Annabelle.
¿Joderle la vida a Bastián o dejar que se salga con la suya? Es lo único que pienso mientras estoy frente a la puerta de la sala de tribunales donde se lleva a cabo el juicio de Bastián.
Reviso la hora en el pequeño reloj de mano que llevo puesto y suelto un suspiro, el juicio ya comenzó, y se supone que en un par de minutos yo debo entrar a hacer la declaración y decirle a ese montón de gente allá adentro que Bastián es un ejemplo para la sociedad, ¡Ja! Como si eso fuera cierto. Limpio las palmas de mis manos que están sudando sobre mi falda de lápiz que llega hasta mis rodillas y entonces tomo valor, aun no se que demonios voy a hacer, no se si tengo los cajones suficientes como para echarlo al agua y empujarlo a que pase el resto de su vida en la cárcel, pero tampoco estoy segura de poder verlo saliéndose con las suyas.
Bastián tiene que pagar por cada uno de los errores que cometió, me importa un bledo si el hombre es sexi, si es atractivo, no me interesa ni siquiera lo mucho que lo quiero, yo solo necesito escuchar de su boca que se arrepiente de todo lo que paso, quiero que me pida perdón, aunque sé que él jamás va a decir esa palabra.
Abro la puerta del tribunal y siento algunas miradas que voltean en mi dirección, yo bajo el rostro y mientras escucho al fiscal hablar me siento en la parte trasera de las bancas, esta sala es todo lo que yo esperaba que fuera, es grande, hay mucho gris y café, es muy parecida a lo que siempre he visto en la televisión, aunque menos glamurosa, por supuesto.
Yo levanto la vista y mis ojos se encuentran con los él, me está mirando con el rabillo del ojo y parece aliviado de que yo esté aquí.
En realidad, aun no logro entender como una persona es capaz de ser tan cínica, es decir, ¿Cómo le pides a tu victima que te declare inocente? Es absurdo, ridículo, tonto, y solo alguien como yo estaría aquí sentada en este momento.
Es que ni siquiera debí haber venido, yo debí haber regresado a Manchester con mi tío Macon.
El juicio avanza y pasan cosas que no logro entender con claridad, solo sé que el fiscal ya expuso su caso, mostró sus pruebas en contra de Bastián, como el ADN de la sangre que había en sus manos, la madre de Bastián ya testificó y contó por primera vez la historia real, y en dos minutos es mi turno de pasar al frente y contar mi “verdad”.
El abogado de Bastián se pone en pie y comienza a hablar – quiero llamar a nuestro testigo de carácter, Annabelle Maxwell – dice con seriedad.
–¡No sabíamos que habría un testigo de carácter! – refuta el fiscal.
– Es cosa de última hora, su señoría – señala el abogado y asiente con la cabeza para que yo me acerque.
Me levanto con dificultad de la silla, mis piernas y mis manos están temblando y me cuesta coordinar un paso detrás del otro.
Vamos Annabelle, tú puedes hacer esto – me digo mentalmente.
– Jura decir la verdad y nada mas que la verdad – me dice el guardia mientras pone la biblia frente a mí.
¡Padre santo! Había olvidado el juramento en la biblia, yo veo la caratula de cuero del libro, trago saliva, asiento con la cabeza y respondo – si, juro.
– Señorita Maxwell – dice el abogado abriendo la declaración – ¿Hace cuánto tiempo que conoce al señor Jones?
– Poco más de dos meses – respondo.
–¿Podría decirnos que tipo de relación entablaron el señor Jones y usted?
Yo lo miro y me muerdo le labio inferior – solo follamos, debería decir.
– Nosotros fuimos compañeros de trabajo – contesto en su lugar.
–¿Qué tipo de trabajo realizaban?
– Voluntariado para una parroquia vecina.
–¿El señor Jones hacia servicio social con usted?
– Hasta donde tengo entendido, sí.
– Eso significa que el señor Jones se encuentra interesado en el bienestar de su comunidad – asegura el abogado.
–¡Objeción! Está testificando – salta el fiscal.
– A lugar, abogado… – dice el juez mirando de forma recriminatoria al defensor de Bastián.
– Lo siento, su señoría. señorita Annabelle, si usted pudiera hacer una breve descripción del carácter del señor Jones, ¿Qué nos diría?
Es mi momento, es hora de decirles la verdad, pienso, debo hacerlo ahora o nunca, mi cabeza comienza a trabajar rápidamente, mis mejillas se ponen calientes, Bastián no deja de mirarme y creo que tengo arritmia cardiaca y se me ha bajado la presión.
–¿Señorita Maxwell? – pregunta el juez – ¿Está bien?
Yo miro a mi derecha y asiento con la cabeza, me trago el nudo en mi garganta y dejo que las palabras salgan – Bastián Jones el tipo de persona que… LASTIMA A LA GENTE SIN IMPORTARLE UN ÁPICE, ES UN JODIDO SER DESPRECIABLE QUE ME ENAMORÓ SOLO PARA GANAR UNA MALDITA APUESTA, digo mentalmente.
Bastián me mira con el ceño fruncido, sus ojos verdes me penetran el alma y yo me derrito como una mantequilla – Bastián Jones es un ejemplo para la comunidad, es el tipo de persona que merece una segunda oportunidad, sobre todo cuando lo único que intentaba hacer es defender a su madre, yo más que nadie soy testigo de la forma en que todos los años de maltrato del señor King repercutieron en Bastián y por supuesto en su madre, ¿Se le debería condenar por haber hecho lo mejor para su madre? Yo creo que no – termino mi monologo y el abogado de Bastián me sonríe.
Yo siento que voy a vomitar, necesito salir de esta sala, quiero quemarme la lengua por la idiotez que acabo de hacer, ¿Qué clase de estúpida le salva el culo al hombre que le metió el cuchillo por la espalda?
– Muchas gracias, señorita Maxwell – dice el abogado.
– Yo tengo un par de preguntas – el fiscal se pone en pie y ojea unos papeles que tiene en su mano, yo comienzo a ponerme nerviosa, no se suponía que el fiscal fuera a hacerme ningunas preguntas.
– Ella no está en interrogatorio – me defiende Leery.
– El abogado defensor la ha traído como testigo de carácter y yo quiero corroborar la veracidad de su testimonio – sisea le fiscal, acercándose al estrado.
Miro al juez esperando que haga algo y que me saque de este infierno, pero él me da una miradita rápida, ve al fiscal y al abogado de Bastián y como si estuviera emocionado por lo que va a pasar, le da permiso al fiscal de interrogarme.
– Señorita Maxwell, ¿Es verdad que era una novicia en el centro religioso de la sagrada caridad de Lacock? Responda con un si o un no – me pide el fiscal.
– Si – contesto y siento el sudor recorrer mis piernas.
–¿Es cierto que la madre superiora de dicho centro decidió retirarla del servicio y quitarle su embestidura de monja? – pregunta rápidamente.
– Si.
–¿Es cierto que esta decisión fue tomada en base a un video sexual entre usted y el señor Jones?
Abro los ojos con sorpresa y miro para todos lados, Leery niega con la cabeza y yo me doy cuenta de que estamos jodidos.
– Yo-este-nosotros…
– Le recuerdo que está bajo juramento, señorita Maxwell – me dice el juez.
– Si, es cierto – digo al fin.
–¿Es cierto que tuvo una relación sentimental con el señor Jones?
– No, no tuvimos ni tenemos una relación – siento su mirada quedándome, asi que decido bajar la vista para no tener que enfrentarlo.
– Pero usted está enamorada de él, ¿No es asi, señorita Maxwell?
Las lágrimas comienzan a salir inconscientemente de mis ojos, ¡Joder! ¿En que estoy metida? ¿Por qué estoy haciendo esto?
– Señorita Maxwell, conteste a la pregunta, ¿No es cierto que está enamorada del señor Jones? Creo que el juez ya le recordó que juró sobre una biblia decir la verdad – el fiscal me presiona y yo estoy al borde de un ataque de ansiedad – señorita Maxwell, ¿Esta o no enamorada del señor Jones?
– Si, ¡Maldita sea! Si – le grito.
Todos en la sala se quedan en silencio y yo me doy cuenta de que me acabo de exponer frente al patán más grande en la faz de la tierra.
– Esto deja claro que el testimonio de la señorita Maxwell no es objetivo, y por ende pido que sea retirado del acta y que se haga caso omiso a él.
El juez asiente con la cabeza – se invalidará el testimonio de Annabelle Maxwell – asegura y me mira con lastima, de la misma forma en que lo hacen el resto de las personas aquí adentro – tomaremos un descanso, volvemos en diez minutos – concluye el juez y da un golpe con su martillo.
Yo me levanto de la silla, salgo del estrado y literalmente corro afuera, tengo que salir de este infierno que no me pertenece, quiero dejar de ser tan débil, necesito dejar de verlo.
–¡Annabelle! – me grita Bastián tras de mí.
Pero yo no voy a detenerme por él, nunca más, sin importar cuando me duela.