Chapter 16: Capítulo 11 Parte 2

La noche llegó más rápido de lo que pensaba, esos días le parecieron largos y tediosos, pero ahora parecía que todo iba rápido, pronto volvería a casa y todo estaría bien, encontraría la forma de convencer a su padre para que le permitiera casarse con Zvezda sin problemas, pero si no lo hacía tenía otras opciones para conseguir lo que quería.

Seguía pensando en la idea de ganarse las cosas y no conseguirlas por la fuerza, siempre pensó que la mejor forma de ser visto con buenos ojos y no como el tirano que probablemente era, sería esperando a que Maksim se hiciera a un lado y le entregara el liderazgo de la manada. Trabajo duro para que todos vieran que es digno de ser el siguiente alfa, pero al parecer no lo tendría de esa manera.

No quería un enfrentamiento contra su padre, sabía que podía matarlo con facilidad, pero su idea nunca fue matarlo, no la mayor parte del tiempo. A veces la ira lo embargaba y se sentía tentado a matar a Maksim y a cualquiera que se interpusiera en su camino, pero también le demostró a todos y a sí mismo, que así como era frío, agresivo, dominante y sanguinario, también podía ser muy paciente y calmado.

Ahí recostado en esas pieles que prepararon para que pasara la noche, en esa casa fría y solitaria, pensó que tal vez lo mejor sería irse lejos y formar su propia manada. Si no quería matar a su padre y él no quería darle lo que se ganó con sudor y sangre, entonces lo mejor sería buscar su propio camino y su propia gloria. Se llevaría a Zvezda y a toda la familia con él y juntos conquistarían y gobernarían todo a su paso.

Se quedó dormido con ese pensamiento, pero tiempo después un movimiento lo despertó. Fingió seguir dormido, respiro el aire a su alrededor y recogió un aroma femenino que no pertenecía a la casa en la que lo alojaron. La mujer se acercó y se agacho junto a él, moviendo las pieles y tratando de acomodarse en su lecho. Cuando una de sus manos recorrió su torso y viajó hacía su polla, se movió rápidamente y la tomó del cuello, apretando lo suficiente para asustarla.

― ¿Quieres morir esta noche?

― Alfa… yo. ― Trato de hablar, pero era difícil con la mano de Borya apretando su cuello.

― ¿A qué has venido? Y no me mientas o te matare. ― Aflojo un poco su agarre.

― Me enviaron para agradecerle que viniera por nosotros, a salvarnos. Debo calentar su lecho esta noche. ― No le gusto esa idea para nada. En la distancia pudo escuchar los gruñidos de Jaropelk y los gemidos de la mujer que enviaron con él, pero Borya no quería a nadie calentando su lecho.

― Si yo quisiera a una mujer calentándome, la habría tomado y traído conmigo.

― Alfa, permita que… ― Volvió a apretar con fuerza suficiente para callarla.

― No quiero a nadie en mi lecho. Vete antes de que te mate y diles que no vuelvan a enviar a nadie, ya tengo a una mujer esperándome en casa. ― La empujo y ella cayó al suelo asustada, se levantó y corrió despavorida.

Ahora se sentía sucio. La sensación más desagradable por permitir que manos que no eran las de Zvezda lo tocaran. En el futuro tendría que evitar que volvieran a tocarlo, no podía correr a un río y zambullirse cada vez que alguien lo tocara.

― Mi señor, ya he hecho mi trabajo, mañana podré regresar a casa.

― Niña, nadie te dio permiso de retirarte.

― No lo necesito.

Maksim no toleraba la falta de respeto, pero por alguna razón siempre terminaba humillado por la bruja. Podría reprenderla, hacerlo en frente de todos para que supieran que nadie lo humillaba y le faltaba al respeto, ni siquiera una bruja, pero presentía que si hacía eso, correría un destino terrible, no a manos de su hijo, probablemente a manos de la misma bruja.

― Tu padre no te ha enseñado a respetar. ― Ella hizo una mueca, la luz de la fogata iluminando su rostro solo hizo que esa mueca fuera más desagradable. ― El respeto es algo que se gana a través de los actos, no ha hecho nada para ganar mi respeto, todo lo contrario.

Ella se dio la vuelta para irse, pero casi choca contra Wanda. Enojado se levantó demasiado rápido del tronco viejo donde se encontraba sentado, el dolor atravesó su costado pero lo soportó. Se sorprendió encontrar a Wanda todavía en la aldea. La batalla acabó hace días y conociéndola a ella y a su compañero, era muy extraño que se quedaran luego del desastre.

La bruja se apartó de ella, pero Wanda la siguió, por lo que vio, se enfrentaban en un duelo de carácter y miradas. ― Viaje mucho, es mi pasión, pero esta vez viaje solo para conocer a la mensajera de las Moiras*. La hija predilecta de Átropos*. ― La última frase dicha por Wanda salió en un tono extraño y sibilante que le dio escalofríos y le puso la piel de gallina a Maksim.

Las dos mujeres detuvieron su danza, pero seguían pareciendo amenazantes. ― Wanda. ― Ella levantó su mano hacía Maksim para que no las interrumpiera. ― ¿Acaso quieres traer más desgracia a mi pueblo provocando a la bruja? ― Wanda se burló de él. ― La bruja podría haber traído desgracia hace mucho tiempo, pero su destino no es dar muerte, es evitar que suceda.

― ¿Por qué traes el aliento de la muerte contigo? No hay vida en ti, pero un cuerpo no anda por sí solo.

― ¿Estás segura, niña? He caminado por mí misma desde hace mucho tiempo, ya ni siquiera tengo noción de lo que es eso. ¿Qué es el tiempo sino una invención de los hombres, para controlar la vida de sus esclavos?

Wanda le sonrió a Zvezda de una manera aterradora y cuando Zvezda trató de moverse, Wanda saltó sobre ella con su velocidad sobrehumana. Maksim pensó que tendría que evitar una pelea, pero cuando Wanda tocó el rostro de la bruja, ambas gritaron como si estuvieran siendo torturadas. Salto sobre el fuego para evitar una tragedia, pero se dio cuenta que los ojos de Zvezda estaban en blanco, en un trance mágico y Wanda estaba en un estado similar. No quería tocarlas, ¿Qué le haría el contacto con esas mujeres en este momento?

Zvezda trataba de controlar el flujo de imágenes y sonidos que venían a ella. Era un torrente de cosas, como una cascada. Estaba ese hombre que la molestaba, el hijo del gran señor de la guerra, pero lo vio en diferentes situaciones, enfermo y moribundo retorciéndose de dolor, feliz y sonriente corriendo y persiguiendo a alguien, lleno de furia en batallas, cubierto de sangre, pero no la suya solo la de otros, lo vio en lugares extraños, en construcciones aún más extrañas como si no fueran de este mundo, su ropa cambiaba drásticamente de una visión a otra, pero él no.

El hombre avanzaba a través de las eras y se hacía cada vez más aterrador, maligno. Pero vio a alguien más. Otro hombre. Enfrentándose a él, tratando de asesinarlo y fallando. En medio de las visiones podía sentir terror, como si fuera el suyo, no como experimentaba en las visiones comúnmente. Esto de verdad se sentía parte de ella, el terror la embargaba, ese terror daba paso a la desesperación, se apoderaban de ella y parecía que la envolvían y asfixiaban.

Vio tanto, que por un momento creyó que sería destruida por esas visiones, que la imagen de ese hombre era un aviso de su propio final y el terror incrementó con ese pensamiento. Pero entonces volvió en sí y vio a la otra mujer tirada en el suelo.

― Eso es suficiente viaje por un par de siglos. ― La otra mujer trataba de reponerse, pero le era difícil ponerse de pie, mientras Zvezda se tambaleaba sobre sus pies sin entender bien que acababa de suceder. ― ¿Qué le has hecho a Wanda, bruja?

― No te preocupes por mí, fui yo quien forcé esto, Maksim.

Maksim no sabía qué hacer, por un segundo pensó en reprender a la bruja, pero no estaba seguro de que fuera lo correcto. La bruja los miró a ambos aun con la mirada perdida y luego se alejó a paso firme pero tambaleante. Miro a Wanda en busca de una explicación, esperaba que ella le dijera que sucedía con esa niña y que podía hacer para deshacerse de ella sin sufrir un destino terrible.

― ¿Qué?

― Wanda.

― No deberías entrometerte, no puedes hacer mucho, solo tomar decisiones. Cada decisión te envía directo a tu destino, ya sea que te demores en llegar a él debido a los desvíos que causes o que alguna de ellas te lleve directo a ese destino, siempre son las decisiones que tomas las que marcan el camino.

― ¿Dices que la tragedia sucederá quiera o no?

― No, no… o tal vez sí. Depende de a qué tragedia te refieras.

― Me conoces hace mucho, Wanda. Sabes que soy muy paciente, pero también pierdo la cabeza de vez en cuando.

― Que amargado, ya veo de donde lo saco tu hijo.

― ¡Wanda!

Ella se acercó a Maksim y lo miró a los ojos, más que enfrentarlo, quería prepararlo para lo que se avecinaba. Él no podría hacer nada para detener el destino, las cosas seguirían su rumbo según sus actos y al final el destino solo sería y punto.

― ¿De verdad quieres saberlo?

― Solo habla.

Ella suspiró, él no la dejaría en paz si se guardaba todo. ― Tu hijo está destinado a la grandeza, no puedes evitar eso, la bruja no solo está en medio, ella será la razón de su grandeza, tu solo serás uno de los obstáculos a superar, uno no muy grande. Lo que decidirá tu destino o el final de él, son las decisiones que tomarás. Encontrar tu destino a manos de tu propio hijo o no, pero el fin siempre llega a todos sin importar la raza, mortal o no.

― Aun no me dices nada, por lo menos no nada que pueda entender.

― Ponte en su camino y encontrarás tu fin en sus manos, deja que él siga el suyo y él encontrara su gloria. Pero quién sabe si vivas para verlo tomar su lugar aunque te apartes.

― Encontrará su gloria junto a la bruja, lo que tratas de decirme es que sin ella él no podrá convertirse en el alfa que se supone está destinado a ser.

― No Maksim. Eres corto de mente, no lo parece porque eres un gran estratega. Lo que digo es que él encontrará la gloria sin importar nada ni nadie, viva o muera quien sea, incluso la bruja. Tú por otro lado, puedes apartarte y morir dignamente o entrometerte y morir a manos de tu despiadado hijo y reduciéndote al hombre estúpido que trató de detenerlo. Sea cual sea la decisión que tomes, no verás el ascenso de Borya, pero una de las opciones te permite vivir lo suficiente para poner todos tus asuntos en orden o en desorden. Lo que quieras.

― No puedo dejar que él haga lo que quiera. Necesita disciplina, no está preparado para tomar una carga tan grande como la de convertirse en alfa. Es muy joven.

― él ya tiene lo que se necesita, es solo que estás demasiado celoso de tu propio hijo y te avergüenza saber que te ha superado hace mucho, que solo está esperando porque le parece más digno que tú mismo te hagas a un lado y lo reconozcas como el alfa que es.

― ¿Debo dejar que se apodere de todo y que arrase con todo a su paso a medida que conquista tierras?

― Haz lo que quieras, ya veo que estás tan cegado por el orgullo y los celos que no puedes ver la verdad. No necesitas entregarle el liderazgo, sólo necesitas no impedir nada y deshacerte de esa Annika ahora mismo, el chico merece ser feliz con la mujer que realmente puede ponerlo en su lugar y liderar junto a él, Annika no es esa mujer, es extremadamente ambiciosa pero totalmente débil e inútil, ella es detestable y no merece lo que piensas darle. No te interpongas entre Borya y la bruja, deja que todo suceda.

― No voy a permitir que una bruja tome mi manada.

― Eres tan necio y terco, que no vale la pena perder mi tiempo. Es hora de que Leo y yo nos vayamos. Hemos estado mucho tiempo en esta zona y no queremos atraer a nada desagradable, la aldea ya pasó por mucho. Solo quisiera que recibieras mis consejos y Borya pudiera ser feliz, eso evitaría el sufrimiento de muchos en el futuro.

― Nada los detiene. Me alegro verlos de nuevo, pensé que ya habrían caído hace mucho.

― Somos el caos y el caos siempre es necesario como fuerza de la naturaleza. No podemos morir, no tan fácilmente.

Se sumergió en las sombras de la noche y desapareció. Maksim no admitiría que sentía celos de su propio hijo, pero tampoco iba a quitarle crédito a las hazañas del joven. Además aunque decidiera no entrometerse a partir de ahora, ya era tarde para traer de regreso al hombre que envió al encuentro de su hijo, para que le diera la información sobre el nuevo trabajo para el que fueron contratados. Con eso se aseguró de que Borya pasará un tiempo lejos de la bruja. No pasaría muchos meses lejos de casa, pero sí un par, lo suficiente para liberarse de la influencia de la bruja. El tiempo suficiente para que se entretuviera con otras mujeres y se diera cuenta que la bruja no es suficiente para él y menos como alfa de una manada.

Por ahora, con el fin de la tormenta, también podría seguir con la reconstrucción de la aldea. El invierno ya era una realidad y no podían retrasarse por más tiempo. Junto con los sobrevivientes y los que vinieron de los alrededores, lograron construir varias estructuras para poner a salvo a los heridos, niños y ancianos. Los demás tuvieron que resguardarse en tiendas. Ahora los trabajos debían hacerse lo más rápido posible o perderían a muchos más, por el clima y porque no podían darles lo necesario para subsistir y comenzarían a irse. Por suerte Borya habia negociado con otras aldeas por comida y otras cosas necesarias para el invierno, él pensaba dárselo a los campesinos y aldeanos menos favorecidos de la región, pero ahora la aldea lo necesitaba más.

Ser alfa es más difícil de lo que pensó en un principio. Cuando se fue de casa, persiguiendo sueños y reuniendo gente leal a su causa, sea cual haya sido en ese momento, pensó que estar a la cabeza de un grupo era fácil, que solo tendría que hablar con firmeza y parecer rudo. Con el tiempo se dio cuenta que mantener con vida a toda una aldea, cuidar de ellos y asegurarse de que tuvieran todo lo que necesitaban, además de brindarles seguridad era la cosa más difícil que podía hacerse.

Eso era precisamente por lo que creía que Borya no estaba preparado. Su hijo busca poder a toda costa y no entiende que el poder significa tener la responsabilidad de la vida de otros en sus manos, no entiende que ese poder no solo se trata de ser reconocido, fuerte y el que más riquezas y tierras posea y domine sino de cuan bien se puede administrar esas tierras para que produzcan y mantengan a todos los que las habitan.

Volvió a sentarse en el tronco, no había mucho que pudiera hacer a esas horas de la noche y ya todos descansaban, Borya tal vez estaría trabajando por su cuenta, construyendo casas para los aldeanos sin descansar, pero no por las razones correctas. Maksim querría hacer lo mismo para asegurarse que su gente estaba a salvo, pero sus heridas aún le impedían moverse con libertad.

― Maksim, debemos hablar.

No quiso levantarse para recibir a su beta principal. Goran salió de la oscuridad, detrás de Maksim, rodeó la fogata y se paró frente a él. ― ¿Qué es lo que quieres? ― El hombre pareció pensarlo un momento al escuchar el tono de su alfa. ― Es sobre tu hijo.

― ¿Cuál de todos? Se especificó. ― Goran no parecía contento con cómo le hablaba, pero al ser el alfa podía hablarle de la manera que quisiera sin consecuencias. ― Borya se ha salido de control y no creo que enviarlo a hacerse cargo de la manada de Gniewko fuera lo correcto. Le estás dando demasiado poder, podría hacerte a un lado y tomar tu puesto.

― ¿Qué esperas que haga? No puedo detenerlo. Él se ha ganado el reconocimiento y ser el futuro alfa.

― Claro que puedes, eres el alfa.

― No lo seré por mucho tiempo si sigo imponiéndome sobre él.

― Pero no puede permitir que tome lo que te ha llevado tanto construir y luego lo destruya.

Maksim sabía eso. El trabajo de su vida no podía perderse, el legado que tanto tiempo le costó construir sería reemplazado por el caos y la destrucción. ― Alfa, debe evitar que su hijo se convierta en alfa, ahora quiere tomar a una bruja como esposa, ha deshonrado a mi hija públicamente por defender a la bruja. Nuestro acuerdo era muy claro, mi hija sería la esposa de Borya y él le ha faltado al respeto.

Goran sabía muy bien que si Borya se convertía en alfa, sería rebajado a omega de nuevo, le costó mucho convertirse en el beta principal, el segundo al mando y de ser otro alfa, otra familia a cargo, él los habría retado y enfrentado para convertirse en alfa, como siempre ha soñado. Lastimosamente para él, Maksim y todos sus hijos eran muy fuertes para siquiera pensar en enfrentarlos.

Cuando acordó que su hija se casara con Borya, no lo hizo para que ella pudiera convertirse en alfa y tener aún más influencia en la manada como padre de la hembra alfa. Borya es el mejor partido para cualquier mujer, él protegería a su esposa, la alimentaria y velaría por ella, un buen partido para su hija, pero sus intenciones eran otras. Quería enviar lejos a Borya y su hija era la distracción perfecta para mantenerlo alejado, realmente no le importaba mucho el bienestar de Annika, ella siempre encontró la manera de conseguir lo que quería aprovechándose de los hombres, sobreviviría si sabía cómo usar sus encantos, por lo que no tenía importancia para él si ella se quedaba o se iba.

Su plan consistía en enviar a Borya lejos o en su defecto, relegarlo a beta, una posición menos favorecedora para el hijo más feroz, una posición que estuviera por debajo de él. Si lograba enviarlo lejos, podrían nombrarlo alfa de alguna aldea pequeña para que se contentara y no intentara regresar, aunque mantenerlo lejos era el trabajo de Annika, deberían darle lo suficiente a cambio de desterrarlo sin razones suficientes, todos obtendrían lo que querían, Borya sería el alfa y los demás, como el mismo Goran, podrían conservar sus puestos en la manada principal o ascender, especialmente él, que siempre mereció ser el alfa.

― ¿Qué esperas que haga, Goran? ― Preguntó Maksim pensativo. ― Lo que sea, alfa. Lo que sea.

Moiras: en la mitología griega, las Moiras (en griego antiguo Μοῖραι Moîrai ‘repartidoras’) eran las personificaciones del destino. Sus equivalentes en la mitología romana eran las Parcas o Fatae, las Laimas en la mitología báltica y las Nornas en la nórdica. Vestidas con túnicas blancas y de semblante imperturbable, su número terminó fijándose en tres. La palabra griega moira (μοῖρα) significa indistintamente ‘destino', ‘parte', ‘lote' o ‘porción', en referencia a su función de repartir a cada mortal la parte de existencia y de obras que le corresponden en el devenir del cosmos. Controlaban el metafórico hilo de la vida de cada ser humano desde el nacimiento hasta la muerte, y aún después en el Hades. Cloto (Κλωθώ, ‘hilandera’) hilaba la hebra de vida con una rueca y un huso. Su equivalente romana era Nona, originalmente invocada en el noveno mes de gestación. Láquesis (Λάχεσις, ‘la que echa a suertes’) medía con su vara la longitud del hilo de la vida. Su equivalente romana era Décima, análoga a Nona.

Átropos: (Ἄτροπος, ‘inexorable’ o ‘inevitable’, literalmente ‘que no gira’, a veces llamada Aisa) era quien cortaba el hilo de la vida. Elegía la forma en que moría cada hombre, seccionando la hebra con sus «detestables tijeras» cuando llegaba la hora. En ocasiones se la confundía con Enio, una de las Grayas. Su equivalente romana era Morta (‘Muerte’), y es a quien va referida la expresión "la Parca" en singular.