Annabelle.
Me sirvo un poco de cereal y lo pongo en la barra de la cocina, los empleados de mi tío Macon suelen hacer platos demasiado extravagantes para mi gusto, naturalmente cuando estaba en el convento no había desayunos buffet o muchas opciones de donde elegir, creo que de alguna forma me acostumbré a eso.
– Buenos días, Annabelle – me saluda mi tío mientras camina hacia mi arreglándose las mancuernas del costoso traje que está usando.
Macon es un hombre elegante, siempre lo ha sido, y por el contrario a mi madre, el logró hacer algo bueno por su vida, estudió y trabajó muy duro y hoy en día disfruta de las recompensas de todo un imperio creado desde cero.
Yo lo veo moverse elegantemente por la cocina y entonces lo saludo de vuelta – buenos días.
–¿Cómo estás hoy? – pregunta dirigiéndome una mirada suspicaz.
– Estoy bien, te lo he dicho muchas veces – trato de no darle importancia al asunto, porque desde que llegué a esta casa Macon me ha estado preguntando que es lo que sucedió, porque salí del convento y realmente no es un tema que quiera tocar con él, o con nadie.
No quiero hablar del dolor en mi pecho y de la forma en la que Bastián me arrancó el corazón y lo pisoteó mientras se burló de mi todo el tiempo en el que yo le entregué lo más sagrado de mi vida.
– El problema no es lo que dices, si no como te ves – él hace una mueca y chasquea la lengua – me preocupas, Annabelle, andas por la casa tan triste y apagada, asi no eras tu – dice con pena.
Y tiene razón, asi no era yo, pero Bastián me convirtió en esta persona que no puede dejar de pensar en él ni un solo segundo de cada jodido día.
– Solo estoy pensando en mi vida, hay muchas cosas que debo poner en orden.
–¿Ya te decidiste por alguna carrera universitaria? – cuestiona.
Yo lo pienso un poco, perfectamente podría hacer la carrera de estúpida. Si, esa me quedaría muy bien, la cara, ya la tengo, asi que, ¿Qué más da?
– No, pero hoy me pondré en eso – digo.
– Tomate tu tiempo, no quiero que te sientas presionada, pero eres una mujer sensata y madura, espero que sepa discernir que es bueno para ti, y que no lo es – él me agarra la mano sobre la mesa y se lleva a la boca una galleta que tiene un color bastante particular – ya eres toda una mujer, tu madre estaría muy orgullosa de ti.
Agarro un poco de cereal con la cuchara y me lo meto a la boca para evitar hablar del asunto, yo no estoy tan segura de que mi madre estaría orgullosa de mí, en realidad no llegué a conocerla lo suficiente como para saber de qué estaría orgullosa y de que no, el noventa porciento del tiempo que pasé con ella, ella siempre estuvo ebria, o llorando la desgracia de algún amor fallido. Nunca tuvo tiempo para mí.
–¿No se te hace tarde? – le pregunto a Macon.
–¿Ya quieres que me vaya? – se burla de mí.
–¡Oh no! ¡Por supuesto que no! – exclamo apenada – es solo que nunca estás a esta hora aquí, siempre sales muy temprano.
– Quise tomarme la mañana libre para desayunar con mi sobrina – me sonríe y yo hago lo mismo.
La definición de Macon de tomarse la “mañana libre” es estar pegado a su celular mientras enciende el televisor que podemos ver desde la barra para que yo me distraiga con cualquier programa, como si tuviera cinco años y los teletubbies aun tuvieran ese efecto en mí, niego con la cabeza mientras observo a Macon responder un mensaje. En parte le agradezco todo este esfuerzo que está haciendo, él no está acostumbrado a tener a nadie por ahí rondando su casa, y a pesar de eso, a hecho hasta lo imposible para que yo pueda sentirme cómoda.
El problema es que mi tío Macon no entiende que yo no me siento cómoda ni siquiera en mi propia piel, cada vez que cierro los ojos veo a Bastián, cada vez que me saboreo los labios me imagino los de él besando los míos, y cada vez que observo mis manos, ¡Dios! Puedo ver las suyas tocando cada rincón de mi piel.
¡No! ¡Deja de pensar en él Annabelle Maxwell!
Cambio los canales del televisor desde el celular que mi tío me ha regalado recientemente, y me detengo en las noticias, no es que haya nada más interesante que ver a esta hora, y tampoco planeo quedarme mucho tiempo aquí sentada.
Escucho de fondo a la periodista que habla, pero no le doy atención, hasta que ella menciona el apellido “Jones” por un momento siento que estoy alucinando, pero enseguida me levanto del taburete, me acerco al TV y le subo al volumen.
– Londres se encuentra sacudido, el día de ayer en las horas de la noche murió uno de los parlamentarios mas importantes de todo Inglaterra, Jeremy King fue encontrado muerto en la escalera de su casa, tenía severas contusiones y signos de lucha. Hasta el momento no hay ningun reporte oficial de la policía a cerca de la causa de la muerte, sin embargo, su hijastro y su esposa se encuentran en este momento bajo custodia de los oficiales. El señor Bastián Jones es el sospechoso numero uno, esto se presume debido a su historial delictivo y a que justamente unas horas antes de la muerte del parlamentario, Jones acababa de salir del reclusorio juvenil de Lacock – dice la periodista y yo suelto un grito ahogado.
En el televisor se proyectan fotos de Bastián, de su madre, y del tal Jeremy.
Yo siento que hiperventilo y me cuesta respirar con normalidad.
–¡Es una desgracia, el hombre tenía buenas ideas! – dice mi tío a mis espaldas.
– No era una buena persona, él golpeaba a su esposa – comento, recordando lo poco que Bastián me contó a cerca de él.
–¿Tú como sabes? – Escucho los pasos de Macon caminar en mi dirección – Annabelle, ¿Estás bien? – frunce el ceño y yo me limpio la lagrima que ha caído de mis ojos.
–¿Recuerdas esa vez en que dijiste que si necesitaba algo solo era que te lo pidiera?
– Si, por supuesto que sí.
– Necesito un favor, debo ir a Londres.
Si, lo sé, soy demasiado tonta por estar pensando en él aun después de lo que pasó, pero algo me dice que Bastián me necesita, y a pesar de todo, yo tambien lo necesito.
– Tengo que estar con él – le digo a Macon, que no entiende absolutamente nada de lo que está sucediendo – en este momento mas que nunca.
¿Acaso soy muy idiota por irlo a buscar?