Chapter 7: Capítulo 4

Borya se adentró en la niebla, sabiendo que a poca distancia la granja de su bruja sería un atractivo para los upiros. Estaban a mitad de camino, pero eso quería decir que ellos pasaron cerca de la granja, lo que lo puso impaciente por ir a revisar que todo estuviera bien.

― Ten cuidado.

― No soy Brana, no tienes que cuidar de mí.

― La arrogancia puede matar a un hombre.

― Tienes razón, la mía matará a varios, de hecho.

Ella negó con reproche y luego se alejó lentamente mientras se perdía en la bruma. Borya agudizó sus sentidos, una de sus habilidades sorprendentes que venían con el hecho de que podía transformarse a medias e incluso cambiar partes de su cuerpo como sus uñas y manos por garras, su rostro y dientes, y podía crecer un poco sin necesidad de transformarse.

Rada debía transformarse por completo si la batalla así lo requería y por lo que parecía, había toda una colonia de upiros acechando. Olisqueo el aire buscando el hedor de la muerte, uno que no conociera bien, otro de sus hermanos podría confundir a Leonid y Wanda con los invasores, pero una vez más, Borya superaba en todo a cualquier volkodlak o ser sobrenatural que había conocido hasta el momento.

Su visión era limitada en esa niebla espesa, a pesar de ser un volkodlak, pero esa niebla no es normal, así que tendría que valerse de sus otros sentidos. Sintió el leve cambio en el aire y se movió a tiempo antes de que el upir atravesara su pecho con sus desagradables garras, lo tomó del cuello desde atrás cuando siguió de largo pasándolo y lo lanzó al suelo para luego atravesarle el pecho y arrancarle el corazón. El upir no supo que lo golpeo.

Otra cayó sobre él, la había detectado, pero tal vez debería dejar a un par vivo, necesitaban información y solo los bichos desagradables podían dársela. Pensó que intentaría matarlo de inmediato, pero en su lugar ella enterró los colmillos en su cuello y comenzó a alimentarse.

― No sin invitación, mujer.

Levantó sus manos y las llevó hacía atrás, a ella, tomándola del vestido la hizo dar vuelta por el aire y ella no tuvo más opción que soltarlo, aunque se llevó un buen pedazo de él en el proceso. Borya la golpeo con fuerza, lanzándola un par de metros en la distancia.

― ¡Mierda! ― Se tocó la herida y revisó la sangre en sus dedos. ― Por poco y me arrancas una vena, mujer. ¿Qué estabas pensando? Esto va a tardar días en curar. ― Ella abrió su boca mostrando sus colmillos y labios ensangrentados y siseo como amenaza.

― Necesitas un poco de sol. No es como si de verdad fuera a matarlos, los debilita si pasan mucho tiempo afuera, pero un poco de color en esas mejillas no vendría mal.

La upir corrió hacía él y saltó para intentar aterrizar encima y doblegarlo fácilmente, era fuerte, pero Borya no se preocupaba por eso, al parecer se encontró con la líder de la colonia y estaba más que hambrienta. Cuando cayó sobre él, la tomó del cuello y la tiro al suelo, pero ella consiguió que rodaran.

― ¡Maldita sea, mujer! Contrólate un poco. ― Intentó morderlo de nuevo en medio del forcejeo, ella trataba de apartar sus manos y someterlo, pero al final fue él quien la sometió, pero esta no se rendiría tan fácil. Con las muñecas de la upir entre una de sus manos y sosteniendo su cuello con la otra, dejo que su rostro cambiara lo suficiente para que su mandíbula se pronunciara y pudiera desgarrarla por completo, pero peso extra cayó sobre su espalda.

Dos upiros cayeron sobre él y lo mordieron. Se levantó de inmediato y retrocedió hasta que chocó contra un árbol, o ellos chocaron. El golpe fue tan fuerte que el árbol se estremeció. Ellos no lo soltaron, pero no era necesario que lo hicieran. Llevó una de sus manos hacía la cabeza de uno y con facilidad apretó hasta que escucho el crujido. El upir dejó de succionar y cayó lánguido por su espalda luego de que lo soltara.

― ¡Maldito! Bestia repugnante, ¿Cómo te atreves? ― Dijo la mujer que había estado mirando mientras los otros se alimentaban. ― Así que hablas. Bien, pero los caníbales salvajes son ustedes. ― Borya tomó de la ropa al otro upir y lo lanzó por los aires igual que al primero, cuando aterrizó, de inmediato tomó su cabeza y se la arrancó de un tirón.

La mujer gritó y de nuevo se lanzó sobre él, pero ya no iba a tener paciencia. Cuando ella llego con él, puso sus manos sobre sus hombros y sus pies sobre su torso, Borya la tomó del cabello, la golpeo en la cara mientras ella siseaba y luego la lanzó al suelo. ― ¿Por qué vinieron aquí? ¿Quién los envió? ― Ella volvió a sisear. ― Tienes una oportunidad para conseguir una muerte rápida, todo terminará pronto para ti si me dices lo que quiero saber, pero si no lo haces… ― Dejó la amenaza en el aire.

Esto no siempre funcionaba con los inmortales, algunos estaban demasiado hastiados de la vida, de vivir por décadas o siglos, demasiado tiempo viendo morir a todos y todo a su alrededor, sobreviviendo al mundo, por lo que en algún momento comenzaban a desear la muerte, pero otros estaban tan felices con la idea de vivir para siempre que temían morir, ser asesinados. Una muerte rápida siempre era lo más solicitado en cualquiera de los dos casos, no importaba si deseaban morir o no, desear la muerte o temerle solo llevaba a que al momento de enfrentarla, la gente prefiriera que fuera rápida e indolora.

― Sucia bestia.

― Muy bien, de todas formas te mataré. No importa quién los envió, cualquier invasor que se atreva a atacarnos debe morir.

― ¿Cómo vas a matarme, hombre lobo?

― No eres de estas tierras.

― ¿Y tú lo eres? Ustedes vinieron del norte, muy al norte. Al igual que nosotros, van de un lado a otro esparciendo el mal.

― Nosotros no esparcimos el mal.

― Son los sabuesos de los mortales, sirven a una raza débil que no puede defenderse por sí misma. A pesar de ser superiores, permiten que los traten como mulas de carga y como perros rabiosos para la caza y el ataque de sus enemigos. No son más que bestias glorificadas.

― Ustedes también. Han venido aquí para cumplir un contrato con mortales y son tan repugnantes como cualquier ser, quizás más que cualquier otro, más que nosotros, malditos caníbales.

― Hemos venido aquí, porque se desatará un mal terrible. Queremos ser los primeros en presenciar el nacimiento de ese mal, pero veo que los antiguos se adelantaron. El contrato con los mortales solo fue una excusa, sucia bestia y nuestras formas no son de incumbencia de nadie, el hambre que nos atormenta nos condena a esta vida, pero una vez que te acostumbras empiezas a amarlo.

Ella sonrió lascivamente y luego uso su súper velocidad para desaparecer. Borya sabía que tenía un plan. Ella estaba en una misión suicida para llegar a la aldea y causar caos, no se lo permitiría.

Aulló y dejo que su cuerpo se transformara por completo mientras corría persiguiendo a la upir, llego a ella, saltando sobre su espalda justo cuando salió del bosque. En la distancia escuchó a los hombres en las torres de vigilancia prepararse para defender la aldea. No le dio tiempo a la mujer para defenderse, solo le arrancó la yugular de un mordisco y dejo que el cuerpo cayera al suelo inerte.

Tres más venían detrás de él, se dio la vuelta y atrapó a dos entre sus garras justo cuando saltaban sobre él. El tercero choco contra el suelo un par de metros por delante Con su hermana sobre él, Rada consiguió alcanzarlo. Escuchó como ella le arrancaba la garganta y le lanzó uno de los que tenía en sus manos, para luego arrancar el corazón al que todavía tenía entre sus manos, mientras su hermana hacía lo propio con el otro.

Se dio la vuelta para mirarla. Todo habia terminado, por ahora. ― ¡Borya! ― Se dio la vuelta para ver a su padre acercarse a paso firme, estaba enojado. ― ¿Permitiste que te hirieran? No solo eso, permitiste que se acercaran a la aldea. Con estos resultados aún esperas que me haga a un lado. ¡Mira como estas! Esas heridas no son simples, por poco y te asesinan, Borya.

Ya no estaba dispuesto a soportar desplantes. Ataco a Maksim pero Rada saltó en medio de los dos y lo enfrentó. Nunca se habia atrevido a enfrentarse a Rada, no solo por el respeto que sentía por ella, sino porque sabía muy bien que aunque no era tan fuerte como él o Vladislav, si tenía la inteligencia suficiente como Vuk y él mismo, ella era práctica, metódica y nunca se arriesgaba, todo lo que hacía era impecable, su forma de actuar era elegante en la mayoría de los casos, excepto cuando era sobrepasada, entonces usaba no solo su ingenio, sino que igualaba la fuerza de su oponente y masacraba de la peor manera si era necesario, aunque muy pocos lograban sobrepasarla, como ahora que los upiros los superaban en número y estaban locos de hambre.

Ambos atacaron con zarpazos de sus garras, él no intentó morderla, pero ella lanzaba ataques de toda clase, Borya retrocedía, no por miedo o por ser superado, no quería hacerle daño si no era necesario. Trato de someterla llevándola al suelo e inmovilizándola, pero ella es demasiado ágil, se movía tan elegantemente, pero con tanta rapidez y fuerza que era difícil atraparla, por eso era tan buena, su inteligencia y agilidad se combinaban para hacer a una gran guerrera.

― ¡Basta, ustedes dos! Deténganse ahora. ― Rada retrocedió y escondió su cola. Borya no perdió de vista a ninguno de los dos, sabía que la voz de mando de su padre estaba doblegándola, ella es una alfa, pero su lealtad a Maksim la hacía débil ante su padre. Ella debía responder a su verdadero alfa, porque aunque ella ostentaba el puesto de la hembra alfa, su padre se encargó de dejarle claro desde siempre que no era una verdadera alfa, era solo su beta principal.

Borya por otro lado, no sintió el tirón de la fuerza alfa sobre él. Enfrentó a Maksim. ― ¡¿Te atreves a desafiarme?! No estás listo para ser un alfa. ― Borya no retrocedió, en lugar de eso se puso en posición de ataque. ― ¡Borya, muéstrame respeto! Inclínate malcriado. ― Maksim se acercó a él y lo miro a los ojos directamente. Ninguno ataco, solo midieron egos, pero entonces Borya empujó a su padre y lo lanzó lejos de él, Maksim aterrizo tambaleándose y vio sorprendido como un caballo salía de entre el bosque disparado justo por donde él y Borya habían estado de pie.

El caballo y su jinete eran perseguidos por ocho upiros. Wanda y Leonid lograron detener a cuatro, pero los otros cuatro aun iban tras el caballo y Borya consiguió derribar a dos. Maksim, tomado desprevenido, logró recuperarse y saltar sobre uno, mientras Rada se hacía cargo del último. El caballo asustado saltó sobre sus patas traseras mientras relinchaba y Rada entonces se dio cuenta de lo que sucedía, corriendo para atrapar a tiempo al jinete antes de que cayera al suelo y se lastimara.

― ¡Borya! ― Gritó Rada en su forma Humana. Ensangrentado como estaba, Borya se giró para ver que le sucedía a su hermana. Pero vio con terror que sostenía a la bruja entre sus brazos y convulsionaba de forma preocupante. Recuperó su forma humana lo más rápido que pudo mientras se lanzaba hacía ellas y aterrizaba de rodillas frente a Rada. ― ¿Qué le pasa, Borya? ― Preguntó Rada asustada. Tan asustada como él. Borya le quitó la capucha de la piel de lobo y vio aún más aterrado como sus ojos estaban en blanco.

― ¡Dejen a esa maldita bruja! No se acerquen a ella. ― Maksim tomó a Borya del brazo y trato de obligarlo a levantarse, pero él lo empujó de nuevo. ― Preciosa ¿Qué te pasa? ― La revisó de pies a cabeza con la mirada, sin saber si tocarla le haría daño. Se fijó en la daga que ella apretaba en su mano derecha con tanta fuerza. Eso fue lo que lo alertó de su presencia. Escuchó el extraño sonido que producía antes de que ella llegara.

La daga estaba ensangrentada y parecía que el sonido era aún más molesto. ― Esa cosa está matándola. Tengo que quitársela. ― Intentó tomar la daga, pero de nuevo la quemadura que sintió la primera vez fue tan fuerte que tuvo que apartar su mano. ― ¿La daga? La sostiene con fuerza. ― Dijo Rada. ― ¡No escuchas ese horrible chillido!

― ¿Chillido? Borya, ella la usó para defenderse. ― Dijo su hermana y él la miró sorprendido. Incluso su padre estaba tapando sus oídos porque no soportaba el sonido ¿Por qué Rada no lo escuchaba? ― Déjenla. Borya, no te atrevas a tocar su piel. ― Wanda se acercó a ellos y se arrodillo junto a él. ― ¡Tengo que hacer algo! No es normal, está herida ¿Le dieron sangre? ¿Se está transformando?

― No, cariño. Ella está en trance. La daga no le hará daño, debemos llevarla a un lugar donde esté cómoda.

― ¿Trance? ― Borya se disponía a entrar en la mente de la bruja, después de todo el trance era un estado de sueño, su don más fuerte era el de ver y manipular los sueños, también tenía premoniciones. Él vería que atormentaba a su bruja y se encargaría de alejar ese terrible mal de su mente, además podría ver otras cosas además de sus sueños y eso le diría mucho sobre ella.

Unas frías manos tomaron su rostro y lo obligaron a girar y mirar a Wanda. ― No te atrevas, si lo haces ella lo verá como una amenaza. ― Borya le gruño. ― Hago lo que quiero. ― Wanda negó. ― ¿Te gustaría que ella entrara en tu mente y viera tus más oscuros secretos, deseos y verdades? Ella vería a la bestia, al mal que tratas de mantener a raya. ¿Crees que te amaría si viera quien realmente eres, Borya?

Borya sabía que no podía mostrarle quien era todavía. Si ella se enteraba que es un volkodlak, seguramente lo repudiaría. Necesitaba enamorarla, casarse y embarazarla, solo entonces ella no se alejaría.

Miró su rostro aún más pálido de lo normal debido al trance y a las visiones que estaban atormentándola, no quería que nada malo viniera a ella. Entonces un copo de nieve cayó sobre su rostro pálido y Rada miró al cielo. ― El invierno llegó antes. ― Dijo Rada mientras el viento comenzaba a soplar con más fuerza y caía más nieve a cada segundo.

― Sera mejor que la lleves a casa. ― Dijo Wanda. ― Necesito ropa. ― Un soldado se acercó a él y le ofreció un par de pantalones. Se los puso rápidamente y luego se acercó al caballo, Rada lo siguió con la bruja en brazos. Se subió al caballo y se agachó un poco para tomarla en sus brazos y llevarla a la granja. Le encantaría llevarla a la aldea y meterla entre sus pieles para que estuviera caliente, pero ella no estaría bien con eso cuando despertara.

Cabalgo a buen paso hasta que llego, la niebla todavía no se dispersaba, pero en un par de horas todo estaría bien. El caballo relinchó cuando se acercaban a la casa, parecía tranquilo así que era probable que no existiera ninguna amenaza en las cercanías, tal vez acabaron con todos los upiros.

La puerta de la casa se abrió y en medio de la espesa niebla Borya pudo divisar la figura del hermano de la bruja. Traía lo que parecía un hacha y olía como si estuviera muy enojado. Borya saltó del caballo con ella en brazos y se quedó de pie frente al hombre.

― Traigo a tu hermana. ― Dijo cuando vio que el hombre no decía nada. ― ¿Qué le has hecho? ― Sabía que iba a sospechar de él, pero aun así no le gustaba que el hermano de su futura esposa lo viera como el malo. ― Nada, está en trance, ya estaba así cuando cayó del caballo luego de que se topara con nosotros. No se preocupe, mi hermana la atrapo cuando cayó y yo me deshice de los invasores que la perseguían.

El hombre pareció calmarse, pero habia algo que todavía molestaba a Borya. ― ¿Por qué huía de ellos? ¿La usaron como carnada? ― El hombre se tensó visiblemente, eso no le gusto para nada a Borya. ― No fuimos nosotros quienes la enviamos. Ella tomó la decisión de ser la carnada y llevarlos lejos de nosotros. Siempre pone a los demás por encima de ella misma.

El hermano de la bruja volvió a extender los brazos para recibirla, pero Borya avanzó con ella en brazos y no le quedó más remedio que hacerse a un lado para dejarlo pasar. La casa estaba a oscuras, las velas estaban apagadas y aunque la niebla que se negaba a desaparecer sumía el lugar en completa oscuridad, esto no fue un problema para Borya, se movió por la casa con facilidad, como si viviera ahí desde siempre y la conociera a la perfección, por lo que no tropezó con nada y supo de inmediato en que cama ponerla, por el aroma.

― Llevaré el caballo al establo y revisaré que no queden invasores en la zona. Pueden estar tranquilos ahora. ― Miró hacía el lugar de donde provenían los sonidos de respiración de cuatro personas, dos niños, dos adultos, uno de ellos posiblemente un anciano. Tenían un escondite subterráneo como la mayoría de las casas y familias, pero eso no conseguía esconderlos de un inmortal y mucho menos de un upir.

Arropo a su bruja con delicadeza y se aseguró que todo estuviera en orden, pero en realidad solo estaba haciendo tiempo, no quería alejarse de ella y era difícil solo darse la vuelta y salir por la puerta. ― Mi familia está en deuda. ― ¿Lo estaban? Su trabajo era cuidar de su gente, ellos eran parte de su manada al vivir en el territorio de su padre. ― Ha traído a nuestro tesoro a salvo.

― ¿Tesoro? Yo solo cumplo con mi deber como el hijo del señor de estas tierras, en cuanto a ella… ― Tomó una bocanada de aire atrayendo más del delicioso aroma de la bruja a sus pulmones. ― Un tesoro precioso debe mantenerse a salvo a toda costa, especialmente cuando te pertenece y jamás planeas dejarlo ir.

El hombre jadeo evidentemente enojado y asustado, el aroma del miedo ensucio un poco el que tanto amaba, pero decidió pasar por alto ese detalle, el hermano sería un obstáculo a la hora de acercarse a ella y tomarla, era posible que ella no estuviera de acuerdo con hacerlo a un lado de forma entusiasta.

Salió del lugar y tomó las riendas del caballo para guiarlo hasta el establo, el animal lo siguió sin problemas, eso era suficiente indicio para estar tranquilo, todos los upiros fueron asesinados, pero debía estar seguro. Su manada no llego a ser la más fuerte y temida, incluso en lugares lejanos, por confiar y no revisar para confirmar que todo estaba bien. Puso al animal en el establo y le quitó la silla para ponerla en su lugar, los animales estaban tranquilos, no parecía que hubiera un problema. El establo estaba a salvo y ninguna criatura desagradable los mataría para alimentarse.

Salió del lugar y se dirigió al bosque, debía buscar con cuidado, no quería que una de esas cosas estuviera escondiéndose por ahí y luego alguien o algún animal salieran herido. Para cuando terminó la niebla habia cedido y de nuevo volvía a ver la luz del día, pero la nieve ya comenzaba a cubrir el bosque.

Volvió a la aldea esperando poder descansar un poco, le molestaba pensar en la bruja y el estado en el que estaba, no sabía cuánto tardaría en salir del trance y si era molesto o no para ella. Todo de ella lo atormentaba, para bien o para mal, ella estaba en sus pensamientos desde el momento en que sintió su aroma por primera vez.

Cuando llego a casa, trato de escabullirse e ir a la cama, pero Brana entró y fue directo a él. ― Padre quiere verte. ― Suspiro. ― Puede esperar hasta mañana, ahora está muy ocupado celebrando a sus hijos. ― Ella negó. ― Será mejor que vayas, está muy cabreado, no creo que sea bueno para nadie que te niegues a obedecerlo, no después de que lo desafiaste directamente.

― Puedo vencerlo.

― ¿Puedes? No dudo de ti, pero ¿Qué pasará luego de que lo venzas? Muchos tontos te retaran, esperando ser lo suficientemente fuertes o tener suficiente buena suerte como para vencerte, aunque ganes una y otra vez, seguirán viniendo de todas partes para retarte.

― Dudo mucho que eso pase. Me temen demasiado para retarme, el verdadero problema son los betas, están poniendo a muchos en mi contra, en caso de que rete y le gane a padre, ellos iniciaran una guerra contra mí y no quiero quedarme sin una manada y sin posibles aliados.

― No te quedarías sin nadie, estarías muerto. ― Borya sonrió. ― ¿Cuánto has vivido, hermana? ― Ella infló el pecho y se paró firme y orgullosa. ― Trece otoños, Borya. Soy toda una guerrera. ― Su hermana, siempre tan altanera y orgullosa, poco femenina, pero eso nunca le importó a padre o a nadie de la familia. ― No quiero ser quien diga esto porque yo mismo lo escucho todo el tiempo y sé que no es cierto, pero en tu caso es verdad. Eres demasiado joven, apenas empiezas a vivir.

Ella frunció el sueño y bufó.

― Soy tan fuerte y tenaz como tú.

― Soy todo eso, pero ambos somos demasiado jóvenes para los estándares de los inmortales.

― Muchas de las mujeres ya se han casado mucho antes de llegar a mi edad.

― Son mortales, Brana. No puedes comparar su vida y sus maneras con las nuestras. Las mujeres mortales ya tienen más de un hijo a tu edad en muchos casos, pero nosotros vivimos demasiado tiempo y no podemos reproducirnos desde tan jóvenes, por lo menos no las mujeres, sobre poblaríamos las tierras que habitamos y pronto la comida y cualquier cosa que necesitemos escasearía, porque no podríamos sostener nuestros números ya que no solo seríamos demasiados sino que viviríamos mucho tiempo reproduciéndonos exageradamente y a su vez el fruto que diéramos al mundo se reproduciría excesivamente acabando con todo a nuestro alrededor.

Brana pensó por un momento. ― ¿Por qué vivimos tanto? No debería ser así si es un problema tan grande. ― No tenía una respuesta a eso, pero aun así trato de hacerla entender de una manera en que le permitiera ver que debía bajar un poco el ritmo de su vida. ― Nadie lo sabe, no sabemos de dónde venimos o por qué estamos aquí, simplemente sabemos que debemos sobrevivir, mientras tengamos fuerza, lucharemos, mientras existan más de nosotros, los buscaremos y formaremos vínculos, porque un lobo solitario podría sobrevivir al mundo y a sus horrores, pero enfrentarlos es mucho más fácil cuando hay números que te respaldan y te dan el apoyo que necesitas, no solo en la batalla, también en el día a día, cuando necesitamos un compañero, cuando necesitamos contacto.

― Entonces, no tenemos idea de que o quiénes somos, no sabemos de dónde venimos, pero no nos preguntamos nada de esto, solo vivimos.

― No cuestiones, Brana. Si sigues cuestionando te pasará lo que me pasa a mí.

― ¿Qué?

― Todos querrán matarte.

― ¿Por qué?

― Porque la gente tiene miedo de lo que no conoce y prefiere no averiguarlo, se quedan en sus vidas cómodas sin hacer preguntas porque es una vida más simple. Cuando hay alguien que empieza a cuestionar, entonces les hace ver que son ignorantes y que hay muchas cosas que podrían arruinar sus vidas cómodas y tranquilas.

― Entonces debo ser como todos dicen que sea, dulce, pasiva y callada, como Rada.

― Rada es todo eso, pero también es una guerrera formidable cuando debe serlo, solo que lo hace de forma discreta, sin que nadie vea lo letal que puede ser, a los hombres no les gusta que las mujeres los superen en fuerza, en una mente sabía y en cualquier otra cosa, porque son seres orgullosos.

― Eres un hombre, eres igual a todos.

― No, no lo soy, al igual que Rada y tú, yo cuestiono, pero solo para mí mismo. Puedo aceptar el cambio y vivir con él, porque entre más conoces el mundo, más fácil es enfrentarlo, entre más sabes de lo que te rodea, más fuerte te haces. Tu puedes ser valiente, fuerte y todo lo demás, pero debes aprender a observar, escuchar y pensar, no solo luchar.

― ¿Qué importa si pienso? Nadie me hace caso de todas formas.

― No necesitas que nadie te haga caso, lo que necesitas es aprender a ser útil para ti misma sin esperar que los demás aprueben lo que hagas, de hecho, nadie tiene que enterarse de tus asuntos, has lo que hace Rada. Finge ser todo lo que no eres para que los demás no sean unos idiotas contigo, pero en secreto, trabaja para ser mejor, para superar no a ellos, sino a ti misma.

Ella sonrió, una sonrisa sincera, Borya se dio cuenta que todos habían ignorado a su hermana menor, ella también buscaba aceptación, pero no entendía que la única que necesitaba es la suya propia. El orgullo no es malo cuando comprendes tus capacidades, destrezas, habilidades y fortalezas, porque aprender a vivir con ellas y a usarlas de la manera correcta, a tu manera te da la ventaja, pero cuando esperas que los demás te acepten, vives para hacer las cosas como todos las hacen o como todos esperan que las hagas te hace débil, no puedes hacer algo bien cuando no es algo en lo que destaques realmente. Intentar mejorar en algo en lo que no tienes talento es una pérdida de tiempo, por lo que lo mejor es concentrarte en lo que eres realmente bueno y así lograras todo lo que te propongas.

― ¡Borya! Padre te espera, Está cansado de esperarte. ― Plamen le grito desde la puerta. ― ¿Qué hacen ahí como tontos? Padre te dio una tarea, Brana ¿Por qué no la cumpliste?

― Porque no quise hacerlo.

― Malcriada, ya verás. ― Dijo Plamen enojado.

― No te atrevas, Plamen. Déjala en paz, ella hizo su tarea, yo fui quien no quiso ir con padre.

― Ya hablamos de esto Borya.

― Hablamos sobre mi inminente matrimonio con la ramera, no sucederá.

― Perderás el favor de padre y entonces tendremos que soportar a ese par.

― Perderás una mano si sigues fastidiándome.

Plamen se quedó en silencio y le dio una mirada desagradable, luego se dio la vuelta y se fue. Borya decidió que era hora de ir con su padre, a pesar de ser paciente, la paciencia nunca se manifestaba cuando de Borya se trataba.