Quince días después.
Annabelle.
– Bastián, ¿A dónde me estás llevando? – le pregunto a Bastián mientras él me saca corriendo y me sube en una motocicleta que no sé de dónde diablos ha sacado, solo sé que en ella hemos llegado a la iglesia del padre tito, en donde hemos pasado todo el día terminando de lijar las paredes.
– Deja de hacer tantas preguntas y sube – me dice con fingida rabia.
Yo ruedo los ojos, pero enseguida me pongo el casco y me subo en la motocicleta en la que él ya está acomodado, tengo que admitir que esto de andar en motocicleta no es nada nuevo para mí, el único novio de mi madre que a mi me caía bien, solía usar una como medio de trasporte, asi que la experiencia de subirme en una motocicleta bestial como la de Bastián no me parece para nada extraña.
Levanto ligeramente mi falda amplia, me subo en la parte de atrás y abrazo el torso firme y fuerte de Bastián.
–¿Lista? – me pregunta él mirándome de soslayo.
–¿Para qué?
Él no me responde, pero suelta una carcajada y entonces echa a andar la motocicleta, enseguida siento como el viento me pega en la cara y cala hasta los huesos, hace frio en Inglaterra, no como si estuviéramos en invierno, pero si lo suficiente como para estar abrigada todo el tiempo.
Bastián me lleva por un camino que reconozco demasiado bien, él y yo estuvimos aquí aquella noche después de quedarnos sin gasolina en mitad del camino. Nos estamos dirigiendo a la casa abandonada. El pensamiento hace que una corriente eléctrica me atraviese la espina dorsal. ¿Para qué me está trayendo Bastián a este lugar?
Él aparca la motocicleta y se baja de ella.
–¿Qué estamos haciendo aquí? – lo cuestiono.
– Solo vamos a pasar el rato.
–¿Y qué significa pasar el rato?
Él sonríe de medio lado y yo estoy segura de que estoy a las puertas del infierno.
– No podemos llegar tarde al convento y tu tienes que regresar a la correccional, esto no es una buena idea, el alcaide estaba tan enojado la ultima noche, que yo no creo…
–¿Podrías dejar de pensar solo por un minuto? Haz silencio, cállate la boca y ven conmigo.
Me muerdo el labio y siento que miles de mariposas revolotean en mi estómago, ¿Quiero ir con él? ¡Por supuesto que sí!
– Tienes que dejar de hacer conmigo lo que se te da la gana – le digo y me bajo de la motocicleta, llevo el casco en mi mano izquierda y Bastián me agarra del lado derecho – aquí no hay puerta – le recuerdo mientras él sostiene el pomo de metal.
Bastián está muy misterioso, está monosilábico y eso me asusta.
Él gira la perilla y la puerta se abre mágicamente, yo formo una gran O con la boca, como si esto fuera una maravilla de la ciencia moderna.
– Tu primero – él mantiene la puerta abierta para mi y yo me fijo en que está casa abandonada no es la misma que nosotros dejamos aquella mañana.
Miro a mi alrededor, no hay trastes, todo esta limpio, no hay cosas tiradas por todos lados, la chimenea está encendida, hay velas por todas partes, el sofá ha desparecido y lo único que hay en la mitad es un tapete peludo acompañado de un par de cervezas.
–¿Me trajiste aquí para emborracharme? – le pregunto mientras el cierra la puerta y entra detrás de mi en la casa.
– Te traje aquí para mucho más que eso – él camina hacia las latas de cerveza, abre una y me la entrega.
– Yo no bebo licor.
– Esta noche si – la lata sigue extendida en mi dirección y sé que él es un jodido obstinado, asi que no me queda de otra más que recibirla.
Le doy un trago y arrugo la nariz, no entiendo que le ven de rico las personas a la cerveza, es asquerosa, sabe cómo a orines.
Bastián se quita la chaqueta, la deja sobre la única mesa que hay en la sala y saca tambien su celular.
– No sabía que te dejaban tener un celular en el centro – frunzo el ceño.
– No me dejan, pero ellos no saben – él me da la espalda y hace algo con su celular, yo lo ignoro y me quito la chaqueta que estoy usando sobre el hábito, aquí adentro el clima está cálido.
Camino hasta la ventana que también está reparada y veo los grabados que hay en los marcos de madera, son las iniciales de unos nombres, R&B, dice acompañado de un corazón, quisiera saber quiénes son esas personas. Me quedo embelesada mirando la madera hasta que siento que Bastián se posiciona detrás de mí, enseguida mi respiración se agita.
–¿Qué estás haciendo, Bastián? – le pregunto.
– Tú sabes lo que estoy haciendo – dice con la voz ronca.
De manera ágil él me quita él quita el escapulario, dejando mi cabeza y mi cuello libre, lo deja caer al suelo y yo siento que empiezo a perder la compostura, Bastián respira muy cerca de mi piel y a mi se me erizan todos los vellos del cuerpo. Su solo contacto hace que yo me sienta caliente. Bastián me quema tanto como si estuviera metiendo mis manos en la chimenea ardiendo.
Poco a poco comienza a bajar la cremallera de mi habito, yo escucho el sonido del metal descendiendo y suelto un suspiro llevando la cabeza para atrás. Esto está pasando, enserio, por primera vez un hombre va a verme completamente desnuda y no sé si siento pena, excitación o ambas en partes iguales.
El vestido cae a mis pies y yo me muevo a un lado para quitarlo del camino, estoy complemente expuesta ante él, usando únicamente las medias blancas hasta el muslo, mi ropa interior y un sujetador para nada provocativo. Yo no esperaba que esto sucediera está noche y tampoco es como si tuviera lencería sensual con la que provocar a un hombre, asi que me da básicamente igual.
Respiro profundo mientras Bastián me quita el sujetador, dejando mis pechos libres, veo que el calor de la casa ha empañado el vidrio de la ventana.
– Annabelle, tienes la piel mas linda que yo haya visto nunca – susurra y me da un beso en los hombros. Yo dejo que él haga conmigo lo que quiera, él sabe lo que está haciendo, él conoce justamente que puntos tocar.
Bastián se aleja de mi por un momento y cuando regresa siento que tiene algo frio entre los dedos, es un hielo, y él lo está pasando por mi piel, siento el contacto del frio en mi espalda, descendiendo y mojándome completamente, tengo que agarrarme a la ventana para no caer. Bastián me moja toda hasta que se queda sin hielo.
– Date la vuelta – me ordena, y yo me siento tan caliente que estoy segura de que, si me pide que chupe el dedo de su pie, lo haría sin dudarlo una sola vez.
Me volteo y sus ojos se oscurecen, me mira de pies a cabeza y analiza cada parte de mi cuerpo, yo intento cubrirme, pero él me lo impide.
– No te cubras, no cuando estés conmigo, por lo menos.
Asiento con la cabeza y comienzo a bajar la cremallera del mono negro que tiene puesto, hago con él lo mismo que él hizo conmigo, lo desnudo, dejo que la tela negra caiga a sus caderas y le quito la camisilla blanca, siento que la boca se me hace agua en cuanto veo su torso completamente tonificado.
–¿Te gusta? – me pregunta él.
– Si – digo de manera tonta.
– Entonces tócalo – Bastián me agarra las manos y las lleva a su cuerpo, yo acaricio cada línea que divide su abdomen y sin saber muy bien porque, me acerco a él y beso su pecho desnudo.
– Ven aquí, Annabelle – me guía hasta la alfombra y me obliga a recostarme en ella. Agradezco que sea tan peluda, porque si no, me estaría jodiendo cada hueso de la columna vertebral.
Bastián me quita las medias blancas y se deshace de mis bragas, dejándome completamente desnuda, él tambien se quita a si mismo el resto de la ropa, estamos desnudos los dos, nuestras pieles se chocan y yo estoy emocionada.
– Voy a hacer que esto sea fácil para ti – él mete una mano en mi zona intima y comienza a trazar círculos pequeños, yo levanto la espalda y me arqueo sintiendo todo mi cuerpo palpitar, me muerdo la boca y siento los flujos saliendo de mi cuerpo.
– Estás mojada, lista para mí – él sonríe, alarga el brazo, saca un condón del bolsillo de sus pantalones, se lo pone en el miembro y masajea mi pecho desnudo.
Él se pone en medio de mis piernas y yo siento que todo mi cuerpo está temblando al sentirlo tan cerca.
– Esto va a doler un poco, dime si quieres que me detenga.
– De acuerdo – susurro y lo miro fijamente.
Bastián comienza a entrar lentamente en mi cuerpo, primero la punta y después rítmicamente el resto, su miembro es demasiado grande y por un segundo creo que va a partirme en dos, pero eso solo hace que el placer sea aun mayor. Mi centro lo recibe con deseo y placer, y él comienza a moverse dentro de mi mientras me mira fijamente.
Sus ojos son fuego puro, puedo ver el infierno en ellos, y el problema es que ya no me importa condenarme. Si esta vida es lo único que tenemos, entonces yo me arriesgo a perderlo todo por él.
No quiero que Bastián Jones deje de follarme nunca.