Chapter 20: Conociendo a Jack
Mila no sabía que decir ni que hacer mientras caminaba con aquel hombre tomándola del brazo, se suponía que era un toque amable, pero en cada segundo podía sentir como su voluntad iba cediendo en pro de su curiosidad. Atravesaron aquel pasillo con parsimonia, no se escuchaba ni un sonido, la iluminación era igual de tenue que el salón y la hilera de puertas que se abrían a lo largo del lugar estaban completamente cerradas, ni una sola dejaba entrever lo que había en el interior y aunque se lo imaginaba, aquel lugar era diferente de las experiencias que había tenido con anterioridad.
Se dejó guiar hasta que casi al final del pasillo Jack se detuvo, tomó la perilla de una de las puertas y la abrió. La dejó entrar primero y ella estaba sorprendida con el interior, donde en las salas que conocía las paredes eran de colores oscuros con luces llamando la atención a las paredes que exhibían los juguetes colgados allí, en aquel espacio todo era sutil. Lucía tan lujoso como era el salón anterior, los colores usados eran los mismos, el piso era de un cemento oscuro y el espacio central de la habitación estaba completamente vacío.
-Aquí no hay nada- musitó ella poniendo en palabras sus pensamientos.
-Eso es porque cada mazmorra tiene sus secretos- le explicó Jack -ninguna es igual a la anterior, pero no puedes saberlo hasta que decides quedarte.
-¿Y esta…?- Intentó ella sabiendo que estaba mordiendo el anzuelo.
-Es mi favorita- afirmó él con una sonrisa.
Ella caminó a lo largo de la habitación intentando obtener pistas de lo que había en el lugar. Encontró una serie de cajones largos ocultos en el decorado de las paredes y los tocó con curiosidad, se volteó hacia Jack.
-¿Puedo explorar?- Preguntó ella.
Los ojos masculinos se llenaron de una lujuria tan intensa que era imposible ocultarla, se sentía como si su pregunta hubiera sido algo que él apreciaba. Ella se dio cuenta entonces, de que le había pedido permiso para hacer algo antes de considerarlo.
-Si eso es lo que quieres, claro- dijo Jack recostándose de una de las paredes sin dejar de verla atentamente.
Ella se volteó de nuevo hacia los cajones para seleccionar uno al azar, lo abrió lentamente y se encontró con una serie de fustas que variaban tamaños, colores y materiales. Le llamó la atención uno de color negro que no era tan grande ni pequeño, era de un cuero simple que no resaltaba, era común. Lo tomó con suavidad y lo probó en su mano imaginándose como seria usarlo o mejor aún, como seria experimentarlo. Lo recorrió con sus dedos unos segundos dejándose llevar por su curiosidad hasta que la mano de Jack cubrió la que sostenía la fusta y la sostuvo de ese modo.
-Me encantaría usarla contigo, bombón- le susurró él con una tensión ansiosa que la hizo estremecer.
-¿Cómo lo harías?- Preguntó ella a media voz mirándolo directamente a los ojos.
Ambos se enfrentaron con lujuria cruda mostrándose en sus expresiones, Mila sintió como se mojaba tan intensamente como nunca lo había sentido. En cuestión de segundos estaba húmeda, lista y excitada.
-Exactamente como quiera- afirmó él con intensidad -en eso no hay opción.
Ella se estremeció con fuerza y sus pezones se alzaron, estaba interesada y Jack lo notó porque esa sonrisa lobuna regresó a su cara.
-¿Y qué sucede si me niego?- Inquirió ella con los nervios en su estómago.
-La puerta está abierta, puedes irte en cualquier momento- le explicó él -pero si decides hacer esto conmigo, cerraré la puerta y serás mía por el tiempo que estemos aquí.
-¿Y ya no podré irme?- Insistió ella con los detalles. Si él le decía que no, sería el momento de correr.
-Siempre puedes irte, bombón- afirmó él -pero preferiría que no lo hicieras. Yo me encargaré de que no quieras hacerlo.
Fue una afirmación sencilla, pero fue hecha con tanta seguridad que Mila no pudo evitar estremecerse con fuerza. Su mente le decía que se negara, pero su curiosidad y su excitación exigían todo lo contrario, lo pensó durante unos segundos hasta que fue muy claro para ella que no podría solo dar media vuelta y salir de aquella habitación, quería sentir la emoción de lo que sucedería, así que simplemente se quedó callada.
-Entonces, ¿qué dices?- Preguntó él dando suaves pasos a su alrededor -¿quieres jugar?
Ella asintió con ojos asustados.
-Necesitaré que lo digas en voz alta- pidió él.
-Sí quiero- afirmó ella mirándolo a los ojos.
Jack sonrió complacido y por alguna razón eso le encantó, tocó su rostro con suavidad midiendo sus expresiones antes de dar media vuelta para dirigirse a la puerta. Con seguridad la cerró antes de voltearse con una expresión seria que le daba a entender que todo había comenzado. Su cuerpo se llenó de tensión y expectativa mientras esperaba las siguientes palabras que serían dichas, sabía que debía obedecer.
-Desnúdate- ordenó él caminando hacia uno de los extremos de la habitación -quita toda la ropa, solo deja los zapatos.
Ella se desprendió de su vestido junto la ropa interior dejándolos olvidados en el piso mientras Jack abría una gran puerta y movía una especie de banco hasta el interior de la mazmorra hasta dejarla en el centro. Mila miró todo con gran atención hasta que él caminó hacia el lado contrario para abrir un cajón, en sus manos lucía una cuerda gruesa de color rojo. Sus ojos la atrajeron entonces y ella se estremeció, él se acercó para tomarla de la mano con suavidad y llevarla al centro de la habitación junto a la extraña estructura.
Sin decir una palabra comenzó a usar la cuerda para sujetar su cuerpo como si fuera un arnés, los toques la recorrían tentándola en cada parte de la piel en la que se encontraban, era como fuego en su piel, tan excitante. Jack jugó con sus pezones unos segundos antes de seguirla sujetando, ella gimió con intensidad, al final las cuerdas iban desde sus manos hasta su entrepierna. Él la inclinó entonces en la estructura que funcionaba perfectamente para usar los nudos de sus brazos y sujetarla impidiendo que se moviera, su excitación creció con fuerza.
Se recostó en la estructura de metal que se sentía fría en su piel, estaba sobre sus codos mientras se arrodillaba hasta quedar completamente sujeta, sintió como Jack colocaba esposas en sus tobillos mientras sus piernas se mantenían abiertas como la estructura lo exigía. La mirada masculina cayó sobre su cuerpo y ella se estremeció, se sentía expuesta y excitada, eso era algo que Jack podía apreciar claramente.
-Te ves hermosa de ese modo, bombón- le dijo Jack con satisfacción en la voz -ahora estás lista para que use la fusta contigo.
La humedad goteaba por sus muslos. El primer azote la golpeó con fuerza haciéndola soltar un gemido agudo.
-Sí, bombón- instó Jack -quiero escucharte todo el tiempo.
El siguiente azote fue suave y lo había estado anticipando, su corazón golpeaba con fuerza en su pecho mientras esperaba. Tres azotes llegaron seguidos cayendo en el centro de sus nalgas, cada uno con una diferente intensidad, ella gritó o gimió según el caso. Se sentía tan bien y tan mal, el dolor era parte de la excitación sin poder negarlo. Los azotes no se detuvieron, seguían llegando mientras adquirieron un ritmo constante, golpeaban el centro de sus nalgas, la parte interna, sus muslos húmedos, todo menos ese punto sensible que tanto gritaba por ser tocado. Los minutos pasaron y ella se encontró con que su cabeza caía mientras sus caderas se alzaban, estaba excitada como nunca, solo quería correrse porque sabía que sería increíble.
Gimió frustrada y necesitada cuando los nuevos azotes llegaron, pero nunca se atrevió a quejarse, solo podía sentir lo que Jack quería que sintiera, todavía deseaba complacerlo por alguna razón. Elevó sus caderas por los siguientes toques con la fusta, pero no llegaron, en cambio escuchó la ropa caer en el suelo y su espalda se tensó, las manos masculinas recorrieron sus nalgas con dureza haciéndola gemir antes de que dos azotes cayeran, esta vez con sus manos.
-Nunca había visto tanta humedad, eres deliciosa Mila- le susurró él -dime que me quieres profundamente en tu interior.
-Te quiero profundamente en mi interior- afirmó ella sin dudas.
Él la tomó del pelo con fuerza levantando su rostro antes de penetrarla de una sola estocada, su grito fue casi una liberación. Jack comenzó a embestirla sosteniéndola de ese modo, sus cuerpos chocaban y ella estaba tan necesitada que sentirlo en su interior era como una caricia en su clítoris inflamado. Nunca antes había estado tan en el borde y no sabía la razón, pero no podía correrse, lo escuchó gemir cuando ella lo apretó con sus músculos internos aún en el borde sin alcanzar el orgasmo. Ella gimió con lágrimas en los ojos, era demasiado y fue entonces que lo escuchó.
-Eres perfecta, Mila- le dijo Jack sin dejar de embestirla -tan sensible y deliciosa. Córrete ya.
Con un grito que la dejó sin voz su cuerpo comenzó a temblar, el orgasmo más fuerte de su vida la privó de todos sus sentidos mientras las olas de placer la arrastraban dejándola sin consciencia. Los espasmos la recorrían mientras apretaba a Jack en su interior, como una señal lejana lo escuchó gruñir antes de palpitar llenándola con fuerza de su calor. Sin aliento dejó que la estructura a la que estaba sujeta recibiera el peso de ambos. Nunca antes había experimentado algo como eso.
Recuperaron el aliento lentamente antes de sentir como Jack se levantaba y se separaba de ella, la limpió con cuidado antes de soltarla masajeando cada parte de su piel brevemente. Él se veía tan satisfecho que ella solo pudo sonrojarse, nunca en su vida había experimentado algo tan intenso y sabía que de tener una nueva oportunidad no podría rechazarlo. Jack la ayudó a levantarse antes de vestirse, ambos se arreglaron lo suficiente como para verse decentes.
-Espero que podamos repetirlo, bombón- le dijo Jack antes de salir de la mazmorra sosteniéndola del brazo.
Mila nunca imaginó que en el pasillo vacío estaría Sergio esperándola recostado de una pared.
-Tu acompañante era Sergio- afirmó Jack con algo oscuro en los ojos antes de hablar hacia su socio -llegas un poco tarde, pero la dejo contigo.
Jack los dejó entonces en un silencio tenso.
-Ven, vamos a tomar algo- ofreció Sergio cuando Jack desapareció de su vista, pero su expresión nunca cambió.
Lamentó sentir que lo que había sucedido le había dado un vuelco a toda su relación con Sergio, no había cometido un error, pero así se sentía. Tendría que esperar para saber lo que sucedería a continuación.