Chapter 8: Cap. 6 Cuando todo termina, cuando todo empieza 2º parte

Gracias a Dios, que después del mediodía vinieron los médicos y me quitaron ese montón de tubos y cosas que más bien me asfixiaban, que según ellos, me facilitaría el respirar. Si claro, como no. Ya llevaba casi la semana entubada, no podía ni hablar, pero lo que más me afectaba era el no poder ver o hablar con mi amiga Marisela, quería pedirle disculpas; después que se me había pasado la rabieta, pensé mejor las cosas y de verdad me pasé al insultarla, en cambio, a las 3:00PM, otra enfermera me estaba atendiendo hoy, no la conocía, por lo tanto, casi no conversábamos, y ella tenía guantes y tapabocas, yo solo el tapabocas; me encontraba sentada en el baño, en un banquillo, totalmente desnuda y ella me aplicaba limpieza con toallas húmedas y agua tibia con jabón, a veces le lanzaba miradas un tanto ansiosas con las ganas de preguntarle por Marisela, en cambio ella estaba concentrada en su trabajo, era joven, casi una adolescente, ¿Cuánto podría tener? , ¿17?, ¿18?, ¿tan mal estaba la cosa?, a veces no sabía distinguir un día de otro; en las ocasiones en que nuestras miradas se encontraban, ella sonreía cálidamente y una pregunta más que otra se colaba en una corta conversación, pero todo muy profesional, eso tengo que darle mérito, era buena en su trabajo, tenía vocación, y eso me gustaba, pero… ¿Por qué coño no había venido Marisela?, quería decirle que se fuera y la buscara. ─ Ella no tiene la culpa, solo sigue órdenes ─ me repetía para bajar los humos, ¿Por qué me enfada tan rápido?, así que me aclaré la garganta, la cual fue un error, porque casi me da otro ataque de tos, y cuando por fin pude encontrar mi voz, hablé: ─ Antes… venía una enfermera… se llama Marisela ─ Hm ─ Digo… me preguntaba… ¿Por qué no ha venido más? ─ ¿Marisela? ─ Aja ─ No la conozco ─ ¿Cómo cara…? ─ apreté mis dientes y casi me mordí la lengua. ─ Ella no tiene la culpa, no… tiene… la culpa. ¡¿Pero cómo carajo no la va a conocer?!, si todas nos conocemos ─ me obligaba a recordar el porqué la joven enfermera se encontraba allí, no quería meter la pata, no con una nueva, porque sé que se siente cuando tratas pacientes cascarrabias y no tener idea de su mal humor, pero es que a veces… ─ ¿Eres nueva? ─ Si ─ Hm… y… ¿Podrías hacerme un favor? ─ Si, claro ─ Cuando termines… ¿Podrías preguntar por allí por ella?, es… que necesito hablar con ella… es… importante ─ Si, claro… así lo haré ─ ¡Mentirosa del carrizo!, ay carajita te estás ganando unos buenos carajazos. De verdad es importante ─ insistí tomándola por la muñeca y pude sentir algo extraño, ella… se había asombrado y… asustado, pude sentir… eso, y era que tenía su muñeca sujetada con fuerza, como si estuviera en todas mis facultades de salud normales. ─ Lo siento ─ farfullé cuando me había percatado de ello y la solté sintiéndome totalmente apenada, en cambio ella se aclaró la garganta y asintió. ─ Descuide, pero si es muy importante para usted, la buscaré ─ Te lo agradecería ─ y no hablé más, dejando que ella se concentrara en su trabajo.

Cuando terminó de hacer su trabajo en asearme y me secaba, ella frunció el ceño con curiosidad. ─ ¿Qué es esto? ─ preguntó señalando algo en mi pierna, habían unas… laceraciones entre mis piernas, dos puntos, como mordidas de serpiente, inclusive, tenían las mismas características y enseguida se me vino a la mente el sueño del padre Oliver, y algo muy en el fondo me hizo estremecer de miedo. ─ No podía ser posible, ¡es imposible! ─ pensé totalmente horrorizada, y como dicen por allí de que vuelan, vuelan. ─ ¿Es la primera vez que lo ve? ─ Si… si, no me había dado cuenta ─ ¿Zancudos? ─ Po… po… posiblemente ─ contesté haciendo una mueca tratando de ocultar mi inquietud.

Por fin de vuelta a mi cama, la enfermera se despidió repitiéndome que haría lo posible por averiguar el paradero de Marisela o donde la tenían asignada, y eso me hizo sentir mejor, tenía ganas de disculparme, debía disculparme, no fue mi intención querer ofenderla, no había sido mi intención y volviendo a aquellas marcas… con cuidado deslicé mis manos por encima de la sábana con la imagen de aquellas marcas en mi mente, solo espero que Oliver tenga una explicación para esto… tal vez me estaba volviendo paranoica viendo cosas donde no existían, y posiblemente la nueva irá con el doctor de guardia para informarle la irregularidad, porque esa pregunta sobre el zancudo era una excusa para sacarme información.

Nunca pensé que esperar hasta la medianoche fuera una eterna tortura, constantemente lanzaba miradas al reloj de pared y ver siempre la misma aguja en el mismo sitio, me sacaba de quicio, y me atrevo a decir, que no quería comer, no solo porque estaba molesta, y era extraño y preocupante porque hasta por nada me enojaba y algunos entendieron que era debido a mi condición de estar siempre postrada en una cama, y como tampoco llegaba la retrasada de la novata con noticias de Marisela, no ayudaba en nada con mi temperamento, mucho menos llegó el doctor a verificar sobre estas presuntas picaduras, esa era la única parte buena, porque no estaba de ánimos para dar explicaciones de algo que ni yo misma entendía. Tratando de distraer mi mente intenté darle un bocado a la comida y fue el peor error de mi vida, la comida, me… repugnaba, no la pasaba, al contrario, terminaba por vomitarla en el cubo de la basura, y eso me enfurecía aun más, ¿Por qué coño no podía comer?, ¿Por qué coño no llegaba la nueva con noticias de Marisela?, ¿Por qué coño no llegaba Oliver?, ¿Por qué coño siempre estaba arrecha?

Cuando por fin las agujas marcaron las 5:00PM, la enfermera novata vino a verme y mi corazón se aceleró. ─ Trae noticias de Marisela ─ pensé, y en efecto, ella había venido a buscar la bandeja con la comida apenas tocada y no perdí tiempo en preguntar: ─ ¿Averiguaste algo de mi amiga Marisela? ─ se veía indecisa, al oír el nombre su rostro se ensombreció, algo sabía esta carajita del carrizo y no me quería decir. ─ Si sabes algo, por favor, dime ─ exigí antes de perder los estribos y me diera otro ataque de tos, ya que mi respiración se comenzó a acelerar, de verdad ella se debatía en contarme, pero debió haber sido mi expresión que la obligó a decirme todo. ─ Yo… no sé si debería… ─ ¿Qué pasó? ─ Marisela… ─ (tose) ¡Habla! (tose, tose) ─ Ella… está… ─ ¿Qué? (tose, tose) ─ (suspiro amargo) Está… muerta. Murió de Tuberculosis. Le golpeó de manera prácticamente fulminante, los doctores solo pudieron atenderla durante tres días, al tercero murió de un paro respiratorio. Lo lamento ─ la noticia me afectó tanto que sentí que el tiempo se había detenido, mis latidos tal vez se habían detenido también, ¿Marisela… muerta?, ¡Dios mío!, pero… ¿Cómo…? y yo… esto tenía que ser un error, ese ardor se volcó en mi corazón y en mi pecho, que juré que me había quedado sin aire. ─ ¿Estás segura? ─ S… si, señorita ─.

Mi llanto no pudo contenerse, porque… aunque estaba furiosa, no podía contener el dolor, ni mi llanto, ¿Cómo era posible que Marisela haya muerto en tan poco tiempo y aun yo estoy aquí convaleciente?, ella era una excelente persona, ¿Por qué tuvo que morir así?, mientras que más se acentuaba mi llanto, mi tos se hacía cada vez más incontrolable, y nunca me había sentido tan mal, no solo emocionalmente, porque mi tos se hizo tan pronunciado que creí que mis pulmones colapsarían, no podía respirar, me estaba muriendo y no sabía si sentirme agradecida o desesperada, porque en ese momento la enfermera trató de calmarme, pero mi furia era tal, que aun estando con la respiración trancada, la sujeté por el cuello, (dientes apretados) ¡Porque si iba a morir no me iría sola!

Como pudo, la enfermera se liberó de mi agarre y salió despavorida, supuse que se había asustado, pero no fue así, aun sin poder respirar, mantenía con la vista puesta hacia la puerta extendiendo mi brazo queriendo alcanzar algo, tal vez aun seguía queriendo alcanzar a la enfermera y partirle el cuello, porque de verdad quería hacer eso, y cuando mi visión ya se nublaba, entraron unos doctores a la carrera y comenzaron a realizar su trabajo, no se cuanto tiempo pasó, no sé que tanto hicieron conmigo para que pudiera respirar, bueno en realidad tengo una idea, pero no quiero abrumar con detalles, porque cuando recobré la conciencia, estaba atada de pies y manos y ya era de noche, pude notarlo al querer moverme para frotarme el rostro y no lograrlo. Con ceño fruncido por la molestia de haber sido atada con unas especies de correas, estudié mis ataduras, inclusive, los de los pies. ─ ¿Qué coño le pasaba a esta gente? ─ me pregunté al tratar de tirar de mis ataduras con fuerza, o lo que me quedaba de ella. ─ Lamento haber tardado tanto ─ el comentario me detuvo en el acto haciendo que mi corazón se acelerara, pero esta ve no era la emoción lo que me embargaba, ¿o si?, solo sé que quería respuestas y las quería ahora. ─ ¿Por qué… no habías… venido? ─ He estado ocupado ─ ¿Con… quién? ─ Preparativos ─ ¿De qué? ─ Cuando Oliver estuvo a punto de contestar le interrumpí: ─ ¿Sabes que… mi mejor… amiga murió? ─ No lo sabía, lo… lamento ─ Pues no… lo… lamentes… porque ella… está muerta y yo… sigo aquí atada a esta maldita cama (tose, tose, tose, tose) ─ ¿Cómo murió? ─ De tuberculosis (Tose, tose) ─ Elisa… por favor… ─ me suplicó e hice de tripas corazón para calmarme; como que ya no tenía esos efectos en mi. ─ A ella… le afectó… más… fuerte… que a mi. Murió… de… colapso pulmonar… y hoy estuve… a punto de morir… y ¿Sabes qué?, así lo esperaba… y tu… no estabas ─ ¿Por qué quieres morir? ─ ¿No… es… obvio? ─ La pregunta me irritó más de lo normal, me estaba comenzando a alterar otra vez y la respiración a fallar nuevamente, ¡¿Cómo se le ocurre preguntarme eso?!, ¿acaso es…? ─ Responde ─ demandó cortando mi meditar mientras se acercaba y tomaba la carpeta de mi historial médico y lo ojeaba, y… si meditar era querer despotricar insultos muy creativos en mi mente. No sabía si era debido a su expresión ilegible, pero había algo en él que me obligó a calmarme, era como si el padre Oliver no era él, era… algo más, más oscuro y no me refería a su hábito. ─ Mi amiga murió… le dije… cosas horribles… y… no pude… despedirme… ni… disculparme ─ contesté sin impedir que una lágrima brotara de mis ojos y se desplazara amargamente por mi mejilla.

─ Veo que te han sacado fluido de los pulmones y te han mantenido con tratamiento a base de penicilina, seguramente se ha complicado la infección en los pulmones ─ ¿Has… escuchado… algo de lo… que dije? (tose, tose) ─ Si ─ contestó tan tranquilamente colocando la carpeta donde estaba como si solo le hubiera preguntado la hora. ─ Elisa ─ dijo antes de que mis réplicas salieran a flote. ─ Entiendo lo que sientes, inclusive te comprendo ─ (dientes apretados) No… pareciera ─ Quieres salvar a muchas personas, lamentas no haberte despedido adecuadamente de un ser querido, lamentas muchas cosas que quieres hacer por mucha gente, pero no puedes y permíteme agregarte que en parte soy yo el causante ─ Al fin reconoces algo ─ ¿De verdad quieres hacer algo para cambiar las cosas, salvar cuanto puedas o como puedas? ─ me mantuve en silencio mirándolo aprensivamente ante sus palabras, ¿Qué querría decir con eso? ─ Si te dijera que tengo una posible solución para escapar a todo este mal que te aqueja ─ No digas estupideces… estoy condenada ─ No. No lo estás y no son estupideces, te estoy proponiendo una salida ─ No se ha… encontrado… una vacuna… viable para la tuberculosis y… ahora vienes… ¿Y me dices… que tu la tienes? ─ Solo te estoy ofreciendo la salida únicamente a ti, Elisa ─ ¿Por qué… yo?, ¿Por qué no… se la ofreces… a alguien más?, ¿Por qué no… salvar a estas… personas… que están… agonizando en sus camas… anhelando volver… con sus familias? ─ Porque solo puedo salvar a una, pero tu posiblemente puedes salvar a muchas estando en buenas condiciones, pero a un precio ─ ¿Cuál? ¿Mi alma? ─ Tu vida ─ mi corazón se detuvo, ¡en verdad era un psicópata!, no podía gritar porque los pulmones no daban para ello. ─ Te estoy proponiendo vida eterna, conocimiento como jamás hayas tenido, posibilidad de salvar a cuantas personas puedas en el mundo, corregir lo que está mal solo a cambio de tu vida ─ ¡realmente este hombre estaba enfermo!

No podía decir ni hacer nada, estaba en shock, ¡iba a morir en manos de un psicópata!, cuando vi que revisaba el bolsillo de su abrigo me dije: ─ ya está, me apuñaló ─. Pero en cambio, solo sacó un vial con… algo, un líquido espeso y negro. ─ Bebe ─ instó tendiéndome el vial. ─ ¿Qué es? ─ Tu salida ─ lo consideré un poco más saltando mi vista del vial a la cara de Oliver que no expresaba nada. ─ Estás muriendo y si no bebes pronto, no solo morirás, pero tiene que ser tu decisión ─ ¿Qué? ─ Oliver guardó el vial y tomó asiento al lado de la cama. ─ ¿No has sentido que hubieron días que te sentías bien? ─ Si ─ contesté tentativamente. ─ Luego decaíste sin saber porqué ─ Si ─ hurgó en su bolsillo sacando dos viales vacíos. ─ ¿Qué es? ─ Si no bebes el tercero, morirás y te levantarás siendo… algo más ─ ¿Qué es? ─ Sangre ─ el estómago se me revolvió, quería morirme, quería vomitar, quería que se fuera, quería… ─ Es una sangre especial, sangre de Nafal ─ solo podía boquear como un pez, este cara de… ¡me ofrece beber sangre! ─ Elisa, esto te sanará completamente, vivirás eternamente ─ Largo ─ Solo escúchame… ─ Fuera ─ Elisa… si me escuchas lo entenderás ─ Oliver… vete (tose, tose, tose) ─ ¿No has sentido que la comida te causa nauseas? ─ las replicas se detuvieron y traté de controlar mi tos, tragué con dificultad y… ─ Estás más irascible que nunca, cualquier cosa te irrita y no puedes coordinar muy bien algunas palabras, ¿Me equivoco? ─ ¿Cómo sabes eso? ─ Porque has bebido de estos viales ─ No recuerdo haber bebido eso ─ Hice que los bebieras ─ ¿Qué? ─ Controlé tu mente para que los bebieras ─ He… bu… pero… tu… es… com… ─ Pero el tercero debes tomar la decisión libremente, solo a ti te escogí entre todas estas personas ─ Pe… pe… pe… ─ Si quieres vivir y ayudar a las personas… ─ ¿Qué pasa si no lo bebo? ─ No te mentiré. Morirás y te levantarás siendo un cadáver, que aunque seas consciente, no podrás evitar el hambre de devorar carne y sangre, no durarás mucho porque o te mueres por segunda vez al paso del tiempo a causa de la descomposición o los lugareños lo harán, te temerán y te odiarán, posiblemente lastima… ─ Basta… por favor… basta ─ sollocé, no podía soportar esto. ─ ¿No te… cansas… de burlarte… de mi?, ¿Es… gracioso… para ti? ─ ¿Me ves que estoy riendo?, he tenido que beber de ti porque… si no lo hacía, tu cuerpo no soportaría los viales ─ ¿Qué has… dicho? ─ y enseguida los recuerdos de aquellos sueños vinieron a mi mente como una bofetada. ─ Entonces… no eran sueños ─ murmuré con la mirada perdida. ─ No ─ y el pánico volvió. ─ ¿Qué… eres? ─ pregunté mirando a Oliver totalmente aterrada, y él me lo mostró, extendió sus colmillos y oscureció sus ojos tan profundamente como los abismos del infierno, y por un segundo sentí que mis pulmones volverían a fallar. ─ Si no tomas del vial, lo que tanto quiero evitar, pasará ─ dijo con aquella cara distorsionada en algo demoníaco. ─ ¿Y si la bebo? ─ morirás por corto tiempo y te levantarás completamente curada, tendrás vida eterna y podrás ayudar a tantos como puedas ─ ¿Por qué yo? ─ pregunté casi sollozando, porque el solo pensar que mi vida estaba en juego… ─ Eres más de lo que te estimas de ti misma ─.

Los minutos fueron pasando mientras que yo trataba de descifrar el rostro impasible de Oliver, un atisbo de burla, o algo que se le pareciera, pero no, por lo menos había cambiado su rostro a algo más normal, lo cual, eso me tranquilizó, solo un poco o mejor dicho poquitísimo, ¿Aun seguía siendo Oliver o era ese demonio que me ofrecía sangre a cambio de mi vida? ─ Bien… beberé ─ acepté suspirando casi profundamente, porque si lo hacía, de seguro me daría un ataque de tos, pero Oliver me dio la condición que antes de beber, él tendría que tomar un poco de mi, no sabía como sentirme al respecto, y si, tal vez me digan que estoy loca, pero si había una posible solución de vivir, de… curarme, ¿Qué hubieran hecho ustedes en mi lugar?, por lo tanto, tomé valor y extendí mi mano, pero Oliver vio que me tenían atada, me desató y me dio el vial, le mostré mi cuello y él negó, tomó mi mano volteándola boca arriba. ─ No dolerá ─ me dijo encontrando mi mirada, y en efecto, solo sentí dos piquetes como dos agujas entrando en mi piel. Cuando bebió hasta dejarme al punto de que todo me empezó a dar vueltas, vendó mi muñeca, le quitó la tapa y me llevé el vial a los labios totalmente atontada, y antes de beber, le di una mirada buscando si había algún cambio en él, pero no. Seguía igual. ─ En nombre de Dios ─ musité y bebí.

Nunca había sentido tal agonía, era como si el cuerpo me ardiera desde la punta de mis dedos hasta la punta de mi cabello, cada nervio, cada músculo, cada rincón de mi ser se retorcía en dolor, pero donde más tuve mi mayor agonía fue en mi estómago y pecho, quería vomitar. Oliver me decía algo, pero no podía escucharle, supongo que me alentaba a no vomitar; el mundo me daba vueltas mientras que el dolor me quitaba la razón, no sabría si fue un alivio haber estado atada, porque lo más seguro es que me hubiera lastimado a mi misma, ni siquiera supe en qué momento Oliver ató mi mano otra vez.

Gruñía, gritaba, gemía, me retorcía y no había forma de que el dolor cediera, creí que Oliver me había engañado y me había envenenado, pero no podía insultarlo, no cuando el dolor no me dejaba pensar, o siquiera articular palabra alguna, solo terror y agonía pura cruzaban mi rostro y punzaba en todo mi cuerpo, mi corazón lo sentía prácticamente estallar, y solo una frase sonó en mi mente antes de que todo se volviera negro y me perdiera en la inconsciencia, o creí que era la inconsciencia. ─ Pronto renacerás ─ era Oliver.

Agité mi mente volviendo a la realidad, nunca podré olvidar aquel sufrimiento y muchas veces me preguntaré si valió la pena esa elección, bueno… lo descubriré cuando ponga en marcha mi plan.

Abrí el baúl y comencé a sacar ropa vieja nuevamente, y colocarlos acomodadamente sobre la cama, eran demasiados vestidos de tantas épocas diferentes, y entre ellas, se encontraba ese vestido, un vestido que una vez fue blanco y que ahora estaba manchado de sangre seca y la tela amarillenta por lo años, si, ese mismo vestido, esa noche… esa noche no recuerdo mucho cuando desperté, solo… solo un dolor por todo mi cuerpo y unas ansias enormes, un hambre que no me dejaba razonar, pero sobre todo aquella oscuridad, el encierro, no podía pensar, solo querer salir y saciar mi hambre era lo único que tenía en mi mente, ni siquiera podía recordar mi nombre, pero cuando escuché pasos y palas acercarse, me quedé quieta, eran voces, voces de hombres y estaban cerca. Quería gritar pero no podía, no para que me sacaran, era el hambre lo que me estaba matando, sé que gruñía, sé que pataleaba y cuando un olor a metálico inundó mis fosas nasales, todo dejó de ser y pateé con fuerza hasta que una tapa salió volando y pude ver claridad, sentir el aire fresco, pero eso no me importaba, solo encontrar la procedencia de ese aroma que tanto me atraía.

Como pude, me arrastré para salir de aquel agujero, no podía mantenerme en pie, todo mi cuerpo protestaba o tal vez el dolor me tenía cada nervio entumecido, cuando por fin me puse a penas en pie, vi que los tres hombres estaban aterrorizados y eso me… gustaba, incluso mi boca se volvía agua saboreando sus temores, no entendía lo que decían porque sus palabras era algo que no me interesaba, solo un aroma en particular, y allí estaba, el que se había cortado la mano; traté de dar un paso, pero algo me golpeó la cabeza, haciéndome tambalear a duras penas, todos mis sentidos, mi atención yacían en ese hombre, en su herida, y cuando trataron de huir, todo se nubló, se podría decir que los ataqué, que los inmovilicé, perdí el control de mi y bebí de ellos.

Nunca había sentido tal éxtasis en mi vida, algo tan maravilloso, cada sorbo inundaba mi paladar en vida, cada sorbo era una gota de cordura que volvía a mi. Pude recordar mi nombre, fragmentos de vida, como trozos de vidrios desperdigados cayendo en mi mente, el dolor por todo mi cuerpo fue cediendo considerablemente y eso me ayudó a que los pensamientos volvieran con mayor fluidez, pero el sabor… ese sabor en mi boca era la gloria, la cúspide del poder, me hacía sentir que podía hacer cualquier cosa y que nadie podría detenerme.

El sonido de una verja abriéndose cortó mi alimentar, encontrándome con otro sujeto vestido en un abrigo negro y sombrero, no dudé en levantarme y ponerme en guardia, aun no me sentía con fuerzas, pero si me tocaba defenderme lo haría. Mostró su mano y olfateé, hasta que desabotonó su abrigo un poco para mostrar algo en su cuello, era… era… un hábito, un hábito de sacerdote, era… era… él. ─ ¿Oliver? ─ pregunté al venir su nombre a mi cabeza como una epifanía, traté de decir otras cosas más, pero mis palabras no podían salir, tampoco podía respirar y en ese momento me entró el pánico, ─ ¿Qué… me… pasó? ─ pregunté entrecortadamente, apenas lograba obtener un atisbo de aire para mis pulmones. ─ Solo respira… recuerda como respirar para que tus palabras fluyan ─ recomendó Oliver y así lo hice, fue un esfuerzo por obtener algo de aire, pero entre mi desespero y mi impaciencia, me hacían difícil respirar, era como ser un asmático, así que traté de calmarme y… ─ ¿Estoy… muerta? ─ pregunté buscando de acompasar las respiraciones, parecía como si hubiera corrido miles de kilómetros. ─ Para el mundo si ─ contestó con una expresión ilegible, entre toda aquella confusión, pasé una mano por mi cabello y más imágenes cruzaron por mi mente, imágenes muy familiares, era como recordar algo… un pasado que creías olvidado, flashes de imágenes, similar a diapositivas casi borrosas. ─ ¿Y mi… familia?... porque… tengo familia… ¿Cierto? ─ Así es ─ Quiero… verlos ─ Ya no es posible ─ ¿Cómo que ya no es posible? ─ pensé. Ladeé mi cabeza en un gesto de interrogante, pero mi estado de alerta… no sé porqué, pero aun me sentía que debía andar con cuidado, sentía que Oliver era de temer. ─ Ven conmigo ─ me dijo y luego agregó: ─ Te lo explicaré todo ─ me tendió la mano y enseguida la imagen de unos viales de… algo oscuro vino a mi mente y fue cuando pude entender que Oliver era de confiar… hasta cierto punto.

Cuando me dispuse a dar mi primer paso, me percaté de los cuerpos desangrados y en un segundo me horroricé o tal vez asombré, no quería creer lo que había hecho, ¿De verdad fui yo?, ¡Dios mío!, ¿En qué me he convertido?, ¿Qué me han hecho? ─ No fue tu culpa ─ fue lo único que pude procesar en la lejanía, ya que toda mi atención se encontraba volcada en aquellos cuerpos, traté de alejarme y terminé tropezando con algo y me apoyé de la pared, quería gritar, pero la voz no me daba, me había quedado sin aire otra vez. ─ Elisa… escúchame. Tenía que suceder, o era eso o saldrías de aquí a lastimar verdadera gente inocente ─ Levanté la mirada aun más asustada, tal vez había entrado en pánico, ¿Cómo que lastimaría gente inocente? ─ Estas personas ─ me señaló los cuerpos sin despegar ojo de mi. ─ Profanarían tumbas para vender sus cuerpos, y si alguien se les interponía, lo lastimarían, tal como quisieron hacer contigo ─ me señaló donde me habían golpeado, golpe que ya se había sanado completamente. ─ Ellos eran personas malas, Elisa y tu los detuviste, si no lo hubieras hecho, familias vendrían a traer flores a tumbas vacías pensando que sus familiares fallecidos aun están allí ─.

Un poco de la tranquilidad y la cordura volvió en mi, y en ese momento pensé… que muchos habrían enloquecido al presenciar todo esto, ¡carajo! si aun me cuesta pensar que había vuelto entre los muertos y… y… era una asesina, pero estas personas estaban haciendo algo malo ¿No? Y lastimarían a otras, inclusive, interrumpían el descanso de los muertos, y la exhumación de los cuerpos sin la debida autorización de los dolientes era un delito, ¿Pero matarlos por ello?, ¿No sería mejor entregarlos a las autoridades?, ¿Qué coño realmente soy ahora?