Annabelle.
No me doy cuenta de que me están temblando las piernas si no hasta que intento caminar, estoy en la mitad de un jodido cementerio, con un boleto de avión en mi mano al lugar al que siempre he querido ir, y con la propuesta de Bastián sonando en mi oído, ¿Irnos juntos? Es una locura. Pero ya tendré tiempo de pensar al respecto, por ahora debo concentrarme en la tumba de mi madre.
Nunca creí que este momento fuera a llegar, una parte de mi se había resignado a no saber dónde estaba ella, la parte cobarde mi siempre quiso dejar las cosas como estaban, olvidarlas y no volver a abrir nunca más ese baúl de los recuerdos, pero Bastián lo hizo por mí, y en este momento sinceramente no sé si debo agradecerle por eso, o si por el contrario debería odiarlo.
¡Joder! Es que Bastián siempre me empuja al límite, no sé cómo lo hace, pero el hombre consigue ponerme en un abismo cada vez que se le da la maldita gana. El problema es que yo siempre salto del borde del abismo esperando que él me atrape antes de impactar contra el suelo, pero eso nunca ha pasado, todo lo que he encontrado bajo mis pies no ha sido mas que concreto firme.
Camino entre las tumbas y busco el nombre de ella. Tengo que cruzarme de brazos porque siento que puedo congelarme, aquí hace frio, pero no hablo del frio normal londinense, aquí hace un frio diferente, casi como si me recordara que estoy en el lugar en el que los muertos descansan en paz. ¡Ja! Yo sé que los muertos no descansan en paz, no con todo lo que se llevan, no con todas las personas a las que hacen trizas en el camino.
Un nudo se instala en mi garganta en cuanto veo su nombre sobre una piedra erguida de color gris “Eve Maxwell” – susurro. Su nombre suena angelical, suena como si ella hubiera sido una clase de santa, cuando en realidad fue todo lo contrario.
Veo la lapida y me doy cuenta de que no hay razón alguna para que yo siga aquí, no debería estar en este sitio, este momento no debió haber llegado nunca. Me doy media vuelta, dispuesta a salir de ahí, pero entonces una voz en mi cabeza me dice que no sea tan cobarde, que enfrente la situación y que perdone a la mujer por un pasado que ya no podemos cambiar.
Tomo aire, me armo de valor y entonces vuelvo al lugar donde está la lápida, me siento tonta inmediatamente, ¿Qué se supone que debo hacer? ¿Hablar con ella? ¿Fingir que me escucha? ¿Fingir que no me duele que yo no haya sido lo suficientemente importante para ella como para que hubiera cambiado la vida de mierda que siempre tuvo?
No sé que hacer, asi que decido no hacer nada, me siento sobre el pasto verde y me quedo un rato allí con la tumba de la mujer que me dio la vida.
Intento pensar cosas bonitas, pero mi mente no es capaz de recordar ninguna. No la conozco, no creo haber conocido nunca a mi madre, me siento como si estuviera aquí con una extraña, una de la que ni siquiera tengo un recuerdo decente. No se supone que las cosas sean asi, quiza ya ha pasado demasiado tiempo… Hay cosas en la vida que yo jamás voy a poder tener, y una de esas es una madre.
Una lagrima sale de mis ojos y sorbo por la nariz, esto duele, se siente jodidamente malo en el centro de mi corazón donde se ha instalado un hueco profundo. Sin embargo, yo dejo que duela, lloro un poco más de tiempo ahí junto a ella y entonces me doy cuenta de que es momento de irme del cementerio. Me pongo en pie, limpio la parte trasera de mis jeans y me despido.
– Hasta nunca, Eve Maxwell – frunzo los labios – habría sido un placer poder conocerte, mamá.
Salgo del cementerio y me subo al auto negro.
–¿A dónde, señorita Maxwell? – me pregunta el chofer.
Pienso en decirle que me lleve con Bastián, pero en realidad no se que podría decirle de tenerlo frente a frente de nuevo, asi que opto por la salida fácil.
– A casa – contesto – es el mismo ligar en el que me recogió – aclaro. A veces se me olvida que no estoy en una película y que el chofer claramente no tiene porque saber donde demonios queda mi casa.
Saco el boleto del bolsillo de la chaqueta y pienso al respecto, pienso en Bastián, pienso en la posibilidad de que estemos juntos, pero suena ridículo incluso en mi cabeza, él no es la persona mas confiable del mundo, y yo no quiero quedarme sola y a la deriva en un país completamente desconocido.
Entre pensamientos y suspiros, llegamos a casa y el auto aparca en la entrada.
– Señorita Maxwell, antes de que se vaya – me llama el chofer mientras yo sostengo la puerta abierta – el señor Jones me pidió que le dijera que el vuelo sale mañana en la noche, él la esperará en el aeropuerto y esa será la respuesta que necesita – dice.
¿Qué demonios? ¿El vuelo es mañana? Miro el boleto una vez más y veo la fecha grande, ¿En qué planeta vivo yo? Me la he pasado admirando el pedazo de papel y no me había fijado en algo tan importante como la fecha.
– Bien, gracias – sonrío y cierro la puerta.
Entro en casa, miro a mi alrededor y siento que estoy a punto de desplomarme, como si hasta este momento no hubiera comprendido la profundidad de todo lo que acaba de suceder.
Voy a la cocina porque necesito agua y entonces me detengo cuando veo a mi tío saqueando el cajón de las chucherías.
– Annabelle, ¿Cómo te fue en la universidad?
Lo miro a los ojos y como si alguien me hubiera dado un golpe de realidad me echo a llorar como una bebe, Macon abre los ojos con sorpresa y se acerca a donde yo estoy.
–¿Qué paso? – me pregunta.
Me aferro a su cuerpo y lo abrazo con fuerza, soy una mujer adulta y sigo necesitando que mi tío me de un abrazo para saber que todo va a estar bien.
–¿No tenías una reunión? – cuestiono aún con mis brazos envueltos alrededor de él.
– Oh, Annie – me acaricia el cabello y me llama por el apodo que me puso muchos años atrás – la reunión no es tan importante como parecia.
Él me deja llorar un poco más, pero yo me obligo a ser fuerte, me alejo de él y me limpio las lágrimas con fuerza.
–¿Qué fue lo que paso? – cuestiona.
– No fui a la universidad – explico.
–¿Entonces? – frunce el ceño.
– Estuve con Bastián – susurro muy bajito.
–¡No me digas que ese bastardo te hizo algo porque te juro que…! – la vena en su frente se hincha y comienza a caminar a la puerta de casa.
– No, él no hizo nada malo.
–¿Entonces? – pregunta confundido.
– No hizo nada en lo absoluto, de hecho – aclaro.
– Annie, ¿Qué sucedió?
Respiro profundo y le cuento todo, le hablo de la tumba de mi madre, de la investigación, le cuento sobre Irlanda, omito solo la parte del perdón, porque esa es una historia que no quiero tener que explicarle, por lo menos no en este momento.
–¿A dónde dijiste que movió a tu madre? – me pregunta.
– Al cementerio central, ¿Por qué?
– Curiosidad – responde, pero algo me dice que quiere la información para hacerle una visita a aquella hermana a la que en algún momento intento salvar – ¿Qué vas a hacer, Annie?
– No lo sé.
–¿Y qué es lo que quieres hacer?
–¿No es lo mismo?
– No – él suelta una sonrisa lánguida – normalmente los seres humanos no hacemos lo que queremos hacer, hacemos lo que debemos, pero no lo que queremos.
No tengo que pensarlo mucho – quiero ir con él.
– Algo me dice que en esta historia hay un capitulo que no me estas contando.
– Lo hay, pero no quiero hablar al respecto.
–¿Es un capítulo muy horrible?
– Un poco, si – asiento con la cabeza.
–¿Se trata de algo imperdonable?
– Creo que no, pero ese capítulo me demostró que no puedo confiar en él, y no puedo irme por el mundo con alguien en quien no confío.
– Yo creo que, si en realidad no confiaras en él, no estarías siquiera pensando al respecto.
–¿Estás intentando decirme que debo ir a Irlanda con él?
– No, no intento decirte nada, esta es una decisión que debes tomar tu sola. Lo que digo es que muy pocas cosas en la vida son imperdonables, pero tienes que aprender a diferenciarlas y a perdonar.
– Si me voy con él, ¿No te molestarías conmigo? No iría a la universidad, por lo menos no por ahora.
– No, Annabelle – él me pasa un brazo por los hombros – no soy capaz de molestarme con un ángel.
Él se queda un rato mas conmigo, hasta que se hace de noche y entonces yo regreso a mi habitación. Hay muchas cosas sobre las que debo pensar, y aunque quisiera mentirme y decir que no tengo una respuesta, la verdad es que si la tengo.
Siempre la he tenido.