La locura de Maddox
Debby miró a Cayden desde la distancia. Cuando el hombre parecía más absorto en sus pensamientos ella caminó despacio hasta él. Cayden levantó la mirada del libro que tenía en manos para detallar a la hermana de Darlene.
La vio el día que llegó, pero como su interés era matar a otra azabache la mujer frente a él había permanecido desaparecida para su radar. Plagarse de humanos era algo que detestaba, compartir con ellos lo odiaba porque él era superior a toda esa raza. Así se sentía Cayden.
—Buenos días, señor Cayden—la imagen de una mujer hermosa, esa era la que se supone debía Debby mostrar frente a Cayden Halfenaked, sin embargo, el recuerdo de unos dulces ojos marrones eran lo que atrapaban su mente. No la mujer que seguramente solo buscaba algún beneficio de él.
“Aunque siempre puedo utilizarla”
—Buenos días, señorita Petrova—Debby sonrió levantando pecho. Desde que había escuchado que Cayden tenía el mismo poder que su hermano se dividió en los dos hombres. Aunque personalmente su atracción iba por Maddox, Darlene tenía ese hombre y ella quería quitárselo.
—Seguro debe sentirse muy aburrido en el palacio—comentó despacio—si gusta puedo acompañarlo a caminar—el hombre le sonrió, pero en cuanto Debby miró a otro lugar una mueca de asco apareció.
—Me encantaría, pero me temo que…
—Que el señor Cayden debe hablar conmigo—Debby levantó la mirada con odio al reconocer la burla en su hermana. Cayden compartió la mirada de odio también—¿cierto, señor Cayden?—el tono dulce que utilizó debía hacerlo entender que esa mujer era una serpiente lanzando veneno en cuanto podía.
—Si—respondió detestando seguirle el juego a esa mujer. Debby la miró con profundo rencor mientras Darlene la miraba a la espera de que se aleje de ellos para poder hablar.
Ambos vieron a la esbelta mujer alejarse. Eso antes de que Cayden vuelva a darle su atención a la azabache que comenzó a caminar y él la siguió despacio. Miraba en alerta cualquier movimiento que pudiese hacer. Solo esperaba que el idiota de Maddox no le haya dado información de más a esa mujer. No le convenía a ninguno de los dos.
Cayden la observó adentrarse a un jardín y se tensó. Esperó con paciencia a que la mujer se decida a hablar sobre lo que quería. Maddox apareció desde el otro extremo haciéndolo formar una fina línea en los labios. Se dio cuenta de lo que pasaba al ver la sonrisa de Darlene quien se sentó como si fuese la ama de todo y todos.
Ese era el peligro en esa mujer. Que Maddox haría cualquier cosa por ella y eso los ponía en peligro. Ella los manipulaba a todos y de eso Cayden se dio cuenta en el poco tiempo que llevaba en el palacio, que Darlene era altamente peligrosa y si descuidaban solo un paso todo terminaría muy mal para ellos.
—Cayden—la voz de Maddox se escuchó por todo el lugar. Lo curioso de la situación era que mientras ambos hermanos parecían muy serios Darlene disfrutaba el espectáculo.
Eso les hacía ver a ambos que la locura de esa mujer no tenía límites.
A uno de ellos eso le parecía peligroso y algo que no debía seguir existiendo, mientras que al otro eso le gustaba porque hacia sus juegos algo mejor.
—¿Qué pasa?—preguntó Cayden—no sabía que eras una chismosa, Darlene—la mencionada le regaló una sonrisa divertida.
—No lo soy, pero quiero que no te quede una sola duda de quién demonios es que manda aquí—me lanzó un beso con los labios que lo tensó por completo mientras a Maddox lo divirtió.
—¿De verdad vas a permitir que esta mujer haga lo que le plazca?—preguntó irritado con la situación. De manera simbólica veía a Darlene en un trono, a Maddox a su lado cuidándola y a él muy abajo donde tenía que alzar el rostro para verla. Eso era estúpido.
Pero algo en su interior le decía que Maddox la tenía como una reina. Ni siquiera él era el rey, simplemente alguien que permanecía a su lado dándole todo el poder que una simple humana no debería tener.
Esto es algo que jamás había pasado.
Cayden se daba cuenta de que Darlene tramaba algo, pero la guerra entre ellos ya había sido declarada. Lo que no sabía era si ese era su primer movimiento sobre el tablón o si simplemente era mostrándole una de sus mejores cartas para intimidarlo. La verdad era que tratar de adivinar lo que esa mujer tenía en mente era difícil.
—Ella puede hacer lo que quiera, tiene mi autorización para destrozar el mundo si así le place—Darlene le guiñó un ojo a Maddox encantada con la respuesta firme que le otorgaba a su hermano.
—No dejaré que nuestra raza, una orgullosa, se rebaje a esto por una humana ordinaria—Maddox se encogió de hombros.
—No la tocaras Cayden. Quiero que te alejes de ella porque en el momento en que le toques un solo pelo entonces vas a conocerme realmente. Conocerás el demonio más oscuro que llevo dentro—la voz de Maddox sonaba oscura mientras que su mujer permanecía en la cima sin nada que la afectara, eso era lo que le gustaba a Maddox. Que ella permanecía como toda una reina.
—La mataré—susurró Cayden sin dudar un solo minuto.
—Atrévete, porque solo sobre mi cadáver la tocarás—Cayden sonrió y cuando pensó en dar un paso al frente ya tenía a una bestia lista para acabar con él.
Maddox lo lanzó al otro extremo de un puñetazo. Para Darlene fue como ver en cámara lenta como el cuerpo de Cayden salía volando fuera del lugar hasta chocar contra la pared. Se levantó cuando vio que Cayden se levantaba y se acercaba con aire amenazante. Darlene vio como tomo sacaba algo de su ropa y confundida vio diez agujas largas en todos sus dedos.
Cuando vio sus intenciones de Cayden, Darlene actuó con rapidez. Todas y cada una de las largas agujas salieron volando hacia Maddox, pero antes de que pueda tocarlo el cuerpo de Darlene se interpuso recibiéndolas todas ante la mirada paralizada de Maddox.
—Darlene—susurró. La joven dejó salir sangre de sus labios y le sonrió.
—Esta es mi prueba de amor para ti, Maddox—murmuró cerrando los ojos.
Desatando la locura de Maddox.