Capítulo 17 Que no quede duda alguna de quien soy yo.

Cuando tome la decisión de venir a Galandria jamás pensé que esto pasaría, acepte la propuesta del Rey para salvarlos y por respeto a la memoria de mi amigo Ulises, pero nunca imagine que empezaría a sentir esto por ella, mucho menos que Gina sería mi mate, mi alma gemela destinada por la diosa de la luna.

No quiero una , no la necesito, pero no puedo dejar de pensar en ella, se ha convertido en una obsesión para mí, a pesar de lo que me dijo Juliana a veces quisiera que no fuera cierto, pero todo parece apuntar en la misma dirección.

Vi a Trevor platicado con Aime y me acerqué a ellos, aún quería hablar con Gina , pedirle alguna explicación , tenía la esperanza de que nada fuera cierto, “Se puede saber de qué están hablando”. le dije a Trevor mientras él miraba a Aime confundido.

“Sobre Georgina “ dijo Aime mirándome.

“¿Qué pasa con ella?”.

“Desde ayer está muy diferente, no quiere ni hablar conmigo y se la ha pasado encerrada en su habitación”, dijo Aime visiblemente preocupada, pero en eso escuche ruidos de un caballo salvaje que estaba en uno de los corrales, cerca del área de entrenamiento.

Y fue cuando las vi, Juliana estaba platicando con Georgina y por la manera en que esta me estaba viendo , creo que no era nada bueno.

Trevor me vio y volteo a ver hacia donde se dirigía mi mirada, “Al parecer no por mucho tiempo, mírala está platicando con la Condesa”.

“¿Qué?, solo eso me faltaba” dijo Aime girando su cabeza y mirándolas también, “Juliana tiene como deporte favorita fastidiar a Gina en todo lo que le sea posible, siempre quiere competir con ella en todo, estoy segura de que no le está diciendo nada bueno”, dijo Aime y eso me preocupo un poco y me hizo dudar también sobre lo que ayer, me había dicho, Juliana.

Decidí que lo mejor sería aclarar las cosas con ella, pero mientras caminaba pude ver que ella abría la puerta del corral donde estaba ese animal salvaje y temí por ella, ese caballo estaba como loco.

En cuanto Georgina entró al corral y cerró la puerta, extendí mi mano para agarrar la suya con fuerza, tenía miedo de que algo pudiera pasarle ya me habían advertido de su carácter altanero y explosivo, “Que crees que estás haciendo, ese animal te va a matar estas loca” le dije usando mi voz de Alfa, sin ni siquiera darme cuenta, la preocupación de que algo le pasara era demasiado.

Ella se soltó con fuerza de mi agarre y me miro de una manera diferente, con odio algo que jamás había visto en ella, “No tienes ningún derecho de tocarme y mucho menos de darme órdenes , aquí tú no eres nadie”.

Le dije mirándome con un rencor, como era de esperarse me ignoro y ella caminó hacia el caballo que seguía saltando sin parar, se veía que era salvaje y que no habían podido domarlo, mientras los hombres lo sostenían con unas cuerdas, rodeadas a su cuello.

“Félix, suéltenlo” dijo ella firme en seguir con esta estupidez y tengo que admitirlo, eso me estaba excitando, la manera en que ordenaba y su forma altera de caminar, hacía que recordara cuando la tuve rendida bajo mi cuerpo mientras la estaba haciendo mía.

“Pero ……… su alteza……” dijo el pobre capataz, pero sabía que no tendría ninguna autoridad para impedírselo.

“!NO!, ni se te ocurra hacerlo “ grite ordenándole, mire a ese hombre y mi lobo Max salió a la superficie estoy seguro de que si no lo controlo , saldría para someter a nuestra mate.

No me había dado cuenta de que nuestra pequeña discusión, había atraído a mucha gente y todos estaban alrededor del corral, esperando lo que Georgina haría, en un costado vi parado a Enrique y lo mire moviendo mi cabeza, diciéndole “ Haz algo”, pero él solo me sonrió y movió su cabeza diciéndome que NO.

Georgina miró a todos a su alrededor y lo que hizo no me lo espere, se paró firme y no mostró miedo alguno al contrario, se veía orgullosa y valiente, dio unos pasos frente al caballo negro y le grito a ese tal Félix de nuevo con mucha autoridad, “Félix, sino sueltas a este animal en este momento, te atienes a las consecuencias, confía en mí, suéltalo”.

Dijo Georgina y sentí como la sangre me hirvió, es una tonta cómo es posible que piense que este es un juego de niñas, pero fue peor aun cuando vi que el pobre hombre, no tuvo más remedio que obedecerla, “Si!, su altezaaaa, ya escucharon suéltenlo, la princesa lo va a montar” dijo y el resto de los hombres se miraron entre sí, estaban dudando, pero no les quedó más remedio que obedecerla.

Mi corazón comenzó a palpitar rápidamente, vi como del otro lado Kenzo también está mirando y se veía preocupado por ella, cerca muy cerca y listo como yo, para saltar en cualquier momento y protegerla, lo cual me puso bastante celoso a mí y mi lobo.

“Salgan todos del corral” les ordeno.

“Georgina, por favor no hagas una estupidez” grité como última opción para que ella desistiera y fue cuando me di cuenta, de que la llame por su verdadero nombre “Georgina”, ella nunca me lo dijo y la manera en que me veía con odio con rencor, me hizo darme cuenta de que ella sabía quién era yo .

Gire mi cuerpo y vi a Juliana y ella tenía una sonrisa, la muy estúpida le había contado quien era yo, maldita sea, me lleva la mierda, no quería que ella se enterara de esta manera y menos en boca de esta zorra.

No me quiero ni imaginar lo que le debe haber dicho, no niego que por años Juliana ha sido mi juguete sexual, es bastante sexy y hace todo lo que yo le ordeno hasta los más bajos caprichos que he tenido, por eso era mi amante fija, pero eso fue hasta, que tuve a Georgina en mis brazos por primera vez, el simple hecho de imaginarme teniendo sexo con Juliana me da asco.

En nada se compara con Gina, mire a Juliana y eso, basto para que ella bajara la cabeza, si sabe lo que le conviene se apartara de mi mujer, si quiere seguir viviendo, mire nuevamente a Georgina esperando que la sensatez allá entrado en su cabeza, pero era inútil.

Camino hacia el caballo, que seguía saltando y haciendo un ruido de rebeldía, sus patas pateaban la tierra y se veía bastante indomable, como pretendía cabalgarlo, ella se acercó lentamente extendiendo su brazo para intentar tocarle su hocico.

Mis manos apretaban la madera del corral en furia, por temor a que algo él pasara y fue cuando escuche su dulce voz, “Ssshhhhh, bonito, hermoso que te tiene tan asustado, calmado bonito, yo te entiendo” le dijo con una voz dulce casi como si le estuviera hablando a un bebe, siguió avanzando lentamente y el caballo comenzó a dejar de moverse, no podía creerlo.

Georgina llegó justo enfrente del caballo y comenzó a acariciarle su cabeza, entre la multitud se escuchaba el silencio y ruidos de sorpresa al ver como había podido calmar al caballo indomable, estaba realmente impresionado, no me esperaba esto.

Mientras lo acariciaba se veía como el caballo se estaba calmando y caí rendido ante ella, pero lo que más me conmovió fueron las palabras que le escuche decirle, con mi oído de lobo que es más fuerte , puedo escuchar hasta un suspiro y lo que dijo me hizo entenderla más, “Sabes bonito, nadie te entiende mejor que yo, somos dos espíritus libres que siempre quieren doblegar , pero te prometo que nadie lo hará contigo, como nunca lo harán conmigo”.

Le dio un beso y no pude evitar, sentir tristeza, porque ella se sentía de esa manera, como si su destino fuera el que siempre, habría alguien que quisiera atarla y cortarle sus alas, mire como muy despacio se acercó al lomo del caballo y de un solo brinco se montó en él.

El caballo dio solamente unos cuantos saltos y eso fue todo, mi hermosa princesa lo había domado de una forma espectacular, ella sonreía por haberlo conseguido, se veía tan hermosa, esa sonrisa me estaba robando el alma, verla triunfante sobre ese majestuoso animal y orgullosa de sí misma.

Era una imagen que difícil mente podría olvidar alguna vez, “ Gracias bonito, eso es , quieto”. Le dijo al caballo y únicamente sonreí por su humildad, además de fuerte y temeraria , es humilde que mejor reina puede pedir un Reino o un Clan, ella es perfecta.

Georgina levantó la mirada y pude ver, como todos la veían, como si fuera un ídolo algo inalcanzable y fue cuando entendí, la admiración que sentían por ella, estaban orgullosos de que sería su futura reina, no había duda de ello.

Y vi frente a mí a la mujer que deseo y sería mi futura Luna, pero mi sonrisa me duro poco al ver también como la miraba Kenzo y recordé lo que me había dicho, Juliana.