Bastián.
Annabelle es tan idiota que cayó redondita en toda la mentira de la gasolina, de verdad creo que no me equivoqué al haberla elegido a ella, es tonta como nadie que yo haya conocido antes.
–¿Qué vamos a hacer ahora? – me pregunta aterrorizada mientras mira a su alrededor donde solo se ve oscuridad. Literalmente.
Yo sonrío sin que ella se de cuenta, me gusta que este asustada, porque eso le demuestra que lo único que tiene en este momento soy yo. Es una lastima que mis intenciones no sean tan nobles como ella piensa.
– No sé, pero no voy a quedarme a ver como me congelo en la noche – me salgo del auto, me subo la cremallera del mono y comienzo a caminar hacia el noreste.
¡por supuesto que tengo un plan! Lo de la gasolina no fue una coincidencia, yo hice mis cálculos y sabía que no íbamos a alcanzar a llegar a Lacock esta noche, sabía que tendríamos que quedarnos juntos, precisamente por eso busqué un lugar en el que pudiéramos pasar la noche. Dentro de unos minutos Annabelle me va a representar diez mil dólares, y yo no los pienso dejar perder.
–¡Bastián, espera! – ella me llama, pero yo no me detengo, lo que la obliga a bajarse del auto y correr tras de mi – ¿A dónde vas? Aquí no hay nada.
–¿Enserio crees que vivimos debajo de una roca? Estoy seguro de que por acá debe haber alguna casa o algún lugar en el que podamos quedarnos, Annabelle, deja el drama – ruedo los ojos y veo el vaho que sale de mi boca. Hace un frio de los mil demonios y lo único que podría ayudarme a calentar es un buen polvo.
Nunca he follado con una virgen, Annabelle sería mi primera vez, tendré que guiarla y explicarle que hacer, ¡Agh! La idea me da jaqueca.
–¿Estás seguro de que no es mejor que nos quedemos en el auto? – me pregunta tiritando.
– Si quieres puedes volver, no es problema mío donde pasas la noche.
Ella no va a volver, mucho menos sola y en medio de la nada, ella no se va a alejar de mi en toda la noche.
– No me voy a quedar sola.
– Entonces cállate la boca y camina.
Veo con mi vista periférica la forma en la que ella infla las mejillas y deja escapar el aire, Annabelle se ve pálida, probablemente producto de todo el frio que hace, por suerte nuestro destino queda a solo un par de minutos.
–¿Qué es eso? – ella señala la estructura vieja enfrente de nosotros.
–¿Una casa…? – digo de forma retorica.
–¿Siempre tienes que ser tan grosero?
–¿Siempre tienes que hacer preguntas tan estúpidas?
Ella frunce los ojos, pero no me dice nada más.
– No parece que hubiera nadie en esa casa, Bastián, las luces están apagadas, no se ve una sola alma.
– Perfecto – digo.
–¿Cómo que perfecto? ¿De qué nos sirve una pequeña casa vieja y sola?
No la soporto, de verdad que es la persona mas idiota del mundo, ¿Enserio no se da cuenta de que lo que yo quiero es justamente esto que está sucediendo? ¡joder! Es tan ingenua que me cabrea.
– Tu solo mueve el culo.
–¡Que dejes de decir groserías! – me grita y se escucha un eco al fondo del camino.
– C-U-L-O – deletreo y ella me da un golpe demasiado débil en el hombro – Culo, tetas…. – esta vez lo hago por divertirme un rato con ella.
– No lo digas – me pide.
–¿Qué no diga qué?
– Tú sabes lo que ibas a decir.
Me encojo de hombros y me asomo a la ventana rota de la casa. Esta es una de las viejas propiedades de la familia de Benjamín, la casa perteneció a sus bisabuelos, y no sabe porque, pero nadie nunca volvió a habitarla, lleva años desocupada, esta en muy mal estado, la puerta está clausurada con candado, las ventanas están rotas, hay vidrios por todas partes.
– No me gusta este sitio – Annabelle se pasa las manos por los brazos – no me da buena espina, la energía aquí no me gusta.
– Lo dice la que vive en un convento de hace mas de cien años – me burlo – ¿De verdad te da miedo este sitio? ¿Qué me dices de esa iglesia en la que estuvimos todo el día?
– Es diferente, la iglesia es la casa de Dios.
– Si, si, lo que digas.
Rompo con mi codo el resto de la ventana, el mono es lo suficientemente fuerte como para no dejar que me haga daño en la piel, me meto dentro de la casa y veo los ojos asustados de ella desde afuera.
– Tu turno – le extiendo la mano. Lo menos que puedo hacer por alguien que va a hacer que me gane diez mil dólares es procurar que no se rompa la espalda saltando acá adentro, ¿No?
– No voy a entrar.
–¡Joder Annabelle metete en la puta casa de una vez! Nada va a pasarte – por lo menos nada demasiado malo, pienso – ahora, si prefieres congelarte el culo estando allá afuera ese es tu problema.
– Enserio eres la persona mas despreciable que he conocido en la vida.
Ella miente, si de verdad pensara eso de mi entonces no me dejaría acercarme tanto a ella. Quiza le caigo bien a Annabelle o quiza solo esta demasiado cachonda. Sea lo que sea eso no es mi problema.
–¿Y has conocido muchas?
– No, pero…
– Pero nada, ¿Vas a entrar o no?
Ella lo duda por un instante.
– No tengo otra opción.
Ella acepta mi mano, pone un pie en el soporte de la ventana y se mete dentro de la casa, yo la atajo en el aire para que no se caiga al piso. Ella se queda de pie muy cerca de mí, y yo suelto un suspiro.
– Aquí huele raro – dice arrugando la nariz.
– Es una casa deshabitada, ¿Qué estabas esperando? ¿Esencia de vainilla y galletas recién horneadas?
Yo camino sobre algunas cosas y vidrios rotos hasta que encuentro una vela.
– Aquí hay otra – Annabelle levanta la vela y yo asiento.
– Préndela – le tiro el encendedor a Annabelle y ella lo agarra en el aire.
–¿Qué haces con un encendedor?
– Es para los cigarros.
– Esto era lo último que te faltaba para completar con el cliché del chico malo.
Yo curvo mis labios formando una sonrisa.
–¿Entonces crees que soy un chico malo?
Me doy media vuelta y veo a Annabelle que tiene el encendedor sobre el mechero de la vela.
– Déjame ver, estas en una correccional por matar a tu padre. Sabrá Dios porque lo hiciste. Te escapas todas las noches y además de eso fumas, algo me dice que no fumas solamente cigarrillo. Tienes una vida demasiado autodestructiva, Bastián.
Ella sigue hablando, pero yo ya no la estoy escuchando, mi mente se siente nublada y estoy concentrado únicamente en descubrir su cuerpo debajo del hábito. Me acerco a Annabelle y pego mi cuerpo a la espalda de ella. Estamos tan juntos que puedo sentir el bulto que forma su culo rozándome la polla.
Annabelle deja el encendedor sobre la mesa y cierra los ojos mientras yo respiro muy cerca de su cuerpo, ¡joder! Quiero quitarle esa mierda que tiene en la cabeza, quisiera poder tocar su cuello sin ningun impedimento, quisiera por lo menos poder ver el color de su cabello.
–¿Entonces te gustan los chicos malos, Annabelle? – susurro cerca a su oído.
– Yo no he dicho eso.
– Tampoco has dicho lo contrario.
Acerco mis dedos a la tela de la falda marrón que le llega a los tobillos y comienzo a levantarla poco a poco. Annabelle no me dice que me detenga, asi que me aprovecho de eso y cojo un trozo de tela aun mas grande, levanto su habito y miro a su pierna. Esta cubierta con una media velada de color blanco que le llega únicamente a la mitad del muslo. Las piernas de Annabelle son apetitosamente gruesas, no demasiado, pero si en lo justo como para provocar a cualquiera.
–¿Qué estás haciendo? – la pregunta suena casi como un gemido.
– Algo que tú también quieres que yo haga – dejo que la falda de ella vuelva a caer a sus tobillos y entonces la agarro de los hombros y hago que se dé la vuelta mirándome fijamente. Sus pupilas están dilatadas, sus labios están entreabiertos y todo su cuerpo esta temblando.
La tengo. Es mía. Por completo.
Alargo el brazo y tiro al suelo todas las cosas que están sobre la mesa, excepto la vela, porque estoy seguro de que un incendio podría dañar este momento. Ella mira a las cosas rotas en el piso y se muerde el labio. Otra vez el endemoniado labio. Sin querer alargar mas el asunto, agarro a Annabelle por las axilas y hago que se siente en la mesa, su falda se sube y yo me meto en el medio de sus piernas.
– Podría decirte que te detengas – susurra.
– Pero tú no quiere eso – termino su oración.
Ella esta respirando de manera acelerada y mi corazón también se ha disparado, le quito la cosa que tiene en la cabeza y una melena larga y negra cae por su espalda. Trago saliva, la chica es jodidamente bella, tiene ojos azules, labios carnosos y una nariz diminuta. Meto mi mano dentro de su cabello entretanto me acerco más a ella y siento su pelo sedoso entre mis dedos.
Annabelle lleva la cabeza ligeramente para atrás y hace presión con sus piernas. Cuando vuelve a mirarme yo me adueño de sus labios, saboreo su boca que sabe a menta, me tomo mi tiempo y disfruto de sus labios. Al principio a ella le cuesta seguirme el ritmo, pero en cuanto se adapta meto mi lengua en su boca y ella simplemente se deja llevar.
Saco la mano de su cabello y la meto debajo de la falda, su piel está caliente y erizada.
Voy a quitarle el vestido, pero siento un par de sollozos y algo salado ha caído en mi rostro. Me alejo de Annabelle y veo sus ojos llenos de lágrimas. No lo entiendo, ¿Por qué demonios está llorando en un momento como este?
Intento besarla nuevamente, no es mi problema porque esta llorando, yo solo quiero mis diez mil dólares, solo quiero poder meterme debajo de su habito y olvidarme de que en algún momento existió Annabelle Maxwell, pero ella me frena con sus manos en mi pecho.
–¿Que? ¿Qué demonios te pasa ahora?
– No puedo, lo siento – suelta un hipo y se baja de la mesa.
Annabelle sale por la ventana y se aleja de la casa. Yo me quedo dentro porque no quiero perseguirla. Hay algo mas de lo que debo preocuparme.
Bajo la cremallera de mi mono, me saco la polla y comienzo a masajearla de arriba a bajo mientras pienso en ella, no se suponía que debía estar haciendo esto solo. Ella debía estarlo haciendo por mí.
Maldita Annabelle.