46- Loving by your own
¡Por Dios! Rocío se había sentido mal nuevamente anoche, y había querido que yo estuviese allí para besarle la nariz. No supe si preocuparme por ella o alegrarme de que me necesitara. La llamé y no atendió el teléfono… probablemente estaría durmiendo. A Mía no dejó de llamarle la atención como la gata de Alice ronroneaba pasando entre sus rodillas como si tejiera un ziczac con su cola. Acarició la gata y se tumbó en la cama. Mía esperaba que aún siguieran los planes de verse esa noche. Algo en su interior temía por que Rocío cancelara de improviso, las cosas buenas son las que tardan menos tiempo en desmoronarse y más tiempo en limpiar las ruinas. Mía estaba realmente emocionada, sentía que volvía a tener quince años y le gustaba aquel muchacho mexicano con el que chateaba todas las noches por internet, Luis se llamaba, naturalmente descubrió que Luis no era tan agraciado como aparecía en esa fotografía de un chico alto, blanco, ojos azules y cabello liso azabache. Su verdadero Luis era algo más “superchingon” sin tener mucho de aquel aspecto de “príncipe de la sirenita” como Mía solía decirle. Eventualmente se desencanto de Luis, viajo a Estados Unidos el año siguiente y allí conoció a Alejandra. Alejandra sería la primera amiga lesbiana de Mía, y después pasaría a ser su primera novia. Fue entonces cuando descubrió que le gustaban las mujeres y que jamás podría tener una amiga lesbiana de confianza, hasta que llegó Alice.
- Ya te habrás dado cuenta entonces de que es lo que quiere contigo, si algo serio o solo sexo casual.
- No es tan sencillo. Me confunde mucho, el hecho de que ella me guste tanto no me hace verlo todo con ojo de pez. Por eso necesito que tú te mantengas alerta esta noche ante cualquier señal.
- Ah, eso, querida Mía acabas de pedirme sutilmente que vigile si no se va con alguna puta de vestido y escote.
- Exacto mi querida Alicia, no podrías ser más inteligente.
- ¿Y qué me darás a cambio?
- Te regalare algo, ya se me ocurrirá que cosa. ¿Quieres algo en especial?
- Ver a Astrid.
- Algo que pueda darte yo…
- Un paquete de galletas oreos, no se consiguen con este socialismo de mierda.
- Vale, intentare conseguirlas.
Aquella tarde luego de almorzar Alice y yo comenzamos a alistarnos. Sería la primera vez que Alice saldría desde que se había mudado a Mérida, la conocía lo suficiente para entender que estaba emocionada así tratara de disimularlo con su característico sarcasmo. Alice ya estaba vestida y se había planchado el cabello. Se veía realmente sexy, su corte lucia más cool de lo habitual con el cabello planchado. Tenía el pelo corto al estilo de Amelie con un toque desaliñado en las puntas que le caían sobre sus pómulos haciéndola lucir como una de esas modelos de Proyect Runway. Llevaba una chaqueta de cuero negra, una blusa transparente blanca, unos jeans negros y unos zapatos de tacón fino. Yo estaba indecisa entre un vestido azul corto con un estampado de rosas rojas cayendo acampanado sobre mis rodillas, o un vestido negro corto, ajustado y sexy. Me coloqué los dos vestidos y no me podía decidir. Al final elegí al negro, solo porque Ro me envió un texto votando en la decisión final. Alicia también había votado por el vestido negro, respete el veredicto sin poner resistencia. Me maquillé, me alisé el cabello y me peiné tanto que ya no sentía mi cuero cabelludo. Mi cabello naturalmente era liso y largo. Me llegaba un poco más arriba de la cintura y las puntas se ondulaban al final, siempre caía en cascada de una manera muy bonita. Esa noche opté por llevarlo todo liso desde la raíz hasta las puntas, se me veía muy lindo. Me bañé en perfume. A Rocío le había gustado mi perfume, rocié bastante en mi cabello con la ilusión de que esa noche pudiese volverla una forastera en mi pelo, reincidente de mí. Si todo salía bien pasaría la noche con ella. Estaba muy nerviosa, y asumí que si me seguía mirando en el espejo no saldría nunca de la casa de Alice.
Me gustaría saber cómo reconstruirla de acero. Tenderle la mano y levantarla con estabilidad, encontrar su norte y que volverme su mapa. Intentar que escape en definitiva de todo lo que es y no le agrada. Yo nunca he querido con esa entrega del océano y el mar en el horizonte, nunca he vivido con nadie, no me he aprendido ninguna dirección de memoria, ningún número o he inventado 365 formas distintas de besar a la misma persona en un día. Ella en cambio era una grieta, sobre la cual hubo un imperio. ¿Sería capaz yo de construir un imperio más grande? Aun así no la lastimaría, no me iría con nadie porque ella era la causa y efecto de que el mundo diera vueltas y yo me sintiera borracha de su agua, y sedienta y perdida cuando se hubiese ido. Caminando sin rumbo con esa extraña sensación de que la única razón por la que el mundo continuaba girando era para que nos encontráramos, rompiéramos relojes y ciclos marcados por el destino. Para que nos chocáramos frente a frente como dos bloques de hielo que desde hace mucho olvidaron lo que era correr con el agua del mar y acaban finalmente por romperse uno contra la boca del otro para al fin deshelarse. Sabía que si Rocío consumía drogas era porque le mentía a la realidad, queriendo escapar de su vida, de esa vida de la que yo quería ser parte. Estaba jugando con fuerte por supuesto, pero había perdido la razón por su boca pirómana. Siempre existen problemas infinitos puramente emocionales detrás de cualquier adicción, y yo no pensaba juzgarla y alejarme de ella, la quería ayudar y pasar todo el tiempo que pudiese junto a ella.
Los padres de Alice nos dejaron en la entrada de la discoteca de Jackos a las diez en punto. Para mi sorpresa estaba lloviendo, al igual que aquella primera noche cuando llegaba a tiempo para vivir y bailar con mi desconocida. Con la cual tenía mi segunda cita en ese lugar esa noche. Esta vez el destino sería el que llegaría tarde, porque yo me encontraba de pie, con un vestido corto y luciendo guapísima esperando por ella. Everth se había excusado a última hora, había preparado una cena especial para Ángel su nuevo novio esa noche y no podría llegar. Le deseé suerte en su velada romántica y prometí que me divertiría por los dos. Le agradecí a Safo más que nunca que Alice estuviese conmigo cuidando mi talón de Aquiles por si Rocío me llegaba a sorprender y escapaba con otra, después de todo apenas la conocía, si para conocer a una persona se necesita saber dónde vive, cuáles son sus valores y sus principios ella era una completa extraña. En cambio si conocer a alguien se tratase de cerrar tus ojos y acariciar tus manos hasta volverlas suyas, como algunas veces cuando solía cerrar los ojos y acariciar esas dos cicatrices que tenía en sus manos. Como quemadas por el humo plateado de un cigarrillo, redondas como dos bolas de nieve, yo cerraba los ojos y sentía ese frio plateado extenderse por su piel hasta encender mis labios. Y si aquello implicara conocer a una persona, tal vez Rocío nunca llegase a ser una desconocida para mí.
Alice bailaba con una compañera de su Universidad. Esperaba a Pandora parada en la entrada de Jackos, ansiosa de que abriese la caja que contenía todos los males y las maravillas del mundo cuando se unieran nuestras miradas. Como un bosque de luciérnagas la discoteca se apagó y comenzó a sonar Sky Full Of Stars de Coldplay, creí vernos en un expreso de bus escuchando esas canciones desde nuestros teléfonos. Tomé el celular para escribirle un texto, cuando levanté la mirada sus ojos brillantes apagaron las luces de la discoteca. Se veía guapísima.
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