Chapter 18: Cap. 16 El resumen de todos los tiempos
¿Pero quién diría que los años allí aprendiendo todo lo que necesitaba saber sobre ser una Errante pasarían prácticamente en un parpadear?, y basta con decir que los años venideros fue una total tortura para Wendt y para mi; tanto en los entrenamientos de lucha como en los de supervivencia, Oliver era implacable, no había un día de descanso para ninguna de nosotras, inclusive, Wendt estuvo a punto de tirar la toalla y aunque yo quisiera, no podía, tenía prioridades y debía cumplir, así que… motivé a Wendt y ambas seguimos, a ella con las clases particulares para que aprendiera a leer y a escribir, aprendiera idiomas, arte, música, literatura, historia, filosofía, a como montar a caballo, a como comportarse como una dama, creo que le llaman normas y etiqueta, creo… lo que sea, igual yo debía aprender, pero a mi se me exigía más. Como dije, no había piedad debido a mi condición de inmortal, porque terminaba con casi todo el cuerpo lleno de laceraciones y golpes que dejarían en coma a cualquiera, y con las prácticas de idiomas, Wendt me ayudaba con inglés y yo le ayudaba con el francés y el español; era imposible no reírse con nuestras burradas en las prácticas, nuestros únicos momentos de paz fueron en las festividades de año nuevo, donde Oliver se comportaba como un ser humano y nos trataba bien con regalos y cosas, para Wendt fue un mar de llanto recibir regalos como una familia por primera vez y la entendía perfectamente.
En las clases de conducir fue mi peor pesadilla, yo veía a los autos como una caja que te llevaría a una muerte segura, pero no solo era eso, Oliver se había empeñado en llevar a Wendt a las clases, y no sabía si era para que ella aprendiera o para mantener los nervios bajo control o simplemente para matarla por si algo fallaba. Los tres yacíamos en el auto, Oliver era el instructor y Wendt se encontraba en la parte de atrás y yo tras del volante, los nervios me carcomían por dentro. Oliver me iba indicando el como poner en marcha el auto y yo me quedé pensando: ─ ¡Naguará!, ¿Tanto para que esta guarandinga se mueva? ─ para mi eso era física quántica con chino, y mi frustración no se hizo de rogar. ─ No sujetes el volante con tanta fuerza. Sujétala con ambas manos. Pisa el embrague. Ahora tira de la palanca para meter la primera velocidad. Ahora pisa el acelerador y suelta el embrague, pero no tan rápido, hazlo lentamente hasta que hayas agarrado una buena velocidad, si crees que vas muy rápido suelta el acelerador y pisas el freno suavemente. Nunca pises ambos pedales ─ Ya va mijo, ya va. Vas como que volando, co, co, co ¿Cómo es esa vaina de mueve aquí, jala allá, pisa aquí? E, e, e, e, e, eso es mucho con demasiado para una sola persona, y tampoco soy un pulpo, mijito ─ Solo presta atención y hazlo como te lo indico, paso a paso ─ No, si, claro, fácil para el que sabe. Y no sé por qué carajo metimos a Wendt en todo este paquete, ¿Y si nos matamos? ─ Elisa… solo manejarás en línea recta ─ señaló Oliver el largo sendero de tierra. Tuvimos que buscar un sitio apartado para no dañar las plantaciones por si algo salía mal y debo admitir que tenía razón. Era un seis de junio cuando tomé esas clases extremas de conducir; así que respiré profundamente para prepararme, me acomodé el cabello y Wendt me daba ánimos con palmaditas y masajitos, le sonreí y me preparé. ─ Okay. Giro la llave… ahora piso el embrague… meto la primera velocidad… ahora piso el acelerador y… ─ lo estaba logrando, ¡había puesto en marcha el carro!, ¡naguará!, soy yo pues, soy yo, no juegue; si me vieran mis papás, me hubieran formado mi buen zaperoco, (risas) me hubiesen dicho: ─ ¡Muchacha!... ¡bájate de esa perola, que te vas a venir matando un día de estos! ─ (risas) cuanto los extrañaba, pero una advertencia de Oliver me hizo pisar tierra. ─ Elisa… allí hay un bache… ¿Elisa? ─ y por esquivar el condenado hueco, giré con tanta fuerza el volante, que me quedó en la mano y por querer frenar, pisé con fuerza y se me fue el pie al fondo atravesando el suelo y la palanca de cambio me quedó en la otra mano. ─ ¡Coño! ─ fue lo único que dije, y a causa de ello, perdimos el control hasta estrellarnos con un árbol. Por el vergajazo, casi me atravesé una teta con el muñón del volante, pero no pasó gracias a Dios, solo fue el trancazo nada más.
Dando tumbos, nos bajamos y mi primer pensamiento fue para Wendt, abrí la puerta con tanta fuerza que casi la desprendí. Y allí estaba Wendt, tirada en el asiento trasero con un buen trancazo en la frente, que en vez de ser un chichón, el toyuyo que tenía parecía más bien un lomo que le había crecido ahí en la frente, creí que estaba muerta, pero su respiración suave y queda fue lo que me alivió. ─ ¡Wendt! ─ la sacudí para ver si reaccionaba y solo pudo decir totalmente aturdida antes de desmayarse: ─ Los pollitos dicen… ─ y se desmayó en mis brazos, la acomodé en el asiento y fulminé con la mirada a Oliver. ─ ¿Para eso querías que Wendt estuviera con nosotros?, ¡casi la mato! ─ Pero no pasó ─ Es que sinceramente no te entiendo, ¿Tu eres loco o comes jabón?, en Londres me recomendaste traerla, pero haces unas vainas que… mira… provoca darte duro ─ Debiste prestar atención en la carretera ─ puse mi mano en mi cintura y la otra en la frente, no podía creer las cosas que decía este grandísimo hijo de su mamá. ─ Oliver, obviando el echo de que soy una amenaza manejando, no olvidemos que cargaba una vida dentro del auto ─ señalé a Wendt que aun seguía inconsciente en el asiento trasero. ─ La traje para que tuvieras cuidado al conducir ─ ¡Y el resultado fue al revés!, primero debiste enseñarme bien, luego cuando estuviera todo dominado, decirle a Wendt que nos acompañara, pero no, solo a ti se te ocurre semejante vaina. Y se salvó de vainita, porque la muchacha está toda turula ─ ¿Qué propones entonces? ─ enarque mi ceja ante su interrogante. ─ Ya que lo dices ─ me acerqué al lado del conductor y tomé el volante y la palanca de cambio y se las puse en las manos a Oliver. ─ Ten. Arregla tu, tu güevonada ─ cargué a Wendt con cuidado y me enfilé a la mansión con mi muchacha en los brazos.
Oliver hizo caso a mis ideas, pero convencer a Wendt para que abordara otra vez el auto con nosotros, fue un suplicio, no quería por nada en el mundo, y la entendía, así que no insistí, ella nos veía desde un lado de la carretera como yo manejaba y me estrellaba una y otra vez, solo fue cuestión de tres semanas más o menos que fue cuando se decidió a abordar porque había visto mejoría en mi forma de conducir, el resto de los años, fueron prácticas y más enseñanzas en el arte de la guerra y un montón de cosas más, y di gracias a Dios al letargo, y es que por cada vez que me fuera a la cama, me iría con un fuerte dolor de cabeza, y me levantaría igual por el mal dormir, pero no todo fue de color de rosas. Al principio de 1939, la guerra estalló en Alemania. Por órdenes del mismísimo Winston Churchill y el general Aisenhawer, centenares de aviones rociaron con bombas la ciudad, dejándolo todo sumergido en un mar de fuego y caos, miles de vidas inocentes perdidas. Hombres, mujeres, ancianos y niños, todos muertos, y todo, porque Hitler había llevado a su país a la cúspide de ser una potencia, él no tenía intención de dominar nada, ¿Qué creían?, ¿Qué los alemanes habían dado el primer golpe?, no fue así, debieron estar allí, porque fue una semana de horrores.
Una noche cuando los aviones sobrevolaban los cielos y bombardeaban la ciudad, una vez más, Wendt se paró a mi lado, tomó mi mano y aunque podía sentir su calidez, en mi se encontraba un vacío y el miedo de Wendt, llenándome de preguntas, ¿Por qué masacrar un pueblo completo?, ¿Qué sentido tenía?, a pesar de que nos hallábamos bastante lejos, podía sentir el calor y los gritos y llantos llenos de desesperación y horror de todas aquellas personas que morían dentro de aquel infierno desatado. Los pocos que sobrevivieron a tales oleadas de fuego y fósforo para aumentar la combustión y el calor, se vieron en la penosa necesidad y desesperación de ir hasta el viñedo a buscar refugio y fue mi primera orden para Oliver en darles cobijo. Tanto Oliver, Wendt y mi persona, ayudábamos a los más afectados con comida y agua. Yo me encargaba de las heridas de aquella pobre gente, y si se preguntan si no perdí el control por el olor a sangre, podían estar tranquilos, a veces Oliver y yo salíamos de cacería por un delincuente más que otro que se quisiera jugar la vida lastimando a otras personas, solo por el puro placer, y déjenme decirles que fue una tarea un poco complicada, ya que en su mayoría, todos se encontraban desesperados por algo que llevar a sus hogares, inclusive hasta las mujeres y algunas niñas se vieron en la penosa necesidad de prostituirse por comida; no saben como me indignó el panorama.
A las pocas semanas. Una mañana. El viñedo fue tomado por tropas británicas para formar su base de operaciones, pero antes de ello, todos los que allí se encontraban fueron torturados, violados y masacrados. Oliver, Wendt y yo nos encontrábamos en el segundo sótano, resguardados de toda aquella amenaza, era una enorme bodega donde se guardaban toda clase de reservas, vinos, agua, algunas frutas, eso sirvió para que Wendt comiera mientras nos manteníamos ocultos; duraron días las torturas y los gritos de todas aquellas personas, yo quería salir y hacer algo al respecto, pero Oliver no me lo permitía. Quería… ayudar a esas personas, pero… él decía que era arriesgado, que expondríamos a Wendt en un gran peligro, y, y, y, yo entendía su punto, pero… todas esas personas, todos esos niños, todas esas… madres y… y… trabajadores, me sentía una inútil por tener tantas, tantas ventajas y no poder hacer nada al respecto, me… sentía de manos atadas, ¿y la impotencia? Era como cargar con el peso de un edificio entero en mi espalda. Mis uñas estaban clavadas en mis manos sangrantes y no me importaba, solo podía… esperar, solo eso… esperar, porque cuando hubo un punto en que mi conciencia se nubló, la otra se mantenía en una calma letal, dejando que cada gota de sangre que fue derramada injustamente se acumulara en mi como conteos del llamado de la cacería, que ni siquiera me había dado cuenta que me encontraba sentada en el piso arañando el duro concreto afilando mis uñas, Oliver lo notó, sabía que Wendt sentía lo mismo; pero una noche, cuando intentaron de forzar las gruesas puertas de hierro que resguardaban las reservas de la mansión…
Los soldados lograron abrirse paso, entraron atentos, alertas para matar a todo lo que se moviera o fuera alemán, Wendt se ocultaba detrás de unos toneles de vino y Oliver y yo nos disfrazamos de oscuridad y danzábamos entre ellos y no nos veían, la bodega se encontraba fría por mi presencia y mi ira, ya que las respiraciones de los soldados brotaban volutas blancas de sus alientos, percibía la mirada de Oliver que me instaba a calmarme, a esperar y así lo hice, cuando una parte del contingente estuvo dentro revisando y esperando órdenes, Oliver asintió. No duré ni media hora en matarlos a todos con la ayuda de Oliver. Fue todo un gusto destajar y drenar a todos esos desgraciados que entraron a la boca del lobo, una dulce carnicería que disfruté a mis anchas.
Wendt se quedó en la bodega mientras que Oliver y yo salimos a revisar como habían dejado todo y soldado que se nos atravesaba por el camino, era uno que no vivía para ver otro amanecer, asesinándolos de cientos de formas muy creativas, pero cuando llegamos a la parte superior, al gran salón… la visión de toda aquella matanza de todos esos inocentes… era un panorama que me dejó sin habla, ver todos aquellos cuerpos masacrados y tirados allí…
No soporté más y Oliver no se interpuso, porque esa misma noche, corrió la sangre como jamás había corrido, gritos de dolor, horror y desesperación de todos esos asesinos fue el coro más hermoso que pude haber oído jamás en mi vida, cuanto disfruté el beber de ellos, mutilarlos, hacer que se mataran entre si, fue… glorioso. Oliver me secundó y mi furia fue tal que cuando los vi orar, pedir perdón a Dios, no pude controlarme en hacerles lo mismo que les hicieron a esas personas, a todos esos inocentes que fueron asesinados por puro placer.
A parte de lo ya mencionado, los obligue a violarse, a mutilarse entre ellos y cuando quedaron solo diez soldados de un contingente de ciento setenta hombres, comencé un juego, no los dejaba comer, dormir, ni mucho menos sentarse por un mes entero, el que perdía era empalado o crucificado boca abajo y hasta desmembrados como se hacía en la santa inquisición, el que intentara por lo menos de cerrar los ojos así sea de pie, le abría el estómago y hacía que el resto comieran de él. ─ ¡¿Querían un infierno?!... ¡aquí lo tienen! ─ les gritaba mientras los pateaba como las viles bestias que eran, los azotaba, les escupía y a veces los mandaba a volar por los aires de un solo golpe. ─ ¿Dónde está su valentía y su uniforme ahora?, ¡¿Dónde?! ─ uno vomitó y lo obligué a comer su propio vómito. Mi cordura volvió cuando vi a Wendt en la entrada del ya destruido almacén del viñedo, con un vestido como si fuera a ir de fiesta, reparé en los campos y… hectáreas y hectáreas destruidas por una guerra sin sentido, ¿Y Oliver?, como todo un general presenciando todo sin protestar ni nada, al contrario, me veía con solemnidad y aprobación. ─ ¿Madre? ─ Wendt… perdóname, yo… ─ ella negó con la cabeza, pude ver que se sentía igual que yo, caminó hasta uno de los cadáveres, tomó un arma y se acercó a uno de los soldados, Wendt le sonrió y él solo esperó la muerte con ansias y agradecimiento, ella tiró del percutor y se negó a disparar, me entregó el arma y se paró al lado de Oliver a esperar y disfrutar de aquella tortura.
Entré en la mente de Wendt y me vi a mi misma, con el rostro contorsionado y los ojos brillando en furia pura, mis ojos eran amarillos y lo que debía ser blanco, se lo había consumido la oscuridad, también… sentí el orgullo máximo que emanaba de Wendt por mi, por aplicar semejante justicia y eso me horrorizó, le enseñaba la carnicería, a matar, a… disfrutar del horror de la matanza. Volví a mi cuerpo y… ─ Oliver ─ él alzó su mentón en espera de mi orden. ─ Nos vamos. Si quieres… (suspiré) si quieres decir algo antes ─ ¿Qué harás con ellos? ─ preguntó viendo a los soldados como simples insectos que merecían ser pisados sin compasión. ─ Te los dejo a tu entera disposición, has lo que quieras con ellos, tómate tu tiempo si es necesario ─ con eso dicho, me llevé a Wendt conmigo, el como estuviese vestida para ese momento no era de relevancia para mi, tampoco lo recuerdo, solo sé que llevaba vestido y estaba arruinado por aquella masacre, pero el color o la tela… no era para nada de importancia, no para la forma de cómo llevaba los ánimos.
Para cuando salimos del viñedo, Oliver había empelada y crucificado al resto de los soldados. Había escuchado todo el griterío y la tortura desde la mansión, pero no le presté atención. Cuando pasamos al lado del almacén abordando un camión militar con suplementos y provisiones para Wendt, vi la obra de arte de Oliver, los había desmembrado y crucificado boca abajo, otros los empaló con sus rifles, les había sacado los ojos, otros se los dejó abierto con anzuelos para que las aves carroñeras disfrutaran de una buena comida, lo había hecho cuando los soldados aun seguían estando conscientes y los dejó allí sembrados, era una plantación de cadáveres; le di una mirada y él respondió: ─ Me los dejaste a mi cargo y te complací ─ fueron sus palabras poniendo en marcha el camión, nos habíamos cambiado la ropa usando ropa militar británica. Durante nuestro viaje, nos ocultamos en cabañas abandonadas, y cuando veíamos soldados británicos o franceses o norteamericanos, inclusive rusos, los desviábamos con la intención de masacrarlos a todos, a veces usábamos a Wendt de cebo, aunque a ella no le gustaba, ni a mi tampoco, la hacíamos pasar por una chica inocente e indefensa, atrayendo a los más depravados, ejecutándolos de la mejor manera que se nos ocurriera, nunca la dejábamos sola, siempre ocultos entre la oscuridad que nos ofrecían los bosques, como hacían los lobos cuando cazaban, dejando a un animalillo herido como presa para atraer a los más grandes y así tener muestro festín, sin embargo, eso no fue suficiente. Lo que disfrutaba, cuando tenía la oportunidad, era ver la cara de las tropas alemanas cuando llegaban al lugar, encontrando toda una masacre muy creativa de soldados enemigos con una nota escrita con sangre en alguna pared diciendo: ─ Disfruten la vista ─.
Todo eso y más, sucedió en tres… años, a pesar de que la guerra duró seis largos duros años, no nos quedó más remedio que irnos a las cordilleras Holandesas, según Oliver, allí me esperaba alguien, pero debía subir sola, supuse que era mi creador y me dije a mi misma: ─ Se armó un limpio pues ─ porque si mi creador me concedía su beneplácito, no quería imaginar las cosas que haría; ya me sentía entusiasmada al momento de llegar a una villa bastante escondida entre las montañas, casi imperceptible por la cantidad de colinas, bosques y montañas que la custodiaban. Desde luego, Wendt y yo no podíamos ocultar nuestra fascinación por aquel bello panorama, nubes cubriendo los picos de las altas montañas, nieve por doquier, el aroma a paz y pino nos abrumaba; era una hermosa visión que me llenó de tranquilidad, tranquilidad que le pude transmitir a Wendt después de haber vivido toda aquella carnicería en las fronteras alemanas. Casi veinte años viviendo en paz, aprendiendo cuanto podíamos en el viñedo y tres años de masacre donde puse a prueba todas las habilidades y trucos que me había enseñado Oliver. Faltaban tres años más de guerra o hasta aniquilar todo un país entero, Oliver me explicó que todo eso fue obra de los maestros antiguos, bajo la batuta de los precursores, hermanos de mi creador, que ellos eran los que más disfrutaban de todo esto, que toda la sangre derramada eran ofrendas para ellos y por cada ofrenda, sus más allegados eran recompensados con poder y dones, eran vinculados a los maestros antiguos para seguir haciendo de las suyas. Por tal aclaratoria, más indignada no podía estar, y di gracias a Dios que había un único precursor que estaba en contra de todo aquello y me había elegido a mi para hacer su trabajo y no pensaba decepcionarlo, pero antes tenía que hacerme más fuerte y encontrarle primero y Oliver se encargaría de ello.
Wendt y yo dimos vueltas sobre nuestros pasos apreciando cuan hermoso y pintoresco era todo aquello. Cabañas hechas de madera, se veían bastante acogedoras, y para ser sincera, se veía como en los páramos de Mérida, y por cada paso que dábamos, las personas nos contemplaban curiosos al vernos pasar. ─ Se nota que somos extranjeros ─ musité y Wendt sonrió a cambio, pero Oliver… a veces no entendía el humor de Oliver, pero por lo menos había hecho que se cambiara la ropa, ya no vestía de sacerdote, al contrario, todos vestíamos de militares, debía ser por eso que nos daban esas extrañas miradas, sobre todo al ver dos mujeres vestidas con ropas de hombres. Llegamos a una posada y pagamos una habitación para tres con el dinero que les habíamos quitado a esos militares, y extraído de las arcas del viñedo, cerca donde nos manteníamos ocultos, es decir, teníamos suficiente dinero para darnos una buena vida, pero decidimos pasar desapercibidos.
No obstante, este pueblo… sentía que era… una fachada, aunque se encontraba llena de vida, algo no congeniaba. ─ Traten de no meterse en problemas, ni mucho menos de llamar la atención ─ propuso Oliver, en cambio, mi respuesta fue una mirada, ¿Cómo se le ocurre decir semejante pendejada cuando portábamos uniformes militares británicos?, eso era portar un cartelón en el pecho diciendo “ven, mátame primero y pregunta después”, y no podía negarlo, Oliver se veía… para chuparse los dedos con ese uniforme de teniente. Una vez en la habitación, acomodamos el baúl y las maletas cerca, por si acaso debíamos salir corriendo, Oliver me entregó los viales y un rollo que parecía ser muy, muy antiguo; llevaba un sello con un dibujo extraño, era… como una piedra, no… no era una piedra, era como una “D” boca arriba y dentro de la extraña “D”, un triángulo con una gota. ─ Por nada del mundo pierdas estos ─ indicó Oliver con mucho énfasis en ambos artículos. ─ ¿Por qué? ─ pregunté, y conociendo como es Oliver… ─ Porque si pierdes uno de estos, no te garantizará que regreses con vida de donde tienes que ir ─ fueron sus palabras que ya me esperaba. ─ ¿Por qué no vienes conmigo? ─ Esto debes hacerlo tú, es tu deber como Nafalem ─ Pero… ─ Además, Wendt no está adaptada para el tipo de camino que tu debes emprender ─ ¿Te estás preocupando por ella? ─ eso si que me sorprendió. ─ No. Solo garantizo tu regreso ─ eso si que me lo esperaba, así que tomé ambos artículos y los guardé en un bolso tipo bandolera. ─ ¿Tu que harás? ─ pregunté cuando me había terciado el bolso sobre el hombro. ─ Me desharé del camión ─ Pero… ─ Después veremos, ahora vete ─ ¿No… voy a descansar? Son las tres de la mañana ─ La montaña tiene senderos y cuevas que te servirán para escapar del sol y puedas descansar ─ Si te conoces el camino, ¿Por qué no vienes? ─ Como ya dije, esto es algo que debes hacer tu sola ─ Gracias ─ contesté con una mueca desdeñosa por aquella contesta tan cortante.
Cuando puse mi mano en el picaporte… ─ ¿No me darás nada para el frío? ─ me lanzó una chaqueta militar de cuero, la atajé y el dijo: ─ Cuando estés delante de él, pase lo que pase, oigas lo que oigas, no le veas a la cara ─ ¿Por qué? ─ me pregunté, no creía que mi creador fuera tan horrible, pero conociendo todo lo que había visto hasta ahora, no me sorprendería por nada, me podría esperar cualquier cosa ahora, o eso pensaba. Suspiré profundamente para tomar valor a lo que se me encomendaba y… ─ Ten cuidado, madre ─ advirtió Wendt, pude percibir su preocupación y no dudé en darle un abrazo, y sin romper el abrazo… ─ Cuida de ella ─ ordené y la respuesta de Oliver solo fue un parpadeo, así que supuse que eso era un “si, no te preocupes”, pero no podía evitar preocuparme, de igual forma, Wendt ya era bastante crecidita y fue bien entrenada al igual que yo. Le di una última mirada. ─ Volveré lo más rápido que pueda, no te metas en problemas ─ Díselo a Oliver ─ fue su réplica y sonreí a cambio, otro abrazo y me fui.
Caminé hasta la base de la montaña señalada por Oliver que fue más o menos casi una hora, tal vez más y me sentí aterrada al ver cuan enorme era, podría jurar que era mucho más alto que el Humboldt, tampoco sabía el nombre de la montaña, solo podía divisar densas nubes tapando la cima y un sendero que, por lo visto, no se veía muy alentadora para una persona ordinaria, solo faltaban los buitres para terminar de completar la vista; otra razón más para pensar que este pueblo no era lo que aparentaba ser. Me humedecí los labios, sopesando ideas y tragándome los nervios. ─ para luego es tarde ─ pensé y me puse en marcha.