ― Dijo con un puro en sus labios mientras lo encendía con la vela, luego la apagó con sus dedos para que la luz no los molestara. Podían ver en la oscuridad perfectamente. Se sentó en el otro tronco. ― ¿Qué vamos a hacer con todos nuestros problemas? ― Borya no respondió. ¿Qué planeaba hacer ahora su padre? Él nunca hablaba de buena manera con Borya y eso le parecía sospechoso.

― ¿Por qué te burlas de mi inteligencia? ¿Por qué todos parecen creer hoy que eso no traerá consecuencias?

― ¿Mal día? ― Suspiró sin responder, no quería darle más armas a su padre para contraatacar. ― ¿La bruja te sacó de su lecho? ― Maksim pregunto genuinamente sorprendido.

― La bruja no ha dejado a ningún hombre entrar en su lecho. ― De nuevo hablo la bestia, volviendo su voz un sonido gutural.

― Tranquilo, eso suele pasar. Te haces viejo y pierdes el encanto. Tu problema es, que parece que lo perdiste antes de tiempo. ― Decidió calmarse e ignorar sus burlas.

― Vaya, parece que has aprendido paciencia. Le daré eso a la bruja, te ha domesticado. El problema es que no debería ser así, ninguna bruja tomará mi manada y mucho menos a uno de mis hijos. El gran problema aquí es que parece que ya te tomó, pero tú aun no te decides a hacer algo. Borya, no podemos seguir así, tu retándome y yo resistiendo a tus avances que al final no llevan a ningún lado, debes tomar una decisión, tomas la manada, te quedas sin causar problemas o…

― ¿Eso es lo que deseas? ¿Qué me vaya igual que el resto de tus hijos traidores? No hemos sabido de Nefur o Dania en mucho tiempo, dejaste que Tamrin se fuera, es menor que Brana, padre, él ni siquiera tuvo su primera transformación cuando se fue. ¿Cómo pudiste permitirlo?

― Un volkodlak debe encontrar su camino y seguirlo. A veces no es fácil para los que se quedan atrás y mucho menos para el que se va, los obstáculos pueden ser muy grandes y las preocupaciones aún peores, pero si no seguimos nuestro destino ¿Qué nos queda, Borya?

― No lo sé, tal vez no se trata de buscarlo y seguirlo, solo se trata de dejar que llegue.

― Eso funciona para los mortales, tienen vidas cortas, caminan por esta tierra por muy poco tiempo y lo que viven, puede parecer sorprendente en tan poco tiempo, pero nosotros tenemos demasiado tiempo por delante como para quedarnos en un solo lugar, inamovibles. A veces solo buscamos la muerte, pero mientras la encontramos, debemos movernos y vivir, aprender todo lo que sea posible en el camino, de esa forma no estaremos desamparados cuando crucemos al otro lado.

― ¿Qué hay en el otro lado, padre?

― No lo sé, Borya. Nadie lo sabe, tal vez tu bruja haya vislumbrado las puertas del otro mundo, pero ni siquiera ella puede cruzarlas antes de tiempo.