Chapter 41.

Final (parte 2).

Después de un agotador vuelo llegamos. Fue confuso estar en ese lugar, la gente solía hablar más catalán que español y era extraño, nunca estuve en un lugar en que no hablaran español a excepción de la Guajira. Los dos días del foro fueron bastante aburridos, jornadas largas y tortuosas, me sentí despejada cuando llegó el final del segundo día. Andorra la vieja era un lugar hermoso y muy diferente a lo que estaba acostumbrada a ver.

Regresé al hotel, este se llamaba: Novotel y me resultaba curioso el nombre de la calle: 10 carrer Prat de la creu, ni idea de que significaba eso.

-¿Ya estás libre? -Preguntó Joaquín cuando me vio entrar al restaurante del hotel. Nos sentamos en una mesa.

-Sí, por fin.

-Tengo un plan, como ya estás de vacaciones podemos conocer por estos lares, creo que tú nunca habías venido a Europa.

-¿Me restriegas en la cara tus millones?

-¡No! Digo, podemos alquilar un auto y conocer, sabes que acá las distancias son cortas y se puede ir literalmente en auto a conocer varios países.

-¿Qué tienes planeado?

-Mira. -Me enseñó su teléfono. -Si salimos en la mañana, en menos de tres horas podríamos estar en Barcelona. Luego podríamos ir a Lérida, luego Zaragoza y así.

-Sería genial. -Asentí.

Así sin planear mucho, Joaquín consiguió un auto y a eso de las diez ya estábamos en Barcelona. Yo parecía un cachorro asomado por la ventana, estaba maravillada con lo que veía. Las calles eran hermosas, limpias, no tenían ninguna comparación con algo que hubiese visto antes. Estaba muy feliz, emocionada, aunque el frío era muy fuerte, pero poco me importaba.

Conocí lugares geniales como la basílica de la sagrada familia, el parque guell, entre otras cosas. Antes del mediodía cuando caminábamos para ir a almorzar, algo me llamó la atención. Vi una enorme edificación que tenía como nombre: hospital clínico y provincial de Barcelona. Me detuve a mirarlo mientras Joaquín hablaba por teléfono y lo observé unos instantes. No tardé en recordarlo… este era el lugar… el lugar en que Lucila me dijo que Roman trabajaba como neurocirujano. Ella siempre me contaba cosas sobre él y no porque propiamente ella las supiera de él, sino que ella acosaba a su madre por redes sociales y así supo que trabajaba aquí.

Me sentí… extraña, no sabía qué debería sentir. En un loco impulso le dije a Joaquín que me esperara en el restaurante, que iba a entrar a saludar a alguien. El solo asintió y me dijo que me esperaría allá. De haber sabido que por ese maldito impulso tomaría la peor decisión de mi vida no lo hubiese hecho, pero no podría haberlo anticipado.

Cuando vi que el se alejó, me di la vuelta y corrí hacia el hospital, este era el hospital más grande que había visto en mi vida. Corrí rápidamente hacia la primera enfermera que vi y esta me llevó hasta la recepción. Pregunté por él, recordaba su nombre completo e incluso, su identificación.

-Está en cirugía, ¿tiene cita? -Preguntó la muchacha, era muy joven, como de unos diecinueve años.

-¿Dónde quedan las salas de cirugía?

-Arriba, pero solo puede ingresar los pacientes y los familiares a la sala de espera.

-Mi hermano está ahí.

-¿Usted es la familiar del chico que se accidentó? Llevamos horas esperando a que venga un familiar por él, solo lo acompaña su abuelo y él no puede llevárselo hasta que llegara usted.

-Lo siento, apenas me enteré. -Mentí.

Así un enfermero me llevó hasta la sala de espera de los pacientes que estaban en el quirófano y me llevó hasta el señor familiar del chico accidentado, su nieta real no tardó en aparecer. Luego se alejó cuando lo llamaron. Aproveché y pregunté a todos los que pude si sabían en qué quirófano estaba el Doctor Santana, sí, ese era su apellido. Al tercer intento fue que alguien me dio razón, una chica que esperaba a que saliera su madre de cirugía. Me dijo que ya llevaban horas y que no sabía cuánto se iban a tardar más.

Me senté junto a ella, él estaba en la sala ocho y yo tenía un ataque de ansiedad, no podía dejar de mover mi pierna y morder mis uñas, no sé ni porqué estaba aquí, ni qué iba a decirle, pero sabía bien que, si me iba de Barcelona sin haberlo visto, me arrepentiría el resto de mi vida.

No sé cuánto tiempo pasó, pero se me hizo eterno. Mi teléfono no dejaba de sonar y cuando contesté, vi la puerta del quirófano ocho abrirse. Me puse de pie y colgué el teléfono. Vi a un par de enfermeras salir y sentí que me quedé paralizada cuando vi a Roman salir y hablar con una doctora que estaba cerca. Se me fue la respiración y sentí que mi rostro empezó a arder, empecé a hiperventilar y mis ojos se aguaron de inmediato. Había cambiado bastante, tenía el cabello más corto y no se veía tan pálido, aunque seguía siéndolo, tampoco había atisbos de aquel chico escuálido que conocí, se veía más fornido, pero seguía siendo él, él, él.

Inhalé profundamente y sin pensarlo lo hice, grité:

-¡Roman! -El volteó al verme. Abrió los ojos como platos y me miró fijamente varios segundos, estaba paralizado. Mi corazón empezó a palpitar tan fuerte que pensé que perdería la calma, Roman estaba ahí, ahí por dios. Le dio las carpetas que tenía a la doctora y corrió hacia mí. Me abrazó fuertemente, cerré los ojos. Sentí… como si recuperara el aire, como si todo este tiempo hubiese estado sumergida en el fondo del océano y al fin lograba salir a flote. Hundí mi cabeza en su pecho y me apretó aún más.

-Urano… mi urano. -Se separó un poco y acarició mi rostro. Se veía conmovido.

-¿No te molesta que haya venido? Creo que te podría molest… -Me interrumpió juntando sus labios a los míos. Me besó intensamente y me dejé llevar, me perdí en sus labios. No lo entiendo, ¿cómo es que después de tantos años me sigo sintiendo de la misma manera? ¿cómo es que con solo verlo me rindo y siento que todo lo que importa es él?

-Jamás me molestaría. -Me besó de nuevo. -Siempre he sido tuyo.

-Roman, nunca te olvidé. -Sonrió y vi su rostro enrojecerse, sonreí también, pero mi sonrisa se desvaneció cuando lo vi pasar su mano por su cabello y vi… una sortija dorada en su dedo anular.

-¿Qué pasa? ¿por qué me miras así princesa?

-¿El anillo…? ¿te casaste?

Desvió la mirada, incómodo y mordió sus labios. Pensé que podría ser otra cosa, no lo sé, pero en verdad Roman… ¿se había casado? Al verlo tan nervioso sentí como se rompió algo dentro de mí, algo que ya no tenía reversa.

-Sí, me casé. -Admitió.

-¿Hace cuánto?

-No es necesario decirlo…

-Quiero saberlo, ¿sí?

-Pues… cuatro años de casados, me casé con una catalana después de salir por poco más de tres años…

-Roman… ¿sabes cuánto tiempo duré para salir con alguien después de ti? ¡cinco años! Estaba tan marcada por ti que me costó años superarte y tú a los meses de irte… ¡salías ya con alguien! ¿tan rápido me superaste?

-Urania no, no pienses eso. Hice lo que creí que debía hacer. Tú me dejaste de hablar, nunca respondiste mis mensajes y pensé que ya no querías saber nada de mí… hice lo que pude por olvidarte.

-Eso es una mierda y lo sabes, si estás casado, ¿por qué me besaste?

-Urano, no estoy casado a lo legal, fue algo simbólico. Mi mujer es algo hippie y… -lo interrumpí.

-Tu mujer… -Repetí en voz baja. Mordí mis labios para evitar romper en llanto, más de lo que ya lo hacía.

-Lo siento, no debí decir eso…

-Yo… yo… -Balbuceé. -Vine aquí por trabajo, pero ya hoy me voy. Recordé que ya debo irme, me esperan. -Me di la vuelta, pero el sujetó mi muñeca.

-Urano, no te puedes ir, no te irás. -Se paró en frente de mí, escuché que la doctora detrás de mí lo llamó. Puso sus manos en mi cintura. -No te puedes ir, por favor.

-¿Por qué no me puedo ir? ¿qué es lo que esperas?

-Urania… -Se arrodilló y abrazó mi cintura. Sentía como todos nos observaban. -Siempre te he amado. He salido todo este tiempo con ella por no pensar en nada, por intentar enamorarme de otra persona, pero es imposible.

-Roman…

-Y ahora que te veo es peor, nunca te olvidé. No pude hacerlo en ocho años, menos ahora después de tenerte en mis brazos de nuevo.

-Roman, sabes que eso no es cierto. Tú tienes tu vida aquí, nadie te obligó a casarte “simbólicamente” ni a estar siete años con alguien y menos a ti, con tu carácter nadie te haría hacer algo como eso.

-No es así.

-¿Dirás que nunca la amaste? ¿qué duermes todas las noches y te acuestas con alguien a quién odias?

-¡No! Si amo a Blanca, pero… -Lo interrumpieron. Escuché que lo llamaron de nuevo, al parecer había una urgencia.

Se puso de pie e hizo señas. Limpió sus ojos que se habían empañado… y me miró, sujetó mis manos.

-Por favor, espérame a que salga, ¿sí? Debemos hablar.

-No puedo…

-Urania…

Me di la vuelta y me eché a correr antes de desplomarme a llorar delante de todos. Ese fue el punto de quiebre, lo máximo que podía tolerar. En ese momento supe que ya no había vuelta atrás, que algo en mí se había roto y que no podría repararlo nunca más.

Apenas salí llamé a Joaquín, le dije que viniera por mí, que no me sentía bien.

Se preocupó al verme tan mal y me insistió en que le contara qué había sucedido, o a quién había visto que me puse de esta manera. No le dije nada, ni siquiera podía hablar, no podía dejar de llorar. Yo nunca le conté a él sobre Roman y, de hecho, no lo hice con nadie, con ninguna de las personas que he conocido estos años he hablado de él. Solo Lucila y Mateo saben lo que ocurrió entre nosotros, son los únicos dos testigos de lo que tuvimos, del gran amor de mi vida que cuando acabó, acabó conmigo también.

No tuve ánimos de seguir recorriendo el país ni de nada. Regresamos a Andorra y Joaquín regresó el auto, de ahí tomamos el primer vuelo de regreso a Barranquilla. Creó que me preguntó unas mil veces qué me sucedía, pero no le pude decir nada.

Estando en casa se negó a irse, sabía que le preocupaba mi estado y lo entendía, pero nada de lo que hiciera podría ayudarme, ya yo estaba arruinada y no había vuelta atrás. Siempre estuve consciente de que mi vida era una mierda, pero en ese momento lo estuve más que nunca. Maldición, duré años “de luto” por su partida y el malnacido a los meses ya estaba bien con alguien, mientras yo me moría aquí por él. Si yo no iba a España nunca más lo hubiera visto en mi vida porque yo tenía razón, nunca planeó volver por mí, nunca lo iba a hacer. Mierda, mierda, mierda. Soy tan estúpida.

¿De qué me sirve una vida sin poder querer más a alguien? ¿siguiendo enamorada y de un hombre casado? Esto no es vida, no tengo familia ni nada que valga la pena y estoy tan desecha, rota y deplorable que ya no lo puedo aguantar más. En ese momento tomé una decisión.

Cerca de día y medio después, Joaquín debía salir a encontrarse con unos trabajadores que tenía su padre en una estación de gasolina que queda a metros del puente Pumarejo, al final de la ciudad en la parte sur. Me dijo que fuera con él, le dije que no quería salir, pero prácticamente me obligó a hacerlo, sé que no me quería dejar sola en ningún momento y apreciaba eso, pero eso no cambiaría nada…

Salimos en su camioneta a eso de las seis de la tarde y no tardamos mucho en llegar hasta allá, Joaquín maneja bastante rápido, no sé por qué. Se detuvo en la estación de gasolina y me dijo que lo esperara aquí, que tardaría solo dos minutos en hablar con el gerente. Me quedé sentada en el asiento de copiloto y cerré los ojos. Pensé en muchas cosas en ese momento, en mi padre que no estaba, en mi abuelo cuando arreglaba su coche, en mi abuela cuando ponía los dulces sobre la mesa, en mamá cuando se aplicaba mucho maquillaje… en Roman cuando armaba su proyecto en mi patio… Abrí los ojos y observé a unos cien metros el enorme puente Pumarejo nuevo en construcción. Este era el momento.

Me bajé de forma sigilosa cuando Joaquín entró a una de las oficinas, caminé detrás del auto y luego empecé a correr.

Corrí lo más rápido que pude y sin mirar atrás, salté las vallas de seguridad que, por ser una obra en construcción, estaban por todos lados, al igual que enormes máquinas y demás. Corrí y corrí sin detenerme, no pensaba claramente en ese momento, solo sabía que debía hacerlo, que nada me detendría.

Me detuve justo en el centro y con mis manos una de las columnas, aún no había barandales por no estar listo, mi respiración se agitó aún más de lo que estaba por correr, sentí vértigo por la altura, pero aun así no me alejé. Necesitaba respirar y darme un par de minutos para recordar las últimas cosas antes de que ya no pudiera hacerlo más. Me senté justo en el borde e inhalé profundamente. Observé las luces a lo lejos, había unos cuatro barcos de carga, uno de ellos muy lindo. A la derecha estaba Palermo y a la izquierda Barranquilla, observé el río Magdalena negro por la noche y la brisa fría me hizo estremecer. Maldición, esto era muy alto, más de lo que creí, puedo ver el puente viejo a muchos metros debajo y el río queda más lejos aún.

Pensé en Lucila y Mateo, debía dejarles un mensaje al menos, también a Joaquín… saqué mi teléfono y vi que me llamaba un número extraño, empezaba por: +34. Este número definitivamente no provenía de Colombia.

-¿Sí?

-¿Urania? -Era una voz de mujer.

-¿Quién es?

-Eres una malnacida.

-¿Qué mierda?

-Te habla Marlene, la madre de Roman. Estuviste aquí, ¿no es así?

-¿Para qué me llama? No le interesa.

-¡Claro que sí me interesa! Estábamos en una cena familiar, pasándola bien, excepto él que llevaba todo el día perdido y a lo lejos sonó una vieja canción y se puso muy mal.

Colgué, sabía que canción era. Nunca olvidaría cual era.

Me puse de pie al escuchar mi nombre, divisé a Joaquín a lo lejos y corría hacia mí, había unos trabajadores con él y estaban a solo unos segundos de llegar, llegó el momento. Me puse de pie rápidamente, le pedí perdón a Dios y cerré los ojos. No puedo más, espero él quiera perdonarme. Mi corazón se aceleró y mis manos comenzaron a sudar, los abrí de nuevo y sin pensarlo mucho, tomé un corto impulso…y salté.