Chapter 7: Relato No. 07 -PENSANDO EN MI-.
De vuelta a la realidad.
La cafetería seguía tan concurrida como siempre. Edward estaba feliz de mi regreso, una rápida visita por su oficina me lo hizo saber, también me percaté de que estaba arreglado y su explosión de semen no fue tan intensa como habitualmente lo era cuando le regalaba un oral. Así que mientras se limpiaba y yo aprovechaba tomar un vaso de agua, fui lo más directa y poco delicada que pude ser.
-Daddy...
-¿Dime Sweetie? - Estaba subiendo sus boxers y cerrando la cremallera
-¿Con quién estás teniendo sexo?- Mi voz fue neutral, tranquila y relajada. El detuvo su acción y me miró con asombro. Negué con la cabeza- No no, no actúes así, habla claro y ya.
-Vero, voy a ser honesto contigo- hablo serio, yo me acomodé en mi silla y el en la suya detrás del escritorio- No veo por qué debería de darte explicaciones sobre mis relaciones extra maritales, ya que ni siquiera se las informo a mi esposa. Eres hermosa, me encanta la adrenalina que siento a tu lado, amo tenerte cerca de mi en casa corriendo el riesgo de ser vistos, tu inteligencia y madurez me enloquecen, pero no, no eres la única. Ni lo serás, al menos no para mi.
Sopesé las palabras dichas, como dicen por ahí, esas son las que no se recogen, tenía razón en todo lo que me decía. Estaba bien, trabajaba para él, vivía con él, follaba con él, pero sí, no sentía amor por él.
-Ok.
Me levanté de mi asiento y el me miró intrigado.
-Ok?- repitió
-Claro, esta perfecto, Daddy. Gracias por la honestidad, nos vemos.
Salí de la oficina dejándolo pasmado.
Y continúe mi día laboral en orden.
Algunos podrían llamarme fría, pero crecí en un pueblo donde las relaciones extra maritales eran un hecho a voz populi. Me gusta el sexo, ahora lo admito. Me siento realizada al tocar un orgasmo venga de las manos de quién venga. Y si Daddy opinaba lo mismo, bien por él.
Luego de mi deliciosa aventura con Elli, quedamos en contacto vía online. Mandábamos fotos, algunas sexuales y otras no, también teníamos todo tipo de charla. Una amiga con beneficios, ¡lo que necesitaba mi vida!
Mi día en la cafetería culminó y debía celebrarlo. En la librería -a la que entré luego de comprar un té helado en el mall- compré algunos útiles necesarios para la universidad. Se aproximaba el final del verano y debía ajustarme a mis nuevas actividades.
Por último, una rica cena casera para uno en el restaurante frente a la calle de Edward y a dormir, sabiendo que el aún no llegaba a casa y que su esposa -según una conversación que le escuchó a la mujer, la cual gritaba al teléfono- había encontrado un recibo de comida para dos en un fino lugar, por suerte no era conmigo y tal parece que no la tendría fácil Daddy al llegar.
Odio inmiscuirme en cosas de relaciones ajenas. Pues sí, no me mido a preguntar el estado sentimental de mis compañeros sexuales, pero cuando Anais, la esposa de Edward tocó mi puerta con lágrimas en los ojos, me asusté.
-Verónica, disculpa que venga así - sollozaba, su cabello rubio estaba revuelto como si se lo hubiese jaloneado y su delineador totalmente corrido- sé que no debo incluirte en cosas de mi marido y yo pero, ¿de casualidad lo viste en la cafetería el día de hoy?
Así que era eso.
-Oh, señora Anais, sí lo vi pero temprano. A eso de las 4 se marchó y mi turno acabo un par de horas después.
Me miró por unos segundos asegurándose de que le estuviese diciendo la verdad pero el dolor en sus ojos me hizo apartar la mirada. Ella asintió y miró a otro lado.
-Esta bien, gracias.
Sus hombros caídos y su ropa holgada de siempre la hacían ver como una anciana, así que no resistí el impulso cuando le hablé.
-¿Señora Anais?
-Sí, Verónica? - se giró, limpiándose la nariz con el dorso de su mano.
-¿Me permite darle un consejo?- ella asintió derrotada- Sírvase una copa de vino, prenda un cigarrillo y regalese una larga ducha, lave bien su cabello y use burbujas para relajarse. Luego de eso vístase y maquillese como nunca y salga a algún bar, aunque sea sola. Le aseguró que eso le dolerá más que verla así.
Ella me miró, obviamente sorprendida por mi franqueza. Mordí mi labio inferior y aparté la mirada, sacando cuentas rápidas del dinero que tenía por si ella decidía echarme del lugar, pero en cambio, me regaló una pequeña sonrisa y una lágrima derramada.
-Gracias.
Fue todo, allí se apartó.
Cerré la puerta y me lancé sobre la cama. Un largo suspiro y procedía a cerrar mis ojos cuando un mensaje en mi teléfono llamó mi atención.
"Vero, te mando un beso grande hija, en un par de semanas voy a verte, espero que alcance a llegar antes de que empieces clases, un saludo de la abuela. Te amo".
Busqué mi almohada y sobre ella lancé un grito de frustración. Cuando me sentí relajada busque el portátil que me compré de segunda y abrí la página de la Universidad.
Amo a mi madre, no me malentiendan, pero su costumbre de "la humildad es la única forma de vida" y el querer vivir en la pobreza no me agradan. Salí del pueblucho en el que estuve toda mi vida gracias a la señora Mary y nunca le dejaré de agradecer eso a mi Mommy, aparte de muchas cosas más. Y ya que ella no comparte mi decisión de mejorar en una prospera ciudad, pues bien por mi madre.
La página cargó. Busqué mi carrera.
"Administración de Empresas - Clases a comenzar el día 19 del presente mes".
3 semanas. Maldición, una semana completa con mi madre alrededor, sólo podía pensar en una cosa: ¿cómo haría para tener sexo con ella husmeando por todos lados?
El calor me sofocaba, no había otra cosa más que se me pasara por la cabeza y me impidiera dormir. El ventilador soplaba fuego, odiaba sudar. Me quité toda la ropa y mi cuerpo estaba cubierto por una fina capa húmeda. Caminé a la ventana frente a la cama, la cual daba a la calle del frente. Eran aproximadamente las 2am, escuché cuando Anais se marchó en un taxi, arreglada y empoderada, también como Edward se enfurecía dándose cuenta al llegar de que su mujer no estaba e incluso, tuvo la desfachatez de tocar mi puerta levemente luego de que no se escucharan estruendos por media hora, pero fui inteligente y no abrí, que creyese que dormía.
El seguro de la ventana cedió. El frío del ambiente hizo que mi piel se erizara completa cuando hizo contacto con la humedad que me cubría. Mis pezones se irguieron y mi mente se activó. Nadie transitaba por la calle. Era la madrugada, así que decidí atenderme yo misma, por razones médicas: necesitaba dormir.
Con una mano apreté mi pezón izquierdo, lo torneaba y pellizcaba, igual el derecho, la mano derecha bajo hasta mi clítoris y empecé a dar vueltas el dedo índice sobre él. Me estaba mojando y el frío de la ventana abierta me excitaba aún más. Incliné mi cuerpo aún más sobre el marco y el frío del vidrio rozaba mi caliente piel. El dedo en el clítoris entró a mi intimidad y la mano en los pezones sustituyó a la anterior. Escupí un poco en mi mano para estar más húmeda y bajé los dedos hasta mis puntos de placer. Estuve ahí, de pie por poco más de diez minutos, tocándome y regalándome unos orgasmos de esos que tanta falta le hacían a mi sistema nervioso. Cuando ya no podía más, sentía mi cabello completamente mojado de sudor y mis piernas temblorosas, no me preocuparon mis gemidos ya que no había nadie en la casa y la otra calle se veía tan lejos.
Eso fue hasta que algo se movió.
Puedo jurar que en aquella casa, la que esta frente a la de Daddy, en el segundo piso, en la tercera ventana, algo se movió.
Y volvió a pasar, ahí fue cuando brinqué sorprendida y me tapé la boca con una mano - la cual estaba empapada en mis jugos-.
La cortina del cuarto estaba siendo cerrada.
Fui observada mientras me masturbaba en la ventana de la casa de mi jefe.
Y ni siquiera sé quién fue la persona que me vio, no conozco a nadie que viva ahí ya que mi trabajo me mantiene muy ocupada y francamente no he querido conocer a mis vecinos.
Pero parece que ese vecino si me quiso conocer a mi.
Y la mejor parte de todo esto...
Me encantó ser observada. Recordé cuando Mommy me permitía espiarla.
Dejé mi estupor. Caminé al baño y me di una ducha fría, eso ayudaría a calmar mi calor. Lavé mi cabello sin importar la hora y luego de eso me metí satisfecha entre las sábanas, no sin antes darle una hojeada a la ventana.
Dormí placenteramente esa noche, sin importarme los problemas de Daddy, ni la visita de mi madre, ni las clases, ni mi vecino merodeador.
Todo puede esperar.