La Quiebra y el Amor (Tercera Parte)
• Florece el amor…
Ya todas las piezas del rompecabezas encajaban, ahora hacía falta terminar de ajustar toda la estrategia para comenzar una ardua pelea. Lo que no se imaginaba Juan Andrés en todo este proceso que iba a descubrir en Laura a una mujer cálida, que le enseñó lo que podía ser un hogar, jamás se había sentido tan a gusto en un espacio y mucho menos siendo un espacio tan reducido y sencillo. Habían pasado muchas cosas juntos desde que se conocieron, ella le devolvió una esperanza y le dio una razón a su vida, una razón para pelear y demostrar su inocencia era como si ella le hubiera compuesto en tan poco tiempo y siendo una completa extraña, todos sus pedazos rotos. Habían pasado casi un mes desde que se conocieron, estaban viviendo juntos, era imposible que él no comenzara a mirarla con otros ojos, y ¡cómo no! Si era bella, inteligente, luchadora, solidaria todo un dechado de virtudes que Juan Andrés jamás había conocido en otra mujer, mucho menos en todas las que había conocido en su otro mundo. Él estaba aprendiendo cosas que jamás se hubiera imaginado, ella tenía ahorros, era muy buena administradora y no gastaba en frivolidades, además ella le enseñó a la legendaria técnica de hacer tamales, Laura con todo y lo que estudiaba a diario y el tiempo que le dedicaba a su abuela, también se organizaba para vender tamales los fines de semana y hacer tiempo en caso que le saliera “un trabajo especial” como dama de compañía con algún “respetable” caballero que requiriera de su compañía, algo que curiosamente no había vuelto a hacer desde que estaba enfocada ayudando a Juan Andrés.
Todo marchaba con normalidad hasta que la abuela empeoró con su inflamación en los huesos, la llevaron de emergencia al hospital y descubrieron que la erosión en los huesos era irreversible, afirmando el medico que cada vez sería más dolorosa, por lo que Laura ya debía tomar las medidas preventivas para esperar de un momento a otro dolores más fuertes y agonizantes. Laura entró en mucho llanto y desespero más aun sabiendo que tendría que pagar todas las medicinas para paliar los dolores de su abuela y hacerle la enfermedad más llevadera, Juan Andrés estuvo ahí abrazándola, pero en el fondo se sentía muy mal de no tener la forma de como brindarle el apoyo económico necesario a Laura en este momento tan difícil para ella.
Laura desesperada llamó a Cristina para que le consiguiera trabajo lo más pronto posible, ya que sus ahorros y la venta de los tamales no serían suficientes para pagar todos los gastos médicos que se le avecinaban, aunque Juan Andrés le colaboró con lo poco que aún tenía, no era suficiente, así que Cristina atendiendo el ruego desesperado de Laura le consiguió un par de eventos en los que podría sacar buenas ganancias, ella desesperada, temblorosa y seca de tanto llorar aceptó.
La abuela fue dada de alta, con el condicionamiento de que se pagarían sin falta los gastos que la atención le había ocasionado, después de todo Laura siempre había demostrado ser muy responsable con el pago de los servicios médicos, ya instalados nuevamente en la casa, Laura le pidió a Juan Andrés que debía quedarse con su abuela ya ella debía salir a trabajar nuevamente, ¡Vaya momento ese! Por primera vez Juan Andrés sintió empatía, sintió dolor, rabia y hasta celos, sabía que en su condición y con todo lo que Laura había hecho por él no podía reclamarle absolutamente nada, pero en realidad estaba furioso por dentro, la rabia lo carcomía, se preguntaba –“¿Cómo era posible que una mujer tan especial como ella tuviera que atravesar por esa situación?”- Se sentía caliente como si fuera a explotar con tan solo verla arreglarse ponerse tan hermosa como la más brillante estrella, solo para acompañar a cualquier pelmazo nefasto incapaz de apreciarla en todo su esplendor.
Una vez que estuvo lista, ella por primera vez sintió vergüenza al salir de su casa para hacer lo que había venido haciendo para pagar los gastos médicos de su abuela, indudablemente se veía hermosa, pero tenía mucha tristeza en su mirada, ni siquiera fue capaz de mirarlo a la cara al despedirse. Le dijo que le dejaba la cena lista a él y a su abuela, y sin decir más palabras cerró la puerta y se marchó. Después que ella se fuera él se quedó al lado de la abuela para darle de comer, darle la medicina para los dolores, acompañarla hasta que se durmiera y arroparla para que no sintiera frio; al rato después de tanto pensar, no podía dejar de imaginarse que quizás Laura estaba siendo asquerosamente manoseada por cualquier depravado, para ver si así alcanzaba la suma que necesitaba para pagar los gastos de su abuela, le fue inevitable sentirse miserable y llorar amargamente, se descubrió profundamente enamorado de una maravillosa mujer a la que no era capaz de ayudar y proteger en sus momentos de mayor vulnerabilidad.
No podía si quiera dormir, la esperaba impacientemente, quería abrazarla y decirle que todo estaría bien, que él recuperaría toda su fortuna y la ayudaría incondicionalmente para que jamás tuviera que rebajarse a aceptar las caricias de un depravado incapaz de ver toda la bondad a través de sus maravillosos ojos. Finalmente, el evento terminó, ella solo acompañó a un señor bastante mayor y cascarrabias que no la dejó emitir palabra alguna, le instruyó que serviría para hacer que él se viera bien, se tomaron un par de fotografías y al cabo de un par de tortuosas horas en un evento superfluo ella cumplió con lo pactado y pudo volver a su casa. Al llegar encontró a Juan Andrés despierto, él intentó disimular que no había estado llorando, pero la hinchazón en su cara lo delataba, él le preguntó cómo le fue y ella le contó lo que hizo. Él la abrazó fuertemente, quizás como nadie la hubiera abrazado antes, le dijo que una vez que pusiera orden en su vida y en sus finanzas haría todo lo posible para retribuirle todo lo que ella le había dado. Ella se sintió acogida por tan hermoso gesto, pero que por favor no le prometiera nada que él mismo no tenía la certeza de cumplir, ya que no sabía si después de poner en orden su vida él volvería a ser el mismo esnob que siempre había sido, volviendo a su mundo y olvidándose por completo de ella, por lo que ella había lo que hacía desinteresadamente sin esperar que él en el futuro hiciera algo por ella, ya que finalmente así era que se debían hacer las buenas obras en la vida.
Él no puedo evitar sentir el corazón arrugado como una pasa, tan solo de pensar que Laura hacia lo había ayudado en todo desinteresadamente sin ser capaz si quiera de sentir algo más por él, y que de alguna forma lo hacía porque ella era buena y ya, y no porque sintiera por él lo mismo que él sentía por ella. Laura en su interior sí tenía sentimientos hacia Juan Andrés, y ¡cómo no! Si había demostrado ser un hombre vulnerable, inteligente, amable, sediento de verdadero amor, pero ella no quería engañarse a sí misma haciéndose ilusiones de que algún día lo de ellos podía avanzar a algo más profundo, más aun cuando él estaba al tanto de lo que ella había sido capaz de hacer para pagar los gastos médicos de su abuela.
Esa noche fue extraña, por primera vez desde que se conocieron el silencio los había invadido, las dudas los embargaban, ella no quería sufrir innecesariamente por lo que parecía un amor imposible y él no podía evitar sufrir pensando que ella no sería capaz de sentir lo mismo que él. Estaban enamorados, pero no eran capaz de mirarse a los ojos para confesar sus sentimientos. Al día siguiente la situación sería similar que la noche anterior ella iría a la universidad, atendería sus asuntos académicos, al regresar a casa se disponía a estudiar, con la particularidad que al llegar se encontraría a un Juan Andrés ataviado con un mandril haciendo una receta de un viejo libro de cocina que guardaba la abuela de Laura. A partir de ese momento le fue inevitable enternecerse por la persona en quien él se había estado convirtiendo durante todo ese tiempo, un hombre solidario, empático, un caballero dulce y tierno, ella sabía lo que sentía por él, pero también sabía que sería incapaz de hacérselo saber.
Los tres comieron muy a gusto la comida que él se había esforzado por hacer, pero llegada la tarde ella tenía que comenzar a arreglarse para nuevamente ir a uno de esos eventos que ya estaba programado y estaba pagado por adelantado. A él le invadió la misma sensación del día anterior, pero igualmente hizo silencio, se mostró comprensivo y le dijo que perdiera cuidado que él atendería a la abuela de la mejor manera.
Ella se fue hasta ese nuevo evento al que la estaban esperando. Evento en el que para su sorpresa quien había solicitado su compañía era Gonzalo el primo de Juan Andrés, el mismo que estaba en los vídeos de Anna, en ese momento ella sintió como se le revolvió el estómago, se puso atenta porque sabía que este evento no sería como los demás ya que a donde él y Anna solían acudir abundaban las drogas y el descontrol, él le dijo que necesitaba que ella estuviera muy cerca de él ya que estaba una mujer que le interesaba tener para sí y quería darle celos, ¡vaya sorpresa! Esa mujer era la mismísima Anna quien había llegado con su abogado. Laura no podía evitar sentirse asqueada de todo lo que estaba viendo en ese evento, era la piscina de un hotel de lujo en el que era obscena la abundancia de comida, bebida y drogas.
Gonzalo era todo lo contrario a lo que ella había conocido, ya que, a pesar de haber tenido encuentros con hombres mayores, siendo estos parcos y hasta cascarrabias en cierta medida todos fueron hombres que la trataron con respeto a su compañía, mientras que él no, él se comportaba como un perfecto patán sin educación, ni consideración alguna. Él la jaló de una brazo obligándola a que se pararan justo al frente de Anna para que ella pudiera ver todo lo que él le hacía; mientras Anna los veía, bebía insaciablemente y se sonreía, él no dejaba de tocarla de forma salvaje, lasciva, lamiéndole y respirándole en el cuello, queriendo llamar lo más posible la atención de Anna. Laura estaba asqueada, estupefacta era la primera vez que vivía algo así; Anna empezó a esnifar cocaína en la mesa justo al frente de donde estaban Gonzalo y Laura quien creía que en algún momento estallaría en llanto, después de esto Anna se levantó y le dijo a Gonzalo en frente de Laura en tono irónico, burlón y riendo descaradamente que era un sujeto patético que pudo haber encontrado a una “mujercita” mejor y de más alta categoría para al menos generarle algún cosquilleo de celos, que por eso ella estaba mejor con su abogado que con él.
Después de eso Gonzalo enfureció, se transfiguró, jaló a Laura por un brazo y la llevo hasta uno de los cuartos privados del pasillos del lobby del hotel, diciéndole que una mujercita como ella ni siquiera merecía la habitación de un hotel tan lujoso como ese, empezó a desvestirse mientras que ella le dijo que no le habían pagado para acceder a eso; él enfurecido le gritó: “triste y pobre puta yo tengo para pagarte diez veces más tu miserable tarifa”, ella igualmente se negó y cuando ella se iba de esa habitación; justo en ese momento él le jaló el cabello, se produjo un forcejeo, él le rasgó el vestido, ella comenzó a gritar desesperadamente, pero al parecer nadie venía a su ayuda; en medio del forcejeo Laura desesperada agarró un jarrón y se lo pegó por la cabeza, él cayó desmayado al suelo, ella al ver que él aun respiraba se dio cuenta que el golpe no había sido tan fuerte como para matarlo, así que sin pensarlo mucho salió corriendo lo más rápido que pudo sin mirar atrás.
Corrió y corrió como por lo menos tres cuadras de ese hotel de lujo que más bien parecía Sodoma y Gomorra, al detenerse empezó a vomitar, vomitó hasta que no pudo más, desesperada llamó a Cristina para contarle lo sucedido. Cristina quien era alguien solidaria enseguida se aproximó en un taxi hasta la calle donde estaba Laura, quien aún estaba temblorosa sin saber qué hacer la esperaba sentada en una banqueta.
Cristina quien ya era una mujer bastante experta en el oficio y sabiendo a los riesgos que se podía enfrentar le dijo que ante estos casos lo mejor era irse a evaluar por un médico para tener respaldo de lo sucedido. Así lo hicieron, tomaron el mismo taxi en el que Cristina había llegado para llevarlas hasta el hospital, al llegar al hospital Laura fue evaluada por el médico de guarda quien al verla pudo notar el estado de shock en el que estaba por lo que muy seguramente habría sido sometida a una situación traumática considerable, habiendo escuchado parte del relato de los hechos que le explicó Laura procedió a evaluarla; él la revisó, evaluó los moretones en sus brazos, las rasgaduras de su ropa, además de los rastros de vómito que eran notables a simple vista en su vestido, por lo que redactó un informe pormenorizado de las condiciones en las que había llegado, las cuales se presumían se debían a una violación en grado de frustración con presumibles actos lascivos en contra de la paciente Laura Méndez, le selló el informe, le indicó descanso y unas píldoras para conciliar el sueño; le recomendó a Cristina que la paciente estuviera muy cerca de ella porque estos traumas podían derivar en ataques de ansiedad en días sucesivos.
Al ser dada de alta Cristina la acompañó hasta su casa, la abrazó y le recomendó que descansara para que pudiera tener fuerzas de continuar adelante con la aproximación de las fechas de los exámenes finales en la universidad, le recordó que ya estaba muy cerca de la meta y que no era hora de flaquear, ella se encargaría de que los jefes de la agencia le dieran una compensación por el trago amargo de esa noche, después de todo el enfermo de Gonzalo había pedido un servicio con trato especial y había pagado una considerable suma por adelantado, así que mínimo le debían una compensación por lo sucedido. Laura no sabía si quiera que cara poner al entrar a la casa, Juan Andrés estaba ahí esperándola impacientemente despierto. Al verla él supo que algo malo había sucedido, ella sin decir una sola palabra se lanzó a sus brazos y lloró desconsoladamente, él exasperado por saber que le había sucedido le pregunta: -"¿Qué te hicieron?"-.
Ella entre lágrimas le cuenta con quienes se había encontrado, además le dice que su primo Gonzalo intentó abusar de ella de la manera más salvaje posible. Él estaba caliente, enardecido, quería correr a matarlo con sus propias manos, ella entre lágrimas le pidió que se calamara porque no podía empeorar su situación legal; él la abrazó y la acurrucó entre su pecho hasta que ella se quedara dormida, así durmieron ambos hasta la mañana siguiente, en la que ella con los pensamientos más claros dijo que nunca más acompañaría a nadie por dinero, pero tenía la preocupación de cómo pagaría los gastos, él abrazándola nuevamente le dijo que: juntos ya encontrarían la manera de pagar los gastos sin que ella tuviera que sacrificarse más. Ella se aseó, él preparó el desayuno, de esta manera se dispusieron a enfrentar un nuevo día y todos los desafíos que esto le traía después de todo Laura estaba empezando la recta final de su carrera universitaria y Juan Andrés cada vez más tenía próximo su más desafiante batalla en la vida… La defensa de su inocencia y su libertad.