Chapter 40: Cap. 35 Una larga vida 1ª parte.

─ ¡¿Cómo coño pudo fallar?! ¡¿Por qué yo si pude vincularme y ellos no?! ¡¿Cuál fue el error?! ─ protestaba totalmente frustrada, no podía creer que mi plan de vincular, auque fuese la mitad, hubiese fracasado. Yacía en el salón con Oliver, Wendt, Eloísa y Steineer, y verles a la cara era ver la cara de decepción de todo el escuadrón, se veían tan esperanzados de poder vincularse con sus seres queridos y yo les había fallado, ¿y qué podían decir para levantarme el ánimo? Steineer tenía cara de no saber nada, ni mucho menos tener idea alguna que decir al respecto, Wendt igual, Eloísa, con la mirada perdida buscaba posibles variantes para el éxito de la vinculación y ¿Oliver?, Dios, odiaba cuando no podía leer su expresión. ─ Tal vez es aun muy pronto para ser vinculados ─ musitó Eloísa un poco meditando al respecto. ─ Es obvio que aun están muy jóvenes para vincularse ─ protesté a cambio. ─ Entiendo tu frustración, yo igual esperaba que funcionara, pero… ¿Cuánto tiempo te tomó para vincularte con Wendt? Es decir, ¿Cuánto tiempo tuviste que esperar? ─ fruncí mi ceño encontrándome con su mirada. ─ ¿Qué quieres decir? ─ Lo que oíste, porque supongo que debió pasar un tiempo después de tu retornar cuando te vinculaste con ella ─ Hem… he… no lo recuerdo, creo que un mes, o dos, tampoco se me explicó del todo lo que significaba estar vinculados ─ ¿Estás diciendo que tu vinculación fue algo al azar? ─ Si ─ contesté arrastrando la palabra. ─ ¡¿Qué clase de Nafalem eres?! ─ No me culpes, aun soy muy joven y lo único que quería era salvarle la vida, alguien le había lastimado de gravedad y fue lo único que se me ocurrió ─ Eloísa entornó la mirada sobre mi y yo le devolvía el gesto, su cara decía, “te la paso porque es tu vinculada, son hermanas y la salvaste”, pero no estaba muy convencida, o tal vez veía en mi su próximo sujeto de pruebas. ─ Tal vez con ellos se deba ampliar el rango de espera, tal vez dos a cuatro meses ─ No es lo mismo ─ interrumpió Oliver con ceño fruncido, y yo tapé mi rostro con mis manos, aun no podía asimilar, ni creer la enorme falla de mi plan, y cuando Oliver hablaba, tumbando toda esperanza de posibilidad, eso me frustraba cada vez más. ─ Ella es una Nafalem y ellos son como su descendencia. Deben fortalecerse antes de vincularse. La sangre de ellos está diluida ─ ¿Qué sugieres? ─ exigí levantando mi rostro de mis manos. ─ Encontrar otros como nosotros y que los desequen, una vez hecho, darles de tu sangre para prevenir que se pierdan a si mismos ─ ¿Ese es tu plan? ─ ¿Tienes una idea mejor? ─ Algo mejor ─ escupió Eloísa logrando que volcáramos nuestra atención en ella, y su cara no me gustaba, era el rostro de un demonio planificando, un… maestro antiguo. ─ Podemos usar la hormona para alargar la vida de todas estas personas, hasta que todos en el escuadrón tenga la suficiente fuerza para vincularse con uno de ellos, como dije con anterioridad, podemos usar intervalos cada cierto tiempo para probar que tan fuerte es la sangre para dar ese paso ─ no es que fuera una mala idea, al contrario, me encantaba, eso podría usarse para futuros planes y mi cerebro maquinaba esas ideas. ─ Si temes por ellos, podemos asignarle uno de los escuadrones para que los cuiden desde las sombras, serán… como sus guardaespaldas y tus emisarios. Cuidarán de tu inversión que son los vivos, por decirlo de alguna manera, y ellos rendirán reporte a ti, Wendt igual será la cabecilla de todos ellos, ella será tu porta voz ─ no podía negar que la idea de Eloísa era magistral, casi una obra maestra y uniéndola con la idea de los niños y la de Oliver…

─ Pero no podemos dejar el viñedo solo ─ comenté con mirada ausente, pensando, calculando. ─ Si quieres, puedo quedarme aquí para recuperar el viñedo, será como una base de operaciones, apenas estemos operativos, podríamos enviar una correspondencia ─ No ─ repliqué. ─ ¿No? ─ Es muy peligroso, Eloísa, tienes civiles, te dejaré una parte del escuadrón, ellos te ayudarán con las defensas y a recuperar, cuando todo esto pase, es que nos ocuparemos de establecer comunicación ─ Podría asignar a uno de mis hombres como mensajero ─ No Steineer, no cuando aun son muy jóvenes, aun caen en letargo ─ No quisiera ser una portadora de malas ideas, Elisa, pero lo único que se me ocurre es enviar a uno de los civiles ─ sopesé la idea de Eloísa, y tampoco me agradaba, así que… ─ Oliver ─ dije chasqueando los dedos. ─ Nadie dudará de un sacerdote y más cuando es un susurrador ─ agregué con sonrisa llena de picardía y malicia. ─ No puedo dejarte a tu suerte, Elisa, soy tu guía, ¿Lo olvidas? ─ No me dejarás a mi suerte, me has enseñado bien y estaré con el Escuadrón Carvajal ─ ¿Y los letargos? ─ Oliver… ten un poco de fe en mi, tengo a Wendt, ella podría ser quien dirija a los civiles durante el día y nosotros actuemos en las noches, seremos cuidadosos en no dejar rastro, confío plenamente en Steineer que hará lo que sea necesario para que sea así ─ explicaba parándome delante de Oliver y Steineer asintió con solemnidad. ─ Protegeré a la Führer con mi vida ─ ¿Ves? ─ señalé y Oliver, aunque no muy convencido, asintió. ─ Todo estará bien, confía en mi, yo sabía que tarde o temprano tendríamos que separarnos para cumplir con mi propósito, y no hay nadie en quien confíe más esta tarea que tu ─ consolé frotando los amplios hombros de Oliver y ¡muchacho! Los músculos de este hombre parecían unas piedras y no creo que sea por lo tenso. ─ Mañana en la noche elegiremos quienes se quedan recuperando el viñedo y quienes vienen conmigo ─ anuncié confrontándolos a todos. ─ Eloísa, necesitamos realizar más de esos sueros, supongo que te es indiferente si es mi sangre o cualquier otro ─ Eloísa agitó su mano en pereza aclarando que cualquiera le serviría. ─ Bien, selecciónalos. Wendt, ¿Podrías informarles a Olga y a Madeleine que pronto serán atendidas? ─ Si, madre ─ Tengo planes para ellas y las necesitaré igual que a ti. Oliver, si necesitas ayuda para la misión de ser el mensajero… ─ y sin poder terminar la sugerencia dos nombres vinieron a mi mente, pero para hacer contacto con ellos debía retornar a Londres, ¿y saben qué?, mejor no podía ser.

Cuanto por hacer en tan poco tiempo, así dice el refrán, pero en nuestro caso el tiempo era algo que no teníamos en nuestra contra, pero si podíamos cumplir lo antes posible, sería más que excelente, sin embargo los grandes planes funcionan a largos plazos, así que todo nos llevó prácticamente al invierno en nuestro quinto año de guerra, a veces mandábamos a varios de los nuestros a incursionar en las otras ciudades para arrasar cuanta fuerza enemiga se encontrara, Eloísa trabajaba arduamente en la elaboración de los sueros mientras que Steineer entrenaba arduamente a sus muchachos, estricto, diligente y muy religioso en ello, ahora era Wendt quien se anotaba en los entrenamientos con él con la ayuda de Oliver, a veces hacían pequeños torneos entre ellos para probarse a si mismos, y eso servía para distraer un poco a los civiles con una buena lucha amistosa, la primera regla era: sin garras y sin colmillos, todo lo demás era permitido, y quien menos me esperé en ver que llegara a las finales fuera Bach, su contextura atlética no daba cabida a que fuera uno de los favoritos, debido a los cuerpos altamente definidos y fornidos del resto de los concursantes, sin embargo, su agilidad era de admirar, pero cuando le tocó luchar contra Steineer u Oliver… era luchar contra dos murallas infranqueables, pero eso no amilanó al muchacho, y más que antes de cada pelea se la dedicaba a Wendt. Como mencioné, Bach era un fiel admirador, pero el muchacho no estaba enamorado de ella, al contrario, era su mejor amigo.

Eso motivó a más de uno en participar en los entrenamientos, hombres y mujeres por igual, eso nos gustó tanto a Oliver como a mi, y Eloísa ni hablar, los veía como sus ratas de laboratorio, porque mientras más aumentaran su rendimiento físico, su suero trabajaría con mayor eficiencia en la longevidad de los sujetos.

Todo ya estaba listo, los preparativos para el viaje y los que nos acompañarían, Bach se quedaría para asistir a Eloísa y Steineer vendría conmigo, eso entristeció a Bach, porque no compartiría por mucho tiempo con Wendt, pero eso no quitó que aceptara su misión como era debido, desde luego Oliver vendría conmigo, pero cuando llegáramos a Londres, daríamos el segundo paso, el que sería regresar a mi país con mis hombres, y Oliver se quedaría dirigiendo desde Londres, siendo el único contacto disponible que me serviría para enviar correspondencias a Eloísa.

Por otra parte, Madeleine y Olga quedaron encantadas al saber que vendrían conmigo con un pequeño grupo de humanos, la otra mitad se quedaría con Eloísa al igual con la distribución del Escuadrón Carvajal. No lo negaré, el viaje de regreso a Londres fue bastante movido, porque las tropas enemigas comenzaron a arremeter con todo ya que era invierno, se notaba que querían acabar con la guerra de una vez por todas, pero ellos se quedarían con las ganas de aniquilar a un país entero, y si quieren saber que pasó con los alemanes que partieron del viñedo, honestamente no supe más de ellos, posiblemente murieron o tal vez consiguieron un mejor lugar, esperaba que la segunda opción fuera cierta. ─ Mi Führer ─ llamó uno de mis hombres señalando a un lado del camino; no fue necesario entornar la mirada para darme cuenta de varias personas caminando a un lado de la carretera, como un grupo de inmigrantes, pero… ¿de quien escapaban?, no tenían muchas pertenencias, pero de igual forma tenían niños en brazos y otros caminando. ─ ¿Les ayudamos? ─ preguntó con ojos muy abiertos, esperanzado de mi aprobación y… si, acepté ayudarlos. Nos detuvimos a un lado de la carretera interponiéndonos en el camino, pero el miedo se les disparó al vernos vestidos con uniformes británicos, rusos y franceses; el primero en saltar del camión hablando en un perfecto alemán fue Wendt, no puedo negar que se veía hermosa con ese uniforme norteamericano de francotirador. Levantando su rifle les aclaró que no les harían daño, que estábamos allí para ayudarles, que éramos alemanes, sin embargo, algo curioso nos llamó mucho la atención, unos rostros muy familiares les devolvían la mirada, eran… eran los… esto es increíble, el mundo es un pañuelo, eran los malagradecidos que se fueron del viñedo al pensar que yo era una tirana, ¡Ja!, mira como dan vuelta las cosas de la vida, la única diferencia es que no pasaban de veintisiete personas, ¿Qué les pasó al resto?

Me bajé del camión y me paré al lado de Wendt poniendo mis manos en mis caderas y apoyaba mi peso en una pierna, la sonrisa socarrona no cabía en mi rostro, era un evidente “se los advertí”, no hacía falta palabras de explicación para resaltar lo que ya había sucedido; ser acosados y asesinados sin descanso, ni tregua por soldados enemigos. Sin decir una palabra, les hice invitación a abordar el camión, y al ver tal gesto, sus rostros mostraron perplejidad, ya que no se esperaban que, a pesar de su traición al abandonar el viñedo, les mostrara tal cosa como la bondad. ¿Pero que…? ─ ¡Allí vienen! ─ advirtió Steineer dando unos golpes al costado del camión, pero los civiles no daban crédito a sus palabras, no podían ver, ni oír nada en la distancia, pero yo me había dado cuenta, mis hombres se habían dado cuenta, inclusive, los civiles que venían conmigo, aunque no veían nada, confiaban en nuestras palabras poniéndose en estado de alerta con armas en mano. ─ Wendt ─ fue orden suficiente para que ella se adentrara al bosque junto con otros tres del escuadrón. ─ Rápido. Suban ─ ordené, lo malo es que no pude traerme el camión de las medicinas, debido a que Eloísa lo necesitaba para seguir elaborando más de los sueros y almacenarlos y, también, para el cuidado de los civiles. ─ ¡Oliver! ─ grité con señas y fue más que suficiente para que él se pusiera en marcha con un asentimiento.

Me adentré en los bosques en busca de mis presas, chasqueaba mi arma mientras expandía mis sentidos. Desde lo alto de un árbol me encontré con varios de mis hombres que hacían lo mismo, los marcaban, marcaban sus presas, parecíamos enormes cuervos en espera de nuestra cena. Wendt se arrastraba entre la nieve fundiéndose con la maleza, atenta ante cualquier movimiento. Un contingente de setenta hombres y varios vehículos pesados venían con toda la intención de arrollar a los civiles desde los caminos sinuosos, por lo visto no era la primera vez que lo hacían. Al tenerlos en nuestras manos, aullé, los del escuadrón correspondieron al aullido, y a la velocidad de un rayo arremetieron desde las alturas con armas, garras y dientes, era la práctica perfecta para ellos en dominar sus habilidades, y eso era lo que yo quería.

Gritos de terror y desesperación adornaron la noche, nos movíamos como sombras entre ellos y Wendt aprovechaba del caos y el pánico como distracción para disparar desde la espesura, acertando en los tanques de combustibles de los vehículos pesados, es decir, las tanquetas y tanques de guerra. Nos dimos un festín, les hicimos ver y sentir el terror que vivieron aquellas personas que ellos mismos habían asesinado, a uno lo tomé por el cuello y lo llevé hasta un árbol y con su mismo rifle lo encajé en él, quedando como un abrigo sobre un perchero. Arrancamos puertas de camiones y autos, sacamos a tirones a los capitanes que no dudaron en rendirse y pedir clemencia. ─ Oigo sugerencias ─ solicité cuando todo había terminado, dejando a solo cuatro de ellos sin nada de ropa ante la intemperie del frío inclemente de la noche, tiritaban pegándose unos a otros para mantener algo de calor; mis hombres yacían detrás de mi mostrando sus colmillos y ojos demoníacos después de tirar los cuerpos ya drenados de los otros soldados enemigos, siempre rugiendo y gruñendo, ¿y Wendt?, salió como un espectro de entre las sombras de los árboles con rifle terciado en el hombro, los prisioneros pensaron que la destrozaríamos, porque uno de mis hombres se paró a su lado para ser escoltada. Ella se paró a mi lado estudiándolos también. ─ ¿Qué harás con ellos, madre? ─ preguntó discurriendo la mirada en cada hombre desnudo, tal vez consideraba donde les insertaría una bala. ─ Aun no lo he decidido ─ Lo que sugiero es que tomemos sus suministros y reservas, tal vez nos podrían servir ─ Bien. Nos llevamos uno de sus camiones, ¿Pero ellos? ─ Mi Führer ─ llamó uno de los soldados, había quitado una de las ruedas, ¿en qué momento lo hizo? ─ ¿Qué tal si jugamos? ─ (suspiré de aburrimiento) No tenemos tiempo, Zimmerman ─ Usted quería una sugerencia y pensé… ─ ¿Qué harás con eso? ─ señalé el auto sin una rueda, tenía solo el disco del tren trasero al aire libre. ─ Espere y verá ─ anunció con una gran sonrisa. Tomó a uno que comenzó gimotear implorando piedad, ató su mano en el disco y… ─ Espera ─ ordené y me acerqué, me acuclillé hasta estar cara a cara con el pendejo llorón. ─ Dime una cosa, ¿Por qué tendría que perdonarte?, ¿Acaso ustedes tuvieron piedad con los civiles?, ¿Tuvieron piedad con los niños y mujeres?, (dientes apretados) ¿Tuvieron consideración con los ancianos y padres de familia?, no… no la tuvieron ¿Verdad? ─ So, so, so, so, so os, solo seguíamos órdenes, (sollozo) ─ ¿Y las órdenes eran matar civiles? ─ Er… er… e… era matar alemanes ─ (gruñido) ¡¿Incluyendo civiles?! ─ (gimoteo) Por favor ─ Pretendes que tengamos piedad… ¿Tu la hubieras mostrado? ─ el soldado llorón se apresuró en decir que si. Con un mohín levanté la mirada para autorizar que pisaran el acelerador y… adiós mano. ─ ¡Dos opciones!, ¡o mueres desangrado o mueres de frío!, ¿Cuál eliges? ─ levantándome tuve que preguntar en voz alta, porque el imbécil solo podía revolcarse en el suelo y gritar aferrándose al brazo que una vez tuvo mano, y al no darme respuesta, elegí por él con aburrimiento. ─ Desangrado ─ y mis hombres no dudaron en caerle encima para drenarlo entre gruñidos y ronroneos de satisfacción.

Ahora los otros idiotas no sabían porqué temblaban, si por pánico o por frío, tal vez ambas, y el terror entre ellos aumentó más cuando vieron mis ojos amarillos y una sonrisa salvaje que prometía las peores de las muertes. ─ Me gustaría saber que tienen en sus cabezas al aceptar tales órdenes ─ musité meditabundamente y uno de los soldados se levantó limpiándose la boca con el dorso de su brazo mostrando sus colmillos en una sonrisa maliciosa. Tomó a uno al azar y acercó la cara al disco ensangrentado, levanté mi mano en señal de espera y… ─ ¿Por qué debería mostrar clemencia? ─ ¡Mátame!, ¡Mátame!, no importa lo que diga, igual forma moriré, pero ten en cuenta que… ─ levanté la mirada y adiós cara. Zimmerman disfrutaba de ello. ─ ¡¿Les gusta la tortura?! ─ preguntó con dientes apretados, pero muy sonriente. ─ ¿Qué tal ahora? ─ volvió a preguntar empujando aun más el cráneo del cadáver licuando hasta el hueso. ─ Ya está muerto, Zimmerman ─ anuncié con pereza y este lo dejó caer observando el cuerpo con repulsión. ─ Si no quieres desperdiciar la sangre… aprovecha antes de que se enfríe ─ no dudó en obedecer. Le di una mirada a los otros dos que quedaban. ─ ¿Qué tal unas brochetas? ─ sugerí con una amplia sonrisa. ─ Algo mejor, madre, ¿Qué tal una carrera? ─ enarqué mi ceño en respuesta e interrogante a la vez, no me esperaba que Wendt tuviera tanta creatividad. ─ El próximo pueblo debe estar a cien millas de aquí, supongo que los lobos están hambrientos, así que… cortemos sus muñecas. O se mueren desangrados o los lobos se los comen en el intento, su única esperanza es llegar al pueblo más cercano para que se puedan salvar y no les aseguro que consigan gente allí, ya que posiblemente estén todos muertos o salieron huyendo ─ Recuérdame no dejarte que pases mucho tiempo con Eloísa, ¡te está afectando! ─ repliqué asombrada ante tal idea retorcida, eso robó media sonrisa de Wendt después de darme una mirada plana. ─ Es que no tenemos tiempo, madre, Oliver debe estar muy lejos ya ─ Okay, okay, ya nos vamos ─ desenfundé mi cuchillo de combate y mis hombres los sostuvieron y por más que intentaron rehusarse, fue en vano, así que… realicé par de cortes en las piernas y las muñecas. ─ Corran ─ ordené guardando mi cuchillo. ─ Corran ─ canturreé y no dudaron en salir despavoridos entre cojeras esquivando raíces y piedras. ─ ¿Crees que sobrevivan? ─ le pregunté observando los dos cuerpos alejarse entre la nieve. ─ No ─ fue la respuesta de Wendt. ─ Morirán de hipotermia antes de llegar al próximo pueblo deshabitado y los lobos terminarán el trabajo, hm… tal vez los lobos los maten antes ─ señaló hacia unas laderas a un grupo de lobos correr en dirección a los soldados desnudos. ─ Hora de moverse ─ ordené ondeando mi mano al aire y nos pusimos a trabajar tomando todo lo que pudimos en provisiones.

Así era de movido nuestro viaje, a veces hasta más, pero siempre finalizando con un hermoso baño de sangre. Rodeamos por Luxemburgo, seguido de Francia, Bélgica y todo lugar donde pasaba un alemán o se sospechaba la presencia de unos inmigrantes, no se dudaba en enviar tropas para que fueran aniquilados, lastimosamente no pudimos salvarlos a todos, y siempre buscando la forma de que pasaran inadvertidos disfrazados de inmigrantes afectados por ataques de tropas alemanas, ¡JA!, que pendejos, la orden dada a las victimas era no abrir la boca por nada del mundo, parecer traumados, y la respuesta de uno de mis hombres fue: ─ Eso será sencillo, mi Führer ─.

Nuestro viaje duró alrededor de tres meses, debido a que teníamos que guardar nuestros letargos, y que los civiles también debían descansar, nos ocultábamos en caseríos abandonados para ello; lo otro que nos retardaba era que base que encontrábamos en nuestro camino era base arrasada, a veces nos separábamos para desviar atenciones, es decir, Oliver tomaba otra ruta mientras que el escuadrón y mi persona nos desplazábamos a dichas bases para alimentarnos y tomar cuantas provisiones pudiéramos para los civiles, una vez asaltados, nos reencontrábamos para proseguir nuestros caminos.

En Francia, Luxemburgo, Bélgica y Londres, no dudamos en rescatar niños abandonados, familias en desgracias. Éramos una enorme caravana, y a partir de allí, armamos nuestro propio orfanato dirigido por Olga, Wendt y Madeleine, aprovechamos una enorme casa abandonada en las afueras de Bournemouth, era una linda vista al mar. Armar nuestro orfanato base fue un tanto complicado, ya que debíamos reconstruirlo todo y era perfecto porque solo había un camino de tierra y como muro teníamos un enorme bosque que nos rodeaba, si intentaran sorprendernos desde allí, créanme que los sorprendidos serían ellos al encontrarse con un contingente de cincuenta y cinco soldados experimentados del Escuadrón Carvajal; fueron meses de arduo trabajo, en las noches nos desplazábamos a otros caseríos abandonados para tomar recursos y re-usarlos en la restauración del orfanato, ampliamos sótanos para los civiles y para los nuestros, usamos el mismo trabajo como forma de entrenamiento para mis muchachos, hasta yo me había sumado a ello, muchos protestaban en que yo no debía hacer tal cosa, pero mi replica fue siempre la misma: ─ Un verdadero líder comparte la carga con su gente ─.

Terminamos de restaurar la enorme mansión, y puedo agregar, modestia a parte, que quedó hermosa, casi igual que la hermosa casa de Oliver en su viñedo, habíamos anexado salones con talleres para la manufacturación de ropas y una enorme extensión de terrenos para la cosecha y cría de animales, cuya producción comenzó a dar frutos cuando ya habíamos terminado de hacer la restauración, imagínense cuanto tardamos en realizar todo aquello, casi alrededor de un año y medio, sobre todo en la delimitación en las tierras que tomamos, poco a poco fuimos creando una muralla lo suficientemente alta que con el tiempo reforzaríamos. Teníamos mucho trabajo por delante. Hicimos una enorme fiesta en conmemoración al esfuerzo de todos, entraron en un debate de que tipo de fiestas se realizarían, pero fue Steineer quien dio un paso al frente preguntándome como eran las fiestas de mi país, estudié cada rostro que esperaba una respuesta de mi persona, un discurso, hasta Wendt me miraba con ojos bien abiertos y centellantes en curiosidad, me aclaré la garganta y… ─ Tenemos una gran diversidad, podemos… podemos hacer una empalizada o carne en vara, preparar pabellones… ─ las caras de todos ellos era un poema al no entender nada de lo que trataba de decir, así que me tocó darles clases de cocina venezolana, (carcajadas) ¿se lo imaginan?

Fueron sencillas las clases, porque apenas mostraba un ejemplo de cómo se preparaba un plato, no dudaban en hacer lo mismo, hasta las salsas tradicionales. Cuando terminamos de hacer todos los preparativos, la fiesta dio inicio. Comieron venado, pabellones, conejo asado, aunque no había chivo, tomamos unas cabras y realizaron cabra en coco, (risas) no sabría decir si es lo mismo, pero ellos lo disfrutaron igual, sopas de res, de pollo y el famoso cruzado, fue hermoso todo, simplemente hermoso y durante las festividades, fui hablando con ellos, en un discurso de lo que tenía planeado realizar con el orfanato base, mi principal objetivo era empezar a salvaguardar personas afectadas por la guerra, darles un hogar, enseñarles manualidades para que vayan produciendo para el beneficio de ellos mismos, y que si crecía el orfanato, nosotros también crecíamos como seres humanos, aprender a convivir nos enseñaba no solo a compartir, también nos enseñaba a tolerar, a comunicarnos, que a pesar de nuestras diferencias, podíamos ser como una familia que cuidamos de los nuestros, y detrás de este objetivo, tenía mi otra intención que era mi plan contra los precursores.

Todas las noches salíamos a patrullar el orfanato, a cazar y traíamos provisiones para todos, hasta para nosotros, nos esparcíamos como una sombra negra por todo el lado sur de Inglaterra, hicimos lo mismo al norte de Francia, cuando Oliver tenía oportunidad en el día junto con Wendt, aprovechaban para entrenar y mejorar las capacidades defensivas de los civiles, y si les soy sincera, ellos mismos lo hicieron como un requisito obligatorio para el resguardo y el cuidado del orfanato. Zimmerman era un ingeniero electricista, que en conjunto a otros que eran arquitectos y colaboradores, ayudó en la alimentación eléctrica del orfanato usando uno de los camiones como generador y otro para el abastecimiento de agua corriente, ¿pero saben lo que me sorprendió más? Fue que los espías que nos encontramos durante nuestro viaje, hayan regresado vivos y victoriosos después de haberlos inducido en nuestro granero la primera noche en que llegamos, si, como lo leen, encontramos un espía francés y otra londinense en los límites de Alemania y Francia, La mujer era de piel blanca, cabello negro ondulado hasta las mejillas, ojos marrones claros, medía 1.72Mts. Delgada como una gimnasta, labios sustanciosos y rosados, nariz perfilada y facciones suaves y delicadas, vestida con cazadora de cuero marrón y pantalones de combate negro y botas militares especiales para amortiguar el sonido de los pasos, toda una muñeca para los ojos equivocados, ¿Quién diría que era toda una asesina entrenada?, el francés era más a lo James Bond de la segunda guerra mundial, disfrazado de soldado raso de la infantería francesa, de cabello rubio, ojos verdes, 1.77Mts. Ambos bien entrenados en el arte del asesinato. Usamos de nuestras habilidades para convencerles que eliminaran a todos los del alto mando, nos habían dado una larga lista de todos los implicados en la financiación de la guerra, también dimos la orden de que fueran ejecutados, que lo hicieran ver como un accidente. ─ ¿No los siguieron? ─ No ─ contestó la mujer con su rostro impasible, ella me recordaba mucho a Eloísa. ─ ¿Cuál es la siguiente orden? ─ preguntó el francés, ¿Qué podía hacer con ellos?, ¿les mandaría a volarse la cabeza?, ¿Los anexaría a mis filas? ─ Sirvientes ─ susurró una voz dentro de mi mente, y juro que lo consideré, pero como estoy más que segura que los sirvientes no tienen mente propia… no fuera a ser que cometan una burrada y terminen comprometiendo todo, así que… les daré una oportunidad y espero que sean lo suficientemente inteligentes en tomar la decisión correcta, ya que a ellos les convenía tanto como a mi.