Chapter 3: ¿Por qué regresaste? Parte 2
Jack
Dos días, dos días han pasado, desde que regrese aquí.
He salido al pasillo para fingir fumarme un cigarrillo, no fumo y nunca lo he hecho, de hecho nunca hice muchas cosas que se supone las personas hacen, pero aun así, aquí estoy sentado en las escaleras con un cigarrillo encendido en mi mano, viendo cómo se escapa el humo. Finjo fumar como excusa. Solo espero verla y no tengo idea de porque estoy esperando semejante locura. No ha regresado a casa en dos días. ¿A dónde rayos fue?
Nueva York es una ciudad muy grande y peligrosa y ruego a quien desee escucharme que no le haya sucedido nada. Me estremezco al pensar que puede estar tirada en algún callejón, herida. No, ella está bien, presiono el cigarrillo en el suelo, en el espacio entre mis pies. Ni siquiera va a la mitad pero estoy cansado de esperar.
Quiero salir a buscarla pero no tengo idea de a dónde ir. Escucho unos pasos que suben las escaleras y levanto la mirada esperando que sea ella. El alivio me invade.
Lleva una camiseta y se deshizo del chaleco negro y andrajoso. Me decepciono y me reprendo a mí mismo mentalmente por esperar ver su cuerpo desnudo. ¿Qué rayos me pasa? Tiene catorce.
— Hola. — No me mira, pero se sienta a mi lado y se pasa las manos por el rostro. — ¿Dónde estabas? Llevas dos días fuera de casa. — Sigue sin mirarme, tal vez me grite por entrometerme, tal vez me responda sin ningún problema. No lo sé. — Por ahí. — Mira al vacío, como si estuviera cansada y no quisiera hacerse cargo de la realidad en este momento. — Estaba pensando, que tal vez podríamos salir por ahí y comer algo. Para ponernos al día. — Le digo y sonríe. No es una sonrisa muy grande ni tampoco duradera, pero es suficiente.
— Sí, eso sería bueno. — Nos quedamos en silencio durante un par de minutos hasta que ella lo rompe. — ¿Por qué estás aquí, Jack? — Me rebano los sesos buscando una respuesta, es la segunda vez que me lo ha preguntado y no puedo decirle la verdad. Intento con la misma respuesta que le di antes. — Necesitaba recordar quien era.
— Para hacer eso no necesitabas regresar aquí. Después de todo te fuiste y aunque pensé que regresarías a pesar de todos los malos recuerdos y cosas horribles que viviste aquí, no lo hiciste. — Parece ofendida y enojada. — ¿Por qué no regresaste antes? — Pregunta dolida. — Te esperé por demasiado tiempo. Te esperé hasta que servicios sociales vino por mí y entonces tuve que aprender a defenderme sola. Ya no tenía al chico del final del pasillo que me traía emparedados y leche a hurtadillas, mientras yo dormía junto a mi puerta. Tuve que aprender a conseguir comida por mi cuenta y a defenderme del resto del mundo.
Se me parte el alma al escuchar esas palabras. Servicios sociales se la llevo ¿Por qué regresó aquí? — Uno de sus clientes tenía dinero y contactos. Regrese aquí un año después aproximadamente. — Responde a la pregunta que no he formulado en voz alta. Debió ser horrible. Para mí, ir de un hogar sustituto a otro durante un año hasta que fui adoptado, no fue nada fácil y ya tenía dieciséis, ella era apenas una niña. Las personas que se hacen cargo de los niños son malvadas, no quiero pensar en lo que pudo haber vivido.
— Lo siento. — Se ríe sin ganas como si quisiera quitarle importancia al asunto y a mis disculpas. Estoy a punto de lanzarme a sus pies para rogarle que me perdone. — No lo sientas. Gracias a que nunca regresaste aprendí a pelear. Aprendí muchas cosas en las calles. — la sorpresa me invade y siento que el corazón se me va a salir del pecho. — ¿No estas…? — siento un enorme nudo en la garganta. — No, no lo estoy. No estoy prostituyéndome, no hay ningún chulo golpeándome y quitándome el dinero, no estoy consumiendo drogas o alcohol. Estoy bien. Aprendí a sobrevivir por mi cuenta, pero no he llegado a esos extremos y no llegare.
Dejo escapar un suspiro y siento que el alivio me invade. — Estoy muy bien sin ti. — Me tenso de nuevo, no sé porque esas palabras me hieren tanto. — Yo no quería abandonarte. — Admito mientras mi pecho se oprime y duele. — Lo sé, tu padre murió y tenías que irte. Pero pudiste venir a visitarme de vez en cuando. No te juzgo, no sé qué paso en diez años para que jamás se te ocurriera pasarte por el viejo barrio y visitar a los tuyos. Pero ya no perteneces aquí, aunque estés pasando por un mal momento, te ha ido demasiado bien en la vida, como para que ahora regreses. — Me está echando y no la culpo.
— ¿Por qué crees que me ha ido bien en la vida? — Vuelve a soltar esa risa sin emociones. Piensa su respuesta por un momento, buscando las palabras correctas. — No lo creo, estoy segura. Solo mira tu ropa, esa linda chaqueta. Y tus jodidos zapatos. Estás tan pulcro que casi no te reconocí, aunque pareces dolido y derrotado. No sé qué diablos pasó en los últimos días, para que regresaras a esta pocilga, pero estoy segura que no debiste hacerlo.
Sabía que debía dejar de intentar parecer estar bien. No siempre soy tan pulcro, nunca deje atrás mi forma de ser, hace poco comencé a vestirme mucho más formal de lo normal, pensando que podría ayudarme a olvidar esa pena. Que comenzar de nuevo era lo correcto, pero no funcionó, sólo me hizo sentir más miserable.
— Lo sé. Intente cambiar mi guarda ropa pero ni siquiera eso funcionó. Me ha ido bien, sí. Pero eso no significa que haya dejado de ser el tipo oscuro y raro que era antes de irme.
— Si intentaste cambiar de guarda ropa para sentirte mejor lo hiciste muy mal. Sigues usando colores oscuros y pareciendo un personaje de Tim Burton pero… — Me río, era su chiste favorito sobre mi apariencia. — Ahora hay algo que te hace parecer a un tipo rico con mal carácter y… un personaje de Tarantino.
Sigue siendo tan insensible como siempre. Me siento como un pervertido por pensar que su insensibilidad no es nada, si no se aleja de mi antes de que le enseñe a sentir. No puedo creer que tenga estos pensamientos.
Desde que la vi hace dos días solo puedo pensar en sus senos y en su abdomen que me invitaba a tocarlo. Cuando me di cuenta de que había regresado por ella, supe que su recuerdo me había atormentado durante los últimos diez años pero no de una forma pervertida, ahora se había transformado en algo más, pero trataba de ignorarlo. Sin lograrlo.
No regresé porque temía que si lo hacía no la encontraría, o la encontraría pero en la peor situación posible. Su madre nunca fue ninguna santa y siempre temí que permitiera que le sucediera algo. Tantos hombres entrando y saliendo de ese maldito apartamento. Ella tenía que salir lastimada. Parece que logro evitar los obstáculos en su vida, por ahora.
Ahora que estoy de vuelta, sé que lo hice porque me preocupaba demasiado por ella, pero lo reprimí y oculté hasta casi olvidar, traté de ignorar su recuerdo y lo estaba logrando, pero cuando ella me dejó, algo se rompió y durante un año traté de evitar regresar al lugar de mis pesadillas.
— Tierra llamando a Jack. ¿Vas a alimentarme o tendré que conseguir la cena yo misma? — La mire a los ojos. ¡Mierda! Cuanto me ponen esos ojos. Definitivamente no puedo hacer esto. — Claro. — Le sonrió. ¿Por qué diablos estoy haciendo esto? Perderé la razón, aunque al parecer ya la perdí completamente.
Han pasado tres semanas desde que regresé, he ido de un lado a otro con Scarlett y disfruto de su compañía. Me he dado cuenta de que se parece mucho a mí en cierto modo. Hablamos muy poco, somos callados y reservados por naturaleza, pero no importa, porque nos la hemos pasado aquí y allá en cuanta fiesta se nos atraviesa. Incluso he conseguido, que entre conmigo a algunos clubs nocturnos.
Nadie nos reprocha, ella está sola y ni siquiera su madre se preocupa por la chica. Necesita a alguien para que sepa que no está sola en el mundo, alguien que la cuide y esté ahí incondicionalmente y yo quiero ser ese alguien.
Esa noche en las escaleras la invité a comer algo para ponernos al día, pero sólo buscaba excusas para estar cerca de ella, ha pasado casi un mes y nuestros pasados no han salido a la luz, ha dicho una u otra cosa sobre su madre y como ha tenido algunos problemas por su culpa pero no ha sido la gran cosa. Por mi parte, solo sabe que fui adoptado por una buena familia y logre ir a la universidad de Nueva York sin ningún problema, como esperaba.
Esta noche, hemos ido a parar a un club con una banda en vivo. Pensaba disfrutar de la noche y la compañía de Scarlett, pero cuando veo quien sube al escenario y comienza a hacer la prueba de sonido la fiesta se arruina para mí automáticamente. El resto de la noche Scarlett baila al ritmo de la música de esa mediocre banda y el vocalista no la pierde de vista desde el escenario.
Es entonces que me doy cuenta que he pasado la mitad del verano con una adolescente, una chica doce años menor que yo y que me trae totalmente loco. Tan loco que los celos irracionales que siento ahora me están asustando. El chico observa cada uno de sus movimientos y sé que ella no lo ha notado, por eso permito que siga bailando. Mantengo un brazo rodeando su cintura, la multitud no permite que nos alejemos, de hecho nuestros cuerpos casi parecen uno, pero yo no me muevo con la música.
Me limito a mirarlo esperando que terminen y la gente comience a dispersarse para sacar a Scarlett de aquí, entonces un tipo se abre paso a través de la gente y se acerca a Scarlett, lo tomo de la chaqueta antes de que se le acerque más y el tipo suelta lo que venía a decir a gritos para que podamos escucharlo.
La banda la ha invitado al camerino, en la parte trasera del escenario luego de que terminen, para un trago y luego una fiesta en alguna parte. Miro a Scarlett y sé que tengo que sacarla de aquí o terminara lastimada.
— No irá.
— Claro, me encantaría. — Ambos decimos al unísono, gritando sobre el bullicio de la gente. — ¿Qué? ¿Estás loca? Es peligroso. — El tipo me mira y luego enfoca toda su atención en ella y le señala una puerta en un costado del club, cerca del escenario.
Ni loco dejare que se vaya con esos tipos. No sé qué ha estado haciendo en estos diez años, pero mientras yo este, ella no ira tras el escenario y a los camerinos con una banda de rock.
— Sólo iremos a los camerinos, conoceremos a la banda y luego nos iremos, no pienso irme con ellos, ni beber nada. — Me asegura. Sabe que me preocupa que le suceda algo. No quiero que termine como su madre, y durante el verano la he alejado de situaciones algo peligrosas y que podrían traer consecuencias nada agradables. — ¿por favor? — Me suplica y no puedo negarme.
Además necesito alejarme un poco de ella, desde que vi sus pantalones de cuero ajustados, su blusa purpura de tirantes que deja ver un poco su escote, me está volviendo loco. Sé que podría patearle el trasero a cualquiera con esas botas que terminan en cuernos de aluminio en las puntas pero esas malditas botas solo están haciendo que se vea más ruda en todo su atuendo de chica mala y eso me provoca aún más.
Estoy luchando por evitar mi erección, pero al bailar de esa forma junto a mí, solo hizo que tuviera que esforzarme más. Cuando la gente comienza a evacuar ya sea porque la banda termino de tocar y se van a casa o porque van a la barra a buscar uno de los últimos tragos de la noche antes de que cierren, ella comienza a caminar hacia la puerta, la sigo. Esto no me gusta para nada. Camino tras ella viendo su trasero firme.
Es delgada pero algunas partes de su cuerpo han crecido correctamente debido a las hormonas. No puedo evitar sentirme fascinado por la genética en este momento, aunque no sé si lo saco de su madre, es difícil decirlo, porque el cuerpo de Courtney ha sido destruido por las drogas y el alcohol y no sabemos quién es su padre. Pero no importa de dónde vienen sus genes, son espectaculares.
Cuando llegamos a la puerta, el mismo tipo que la invito a los camerinos nos espera y le sonríe a sus pechos. Sin duda será al primero al que le rompa algo si las cosas se salen de control.
Cuando estamos por fin en el camerino, busco con la mirada al tipo que me interesa mantener alejado de ella, está parado frente a una mesa sirviendo las bebidas. ¿Cómo es que este club les entrega un par de Jack Daniel’s a estos niños? Hay tres chicas más. Esto no se ve bien.
— Oye ¿Quién invito al anciano? — El baterista pregunta mirándome de arriba abajo. El vocalista se olvida de las bebidas y se voltea para mirarme, su expresión de éxtasis cambia a una de enfado.
— Tú. — Es lo único que dice cuando me ve. — Tú. — Le regreso su cálido saludo. Scarlett me mira y luego al chico. — ¿Se conocen? — Es entonces cuando él centra su atención en Scarlett y mi sangre hierve. No quiero que la mire, no quiero que nadie la mire. — Hola linda. ¿Te ha gustado el concierto? — La sonrisa coqueta en su rostro me provoca nauseas. — Sí, estuvo bien.
— ¿Solo bien? — Otro de los chicos pregunta y parece inconforme. — Más que bien, no lo sé. Gracias por invitarme. — le quita importancia a la reacción del tipo, que es el bajista. — Ya los conociste, ahora vámonos. — La tomo por el brazo con cuidado, pero ella me mira enojada. — Pero aun no los he conocido, no se sus nombres. — se suelta de mi agarre algo enojada. Esto es una completa mierda.
— ¿Es tu novia? no sabía que salías con adolescentes. — pregunta el vocalista con malicia.
— Okey, detecto mucha tensión y testosterona aquí, no sé de donde rayos se conocen, ni por qué no se agradan pero no me gusta este concurso de meadas. No somos novios, pero si alguno llega a sugerir que lo saquen de aquí, yo me iré con él.
— Bien, porque ya nos vamos. — Esta vez doy un tirón suave a su brazo pero ella no se mueve. — Soy Cole. — Dice mientras se acerca a ella con dos bebidas, le ofrece una y ella la mira con intriga. — No bebo. — La mira con la misma expresión que ella uso para mirar la bebida en su mano. — Que lastima. — Se bebe ambas de un solo tirón y luego me mira.
— Así que no eres su novio. Eso significa que no te molestara que le pida salir. Parece que quiere patearle el trasero a alguien y eso me gusta. — Toda esta mierda me está sacando de quicio, y no hay mucho que me saque de quicio. — Inténtalo y necesitaras una cara nueva. — Todos abuchean al chico, quieren pelea. ¡Adolescentes!
— ¿Qué parece que quiero hacer qué? — El tono exasperado de Scarlett me tranquiliza. — ¿Y quién eres tú para decir que parezco, cuando tú pareces un mocoso con la enferma necesidad de atención por los medios equivocados? Pensé que esto sería diferente, pero ustedes son un montón de adolescentes sin neuronas.
Ni siquiera tuve que decírselo otra vez, Scarlett se dio la vuelta y salió del lugar, yo mire a Cole y le sonreí en su cara. Alcance a Scarlett y antes de que pudiera sugerir ir a otro lugar la llevé a casa. Sé que no era el mejor lugar pero las calles tampoco.
— ¿Por qué me diste un celular? — sonaba algo irritada. — Porque necesito localizarte, aunque sea para irnos de juerga.
— ¿Quién utiliza la palabra juerga en estos días? — Me reí.
No podía ver la expresión en su cara, pero sabía que debía estar sonriendo. Últimamente me había obsesionado con saber dónde estaba cuando no estaba conmigo, así que le di un celular.
Un mes y medio había pasado desde que había regresado y tenía miedo de que ella, una adolescente sin ninguna autoridad que pudiera detenerla, se aburriera del tipo mayor que la acompañaba a todos lados.
— Bueno, no creo que pueda salir hoy contigo. Courtney hizo un desastre anoche y tengo que arreglarlo. — tomé un frasco de crema de maní, lo pensé dos veces y tome otro. Fruncí el ceño al pensar en lo que podría haber hecho su madre para que Scarlett tuviera que limpiar sin poder dejarlo para después. — ¿Quieres que te ayude?
— No, estoy bien.
— Está bien, pero te veré mañana. El verano aun es joven. Podemos planear un viaje corto. — Un tiempo en algún lugar tranquilo, lejos de su madre, le vendría muy bien y se relajaría un poco. — Bien. Adiós.
Tomé dos frascos de mermelada y me apresure a terminar de hacer las compras. Me acostumbre a preparar el desayuno, almuerzo y cena a Scarlett. Me sentía muy sobreprotector y sabía que los celos y las erecciones no mentían. Me volvía loco cuando otro hombre la miraba, aun no superaba lo de Cole, lo peor de todo eran las erecciones y la manera desesperada en que me masturbaba cada noche desde que volví.
No había pensado una sola vez en mi pasado, desde las escaleras. Me olvide del resto del mundo y de alguna forma sabía que esto estaba mal, pero descubrí, que mi amor enfermizo por una adolescente había sido algo más, no muy diferente, pero si fue algo distinto una vez, hace años, habia cariño fraternal en aquella época y ahora se transformó en algo totalmente distinto.
Los primeros días del verano pensé que solo era la emoción de volver a verla. Acepte rápidamente que volví por ella, en el fondo sabía que extrañaba tener la compañía de la única persona que me entendió alguna vez, aunque fuera doce años menor que yo.
De niña era tan inteligente y perspicaz que sentía una especie de cariño de hermano mayor o algo así, pero con los años, cada vez que recordaba esos enormes ojos verde avellana sentía una extraña sensación que me agradaba demasiado, incluso con Brenda a mi lado.
Mi ex novia no tenía ojos verde avellana, y no brillaban de la misma forma en que brillaban los de la pequeña niña que siempre me esperaba emocionada junto a las escaleras, a que llegara de la escuela con un nuevo libro para ella. Reprimí todo eso, ¿Qué más podía hacer?
Traté de olvidarme de Scarlett, de no añorar sus grititos y salticos y sus palabras soeces. Con el tiempo se convirtió en algo más aunque trataba de negarlo. Pero me esforcé por ser un hombre psíquicamente sano, por no tener malas ideas en la cabeza y ser una buena persona, lo logré… hasta el verano pasado.