Me preparo para otro día mas en mi rutinaria vida, elijo mi ropa tratando de lucir lo mejor posible, hoy me dan el alta de este hospital, creo que es la tercera vez que vengo aquí, no estoy segura, la verdad es que recuerdo muy poco sobre mi vida antes de mi llegada a este lugar hace ya casi tres meses, lo poco que se es porque lo he escuchado comentar de boca de las enfermeras, mi terapeuta les tiene prohibido darme cualquier información que tengan sobre mi e incluso mi madre se niega a contarme.
Un día desperté en una blanca habitación, me recordó un poco a los manicomios en las películas de los 90 que he visto con mama, según me conto mi psiquiatra llevaba ya 5 días aquí bajo el efecto de fuertes sedantes que hubo que administrar en vista de la gravedad de la crisis por la que me trajeron, en ese momento no quiso darme mas detalles, solo que estaba muy preocupado por mi y que se ocuparía de este caso.
Termino de vestirme y miro el reflejo que me devuelve el espejo, luzco como una loca que no deberían dejar salir, mi aspecto es solo una muestra de lo que se guarda en mi interior, “lo que es por fuera es por dentro” recordé, palabras que escuche en una oportunidad de labios de una compañera de uno los tantos grupos de terapia a los que he asistido en los últimos 4 años. No me interesa verme bien para nadie, pero sé que mama se sentirá mejor si ve que mi aspecto se parece al de una chica normal, así que me esmero un poco mas en mi apariencia y creo que logre lo deseado o eso creo.
Mariam Ruiz, mi madre, originaria de Suramérica, emigro a este país hace casi 25 años siendo muy joven, el motivo fue el mismo de la mayoría de los inmigrantes, alcanzar el sueño americano. Conoció a mi padre, Dorian Jones, originario de esta ciudad, en un taller mecánico donde él trabajaba, se enamoraron locamente y comenzaron una relación unos meses después, de allí nací yo. Pasaron unos años y de pronto el desapareció, solo salió un día a su trabajo y no regreso, la policía investigo en ese momento y al no haber rastros de su paradero o alguna señal de que le hubiera ocurrido algo, determinaron que simplemente se fue y que quizás lo hizo con alguien más, la verdad es que nunca se supo que ocurrió y si se fue voluntariamente porque lo hizo, solo que mama sufrió mucho su perdida y yo tengo muy pocos recuerdos de él.
Ella se preocupa por mi, se que me ama, ha cuidado de mi sola desde entonces y lo sigue haciendo a pesar de ya ser una adulta. También ha sido la única persona en visitarme, creo que fuera de estas paredes no me espera nadie más, no tengo padre ni hermanos, no he tenido novio en mis casi 23 años, creo que incluso soy virgen o por lo menos no recuerdo haber estado con alguien, tampoco amigos o vecinos, no me caracterizo por ser una persona sociable, al contrario, siempre fui solitaria en la escuela y en el edificio donde vivimos. No tenemos otros familiares en el país, todos los que aun viven, se encuentran en otros estados o en su país de origen, así que por ahora solo somos ella y yo.
El sonido en la puerta me indica que vinieron por mi, es Rita, una de las enfermeras con la que más tuve contacto, me avisa que mama está en recepción esperando por mi. Mirando mi aspecto por última vez, doy un vistazo antes de cruzar la puerta para asegurarme que no olvido nada y procedo entonces a salir de la que fue mi habitación por 90 días y que afirmo no extrañare. Una sonrisa junto con unos brazos abiertos me esperan en el salón, me dejo envolver por ella en un abrazo que se prolongó por unos minutos, tiempo en el que permití que mis emociones afloraran, una mezcla de alegría y nostalgia provocaron las lágrimas que ahora dejo correr por mis mejillas, sé que ella también llora, es muy sentimental y después de todo lo que hemos pasado, el llanto es lo más lógico que podemos experimentar.
Por fin nos retiramos de allí, no sin antes despedirnos y agradecer por todo y lo amables que fueron por cuidar de mí. Ya en la calle, tomamos un taxi, al principio pensamos en ir a casa directamente, pero luego de conversarlo, decidimos pasar un rato por un parque al que acostumbrábamos a ir y respirar un poco de aire fresco. Degustamos un helado y caminamos con mi equipaje a cuestas, no nos importó, en realidad disfrutábamos del paseo y unas cuantas maletas no cambiarían eso. Ya casi a las 6 de la tarde y cansadas de tanto caminar, tomamos otro transporte esta vez si a casa.
Vivimos en un edificio de 5 pisos ubicado en una zona de clase media de la ciudad, esta un poco deteriorado y los elevadores no sirven. Afortunadamente el departamento queda en el tercer piso por lo que no son tantas las escaleras que debemos subir. Una vez dentro, voy a mi habitación la cual se encuentra muy ordenada y prolija, los muebles son viejos pero bien cuidados y le hace falta algo de pintura a las paredes, pero aun así sigue siendo acogedor.
Acomodo mis cosas en su lugar y escucho como mama me llama a cenar. No tengo mucha hambre, pero si me niego a comer se preocupara y no deseo eso, ella merece un poco de tranquilidad y si para ello debo hacer cosas simples pero que no deseo, en este caso seria comer, entonces lo hare. También espero hablar con ella, quiero que me cuente que ocurrió esta vez, como termine de nuevo en ese lugar, lo único que recuerdo es sentir unos deseos enormes de morir, el dolor en mi pecho era enorme y quería que terminara, pero fuera de eso, no se nada mas.
Luego de un par de horas, conversando y comiendo, le pregunto lo que tanto he querido saber. Al principio se niega a responder usando evasivas, pero luego de tanto insistir, acepto contarme por lo menos lo más importante si esperaba al día de mañana. Dice que debo descansar y despejar la mente además de darle tiempo para organizar sus ideas, me comenta que el doctor recomendó darle tiempo a mi memoria de recuperarse por si sola y con ayuda de la terapia, así que lo mas recomendable es no contarme lo sucedido, sin embargo, accedió a darme por lo menos una versión resumida de lo que ella describe como uno de los peores días de su vida.
Al fin voy a dormir, es lo que mi cuerpo mas anhela por ahora y no se lo negare, ya mañana será otro día y habrá tiempo para poner a funcionar mi cerebro traidor. Busco en mi bolso las pastillas que me corresponden a esta hora, esas que han sido mis compañeras de sueño desde hace no se cuanto tiempo y que lo seguirán siendo por otro tiempo mas. Me acomodo bajo mi cobija y cierro mis ojos para entrar a la oscuridad.
Despierto al amanecer del día siguiente, lo hago sobresaltada al no reconocer de inmediato el lugar donde me encuentro, no reconocí mi propia habitación, estoy tan habituada al blanco del hospital, que se me hizo ajeno el techo de color marfil que posa sobre mi cabeza. Voy al baño que esta sal cruzar el pasillo, miro en el espejo mi rostro y veo el resultado de las escasas horas de sueño que conseguí esta vez. Las pesadillas cada vez son más frecuentes, se lo comente al psiquiatra una vez, pero solo hizo incrementar la dosis de mis medicamentos nocturnos, haciéndome despertar más lenta que de costumbre y aun así los sueños persistían, así que decidí no hablar más sobre el tema y seguir adelante.
Imágenes confusas de lo que parece una película de terror al estilo Viernes 13 interrumpen mi descanso, cuerpos frente a mi que no logro reconocer, cubiertos de rojo carmesí que genera escalofríos por todo mi cuerpo, torturado al despertar por un vacío profundo en mi pecho que luego se llena con un extraño sentimiento de culpa. No conozco la identidad de ninguno de ellos, pero aun así, siento como si se tratara de personas conocidas para mi, una de ellas en especial, un rubio joven que parece importarme. Pero finalmente solo son sueños, muy vividos cabe destacar, pero que no me aportan información valiosa por el momento.
Abro el armario de mi baño atestado de frascos todos ellos tienen mi nombre impreso en las etiquetas, la mayoría de ellos esta a la mitad, lo que me indica que durante estos últimos 4 años, mis visitas al psiquiatra han sido bastante frecuentes, cosa que no me sorprende. Menciono los últimos 4 años porque es el tiempo que se que lleva mi historial médico, nadie sabe que ocurrió conmigo pero hace mas o menos ese tiempo que mis problemas de memoria, mi depresión y mis intentos de suicidio comenzaron, si, intentos de suicidio, varios de ellos todos infructuosos sumados a los episodios de autolesion que dejaron huella en mi cuerpo, mis antebrazos son una muestra de ello donde reposan varias cicatrices de cortadas hechas con el propósito de dañarme.
Nadie lo sabe, ni siquiera mama, pero llevo un diario donde he escrito varias cosas tratando de tener algo con que recordar. Lo comencé luego de lo que registre como mi primera visita a un hospital psiquiátrico, fue hace unos 2 años y medio aproximadamente, otra paciente me lo sugirió, ella es esquizofrénica pero en sus momentos de lucidez, me contaba muchas cosas de su vida y que ella llevaba un diario de las cosas que hacia para guardar allí la información que decía que su familia quería robarle. Cuando Sali, lo primero que hice cuando mama me permitió salir sola fue comprar ese diario.
Es curioso, pero hay varios tipos de letra, solo una la reconozco como mía, las demás, desconozco quien las escribió, hay por lo menos dos mas de ella pero son interesantes las historias que cuentan, lo mantengo en secreto para que nadie me haga preguntas, pero me encantaría saber de donde sale toda esa información. Mas tarde lo buscare, me intriga leer lo que debe aparecer allí y quiero registrar las pocas cosas que recuerdo sobre mi ingreso a la clínica y como me ha ido desde entonces.
Salgo de mi habitación rumbo a la cocina, la mirada compasiva de mi madre me recibe apenas entro. Se esmero preparando el desayuno, aunque solo me apetece el café, decido comerme todo lo que puso en mi plato mientras conversamos un poco.
- Hija se que es muy pronto para hablar sobre esto pero.. ¿Has pensado en que harás en este tiempo? ¿Quieres retomar la universidad, trabajar o prefieres tomarte un tiempo? – me pregunta con cierto deje de lastima en su voz.
- No lo se mama, pienso que lo mejor es comenzar con las terapias de grupo que me programo el doctor y luego veremos – le respondo sin mucho interés en el tema.
- Si claro, hoy comienzas ¿No crees que es muy pronto? – insiste.
- Me parece que está bien, mientras mas pronto me recupere podre volver a vivir – le digo terminando mi café.
- Por supuesto – percibo en ella un aire de desconfianza o será resignación, en cualquier caso, creo que mi respuesta no la convence.
- No te preocupes mama, todo estará bien – le digo tomando su mano y ofreciéndole una sonrisa sincera que ella me devuelve de la misma manera.
Se despide de mi informándome que esta semana cubrirá el turno diurno, que me deja su numero apuntado por si necesito algo y que la espere para cenar. Se despide de mi con un beso en mi frente y sale ya dejándome sola.
A las tres es mi primera sesión de terapia de grupo. Iré tres veces por semana, los lunes, miércoles y sábados, los siguientes dos meses, luego de eso, ire a nueva evaluación con el psiquiatra para determinar mis avances y cual será el siguiente paso. Son las 8:30 de la mañana, falta mucho para mi hora de salir, así que tomo este tiempo sola para revisar mi diario. Esta oculto detrás del mueble del baño, se que mama no buscara ahí, ella no sabe que puede moverse así que ha sido hasta ahora el mejor lugar para ocultarlo.
Lo saco de su escondite, la bolsa que lo envuelve esta un poco llena de polvo, me provoca estornudo al sacudirlo, pero el libro como tal se conserva limpio y protegido de la humedad. Leo las ultimas paginas escritas en una letra que no es la regular en mi, pero debo ser yo quien escribe puesto que nadie mas sabe de su existencia. He querido pedirle detalles a mama sobre lo que me ocurre, que pasa conmigo durante ese tiempo que mi memoria se borra, pero ni ella ni mi doctor han querido explicarme de que se trata mi caso.
El ultimo escrito tiene fecha de hace un poco mas de tres meses, debe ser de unos días antes de mi ingreso. La escritura es desprolija como si hubiera sido hecha con prisa, allí se cuenta como no para de llorar ante la perdida del que describe como un gran amigo al que ama y que al parecer falleció, también dice que la reconoció y que pronto vendrá por ella, pero allí si no describe de quien se trata, lo leo en tercera persona porque no me identifico con nada de lo descrito allí, yo no tengo ningún amigo ni amo a nadie aparte de mama, así que quizás se trate de invenciones de mi mente. Llama mi atención una parte donde dice que le hubiera gustado quedarse para matarlo pero que en el momento debía pensar mas en sobrevivir, las palabras “sobreviva hoy, actúe mañana”, llaman poderosamente mi atención ya que siento en mi pecho una sensación como si reconociera su origen y me veo asintiendo como si le diera la razón.
Aturdida por la lluvia de pensamientos que vienen a mi, cierro de un manotazo mi diario y lo guardo debajo de mi cama. Lo leído, ha despertado en mi una energía que no tuve temprano en la mañana, de pronto me vienen unas ganas de correr, pero no para huir sino mas bien para mover mi cuerpo, hacer ejercicio, respirar. Me cambio de ropa colocándome algo acorde con lo que pienso hacer y salgo del edificio rumbo a un lugar que puede servir para mi objetivo, se trata de un terreno donde se alza una construcción que fue paralizada hace un tiempo y allí va mucha gente del vecindario a lo mismo que yo, solo que yo estoy acudiendo prácticamente a mediodía.
Casi dos horas después, luego de haber corrido y realizado varias series de movimientos que no recuerdo donde aprendí, regresé al departamento para prepararme para ir a mi terapia. Todavía faltan 2 horas para la sesión grupal, llegar al sitio me toma unos 45 minutos entre caminar a la estación del metro, luego trasladarme en él unos 20 minutos y otros 5 a 10 adicionales desde la parada hasta mi destino final. Tengo el tiempo suficiente para ducharme y vestirme para mi cita.
Llego puntualmente a la hora pautada, Gill, la terapeuta, nos saluda a todos amablemente, la mayoría son caras conocidas de hace tiempo y solo dos nuevos asistentes que se presentan ya iniciada la sesión. Me dan la bienvenida que correspondo con una sonrisa leve, les cuento un poco sobre mi estancia en el hospital y escucho la intervención de los otros. Al finalizar, nos despedimos hasta la próxima sesión y regreso a casa.
Mama aun no llega, son pasadas las 6 de la tarde, normalmente llega entre las 7 y 7:30 por lo que, decido preparar algo de cenar. Al revisar el refrigerador y no encontrar nada decente, lo cual es raro, opto por pedir algo de comer a domicilio y me voy a un sofá que está en la sala a esperar. Enciendo la radio y suena una canción en lo que parece ser italiano que creo haber escuchado en una película, a pesar de no ser mi estilo, la dejo y me recuesto sobre un almohadón.
Siento el impacto en mi cabeza al caer al suelo, un desagradable aliento se posa sobre mi cara muy cerca de mis labios, unas manos se introducen bruscamente debajo de mi blusa lo que me hace gritar, alguien mas pone en mi boca algo como un paño para silenciar mi voz, quiero liberarme, quiero correr, salir de ahí, pero algo pesado me lo impide, lucho, intento zafarme, pero mi esfuerzo es inútil, una voz en mi oído suena: ~ Eres una zorra y como zorra serás tratada~
Despierto bruscamente, el corazón a punto de salir de mi pecho, una fina capa de sudor cubre mi frente, mi respiración es entrecortada. Miro a mi alrededor, me doy cuenta que sigo en la sala de mi departamento, me he quedado dormida. No estoy segura de cuanto tiempo ha pasado, pero lo que si se es que el timbre de la puerta suena anunciándome que el servicio de comida ha llegado.
Guardo las cosas en la cocina y regreso al sillón, me pregunto si algún día estas pesadillas cesaran, si lograre dormir tranquila o si por lo menos sabre el misterio detrás de ellas, porque estoy segura que esconden información valiosa para mi y que debo hacer algo para descubrir.
1. CAPITULO I: SALIENDO DEL ABISMO