Chapter 23: CAPÍTULO V: LA HEREDERA DEL TRONO CAÍDO (5)
Las mujeres continuaron pelando; esta vez, de los puños dorados de Amara brotaba una energía muy poderosa. Empapada en el poderío del impresionante fuego que emanaba el corazón de la princesa de oro. Estaba más inspirada, más alterada, y más enfocada en la batalla. Le daba una pelea digna, a su temible contrincante.
–Antes encontraba paz en ti, mírate ahora–dice Rita–. Agresiva, furiosa, odiosa. Esta no es la Amara que tanto había ejemplificado la basura de este reino. Extinto, por cierto.
–¿Te crees muy inteligente?¡Mira lo que has hecho!–responde Amara–. ¡Eres una demente!
–Una genia, diría yo–responde Rita–. Y, por cierto, hermanita, yo se los dije. ¡Yo se los advertí! Y a ustedes no les importó. ¿Ahora yo soy la mala?¡Este reino debió haber dejado de existir desde el día que nació!
–¡Como te atreves a decir eso! –exclama Amara–. ¡Gracias a ese reino estas aquí ahora!
–¿¡Para que hermana?! ¡Míranos! –responde Rita–. ¡Solo míranos! ¡Mira este caos! ¿Para que levantaron este reino? ¡¿Para presenciar el fin?! ¡Despierta! Estas son las consecuencias de las acciones de un reino mediocre, pobre, hipócrita, traidor. Mira lo que tenemos que pagar por la inconsciencia de los dueños de este infeliz reinado. Nuestros padres han hecho las cosas muy mal, y lo sabes bien. Pero no te preocupes, ¡que yo le pondré un fin a esta miseria!
La energía que empezó a oscilar entre ellas estaba envuelta de una intensidad incontrolable. La frialdad de Rita, estaba desapareciendo. Se estaba tomando la situación personal y esto era peligroso. Pero la hija dorada estaba mucho más conectada con sus sentimientos, lo cual la permitía reorganizar y utilizar mejor sus energías. Estaba más equilibrada; su resiliencia la permitía estar más enfocada, y sus ataques empezaron a ser mucho más certeros que los de su hermana, la cual ya estaba tremendamente alterada.
Empezó a debilitar a esta última; con sus dagas cortaba algunas partes de la armadura de la hija de las tinieblas. Por la mente de la princesa de oro, empezó a circular imágenes de venganza, de ira, de rencor. Se dejó llevar por estos sentimientos, y sin darse cuenta, ya tenía a su hermana menor derrotada contra un árbol gigante.
Le quito la espada de las voces de su mano, y con ella misma, le enterró en el pecho de la armadura de la hechicera maligna, enterrándola contra el tronco despedazado donde estaban peleando. En un instante, Rita sintió el llamado de la muerte.
–Amara…
–¡No hagas esto más difícil Rita! – exclama entre lágrimas la hija dorada–. ¡Acabemos con esto ya! Te lo ruego.
–Escúchame– exclama Rita–. Tengo una hija.
–¿De qué hablas?
–Es hija de Xavier, también–exclamó–. Tiene cuatro años, Amara.
La hija dorada no podía creer lo que estaba escuchando, pues en su mente esto era imposible. Estaba segura que la estaba engañando.
–No, no puede ser– dice la mujer–. ¡Estas mintiendo! ¡Es imposible!
Rita le muestra un collar de plata que tenía puesto en su cuello, debajo de su prenda morada. En él, se encontraba un dije, el cual estaba detallado con una inicial, decorada con en cristales; representante de la letra inicial del nombre de su hija.
Amara entonces, arranca la espada enterrada en el pecho de su hermana. Esta cae rendida, y queda sentada en el árbol donde estaban colocadas.
–No quiero que me perdones la vida–exclama Rita–. Quiero que se la perdones a ella.
–¿Cuál es el nombre de tu hija? – pregunta Amara.
–Emmæ
Por la mente de Amara sucedieron miles de imágenes y secuencias de una niña irradiante, repleta de luz; corriendo por los interminables pasillos del Feudo de Aramordt, aun en cenizas. Su corazón se llenó de amor y simpatía.
Observó nuevamente el collar, y le llamó la atención el estilo del grabado de la insignia. Le parecía bastante familiar.
–Estos cristales están encajados por mi madre– dice Amara.
–Leyra sabe de ella. Ella ya lo sabe todo –dice Rita–. Y le encargue que me la salvara, pues sabía que yo no lo iba a poder hacer. Pero Amara, confío más en ti que en mi madre. Sabes que siempre serás mi hermana. Y ojalá algún día, entiendas mi posición. Sé que donde esta Mihalis, esta resguardado de las energías más divinas que la luz puede ofrecer, al descanso de nuestras almas.
–No sé si pueda hacer esto Rita–dice Amara–. El daño está hecho, es muy tarde. Debes ser eliminada.
–Lo sé –exclama–. Por eso le pedí que criara a Emma, pero sé que tú lo puedes hacer mejor que ella. Sigues siendo, mi mejor amiga.
–No permitas que nuestra madre se encargue de nuestras hijas–continúa la hija menor–. Si permitimos que nuestras hijas sean criadas por nuestra madre, pasará lo que está pasando entre nosotras. No quiero esto para ellas. No merecen esto.
Amara empieza a quebrar en llanto, pero ya era tarde para la vida de Abhir. Cae la hija dorada, abrazando a su hermana menor. Este era el fin de la princesa de las tinieblas.
La Princesa de Oro seguía sosteniendo a su hermana de la cabeza, estando aun el suelo, cuando esta última saca un pergamino dorado; estaba sucio, y doblado.
–Hay un portal que podemos hacer –exclama Rita, tosiendo–. Nos lleva lejos de estas dimensiones. Toma, en este pergamino se encuentra escrito lo que necesitaras para elaborarlo. Llévate a Emma contigo, llévate a Ada contigo, y aléjense de este lugar. Este es el fin de Ïnmâeh.
La espada de las voces explotó, y sus cristales salieron volando en miles de pedazos. Sus energías internas se exteriorizaron, y fluyeron por los aires de los alrededores. Los dragones de la legión empezaron a caer por los cielos, desintegrándose en cenizas cuando se desplomaban y tocaban la tierra. La muerte de la princesa de las tinieblas, había caído sobre los brazos de su hermana dorada. El mal, había cesado.
El pueblo empezó a celebrar, y desde la amplia vista elevada de Eldrįn, en las alturas de las montañas, se elevó la Bandera Dorada del triunfo. En el desierto, coreaban el nombre de la princesa de oro, al saber, que esta representaba la victoria para toda la nación.
El pueblo seguía celebrando, cuando de pronto, un temblor fuerte se sintió por toda la tierra. El subsuelo de La Región empezaba abrirse entre ellos, y en el reino de Eldrįner comenzaban a caer las estructuras legendarias. Una catástrofe estaba asomándose.