Chapter 55: Cap. 40

─ Estamos en el siglo… ─ la anciana ladea la cabeza. ─ ¿Qué son los siglos? No me contestes, acércate Darién, déjame ver ─ Darién sopesa la petición de la anciana por un par de segundos hasta que accedió, la anciana extiende sus huesudas manos y las coloca en las sienes de Darién, provocando un jadeo repentino y un leve respingo dejando sus ojos blanquecinos, todos se tensan, las imágenes y recuerdos en la mente de Darién viajaban hasta la anciana a una velocidad vertiginosa, acelerándose cada vez más y más, Darién comenzaba a estremecerse y a sudar, apretando los dientes emite un gruñido. La anciana lo libera un par de latidos después, dejando a Darién dar unos traspiés algo aturdido ─ Creíste que podías mostrarme ciertos recuerdos… hm, pobre niño insensato ─ Darién no podía articular palabra alguna, solo jadear y sudar. ─ ¿Quién es usted?, ¿Qué le ha hecho? ─ protesta Renata balanceándose sobre sus pies con las manos hechas puños, preparada para correr si hacía falta, la anciana se fija posando sus ojos lechosos en ella ─ Mi nombre es Melisandre, tu debes ser Renata ─ habló la anciana en un perfecto castellano, todos ya se estaban comenzando a asustar. ─ Si, soy Renata, ¿Qué le hizo a Darién? ─ Nada, pequeña niña, solo ver sus recuerdos ─ lentamente la anciana giró su cabeza en dirección a Darién luego a Renata. ─ Luchó para mostrar algunos recuerdos, lo necesario, pero no fue suficiente, lamento decepcionarlos niños, pero no puedo daros la tumba de su majestad, no con la deshonra del hijo de Dragnan ─ Tenemos que volver con la tumba de nuestra amiga ─ Lo sé ─ Y ¿Por qué se niega? ─ No está preparada ─ ¿Preparada para qué? ─ Muestra que eres digna de portar su tumba ─ ¿Cómo? ─ pregunta Rosa. ─ Si su majestad nos escogió para venir a buscarla es porque somos lo suficientemente dignos, ¿no cree? ─ opina Renata mostrando sus manos. ─ No lo digo por ustedes, lo digo por ella ─ señala la anciana a Youlin.

Youlin, con celular en mano, los miraba a todos confundida, aún estaba grabando. Por ende, la anciana se fue acercando. ─ Muéstrame que eres digna, muéstrame que eres merecedora de portar tal secreto, muéstrame que eres digna de tener el honor de estar delante de la nieta de Eva ─ las piernas de Youlin parecían de gelatina y a su vez estar pegadas al suelo, por más que intentó de correr, sus piernas no respondieron, solo estaba allí, plantada con el corazón en la boca, muerta de miedo en ver a una momia de miles de años, tal vez millones hablando con ella, con un dedo tembloroso detiene el grabar de la cámara de su celular, la anciana con expresión inescrutable, con sus ojos lechosos y amarillentos, clavados en ella, se mantuvo en silencio esperando por Youlin. La arqueóloga solo balbuceaba incoherencias. ─ No crees, aun te cuesta creer, niña, en éste mundo hay más de lo que has aprendido o has visto en toda tu vida, lo que me ha mostrado Darién es solo pantallas de la realidad, realidad de los que conocen la verdad y quieren mostrar, ellos no desean enseñar, ellos desean ser dioses, ¡bah!, solo son ignorantes del poder que hay detrás de un todo, y no han descubierto ni el tercio de la cuarta parte de la mitad de lo que es el poder de la reina Evana y sus Eternas, lo que esto conlleva, el poder de Eva y sus descendientes, mis maestras ─ ¿Eres la Eterna que encerró a Lenaya? ─ pregunta Rosa tentativamente, se podía sentir el temor en su voz, la anciana se gira para prestarle atención. ─ No, niña, quien encerró a su majestad fue una de sus sacerdotisas, una de sus fieles, mi maestra, Svelana, ella dio su vida para hacer el sello y me encargó cuidar de su tumba hasta su regreso ─ ¿Nos va a dar… la tumba? ─ pregunta Renata. ─ No ─ fue lo único que dijo como respuesta. ─ Pero… ─ Ya saben mi precio ─ agrega la anciana enfocándose en Youlin y Darién. ─ Has decepcionado la memoria de tu padre ─ ¿Qué sabes tú de mi padre, fracaso de momia? ─ Para haber sido un demonio tenía más moral y honor que tu ─.

Darién busca de enfrentar a la anciana, pero ésta solo levantó una mano y lo mandó volar por los aires, cayendo al otro lado del gran salón con un ruido sordo haciendo eco por todo el lugar. ─ Inclusive, tu padre era más sabio que tú, muchacho ─ Por favor, necesitamos regresar con la tumba de mi mejor amiga ─ suplica Renata. ─ ¿Mejor amiga? ─. La anciana se gira en dirección a Renata curiosamente entornando los ojos en la temerosa muchacha. ─ Cómo verá, ella no recordaba nada y… ─ Acércate niña, déjame ver lo que has visto ─ invita la anciana con un ademán de su mano huesuda. Temerosa Renata, se acerca hasta la anciana, ésta hace lo mismo, pero todo fue una sensación de hormigueo por todo su cuerpo, un sueño involuntario compartido entre la anciana y ella. ─ No te resistas, niña ─ indica la anciana como buscando con la mirada, hasta que libera su cabeza. ─ Ahora entiendo, su sello, su prisión fue su única forma de escapar ─ musitó Renata con asombro. ─ Abandonó su pueblo ─ replica Darién poniéndose de pie. ─ Los salvó ─ refuta la anciana. ─ ¿Salvarlos abandonándolos con hordas de demonios masacrándolos? ─ Si se quedaba no solo nos matarían a todos, destruirían por todo lo que su Majestad ha luchado ─ ¿En serio?, no me digas ─ ¡Calla!... esto debieron haberlo encargado a… ─ Me mandaron a mí y es lo que hay, anciana, tendrás que conformarte ─ Tu inmadurez será tu muerte ─ (dientes apretados) ¿Me amenazas? ─ ¡Darién, basta! ─ interviene Renata.

La anciana levanta la mano esta vez en dirección a ella y en un abrir y cerrar de ojos, Darién ya estaba delante de la anciana protegiendo a Renata. ─ No te atrevas a tocarla ─ gruño con sus dientes apretados. ─ Ya veo ─ masculló la anciana comprensivamente bajando la mano. ─ ¿Y tú?, ¿Qué hay de ti, muchacha?, ¿Has pensado en lo que te dije? ─ Yo… yo… ─ El tiempo del mundo está en tu contra, niña, me gustaría esperar por tu decisión, pero… ─ ¿Qué debo hacer? ─ pregunta Youlin con resignación. ─ El mundo no está preparado para lo que viene, sin embargo, preparados o no, lo verán venir y sin pensar se dejarán someter ─ decía la anciana extendiendo su huesuda mano. Con pesar, Youlin le entrega su celular, la anciana lo escruta entre sus manos. ─ Interesante artilugio, pero es inútil ─. La anciana aprieta su mano, y con tanta facilidad el aparato se destroza en miles de pedacitos, la arqueóloga solo podía tragar saliva mientras contemplaba su celular volverse polvo al igual que todas sus pruebas y sueños de arqueología.

─ Bien, ahora supongo que aún no han resuelto el enigma de la tumba ─ Creímos que usted… ─ No puedo, mi niña, por más que quiera, no puedo, mi deber es custodiar, los elegidos de su Majestad son los que deben resolverlo ─. Un tenso silencio se presenta, todos se escrutan las caras. Por otra parte, la mente de Youlin se encontraba en blanco, aun asimilando lo que tenía delante de ella. ─ Usted se sabe el acertijo ─. Comenta Darién aprensivamente. ─ Si ─ Así que debe saberse la respuesta ─ No ─ ¿Cómo es posible?, si tuvo más de miles años para analizarla ─. Protesta Rosa. ─ Así es, pero no puedo ─ ¿Sabe dónde está la tumba? ─ pregunta Renata. ─ Aquí ─ ¿Dónde? ─. Pregunta José. ─ Aquí ─ ¡Es pura mierda! ─. Escupe Darién frustrado, Youlin mira a su alrededor dando vueltas sobre sus talones, contempla al rey y vuelve a dar vueltas, y a cada paso, sus ojos se iban abriendo cada vez más. ─ No puede ser ─. Comenta Youlin jadeando entre pensamientos en voz alta, todos la miran expectantemente. ─ Renata, dame tu medallón ─ Renata le hace entrega.

Tomando un gran respiro para ganar valor, se acerca al trono incrustando la pieza del ojo nuevamente en él, y con mucho cuidado incrusta el medallón en el ojo del esqueleto, cuyo rostro se mantenía mirando hacia arriba. Un fino haz de luz cruza el gran salón desde el techo hacia el medallón, un pequeño agujero que allí residía, éste magnifica la luz cubriendo el techo entero, y como una nube negra disipándose en el aire, poco a poco, se va despejando, revelando la tumba de Lenaya. Todos atónitos, sin palabras contemplaban la gran tumba de La Reina Lenaya, hecha de piedra negra pulida, como el ópalo, asideros de oro con inscripciones rúnicas antiguas, el gran sarcófago fue descendiendo lentamente, las mismas inscripciones en los asideros se encontraban en la cubierta de la tapa y los laterales en dorado, escrituras que ni Darién pudo entender, las letras doradas parecían estar labradas en la piedra misma, pero cubiertas por una fina capa de barniz cristalizado transparente.

En la mansión, Lenaya se encontraba reunida con Darlen y Caroline, de pronto se levanta de su sillón, atenta, expectante. Caroline y Darlen también se levantan preocupadas por la reacción de Lenaya, se miran a las caras la una a la otra. ─ ¿Ocurre algo, su Alteza? ─ pregunta Darlen intrigada. ─ Encontraron mi cuerpo ─ Caroline y Darlen se miran a las caras otra vez alegres y ansiosas por la noticia. ─ No deberían alegrarse tanto ─ ¿Por qué?, son buenas noticias ─ opina Caroline con amplia sonrisa. ─ Ahora es cuando comienza la misión de Darién ─ comenta Lenaya mirando hacia la ventana con expresión sombría, contemplando el infinito con la preocupación en su rostro.

─ ¿Cómo lo descubriste? ─. Pregunta Rosa sin despegar la mirada asombrada de aquel sarcófago. ─ No estaba segura, pero medité sobre el enigma y… lo vi ─ ¿Qué viste? ─. Pregunta Renata. ─ Cómo te dije, no estaba segura, escuchen: la estrella de acuario es donde mora el rey Ganímedes: era la constelación marcada en la puerta y hace referencia de este lugar. Que desde su trono protege la última tumba Eterna: es el rey que está allí sentado y que por cierto si no se han dado cuenta está mirando hacia arriba. No a su izquierda, no a su derecha: si prestamos atención no la íbamos a poder ver por ningún lado ya que estaba oculta para nuestros ojos, menos para ese rey que está allí, ¿no? Sino en el centro de su ojo para no perderla de vista: ese medallón es el ojo que mostraría lo que tanto estábamos buscando ─ Muy inteligente, niña, me impresionas ─. Opina la anciana. Una vez que Youlin da su explicación, orgullosa de su proeza, Rosa y Renata asienten en comprensión, José por más que visualizó, escrutó, analizó el sarcófago muy de cerca no pudo ver ranura alguna que diera indicios de tener una tapa, el sarcófago pareciera estar labrada en piedra maciza, geométricamente equilibrada, con sus vértices redondeadas. Darién sujeta la urna por uno de los asideros y éste se calienta al rojo vivo quemando su mano. Soltando rápidamente sisea con los dientes apretados maldiciendo por lo bajo. ─ Solo puede ser llevado por una Eterna o humanos no corruptos, ¡ah! y tu padre, pero dada las circunstancias… ─ ¿Te burlas de nosotros? ─. Protesta Darién fulminando a la anciana con la mirada mientras se sostenía la mano masajeándola, Renata tentativamente se acerca a la tumba y la toma por uno de los asideros, pero éste no le hace nada, pero cuando intentó de halar, no logró moverlo el más mínimo milímetro. ─ Pudiera ayudarlos, pero estos viejos huesos les hace falta algo de vida, si fueran tan amables de… ─ ¡Ni pensarlo! ─. Niega Darién interrumpiendo a la anciana bruscamente. ─ Solo un poco, lo suficiente para poder ayudarlos ─ No es por desconfiar, pero… ¿Por qué de pronto quieres ayudarnos? ─. Pregunta José entornando la mirada en la anciana. ─ Quisiera ver nuevamente a su majestad con mis propios ojos ─. La anciana se va acercando hacia Youlin, Darién vuelve a escudar. ─ No lo volveré a repetir ─. Advierte Darién. ─ ¿No confías en mí, joven Darién? ─ No confío en nadie ─. Renata, con mucho cuidado toma la mano de Darién, y con mirada comprensiva sonríe, trata de calmarlo acariciando su mejilla. ─ Yo seré la primera ─. Se ofrece Renata aun acariciando la mejilla de Darién y su mirada fija en él, en cambio el Nefilim mantenía su expresión impasible sobre Renata.

Renata se da la vuelta para confrontar a la anciana, Darién aprieta la mano de Renata, pero ésta le devuelve el apretón suavemente, la anciana se acerca a Renata, colocando sus manos huesudas en sus mejillas, Renata reprime su respiración en una mueca, la anciana coloca sus secos labios sobre los de Renata, abriendo los ojos como platos, Renata emite un jadeo ahogado. Solo fueron cuestión de unos pocos segundos cuando la momia libera a Renata, ésta se tambalea un poco dejándose caer en los brazos de Darién. Y así fue, de uno en uno. Cuando tocó el turno de Youlin, ésta se tensa dejando una fina línea en sus labios, apretando sus puños y cerrando los ojos con fuerza al ver aquellos ojos blanquecinos acercase, cuando toca el turno de José, éste da de golpes en los hombros a la anciana al no poder liberarse de su agarre, de José se sirvió un poco más de energía vital que de las otras muchachas, sintiendo como sus pulmones se vaciaban involuntariamente hasta quemar su garganta, cuando por fin lo libera, éste cae de rodillas, sudando, tratando por todos los medios llevar aire a sus pulmones.

En otras partes del mundo, las ciudades se volvían lentamente un caos, asesinatos más seguidos, robos, violaciones, suicidios, las iglesias más radicales, las personas que no compartían la fe eran vapuleadas por los creyentes, algunas tiendas y edificios eran atacados e incendiadas con mensajes obscenos o con versículos de la Biblia pidiendo sangre para Dios, sangre de los Nefilim y de los no creyentes, toda una anarquía total, las familias se mataban entre sí, incluyendo los vecinos, personas que abandonaban sus empleos para huir de aquel caos, los niños no iban para sus escuelas para no ser golpeados.

Una familia en Carolina del norte, huían de su vecindario al ver que sus vecinos se mataban, robaban, inclusive incendiaban sus casas con sus familias dentro. Aprovecharon que tenían sus cortinas corridas para pasar en silencio y escapar en su auto. Abriendo el portón del garaje, aceleraron a todo dar, se llevaron a una señora mayor, a una vecina que ellos conocían desde hace años, la mujer protesta asustada, la hija mayor vio por la ventanilla a un compañero de clases huir de sus padres que querían matarlo corriendo detrás de él con palos y cuchillos en mano, entre la adrenalina y el furor del escape, la mujer vio un brillo extraño en los ojos de su marido, su hijo menor vio la marca en su frente, la marca del Renatzeres, el hombre promete que al estar en un lugar más seguro le iba contar todo.

Cruzando por una avenida casi arrollan a aquel muchacho que escapaba desesperadamente de sus padres, el hombre abre la puerta e invita al muchacho a subir, ya dentro, acelera chirriando los neumáticos en la carretera. Una vez que pudieron salir del vecindario a duras penas, el hombre le explica a su familia su procedencia, aclarando que era un Nefilim, le explicó su verdadera edad, su mujer estaba que entraba en shock con una risa casi histérica pasándose los dedos por el cabello, le explica sobre la Reina Lenaya y su plan de viajar a España, el hombre se disculpa tratando de colocar una mano sobre el hombro de su esposa, pero ésta lo rechaza, temerosa y desconfiada, el esposo, comprensible ante su actitud, tensa los músculos de su mandíbula prestando atención a la carretera, durante un largo silencio, la mujer pregunta sobre la condición de sus hijos, él le explica de que ellos eran también Nefilims, pero más humanos ya que no han desarrollado esa parte de su ser, el esposo promete que estarán bien, que no les pasará nada malo, la mujer vuelve a reír con ironía, nada podía ser peor, el hombre no quería ser pesimista, pero dada la situación, él sabía que podría empeorar, le explica sobre sus padres y que irían a buscarlos, sus padres eran un ángel con una Eterna, a partir de allí no hablaron en el resto del camino.

En otro lugar del mundo, en Hawai, un hombre apuñala a su mujer por hereje y pecadora. El hombre buscó de correr a la habitación de los hijos para matarlos también, pero en el instante que aquel hombre iba a matar a sus hijos, la mujer sorprende a su esposo de un batazo en la cabeza abriéndosela en dos, la mujer tenía colmillos y los ojos en un negro perlado, era una Succubus. Los hijos se asustan al ver a su madre endemoniada, ella tira el bate y tiende las manos para calmar el temor de sus hijos volviendo sus ojos a la normalidad y sus colmillos a su sitio, sus tres hijos abrazados entre sí se van separando, la hija mayor sonríe por lo genial que era tener una madre sobrenatural, el mayor no estaba del todo seguro, mientras que el pequeño no dejaba de aferrarse de la pierna de su hermano. Aun con la respiración agitada, la mujer le suplica a sus hijos para escapar antes de que más peligros les alcance, la hija mayor tiende la mano hacia su madre, pero el mayor le impide acercarse, ésta replica que era su madre y que si ella los quisiera muertos ya los hubiera matado al mismo instante de haber nacido. La hija mayor se suelta del agarre de su hermano y se va con su madre, el mayor se va siguiendo los pasos de su hermana para proteger a sus hermanos de todos modos. La madre les explica sus razones de haber ocultado su verdadera identidad, les explica sobre Lenaya y el lugar seguro que promete para ella y su familia, un reino equitativo y justo, la hija mayor solo quería saber más sobre su madre y las Succubus, quería saber cómo explotar ese poder, en cambio su madre reprende en nunca intentarlo.

En algunos lugares no fueron tan afortunados, un Nefilim nacido de un humano y un demonio cortejaba a una mujer, se veían a escondidas ya que la mujer era esposa de un narcotraficante, la mujer no sabía sobre la condición de aquel Nefilim, pero con insistencia y amor verdadero pudo convencer a la mujer en irse con él al Reino de Lenaya, ambos fueron descubiertos y varios intentos de asesinato no lograron detener al Nefilim, hasta que un bendecido le dio la fórmula de cómo matarlo. La mujer fue citada a un lugar por su amado, un edificio abandonado, ésta a escondidas, sale de su residencia para encontrarse con él. Para cuando llega, termina por encontrar entre las sombras el cuerpo de su amante sobrenatural colgado con un gancho enorme, sin su corazón y su cabeza yaciendo a los pies, la mujer cae al suelo ahogando los sollozos por su amado tapándose la boca. Horrorizada por lo que le había pasado, empalidece susurrando su nombre, su esposo aparece desde un rincón del edificio abandonado donde fue citada, la mujer no repara en la presencia de su esposo, y con cuchillo en mano, consumido por la rabia y los celos, degüella a su amada y los ata a ambos en el mismo lugar.

En el aeropuerto principal de España, Flora se encontraba con sus chicas y Sofía, recibiendo a los primeros refugiados listos para ser escoltados con un pequeño grupo de soldados asignados por Darlen hasta la mansión, estratégicamente se colocaron otros grupos asignados en otros aeropuertos para cumplir tales tareas con gente de confianza para dirigirlas, Flora esperaba atenta en la entrada del aeropuerto mientras que Sofía daba las bienvenidas y asignaba a los soldados para escoltar a los recién llegados a un salón a parte en espera para ser abordados en varios camiones militares. Una vez que los camiones estuvieron llenos, iniciaron la marcha de regreso. Sofía y Flora se quedaron en el aeropuerto en espera de más camiones para abordarlos con soldados, cercando el área para evitar gente sospechosa y mantener a los refugiados seguros, con el cielo encapotado ocultando las estrellas y la luna, con el rocío de la llovizna cayendo sobre los justos y no tan justos, la movilización era perfectamente ejecutada, sin retraso.

Todos con sus ropas y sus rostros ennegrecidos por la suciedad, se encontraban con la respiración agitada, mirando con asombro y temor como el cuerpo de la momia se comenzaba a rejuvenecer, Darién fue quien le otorgó la mayor parte de su energía dejándolo prácticamente fuera de combate, Renata apoya la cabeza de Darién sobre su regazo siseando y acariciando su cabello, éste solo podía respirar entrecortadamente con los ojos cerrados, la momia ya no era momia, era una mujer de cabello rubio resplandeciente de unos 40 años, hermosa de ojos amarillos, distintivo de ser una Eterna, se miraba los brazos, se palpaba las mejillas y miraba con desagrado aquellos harapos con la que vestía. ─ Creo que con esto será suficiente ─ comentó aquella mujer con satisfacción, luego le dedica una mirada a cada uno de ellos, escrutándolos, Renata le ofrece una mirada furibunda. ─ ¡Casi lo matas! ─ Pero no lo hice, es… un castigo por su deshonra ─ Si no lo hizo su Majestad, menos tu tenías el derecho de hacerlo ─ Me temo que ya es hora de irnos, pronto tendremos compañía ─. Dijo la mujer con voz impasible mirando al techo. ─ ¿No ves como lo dejaste?, él es el único que nos puede defender ─ Él no es el único con fuerzas suficientes para defenderlos ─ (voz áspera) Ella tiene Razón, Renata, debemos movernos ─ Pero estás débil ─. Murmura Renata. ─ Pero no muerto, se necesita mucho más que eso para matarme ─. Darién hace un gran esfuerzo por ponerse de pie con ayuda de Renata. ─ Más vale que seas útil anciana ─ ¿Anciana? ─ ¿Y bien?, ¿Cómo propones que saquemos esto de aquí? ─. Pregunta José señalando con ambas manos el enorme sarcófago. ─ Yo lo levanto y las chicas lo llevan ─ Youlin se bufa, pero sus bufidos se los tuvo que tragar al ver como la mujer, con una sola mano, levanta el sarcófago, éste levita, y con la ayuda de Renata y Rosa, guiaron la marcha, José farfullando improperios ayudó a caminar a Darién.

Saliendo de aquella ciudad subterránea, fueron recibidos por Sebas y un grupo de bendecidos armados y listos para atacar, Darién hace a un lado a José ordenándole quedarse con las chicas, Melisandre se queda atrás llevando la urna. ─ Los estábamos esperando, pensé que nunca iban a salir ─ Y me agrada que trajeras invitados, pequeño idiota ─. Renata quería dar un paso al frente, en cambio fue retenida por Youlin advirtiendo de que ella no podía llevar la urna, Renata protesta por la condición de Darién en voz baja. ─ Solo esperemos que a él se le ocurra algo ─. Comenta Rosa con la esperanza de salir viva de allí.

─ ¿Les has contado como te pateé el culo? ─ Lo que digas me tiene sin cuidado, Nefilim ─ ¿Es un Nefilim? ─ pregunta uno de los bendecidos con perplejidad, Darién hace la burla de una reverencia en ademán de presentación, Renata susurra el nombre de Darién, éste le ofrece una mirada de soslayo con una sonrisa arrogante, en ese momento ella comprendió su plan. ─ Si piensan que podrán salir de ésta… ─ No pensamos. Vamos a salir de aquí y me llevaré mi futura paga conmigo ─. Los bendecidos comenzaron a rodearlos, eran una gran horda. ─ Chicas, esto no pinta bien, será mejor que regresen por donde vinieron ─. Propone Darién, desde luego José quería protestar a cambio, pero al ver que solo su mejor amiga tenía ojos para Darién decidió no objetar. ─ No podemos volver ─ refuta la anciana soltando su agarre en la urna, ésta cae pesadamente levantando una nube de polvo a su alrededor, todos miran a Melisandre algo aterrados, ¿acaso la mujer se había vuelto loca? ─ No me digas que te has asustado, joven Darién ─ Para nada, (sonrisa arrogante) solo quiero a los adultos lejos de los niños ─ ¿Qué planeas? ─ Bailar un poco ─ ¿Me concedes la pieza? ─ Si así lo quieres, espero que puedas llevarme el ritmo ─ Lo mismo digo ─. Sebas ya frustrado por la perorata de ambos, da la orden de atacar, Melisandre, con un movimiento de su mano convoca a centenares de alacranes, serpientes e insectos a atacar, los bendecidos comienzan a sacudírselos de encima con desespero y a caer como moscas, Darién inicia la lucha con varios de los bendecidos con sus espadas gemelas, mientras que Youlin y el resto se escudaban con la enorme urna.

Melisandre sigue convocando insectos, olas de fuego y fuertes vientos para levantar el suficiente polvo para nublar la vista de sus enemigos. Los que se acercaban a la muralla de fuego, su final no era muy prometedora, eran vueltos cenizas en un abrir y cerrar de ojos, mientras que Darién destajaba y danzaba entre los bendecidos, hubieron hombres que pudieron saltar la muralla iniciando una fuerte lucha con José, éste dio una fuerte pelea dejando a las gemelas y a Youlin boquiabiertas, pero eran rematados por Melisandre.